jueves, febrero 27, 2014

El salvaje occidente

La guerra es hoy ilegal. Pero también se decretó la ilegalidad de otras muchas cosas. Así, por ejemplo, se considera ilegal que países poderosos intervengan en los débiles. Una idea que sólo puede concebirse con grandes dosis de hipocresía, sin embargo, impuso una cierta decencia de las apariencias. En los tiempos recientes el velo de dicha inocencia ha caído y, como antaño, parece que el único límite a la voluntad de poder es la propia voluntad. La fortuna favorece a los audaces.
 
Desde hace unos años se están produciendo una serie de golpes de Estado a lo largo de las fronteras del mundo occidental. Todos ellos de una forma u otra han aparecido claramente respaldados por Europa o Estados Unidos. Y en todos ellos se han producido hechos similares y justificaciones casi idénticas. Los golpes han tomado la forma de revueltas populares y así han sido presentadas al público occidental. De hecho, acaso para conseguir la completa simpatía de dicho público occidental, se ha ido tan lejos como para presentar las revueltas populares como "movimientos 2.0". Se trata de una curiosa y nueva forma de legitimación política en que las revueltas son democráticas si lo dice un "hashtag". Demasiado occidental todo, en suma, para ser genuino. Estamos ante una manipulación.
 
Edward Luttwak comienza su libro "Coup d'Etat", escrito en la resaca del Mayo del 68 de París, proclamando la obsolescencia de la insurrección como medio para apoderarse de un Estado. Hoy los medios de comunicación intentan convencernos insistentemente de lo contrario. Intentan convencernos, y al parecer muy seriamente, de que es posible que un grupo de más o menos pacíficos individuos se reunan en una plaza pública y derriben al gobierno. Se trataría de una especie de pulso en que el gobierno en cuestión sería incapaz de desalojar a esos rebeldes. Y todo esto existiendo hoy por hoy un imponente arsenal de armas no letales que permiten disolver cualquier concentración con un mínimo de mártires. Podríamos creernos esta historia respecto a alguna caduca dictadura, siendo bastante increíble, pero el problema es que los creadores del invento ahora se lo han empezado a aplicar a democracias.
 
Cuando en 2011 comenzó la intervención en Libia, ya avisé que se estaba haciendo pedazos el orden internacional. En Libia básicamente se alegaron razones humanitarias para derribar a un gobierno. Se dijo que Gadafi bombardeaba a civiles y se creó un espacio de exclusión aéreo. Cuando ni por esas los rebeldes pudieron derrotar a Gadafi, se empezó a hablar de matanzas en Misrata y otras ciudades. Estando los blindados del ejército de Gadafi a tan solo unos kilómetros de Bengazi, la capital rebelde, comenzó una campaña ilimitada de bombardeos a las columnas militares gadafistas. ¿Qué se alegó? La necesidad de proteger a los civiles de Bengazi. Esto es: la necesidad de que ganase un bando determinado en una guerra civil. Y esto no estaba amparado, ni podría, por ninguna resolución del Consejo de Seguridad ONU.
 
No obstante lo anterior llegamos a la madre de todos los disparates con Ucrania. En un aparente ejercicio del más difícil todavía, los medios de comunicación llevan tiempo señalando a un gobierno electo como una dictadura. Viktor Yanukovich, que ganó unas elecciones en 2010 con un margen de un millón de votos, ha sido depuesto por un golpe de Estado en Kiev. Y durante todo el proceso se nos presentó a Yanukovich como un tirano mientras a bandas armadas de golpistas como la máxima expresión de la democracia. Siendo así, no ha costado mucho convencer a la gente de lo oportuno de sustituir la voluntad democrática reflejada en el respaldo electoral de Yanukovich por una vaga voluntad general de los "buenos ucranianos" determinada por la Unión Europea y EEUU. Yanukovich, pues, terrible dictador, fue incapaz de desalojar una plaza en Kiev y por eso ha caído. Y nos lo tenemos que creer. Nos tenemos que creer que los Estados no pueden mantener el orden si una minoría organizada se propone sacrificarse en una guerra callejera.
 
Yanukovich tuvo que huir de Kiev para salvar la vida. Tras huir, los rebeldes entraron en su finca, y mediante una serie de reportajes se nos dijo que lo suntuoso de la misma era prueba de la corrupción del dirigente ucraniano. Pudiera ser, o no. Lo que ocurre es que en ese mismo instante los mismos medios de comunicación estaban celebrando la liberación de una corrupta multimillonaria ya condenada: Yulia Tymoshenko. Una doble vara de medir que se extiende a todo, pues los violentos abatidos por las fuerzas policiales ucranianas se han elevado a la categoría de mártires, sin más, mientras que quienes son víctimas de los simpáticos "europeístas" ucranianos son silenciados y despreciados. Es así de extremo: la muerte de unos es "genocidio" y la de los otros no se comenta.
 
En Ucrania hay una buena parte de la población que se opone a los nacionalistas que hoy ocupan ilegalmente el gobierno en Kiev. Esta población seguramente representa una mayoría, al menos electoralmente, en el país. Sin embargo, nuestros medios de comunicación nos los están presentando como radicales prorrusos, como si fuese una minoría extremista y despreciable, mientras apenas han dado noticia del carácter abiertamente neonazi del "músculo" del golpe de Estado en Kiev. En medio de esta desinformación se ha llegado, tristemente, a que, como en 1941, "europeísta" vuelva a precisar ser interpretado como sinónimo o eufemismo de "nazi".
 
Ignoro qué ocurrirá finalmente con Ucrania y con esta ola de golpes de Estado a nivel global. Ignoro qué recursos y ganancias se aspiran a alcanzar. Lo que no puedo ignorar es que las narrativas entorno a estos hechos son falsas, sesgadas y maliciosas. Una legitimación tan hipócrita  de la violencia que bien pareciera que vivamos en el salvaje oeste o, mejor dicho, en el salvaje occidente.
 
 

"Temo a los griegos incluso cuando traen regalos" Virgilio

miércoles, septiembre 25, 2013

La formación de súbditos

Al mismo ritmo en que un empleo se convierte en algo cada vez más raro y escaso, cunde la idea de que un puesto de trabajo es un regalo/privilegio. Y a la par que esta idea se extiende aparece otra muy similar y que toca a los cargos públicos electos: "están poco formados".
 
Curiosamente, en España se asume sin más que todos los problemas del país andan relacionados con una falta de lecturas, con una falta de formación. Que esto suceda en un momento en que personas con un elevado grado de formación se ven arrojadas al desempleo estructural no es casual. La formación, como señala el profesor Enrique Martín Criado, es un "bien de salvación" en el que los gobiernos de España han intentado ocultar las miserias laborales de España. En el marco de la entrada en la UE, en este país se abandona cualquier idea de pleno empleo y se apuesta por "políticas activas de empleo": en lugar de proporcionar alguna ocupación a quienes no resulta fácil que la encuentren (que era la receta económica clásica) se apuesta por proporcionar una formación o, incluso, un "reciclaje".
 
La idea de "reciclar" personas es tan mala como suena. Pero hay algo que es peor: y es el debate majadero de que los dirigentes políticos deben tener más formación. La gente corriente asume esta tesis por pura lógica: si al que está desamparado se le exige formarse, habrá que exigírselo a "los políticos". Cree la gente que reclamando un trato igual a personas corrientes y políticos se está persiguiendo un objetivo democrático. Mas la realidad es muy distinta.
 
Que sea exigible una formación determinada a los cargos electos nunca puede considerarse un objetivo democrático. Forma parte de la agenda de una aristocracia, de una clase alta, que siempre insiste en recetas gremiales. Y lo hace, también, por lógica: porque se trata de una aristocracia que parte de grandes patrimonios constituidos en una España de gremios y rentistas. Una democracia que exija algo más que una determinada capacidad jurídica para ser elegido como cargo público es una democracia censitaria. El mecanismo puede no ser muy evidente hoy, en que todavía hay muchos titulados universitarios de clase media baja. Pero sabrá el lector que esto está siendo corregido.

No deja de ser curioso que estos mensajes elitistas procedan de círculos y medios en que se considera normal que tras las revelaciones del caso Bárcenas el presidente del gobierno no dimita. O, es más: que digan que salga la información que salga, se revele la corruptela que se revele, habría que esperar a unas elecciones para castigar al corrupto.
 
Llegado el momento, las elites no tienen problemas en obtener cualquier clase de titulación académica o, pongamos por caso, "máster de capacitación para cargo público". Máxime si se trata de conseguir la capacidad de ser un cargo electo. Si sumamos a esto la propia dinámica elitista de los partidos políticos españoles, estos mecanismos censitarios obrarían en poco tiempo un despotismo formal de una minúscula elite social. Parece que este orden de cosas, no obstante, requeriría ahora de una mucha mayor degradación del nivel cultural y educativo del resto de los mortales. Pero el mensaje se va emitiendo, se va dejando caer.
 
El problema de España no es de formación sino de subdesarrollo a otros niveles. Un subdesarrollo que lleva a las autoridades europeas a considerar que la tasa de desempleo "natural" (con los factores de producción a pleno rendimiento) de España es del 23%. Es fácil verlo: ¿de qué serviría a un país del África negra contar con una población repleta de titulados universitarios? De nada. Es más: existe un evidente incentivo para muchos gobiernos de esa región para restringir cualquier tipo de educación. Igual que en España ahora.
 
Si todos los males de España son debidos a una mala formación resulta llamativo que se retiren o alejen los recursos educativos al pueblo llano. Revela la intención última: legitimar la desigualdad que viene, que ya es grande y en un futuro cercano será atroz. Se trata de que los ciudadanos pasen a ser súbditos en base a su poca capacidad para regir los asuntos públicos.
 
En este sentido resultan muy reveladoras las declaraciones de un miembro del Partido Popular llamado Borja Sémper hoy mismo en Antena 3. En ellas afirmaba que existen unos "caraduras de la política" que entrarían en la misma "para enriquecerse o ascender de clase social". Es decir: para quienes actualmente nos gobiernan el robo de dinero público (un delito) es equiparable a "ascender de clase social". Y en Antena 3 presentaban semejante discurso como una voz de regeneradora discordancia dentro del PP.
 
Lo que nos queda por ver.
 


"La revolución se ha distinguido siempre por su falta de urbanidad: seguramente, porque las clases dominantes no se han preocupado a su tiempo de enseñar buenas maneras al pueblo." León Trotsky.

miércoles, septiembre 04, 2013

La legalización de la guerra

En 2011 el régimen libio fue derrocado por una coalición internacional bajo el amparo de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. El objeto de dicha resolución era "proteger a la población civil". Para "proteger a la población civil" primero fueron destruidas las fuerzas aéreas de Gadafi. Cuando ni con esas los llamados rebeldes pudieron quebrar a los gadafistas, comenzaron ataques de la OTAN contra objetivos terrestres. También para "asegurar la protección de la población civil". Así hasta derrocar a Gadafi.
 
Hoy, cuando se van a cumplir tres años desde lo sucedido en Libia, se está desplegando el mismo guión dramático en Siria. Durante estos tres años, además, se ha podido saber que en Siria tanto gobierno como rebeldes no se quedan cortos en sus intentos por imponerse. Algo muy común en cualquier guerra civil. Pero qué más da. Hay que "asegurar la protección de la población civil". Una población civil, además, que resulta un concepto sumamente maleable.
 
Cualquier persona al que le hayan enseñado los fundamentos del Derecho Internacional Público actual sabrá que la guerra está prohibida. Los días de conquistas y colonias pasaron y en virtud de la Carta de la ONU ningún país podría emplear la guerra como instrumento de política exterior. En el marco de un sistema para-estatal, sería el Consejo de Seguridad de la ONU (integrado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial) quien ostentaría el "monopolio de la violencia" a nivel internacional. El sistema tiene mucho sentido sobre el papel: ninguna potencia podría sentirse agraviada por el ataque a un tercer Estado por cuanto no podría acontecer sin su aprobación. Esto limitaría de forma evidente los casus belli. No obstante, no es la "voluntad popular internacional" a través de la Carta de la ONU la que conseguiría esto sino la bomba atómica. La guerra industrial, esto es: la guerra entre potencias militares, ha quedado obsoleta por el arma atómica. Tenía razón Tácito: al desierto le llaman paz. Y la paz viene dada por el seguro desierto que quedaría tras un intercambio nuclear. La ONU tuvo éxito donde la Sociedad de Naciones fracasó gracias a esto y no a otra cosa.
 
La guerra de agresión está prohibida por la Carta de la ONU. No así la guerra civil. Prohibir una guerra civil es como ordenar que se detengan las olas del mar porque es decir que un Estado no puede defender orden alguno. Y si para algo existe el Estado es para imponer un orden. La Carta de la ONU garantiza el derecho de la soberanía a cualquier Estado. Lo hace en su artículo 2.7, que consagra el derecho de cada Estado a resolver sus asuntos internos libremente, sin injerencias externas. Artículo que ha sido desarrollado en varias Resoluciones de la Asamblea General. En resumen: sin una decisión en contrario del Consejo de Seguridad de la ONU, una guerra civil es un asunto interno de un Estado y ninguna coalición internacional puede interferir en ella.
 
Sin embargo, estos días podemos ver en los medios de comunicación un curioso espectáculo: dichos medios se preguntan si es necesario que los parlamentos nacionales aprueben atacar al régimen sirio, atacar a Siria. ¿A alguien se le escapa el peligro que entraña el que lo único que se interponga entre un Estado y la agresión sea una votación en su parlamento? Es demencial, se trata más bien de la legalización de la guerra.
 
Ahora, tal vez de forma más creíble que en Libia, la coalición internacional que se va formando contra el gobierno de Siria afirma no querer cambiar el régimen de aquel país. Se trataría de "dar una lección a Siria". Una lección merecida, dicen, porque el régimen sirio habría usado armas químicas contra población civil. Los gases asfixiantes o armas químicas, efectivamente, son armas cuyo uso está prohibido. Se ha calificado en estos días su uso como una "quiebra con la civilización", echando mano de una retórica bastante exagerada que vendría a equiparar el uso de estas armas con algún propósito genocida. Pero lo bueno de las normas es que, al menos en teoría, son "para todos". Siendo así... ¿por qué sería más grave realizar un ataque con gases asfixiantes contra unos rebeldes que realizar una agresión ilegal contra un estado soberano? Teniendo en cuenta que el objetivo de la Carta de la ONU es garantizar y promover la paz y la seguridad internacional sería una falta más grave la "lección a Siria" que el uso por parte de ésta de gases asfixiantes. En este sentido, siendo coherentes, debería estarse a lo que resolviese el Consejo de Seguridad de la ONU.
 
Los gases asfixiantes (gas sarín, mostaza, etc) son ilegales. Como lo son a su vez otro tipo de armas que, sin embargo, son empleadas por varios Estados occidentales. Las conocidas como "bombas de racimo" (cuya ilegalidad se reivindica desde nada menos que 1868) o las bombas de fósforo se consideran armas tan crueles que se impone su ilegalidad. El problema estriba en que la crueldad de un arma nunca ha incentivado su no-uso sino todo lo contrario: su crueldad es la que lo ha fundamentado. La razón última por la que los gases asfixiantes no se emplean y las bombas de fósforo sí es que los gases son ineficaces y engorrosos. El uso militar más eficaz de los gases se dio cuando fueron empleados por sorpresa durante la Primera Guerra Mundial. En cuanto los ejércitos enfrentados desarrollaron contramedidas (máscaras antigás), la efectividad del gas se redujo al mínimo (los gases mataron a "sólo" 85.000 soldados de todos los bandos y produjeron 1,2  millones de heridos; algo que dista mucho de ser "destrucción masiva"). Es importante señalar que ya en la Primera Guerra Mundial era "ilegal" el uso de gases asfixiantes o el de algo luego tan empleado como las minas flotantes. Pero claro: si es eficaz, se usa.
 
Para saber si un arma es ilegal basta con pensar qué sucedería si la emplease una gran potencia militar. Si la puede usar sin consecuencias, es que no es ilegal. En este ámbito, insisto, es ilegal todo lo que no es eficaz o, siéndolo, no lo es tanto como para compensar lo engorroso de su uso. Por eso, sólo son ilegales las armas relativamente inútiles o que ningún Estado se atreve a usar por miedo a que las usen contra él.
 
Hay muchas razones por las que suprimir al gobierno sirio. Emplear el país como base para amenazar a Irán y disuadirle de abandonar su programa nuclear, por ejemplo. En todo caso, sería una jugada muy arriesgada atacar Siria sin tomar un férreo control del país a continuación. Tal vez por eso simplemente se le bombardee aquí y allá para igualar fuerzas con los rebeldes y que la guerra civil continúe. Pero si el parámetro que se emplea para juzgar válidas o no las decisiones es el humanitario... ¿es humanitario prolongar una guerra civil? ¿Es humanitaria la "somalización" de un país? No lo creo. Pero ya sabemos los tortuosos que son los caminos del humanitarismo militar; un campo en el que se impone la chocante idea de que para un mando militar la vida de sus hombres debe estar en segundo orden de importancia respecto a la vida de los civiles del enemigo.

En definitiva, no se está valorando adecuadamente que la violación de las leyes internacionales por un Estado u otros no es tan grave como la concertación de varios para atacar la soberanía de cualquier otro. Las armas nucleares ejercen como eficaz freno para las confrontaciones entre potencias militares, pero su mágica disuasión no se extenderá a conflictos regionales o fronterizos si cunde la sensación de que pueden existir guerras de coalición para derribar gobiernos.
 
 

"¡Y el espíritu de César, hambriento de venganza, vendrá en compañía de Até salida del infierno, y gritará en estos confines con su regia voz: «¡Matanza!», y desencadenará los perros de la guerra!" Julio César de William Shakespeare

lunes, agosto 26, 2013

La hábil corrupción

Ayer en La Voz de Galicia, Manuel Campo Vidal escribía un artículo celebrando la ocurrencia gibraltareña del gobierno de Rajoy. Según este señor, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España, el incidente con Gibraltar se trata de una jugada maestra de Rajoy. Concluía, así, su artículo afirmando:
 
Fíjense: con la hábil distracción gibraltareña, Rajoy ha ganado un mes, que no es poco. Septiembre espera con los problemas de siempre y el reto de como sacar al país de la crisis.
 
Es obvio que existen personas, muchas de ellas llamadas "periodistas", que sienten un placer muy íntimo defendiendo lo indefendible. En ello les va seguramente el empleo. Y estamos viendo muchos de estos casos con motivo del escándalo de financiación ilegal del PP desvelado por Luis Bárcenas. Como si se tratase de una obra de teatro en la que se desplomasen los decorados, en estos tiempos vemos a los operadores de la farsa corriendo en todas direcciones para ocultar sus vergüenzas. Tamaño es el escándalo que ponerse de perfil no es una opción. Los españoles lo saben, pero la mentira debe seguir adelante. La más alta y abierta corrupción siempre reclama para sí un alto grado de dignidad.
 
La cuestión de Gibraltar, como dije en mi anterior artículo, es absurda. Y sólo se sostiene sobre un consenso patriotero entre PP y PSOE sobre el disparate jurídico de que Gibraltar carece de aguas territoriales. Es incomprensible que un partido progresista siga en la línea del "Gibraltar español", máxime cuando para ello se deba enfrentar a la más elemental normativa internacional. Mala idea ligar el ser un buen español a ser enemigo de normas internacionales imperativas.
 
Gibraltar, lejos de ser una hábil maniobra, no es más que la clásica "confrontación exterior" que pretende vencer el descontento interno. Una jugada grosera en su simpleza. Algo muy lógico, pues es una jugada dirigida prioritariamente a gente bien grosera: a la extrema derecha del PP. La guardia de corps "de barra de bar" del gobierno, su último asidero a "la calle". Rajoy no puede permitirse ver disgregados a sus fanáticos, y qué mejor que Gibraltar para llamarlos al servicio de la patria contra el pérfido inglés y los separatistas internos. Y ahí viene luego, el señor Campo Vidal para, manierista, celebrarlo.
 
El nivel de exigencia con la política española es muy bajo. En España hasta 2007 se podían hacer donaciones anónimas a los partidos políticos. Y así, presuntamente, pudieron Luis Bárcenas y el PP hacer todo lo que hicieron. Y no sería a través de algún complejo mecanismo opaco, no sería una asombrosa hazaña del engaño: presuntamente habría bastado con calificar como anónimas y dividir cuantiosísimas donaciones de empresas que luego recibían adjudicaciones en concursos públicos.
 
Lo inquietante es que si un Campo Vidal celebra como hábil maniobra la comedia con Gibraltar, ¿qué esperar de la legión de "tertulianos"? Pues celebrar la corrupción en el PP, que al fin y al cabo es la que les ha dado y les da de comer. Esa villanía es la que se esconde tras la sonrisa y la broma con motivo de la corrupción. Esos individuos que frente a pruebas abrumadoras de la corrupción de un gobierno responden, mofándose: "pero ganará las próximas elecciones".
 
España... Un lugar en que alguien como Paco Marhuenda no está proscrito de los medios de comunicación no puede llamarse democracia.
 
"La fe y lealtad que se guardaba entre ellos no era por ley divina y religión que tuviesen, sino por mantener este crimen en la república y tener compañeros de su delitos. Si alguno de bando contrario decía una razón buena, no la querían aceptar como tal, ni como de ánimo noble y generoso, si no les parecía que redundaba en su provecho." Tucídides
 

miércoles, agosto 07, 2013

Gibraltar como escape

La España que se entretuvo con la "comida rápida" de las tribus del Rif cuando ya no podía comer en el restaurante de las grandes potencias está obsesionada con Gibraltar. Son siglos de sentimiento de inferioridad. Siglos que parecen un suspiro para ciertos círculos castizos. Personajes que hablan de la Edad Media como si fuese algo de ayer por la tarde nos advierten: "¡Gibraltar ha sido invadido!". La cosa es fácil de vender a los españolitos: el peñón de Gibraltar está unido físicamente a la Península y por tanto "es español". Poco problema parece para ellos que Portugal también esté unido a la Península. Y lo que es más alarmante para sus propósitos: Ceuta y Melilla están unidos a su vez a una cosa que se llama Marruecos.
  
La realidad es que Reino Unido posee Gibraltar. Una posesión que le sirvió bien en el pasado para proyectar su poder en el mundo y, para beneficio de todos, resistir a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Para España hubiese tenido menor utilidad, pero eso es debido precisamente a la misma razón por la que lo perdió en primer lugar: su propia decadencia internacional.
 
En el ámbito legal, está claro que Gibraltar es una suerte de colonia en tanto no está integrado en el Reino Unido. Siendo así, nada más lógico que, de acuerdo a la Carta de la ONU y las resoluciones de la Asamblea General, proceder en su momento a la descolonización vía referéndum. Que los gibraltareños decidan qué quieren ser. Es un completo absurdo, en este sentido, aducir que quienes habitan Gibraltar son colonos ingleses en base a la expulsión de la población original durante el siglo XVIII. Aplicar tamaño "revisionismo" al Derecho Internacional, como la ONU ha sugerido alguna vez, nos llevaría muy pronto al absurdo en casi cualquier conflicto. Los gibraltareños son los habitantes de Gibraltar y en cualquier proceso de descolonización son ellos quienes deben decidir y no unos gobiernos ajenos a ellos. Cualquier cosa que diga el Tratado de Utrecht, o cualquier otro, que contradiga esto es irrelevante y nula según la Carta de la ONU:
 
"ARTÍCULO 103: En caso de conflicto entre las obligaciones contraídas por los Miembros de las Naciones Unidas en virtud de la presente Carta y sus obligaciones contraídas en virtud de cualquier otro convenio internacional, prevalecerán las obligaciones impuestas por la presente." 
 
Al igual que con la cuestión catalana, el nacionalismo español pretende que un documento puede prohibir la libertad de los pueblos. Y en efecto así parece que lo hace el Tratado de Utrecht. De hecho, en el vetusto documento se habla del caso de una eventual "venta" del peñón de Gibraltar por parte de la corona británica. Cómo no va a resultar irrelevante en la era de las democracias tamaño documento, que contempla la venta de territorios y sus gentes. La cosa es clara: ni los tratados de la Unión Europea blindan la unidad de España ni tampoco Utrecht encadena a los gibraltareños al parecer de España.
 
Siendo nulo cualquier posible veto español (o británico) a la independencia de Gibraltar, no es menos nulo el silencio del Tratado de Utrecht sobre las aguas territoriales. Y lo es por la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar. Un documento que encierra un cuerpo de artículos que es ius cogens, esto es: no puede ser contradicho por ningún otro tratado o convenio entre países. En dicha Convención se afirma que todo territorio ribereño tiene asociadas unas aguas territoriales. O lo que es lo mismo: que Gibraltar tiene aguas territoriales. Aceptando esto... ¿en qué quedan todas las polémicas sobre lo que hacen o dejan de hacer los "llanitos" en sus aguas? Puede que sólo hagan lo que cualquier otro ente territorial haría para preservar sus aguas.
 
El silencio del Tratado de Utrecht sobre las aguas territoriales de Gibraltar es repetido insistentemente por presuntos expertos en la cuestión gibraltareña (la mayoría trasnochados historiadores) para presentar cualquier actividad del Peñón en sus aguas territoriales como piratería. Y nada más lógico para este patrioterismo que la asociación de todo lo británico con "piratería". Una asociación fruto de la propaganda de siglos de la monarquía española y que pasa por encima de las realidades del conflicto entre países con fuerzas desiguales (hay quien lucha abiertamente y quien necesita hacerlo indirectamente). Este enfoque es muy habitual: si no me gustan los resultados de la realidad, digo que todo es un problema cultural, en base a un perverso origen o tara.

Mención aparte merece la ya rutinaria nota lacrimógena sobre los pobres pescadores españoles. Gibraltar parece ser la causa de todos sus males y por salvar, dicen, a este colectivo, España estaría dispuesta a una escalada de conflictos con Reino Unido. Algo muy difícil de creer teniendo en cuenta cómo trata del gobierno de España a sus seis millones de parados. Con políticas económicas hacia ellos que bien podrían resumirse en aquél muy elocuente "que se jodan" que oímos en el Congreso de los Diputados. No parece un gobierno que se preocupe por un puñado de pescadores. Más bien parece uno interesado en un conflicto internacional que llene telediarios en un momento muy delicado. Y todo esto en base a actos más bien cobardes como forzar larguísimas colas de entrada y salida a través de celosos controles fronterizos.
 

No obstante, en el plano internacional es un esfuerzo vano alegar legajos y papeles del tatarabuelo. Se trata de una estupidez que sirve a la hipocresía. Ésa misma que pretende que todos los Estados soberanos son individuos con derechos idénticos en el tráfico internacional. Una falsedad que se desvanece al más leve soplo de realidad. El Derecho Internacional es, pues, todo aquello que quiera que sea un agente lo suficientemente poderoso para dictarlo. Hoy Reino Unido no puede actuar así, pero hace tres siglos sí. Por esto Gibraltar es del Reino Unido: porque hace trescientos años tuvieron la fuerza para hacerse con él, imponérselo a España en un tratado y a la postre, mantenerlo en su poder hasta hoy no ser español en absoluto.
 
Quienes alegan razones históricas para que en el mundo actual los pueblos se vean obligados a hacer algo que no desean viven en otro planeta. Un planeta en el que España es indivisible por una cuestión de papeleo. Un planeta en el que se debe de hablar de cualquier cosa menos de Luis Bárcenas y la corrupción del Partido Popular. Cualquier cosa menos la verdad.


 
 
"Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar" Tratado de Utrecht

sábado, julio 13, 2013

Emprender que no es poco

Sale hoy en La Voz de Galicia una tipeja directiva de EBay diciendo algo así como que "si los jóvenes no emprenden, lo van a tener muy mal".

Ya va siendo hora de que estos tiburones, pirañas y anguilas eléctricas de la gran empresa o las altas instancias de la política dejen de insultarnos a los jóvenes y a la gente en general. La idea del emprendimiento "a pelo" es un absurdo económico. Porque siempre se predica este emprendimiento para gente que, precisamente, ocupa el lugar más débil de la cadena trófica del capitalismo financiero (los jóvenes y los desempleados). Emprender es otra palabra para hablar de "invertir". Que no os engañen: la inversión es una cosa que se hace desde el CAPITAL. Y pedir que se invierta a quienes carecen de capital hasta el punto de no poder cubrir su consumo autónomo (aquél consumo necesario para sobrevivir con dignidad) es una broma macabra.

La narrativa de los emprendedores no es casual que aparezca cuando el 60% de los jóvenes no tiene trabajo y cuando el desempleo en general (sumando subempleo) está en España en un 30 y pico % y subiendo. Es un discurso criminal que, valiéndose de un aspecto aparentemente positivo (y por tanto "no debatible"), busca criminalizar a mucha gente que hoy por hoy "hacemos feo". Es para mí un discurso del odio, similar al del racismo o la homofobia. Pero, claro, quienes no tienen empleo, quienes apenas sobreviven rascando de aquí y de allá, son personas llamadas a ser tímidas en la defensa de una dignidad que el turbocapitalismo imperante ya les ha dicho que carecen. ¿O es que acaso en el pasado las sociedades esclavistas tenían algún problema en insultar sistemáticamente a quienes eran en realidad una mayoría numérica aplastante?
 
El capitalismo popular ha muerto, junto a lo que se llamaba (en España muy generosamente) "clase media". Pero esta noción se resiste a morir. El "todos tenemos las mismas oportunidades", una oportuna mentira para hacernos olvidar una desigualdad creciente, ahora se sigue dirigiendo contra colectivos crecientemente empobrecidos. Un disparate necesario para un sistema económico disparatado.

¡Todos somos inversores! ¡Todos somos capitalistas! ¡Sólo sobreviven los más fuertes!
 
"Todos los necios son esclavos" Marco Tulio Cicerón

jueves, mayo 16, 2013

FEDEA, contrato único y la privatización de la verdad

En estos días los españoles de a pie han sido bombardeados con un concepto que tal vez no les sonase mucho hasta el momento: el contrato único. Dicho contrato único, en realidad, lleva mucho tiempo siendo defendido por el think tank de la banca española: el FEDEA. También es defendido, como no, por la marca blanca del FEDEA: la web Politikon, de Roger Senserrich.
 
Los argumentos a favor del contrato único cabalgan a lomos de una neolengua. Amparados en una retórica libertadora e igualitarista, el objetivo no podría ser más obvio: bajar aún más la participación de los salarios respecto a la renta total. Buscándose un mal objetivo para todos los trabajadores, en FEDEA presentan la precarización de todos los contratos laborales como su opuesto: el convertir los temporales en "indefinidos". Para lograr esto se emplean argumentos tan triviales (para impresionar al ignorante) como que un contrato único solucionaría "la maraña actual de contratos". Asimismo, se juega una baza típica de quien legifera en España (chovinismo invertido) de que el contrato único es algo que existiría en países más avanzados: cuando la realidad es que no existe en ninguna parte. En esencia, se indica a trabajadores precarios y desempleados que los culpables de su situación serían los trabajadores que tienen mejores condiciones. Este juego se llama divide y vencerás.
 
Además, los chicos del FEDEA tienen un problema importante: el contrato único es inconstitucional. Al excluir la causalidad del despido, al convertirlo en "libre", se conculcan el artículo 35.1 (derecho al trabajo) y el artículo 24.1 (derecho a la tutela judicial efectiva). En la propia web del Congreso de los Diputados podemos ver un resumen de la doctrina del Tribunal Constitucional sobre el artículo 35:
 
STC 22/1981 y STC 109/2003: "el derecho al trabajo no se agota en la libertad de trabajar, supone también el derecho a un puesto de trabajo y como tal presenta un doble aspecto: individual y colectivo, ambos reconocidos en el artículo 35.1 y 40.1 de nuestra Constitución, respectivamente. En su aspecto individual, se concreta en el igual derecho de todos a un determinado puesto de trabajo si se cumplen los requisitos necesarios de capacitación y en el derecho a la continuidad y estabilidad en el empleo, es decir, a no ser despedido si no existe una causa justa".
 
El elitismo que se cultiva en el blog "Nada es Gratis" del FEDEA alcanza unos niveles de insolencia asombrosos. Ayer mismo me quedaba de piedra viendo un intercambio en los comentarios de un artículo de dicho blog. Un tal "Sartre" acudía, aportando una serie de enlaces, a criticar las presuntas bondades del contrato único. Las respuestas de Jesús Fernández-Villaverde, director de la cátedra FEDEA-Caja Madrid llaman la atención por su violencia:
 
"Sartre: déjame que te de una mala noticia. No sabes ABSOLUTAMENTE nada de econometría. En particular, no tienes ni la mas remota idea de lo que es un VAR, de las hipótesis que toman o de cómo se interpretan. "
 "Sinceramente, tu honestidad intelectual es cero y acusas a los demás de lo que tu tienes a espuertas, sesgos ideológicos, que combinas, para que no nos quedemos aburridos, con una ignorancia notable sobre econometría moderna (¿qué tipo serio ha hablado de “ecuaciones de comportamiento” en los últimos 20 años? Anda que no hay que estar más desfasado que un Seat 600)."
"No has podido encontrar una referencia mejor que un articulo en una publicacion de un banco que no esta peer-reviewed? No es tan dificil mirar la literatura cientifica en revistas (pero bueno, tu vagancia intelectual ya ha quedado bien clara)."
 
"El juicio de tus conocimientos de econometria esta basado en la evidencia empirica: los comentarios que has efectuado anteriormente, que denotan una falta de entendimiento manifiesto de series temporales. Y como no quieres dar tu nombre ni que veamos tu CV, tengo CERO motivos para atribuirte ningun conocimiento sobre el tema."
 "Vale, ya veo que eres ABSOLUTAMENTE incapaz de decir nada en concreto acerca de ningun paper o de ninguna identificacion. Mucho griterio ideologico pero cero contenido intelectual. Sartre: eres un fraude intelectual y no pienso volverte a responder a nada."

Con estos exabruptos vemos  muy bien reflejado el elitismo desmesurado en que se mueven estas criaturas de la banca. Para éstos, como tuvo a bien demostrarme Roger Senserrich no hace mucho, la "verdad" es de pago y con seguridad privada en la entrada. Oponiendo ser intelectual a mostrarse partidario de una ideología, personajes como Villaverde pretenden conducirse como autómatas de la verdad. El pueblo no sabe lo que le conviene, pensarán. Lo que ocurre es que la cicuta laboral que prescriben y sus formas de conducirse revelan una obvia ideología: aquélla que consiste en perseguir el perjuicio de una mayoría en beneficio de una minoría acaudalada. Aquélla que busca laminar cualquier regulación o norma pública, para que entren en juego sus reglas: las que sólo conocen ellos y se nos imponen de la noche a la mañana.
 
El resumen de todo este "tango" del contrato único es sencillo: los poderosos quieren instrumentalizar las cifras de desempleo, que ellos mismos en el fondo fomentan, para rebajar los salarios y la legislación laboral hasta el subsuelo. Hasta los 28 euros al mes de Bangladesh hay margen para ser "más competitivos".
 
 
 
"¡Prometo ser un enemigo del pueblo, y hacer todo lo posible para darle malos consejos!" el juramento oligárquico según Aristóteles.
 
 
 
PS: mientras termino de escribir estas líneas, el presidente Mariano Rajoy dice que hay que cambiar el sistema de formación en España porque no capacita suficientemente para el mercado laboral. Éste es el nivel. Cuantos más desempleados haya, más barbaridades oiremos.