Ayer se produjo el único debate electoral de cara a las próximas elecciones del día 20 de Noviembre. Este debate, más allá de las filias y fobias de cada uno, se saldó con una absoluta victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba. Un Rajoy insultón, a ratos silente y visiblemente acobardado, teniéndolo todo a favor, fue incapaz de fijar el debate en sus propios términos. El candidato socialista, en cambio, cuajó una actuación redonda en la que fue capaz de presentar al PP como un gran peligro para el país: un éxito absoluto partiendo de donde partía.
La política no es cosa de buenos y malos. Decir la verdad es raro en política. De hecho, la posición del político no es la de un técnico sino la de un comercial. Y el comercial quiere siempre transmitir un mensaje para convencer, no para llegar a la verdad de las cosas. Resumir es mentir: una verdad o lo es por entero o no es verdad. ¿Pero cómo va a desgranarse en política la verdad de cosas que una mayoría de la gente ignora? Utilizar un vocabulario equivocado, incurrir en una expresión que se preste a diferentes interpretaciones o mantener un determinado tono al hablar pueden ser la ruina de cualquier político más allá de la integridad personal e ideológica que tenga. Por todo esto resulta esencial en política "el arte de llevar la razón".
Resulta que ayer, al igual que Solbes frente a Pizarro hace cuatro años, toda la razón se la llevó Rubalcaba. El argumento de que "Rajoy salió vivo" o la idea de que "ganó el debate" es irrelevante. Para cualquier persona imparcial salta a la vista que si Rajoy ganó ayer el debate sería en todo caso porque no lo podía perder. Pero que Rajoy no pudiese perder no implica que Rubalcaba no saliese de dicho debate habiendo ganado mucho.
El principal problema del PSOE de cara al 20-N no es que el PP le quite votantes sino más bien que muchos de quienes tradicionalmente votan al PSOE opten por la abstención, los comunistas o el voto gamberro a partidos minoritarios. Una circunstancia que vendría generada tanto por los obligados recortes sociales operados por el gobierno de Zapatero como por la elevadísima cifra de desempleo. Ante este panorama no son pocos entre la izquierda que no ven en el PSOE más que una cara más del "neoliberalismo" que normalmente achacan a los partidos de derecha. Pero estas personas, ante la exhibición dialéctica de Rubalcaba en la noche de ayer bien podría estar replanteándose su posición. Y no tanto porque Rubalcaba haya abrazado alguna propuesta de extrema izquierda sino porque ha conseguido presentar a Rajoy como un absoluto enemigo del Estado del Bienestar.
Mariano Rajoy tiene fama de gran parlamentario. Si es así, resulta una mala imagen del parlamentarismo español. Porque Rajoy no sabe debatir en las distancias cortas, si quiera mínimamente. A su pobre imagen personal suma una absoluta falta de cintura que le llevó ayer, ante el acoso de Rubalcaba, a acusaciones directas, momentos de "tu palabra contra la mía" o incluso a decir increíbles mentiras. Mentiras como, por ejemplo, cuando Rubalcaba dijo que el PP subiría el IVA aunque no lo pusiese en su programa, Rajoy dijo: "No tomaré ninguna medida que no venga en mi programa". Un absoluto disparate.
Rubalcaba consiguió ayer resultar atractivo para los radicales de izquierda sin extremar su discurso: simplemente señalando el de su rival, que colaboró en ello. De hecho, pienso sinceramente que Rajoy no se preparó demasiado para el debate de ayer contra Rubalcaba. Al igual que Felipe González en 1993 contra el entonces aspirante Aznar, parece que Rajoy pensó que comparecer y emitir unas cuantas consignas interesadas iba a bastar para aplastar al rival. Tanto es así que Rajoy adoptó una actitud pedante, despreciativa, en cuanto Rubalcaba le mostró los puntos débiles del programa del PP. Dijo varias veces que Rubalcaba no entendía el programa electoral del PP (si Rubalcaba no lo entiende...¿quién lo entendería?). Rubalcaba además consiguió hacer ver que Rajoy no conocía su propio programa electoral. Y con todo esto se reforzó precisamente la idea que el propio Rubalcaba intentaba transmitir: que el PP tiene un programa oculto.
A estas horas muchos, en la Calle Génova, se habrán dado cuenta de que el debate fue un error, un grave error. Rajoy y el PP se las prometían tan felices, armados de las cifras de desempleo, que lo sucedido ayer sólo puede calificarse, al modo de Baudelaire, como un "accidente deplorable", un vapuleo fallido.
"Una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad se pierde siempre." Lucio Anneo Séneca

