jueves, mayo 16, 2013

FEDEA, contrato único y la privatización de la verdad

En estos días los españoles de a pie han sido bombardeados con un concepto que tal vez no les sonase mucho hasta el momento: el contrato único. Dicho contrato único, en realidad, lleva mucho tiempo siendo defendido por el think tank de la banca española: el FEDEA. También es defendido, como no, por la marca blanca del FEDEA: la web Politikon, de Roger Senserrich.
 
Los argumentos a favor del contrato único cabalgan a lomos de una neolengua. Amparados en una retórica libertadora e igualitarista, el objetivo no podría ser más obvio: bajar aún más la participación de los salarios respecto a la renta total. Buscándose un mal objetivo para todos los trabajadores, en FEDEA presentan la precarización de todos los contratos laborales como su opuesto: el convertir los temporales en "indefinidos". Para lograr esto se emplean argumentos tan triviales (para impresionar al ignorante) como que un contrato único solucionaría "la maraña actual de contratos". Asimismo, se juega una baza típica de quien legifera en España (chovinismo invertido) de que el contrato único es algo que existiría en países más avanzados: cuando la realidad es que no existe en ninguna parte. En esencia, se indica a trabajadores precarios y desempleados que los culpables de su situación serían los trabajadores que tienen mejores condiciones. Este juego se llama divide y vencerás.
 
Además, los chicos del FEDEA tienen un problema importante: el contrato único es inconstitucional. Al excluir la causalidad del despido, al convertirlo en "libre", se conculcan el artículo 35.1 (derecho al trabajo) y el artículo 24.1 (derecho a la tutela judicial efectiva). En la propia web del Congreso de los Diputados podemos ver un resumen de la doctrina del Tribunal Constitucional sobre el artículo 35:
 
STC 22/1981 y STC 109/2003: "el derecho al trabajo no se agota en la libertad de trabajar, supone también el derecho a un puesto de trabajo y como tal presenta un doble aspecto: individual y colectivo, ambos reconocidos en el artículo 35.1 y 40.1 de nuestra Constitución, respectivamente. En su aspecto individual, se concreta en el igual derecho de todos a un determinado puesto de trabajo si se cumplen los requisitos necesarios de capacitación y en el derecho a la continuidad y estabilidad en el empleo, es decir, a no ser despedido si no existe una causa justa".
 
El elitismo que se cultiva en el blog "Nada es Gratis" del FEDEA alcanza unos niveles de insolencia asombrosos. Ayer mismo me quedaba de piedra viendo un intercambio en los comentarios de un artículo de dicho blog. Un tal "Sartre" acudía, aportando una serie de enlaces, a criticar las presuntas bondades del contrato único. Las respuestas de Jesús Fernández-Villaverde, director de la cátedra FEDEA-Caja Madrid llaman la atención por su violencia:
 
"Sartre: déjame que te de una mala noticia. No sabes ABSOLUTAMENTE nada de econometría. En particular, no tienes ni la mas remota idea de lo que es un VAR, de las hipótesis que toman o de cómo se interpretan. "
 "Sinceramente, tu honestidad intelectual es cero y acusas a los demás de lo que tu tienes a espuertas, sesgos ideológicos, que combinas, para que no nos quedemos aburridos, con una ignorancia notable sobre econometría moderna (¿qué tipo serio ha hablado de “ecuaciones de comportamiento” en los últimos 20 años? Anda que no hay que estar más desfasado que un Seat 600)."
"No has podido encontrar una referencia mejor que un articulo en una publicacion de un banco que no esta peer-reviewed? No es tan dificil mirar la literatura cientifica en revistas (pero bueno, tu vagancia intelectual ya ha quedado bien clara)."
 
"El juicio de tus conocimientos de econometria esta basado en la evidencia empirica: los comentarios que has efectuado anteriormente, que denotan una falta de entendimiento manifiesto de series temporales. Y como no quieres dar tu nombre ni que veamos tu CV, tengo CERO motivos para atribuirte ningun conocimiento sobre el tema."
 "Vale, ya veo que eres ABSOLUTAMENTE incapaz de decir nada en concreto acerca de ningun paper o de ninguna identificacion. Mucho griterio ideologico pero cero contenido intelectual. Sartre: eres un fraude intelectual y no pienso volverte a responder a nada."

Con estos exabruptos vemos  muy bien reflejado el elitismo desmesurado en que se mueven estas criaturas de la banca. Para éstos, como tuvo a bien demostrarme Roger Senserrich no hace mucho, la "verdad" es de pago y con seguridad privada en la entrada. Oponiendo ser intelectual a mostrarse partidario de una ideología, personajes como Villaverde pretenden conducirse como autómatas de la verdad. El pueblo no sabe lo que le conviene, pensarán. Lo que ocurre es que la cicuta laboral que prescriben y sus formas de conducirse revelan una obvia ideología: aquélla que consiste en perseguir el perjuicio de una mayoría en beneficio de una minoría acaudalada. Aquélla que busca laminar cualquier regulación o norma pública, para que entren en juego sus reglas: las que sólo conocen ellos y se nos imponen de la noche a la mañana.
 
El resumen de todo este "tango" del contrato único es sencillo: los poderosos quieren instrumentalizar las cifras de desempleo, que ellos mismos en el fondo fomentan, para rebajar los salarios y la legislación laboral hasta el subsuelo. Hasta los 28 euros al mes de Bangladesh hay margen para ser "más competitivos".
 
 
 
"¡Prometo ser un enemigo del pueblo, y hacer todo lo posible para darle malos consejos!" el juramento oligárquico según Aristóteles.
 
 
 
PS: mientras termino de escribir estas líneas, el presidente Mariano Rajoy dice que hay que cambiar el sistema de formación en España porque no capacita suficientemente para el mercado laboral. Éste es el nivel. Cuantos más desempleados haya, más barbaridades oiremos.

miércoles, mayo 08, 2013

Roger Senserrich, Ignacio Escolar y Bangladesh

El pasado viernes en elDiario.es se publicó este artículo de Roger Senserrich. En dicho artículo, con motivo de la muerte de cientos de trabajadores en Bangladesh, Roger Senserrich aprovecha para hablar de las bondades de la masificadas fábricas del tercer mundo para sus lugareños. A raíz de esta ocurrencia, se ha levantado una polémica en la comunidad asociada a elDiario.es acerca de por qué se publican artículos de esta naturaleza en un medio "progresista". Y es que no es la primera vez que Senserrich publica en este medio dirigido por Ignacio Escolar. En realidad en elDiario.es ya han publicado varias de las firmas que se alojan en Politikon.
  
El juego de Roger Senserrich es el de las ideas provocativas. Un juego al que ya nos tenían acostumbrados los representantes del anarcocapitalismo y similares. Si la noticia era que alguien había vendido sus riñones para obtener dinero... pues se hace un artículo exigiendo la "liberalización" del mercado de órganos. Si algún desequilibrado decidía voluntariamente dejarse comer por otro... artículo que te crió equiparando la prohibición del canibalismo con una legislación desbocada. ¿Que se critica a la monarquía en España? Pues hacemos un alegato a favor de la monarquía absoluta. Por no hablar de los clásicos de Jorge Valín celebrando la anarquía de Somalia o la prostitución infantil. No obstante, el juego de Senserrich no es el de estos fanáticos puesto que él de lo que es fanático es de llamar la atención.
 
Senserrich es un titulado en Ciencias Políticas que se precia de pedante y que tiene, al parecer, un vaporoso puesto de trabajo en los Estados Unidos. Desde su particular atalaya de New Haven opina sobre España y los españoles, desde hace tiempo, en una especie de juego del asesor gubernativo online. Junto a toneladas de suficiencia y bajo el estruendo de los gruñidos y aplausos de la claque de los amigotes, Senserrich hace las veces de Demiurgo de los destinos de los torpes humanos. En este juego, por razones que cualquiera puede sospechar viendo los "VIP" que frecuentan Politikon, Senserrich está llegando a un punto de no retorno. Su fachada socialdemócrata apenas ya consiste en una serie de expresiones tópicas insertadas en medio de filípicas neoliberales que comprenden desde panegíricos de Margaret Tatcher hasta la presente defensa de que en la relación siervo-amo media el libre consentimiento. Es por esto que los socios de elDiario.es tienen razón al mostrarse inquietos cuando un individuo así publica en su medio de difusión. Máxime si el propio Senserrich en su cuenta de Twitter se dedica a anunciar sus "hazañas" y burlarse de quienes le critican.
 
Todas las sectas ideológicas tienden a calificar de ignorantes o incultos a quienes no participan de sus postulados. Unas lo disimulan más, otras lo disimulan menos. En el caso de Senserrich tenemos la prueba del algodón sobre su objetividad: cuando dejó claro que las credenciales académicas (el pedigree, para entendernos) estaban por encima de cualquier criterio de verdad-falsedad. Para Senserrich los contactos y, por tanto, la ambición personal están por encima de la verdad. Desde este enfoque la defensa o relativización de la explotación del hombre por el hombre sólo requiere el esfuerzo de empezar a escribir.

Hoy mismo Senserrich vuelve a la carga con otro artículo en que afirma que los salarios de miseria en Bangladesh se deben a que "no se puede pagar más". Añade, entre otras cosas, que la seguridad industrial es un coste añadido que vendría a tirar más hacia abajo los salarios (algo que en el contexto de los más de 700 obreros muertos resulta simplemente siniestro). Para Senserrich en Bangladesh todo lo que ocurre es lógico (tal vez esto también) y proporciona a sus amiguetes un artículo en descargo del indiferentismo más absoluto e inmoral. Para estas personas, que son las mismas que piden que la miseria e injusticia se instalen con total naturalidad en España (intentando burdamente oponer a unos trabajadores contra otros), la brutal realidad del tercer mundo no sería algo indignante a erradicar políticamente sino "una ventaja competitiva", fruto de algún "destino manifiesto". Además, en la pretendida fría lógica que sostiene Senserrich acerca de productividad y salarios no cabe el propio Senserrich, cuya productividad como ganapán con pretensiones seguramente es bastante más difícil de calibrar que su catadura moral.

Cuando el llamado realismo se convierte en una forma de ver el mundo que sanciona y felicita la idea de no hacer nada, hay que sospechar. Hay que sospechar que tras ese presunto realismo lo que se encuentra es, precisamente, una defensa cerrada del statu quo. Decir que las fábricas inseguras y los trabajadores esclavos son algo indiferente o normal, es incompatible con cualquier idea de humanismo o progresismo. No tiene defensa y, como decía, recuerda mucho a los provocadores artículos ancap sobre estos temas.

A cada paso de la humanidad en la evolución de sus estructuras políticas y sociales, se hacen más insoportables las tiranías y las injusticias. Si cuando comenzó la revolución industrial en Reino Unido, hubiese existido una opinión pública extranjera de algún país más acomodado y evolucionado, seguramente sería obligación de esa sociedad el denunciar lo que ocurría en las fábricas. Los bajos espíritus que atribuyen a los individuos aislados la labor de poner fin a la explotación en el tercer mundo saben muy bien lo que dicen: piden un imposible para recalcar que la labor, que deberían protagonizar los estados, es imposible. Y si es imposible erradicar la miseria entonces pasa a ser legítimo aprovecharse de ella. De esto se trata, "es lo que hay".

Por otra parte, la razón por la que alguien como Senserrich escribe en elDiario.es está en que Ignacio Escolar y él forman parte de la misma clase social. Una clase social que se mueve en los mismos círculos de privilegio y que se confabula para llamar mérito al nepotismo. Por no hablar de esos aspirantes a experto asesor que pululan alrededor de estos señores, tan gritones en medios como Twitter, envueltos en una especie de concurso por ver quién se muestra más indiferente, escéptico o cínico frente al horror. Pobres espíritus a la búsqueda de un patrocinador generoso, a la búsqueda de un trabajo. De nuevo, de eso se trata, "es lo que hay".


 


"La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado." Concepción Arenal

jueves, abril 25, 2013

El circo de la crisis

Cada vez que aparece en los medios la última cifra de desempleados de la EPA se produce la misma alarma. Pero es un día entre muchos. El resto de días, los medios de comunicación, tan al servicio del sistema como de la frivolidad más pura, producen sus piezas de "normalización" de lo anormal.

En aquél ya lejano 2008 apareció "la crisis". Primero fue por motivo de que el gobierno socialista de Zapatero negaba su existencia, con múltiples eufemismos sustitutivos. Hoy día, la crisis se ha convertido en un sistema nuevo. Un estado de excepción en virtud del cual han adquirido carta de naturaleza las más peregrinas y sangrientas mentiras. La acumulación y repetición de consignas y lugares comunes, aparentemente agotados, continúa como un goteo en todos los medios de difusión de noticias, bulos o rumores. Expertos de todo pelaje se afanan por proveer de nuevas chorradas al espectáculo. Publicistas y magos de la venta del humo, también, se apropian del término crisis para elaborar sus estrategias de venta. Los medios de comunicación aplauden sus ocurrencias. La mentira se instala como verdad.

Como ya venimos diciendo desde hace varios artículos, al creciente número de desempleados se le asocia un fenómeno curioso. Un fenómeno de control de masas. Y no es otro que el veneno de la autoayuda. Según esta particular forma de pensar, derivada de la propia tragedia laboral de los profesionales de la psicología, realidades como la injusticia o la falta de igualdad de oportunidades sólo existen en la imaginación de quienes no saben adaptarse. Especialmente caros a los oídos, y los bolsillos, de las personas (y colectivos) de baja o nula autoestima, estos milagreros prometen toda suerte de fórmulas infalibles para alcanzar el éxito. En sus panfletos, librillos y manuales estos expertos enseñan pasos, mandamientos y reglas por las cuales ha de regirse el perdedor para tornarse en triunfador. En el limitado contexto que plantean surge la inevitable culpa del que se encuentra en una mala situación. El doliente, avergonzado de su dolor, compra el argumento penitencial. Los medios de comunicación de masas... compran.

Un caso claro de la clase de normalización que consiguen estos tortuosos argumentos es la del "precariato". Una cultura, asumida muy ampliamente, según la cual para ser competitivo en el mercado laboral todo hijo de vecino ha de tener varias carreras, postgrados, idiomas y, por supuesto, empezar su carrera laboral sin cobrar "debido a su falta de formación". Estas asunciones son un reflejo fiel y concreto de un balance en la relación de fuerzas laboral, pero se oculta sin demasiada dificultad. En efecto, varias generaciones de españoles, y europeos, accedieron en su día a puestos de trabajo estables sin tener apenas formación. ¿Por qué sus descendientes no pueden? Consultemos al experto de autoayuda y nos dirá lo que queremos oír: por culpa de la falta de formación. ¿Cómo es posible esto? Porque al natural desprecio por los jóvenes que siente cualquier generación ya mayor se le asocia un argumento moral. Del mismo modo en que en plena burbuja inmobiliaria nuestros queridos medios azuzaban la pregunta: "¿por qué nuestros jóvenes tardan tanto en emanciparse?". Respondiendo a la pregunta con respuestas sobre todo de tipo moral, antes que asumir que la precariedad y los precios de la vivienda lo hacían poco posible. Lo espiritual derrota a lo material, irónicamente, en la muy pragmática tarea de excluir a los débiles de la esfera de los iguales.

Siendo posible implantar respuestas absurdas a preguntas sencillas, no extraña la normalidad del desempleo masivo. Ha bastado con que, desde 2008, todo programa "de actualidad" en radio o televisión se dedicase a repetir machaconamente que "muchos optan por emigrar". Incluso las fuerzas de izquierdas, atrapadas en su propia demagogia a este respecto, colaboran en extender la especie de una "emigración masiva". Que desde el mencionado año 2008 hasta hoy todo indicador disponible nos diga que no existe la tal emigración no impide, como con "la falta de formación", el éxito del truco. En toda reunión social la gente enseña al joven formado "pero con falta de formación" la puerta de la emigración. Decenas de miles, acaso centenares, se dejan los ahorros en aprender en cómodos pasos la complicada lengua alemana. Su sacrificio inútil sirve a la minorización de su problema: tanto a un nivel individual como colectivo. Quien se arrastra como esclavo hace sentirse superior a quien golpea como amo.

No es tan difícil implantar la mentira cuando "no hay alternativa". Porque si los más de seis millones de desempleados tomasen verdadera consciencia de su situación, más allá del rugido de sus tripas, en este país no cabría ninguna forma posible de orden o garantías constitucionales. Lo que ocurre es que forma parte de la situación del desempleado el no tener conciencia de clase y, como el Robinson de los de la autoayuda, contribuir a su propia opresión aceptando trabajar por menos y estando dispuesto a pisar al prójimo por unas migajas del plato del poderoso.

Aunque cada vez haya menos pan... que siga el circo. 




"Siempre es inexcusable ser malvado pero hay cierto mérito en saber que uno lo es" Oscar Wilde.

jueves, abril 18, 2013

Acción-reacción-acción sin compasión

Hablábamos el otro día de la ideología de la letra pequeña. Hoy hablemos del discurso que le da transporte, que es más bien de grandes titulares.

El conservadurismo español, tradicionalmente antiliberal y en diversas zonas de España incluso "tradicionalista", de un tiempo a esta parte ha querido hacer suyas las ideas de la "revolución conservadora". Esta revolución consistía, como comentaban en el documental de la BBC "The century of the self", en básicamente sancionar políticamente la idea de que la compasión es mala. Como lo oyen: la compasión es mala.

Mandeville sostenía en su célebre tesis moral que los vicios privados se convertían, en conjunto, en virtudes públicas. No es menos célebre la sentencia de Adam Smith en que nos informaba de que quienes se dedicaban a tal o cual profesión nos proveían de productos no por benevolencia sino por un ánimo de lucro. Bien. El discurso nacido de la revolución conservadora, íntegramente basado en la letra pequeña del "a mí qué me importa", venía a reivindicar esto llevado a un extremo. Extremo que Margaret Tatcher tuvo a bien aclarar diciendo que no existía la sociedad sino individuos y familias. Nada más lógico, entonces, que reivindicar que la compasión sea dejada a la caridad de individuos y familias. Las clases medias, celosas de conservar la mayor parte de sus nóminas y rentas, aplaudieron este nuevo enfoque egoísta. Una vez caído el bloque comunista este enfoque, tan alejado de las políticas económicas de varias décadas de la posguerra en Europa Occidental, reivindicó la victoria para sí. En las repúblicas ex-soviéticas pronto verían los efectos de aplicar de forma irrestricta la "libertad" de Reagan y Tatcher.

Si la compasión es mala es precisamente porque se asume que vivimos en un sistema justo. Un sistema del que se predica que la mera disponibilidad es suficiente para obtener una posición. Siendo así, la exclusión social y las personas que dependen de las ayudas del Estado para obtener los servicios más básicos son fenómenos incomprensibles. Se advertirá a éstos que las ayudas se acabaron y entonces pasarán a estar disponibles y "ser útiles".

Dolores de Cospedal, una de las principales voces del Partido Popular actual y tristemente célebre entre otras cosas por admitir la comisión de una grave ilegalidad laboral en directo, cree ser una Tatcher española. Igual que Esperanza Aguirre, juega a ser Dama de Hierro. Un rol que en esencia consiste en insultar a grandes colectivos, acaso como gesto de "normalidad democrática". En declaraciones que hizo ayer, e incluso tras una presunta matización, dijo que los votantes del PP pagan sus hipotecas y que está de acuerdo en apoyar a los excluídos pero que hay que incentivar "a quien se quiere ganar la vida dignamente". Estaremos de acuerdo en que Cospedal es una absoluta nulidad, pero la esencia de este discurso es deliberada y meditada.

Desde que comenzaron los llamados "escraches", la burbuja de seguridad y comilonas de buena parte de los representantes del Partido Popular se ha visto alterada. Y todo esto en un momento en que el número de desahuciados ha alcanzado tal nivel que éstos gozan de amplias simpatías entre el pueblo. A raíz de lo cual el Partido Popular se ha dedicado en las últimas semanas a intentar cortocircuitar las protestas. Comenzaron diciendo que la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) eran unos irresponsables que impedirían el futuro acceso a la vivienda. Acto seguido, sumaron a este argumento que el PAH y los escraches eran terrorismo callejero con conexiones con el submundo etarra. Y ya, tal vez porque la cosa no terminaba de colar, el PP subió las apuestas afirmando, por boca de Cospedal, que los escraches y la actitud del PAH eran "puro nazismo". Durante todo el proceso palabras como "acoso", "coacción" o totalitarismo, relacionadas con los escraches, han sido repetidas hasta la extenuación por diversos elementos del Partido Popular.

El Partido Popular no está haciendo más que recurrir al viejo esquema de "acción-reacción-acción". La escalada de insultos y acusaciones de todo tipo buscan una reacción violenta por parte de las protestas hasta ahora pacíficas. Se busca soliviantar al pacífico para que haya algún incidente que permita la represión sin contemplaciones. Represión que, por otra parte, ya se implementa por vía administrativa: multando a los participantes de los escraches. Una forma de represión poco disuasoria contra quienes se quejan, precisamente, de perderlo todo, pero muy eficaz contra otros simpatizantes que tengan algo que perder. Sólo desde el acción-reacción-acción, desde la voluntad de separar a los desahuciados de las simpatías del pueblo, se entienden declaraciones como las de Cospedal o Pujalte, que señalaba que quienes pedían la dación en pago era "para comprarse otra casa".

El discurso a favor de los hipotecados que pierden sus casas convive mal con las ayudas públicas a la banca. Y no hablemos de la corrupción política. En otro momento, no sería difícil para el PP culminar su tarea de convertir al colectivo de Ada Colau en un grupo de punkis marginales y vagos a los ojos del público. Pero a la multiplicación de los desahucios, el desempleo y los recortes sociales se le suman las ayudas astronómicas a los bancos y la corrupción en las más altas esferas del poder. La falta de compasión con la inexistente sociedad no parece alcanzar a los bancos. Siendo así, es imperativo dejar claro, diga lo que diga la Constitución, que las protestas pacíficas son problemas policiales. 

Del mismo modo en que no sabemos a partir de qué grado de desempleo el Estado se decidirá a hacer algo más que fomentar la esclavitud, cabe preguntarse a partir de cuántos desahucios y familias en la calle se decidirá el Estado a "sacar viviendas del mercado". No se puede permitir que las familias duerman al raso teniendo algo como el SAREB en marcha. Y, como decía el otro día, no es de recibo que se pierda la casa y se mantengan las deudas. Alquileres sociales y quiebra individual, pese a que no coinciden con las exigencias maximalistas del PAH, desactivarían los escraches inmediatamente. Pero el PP en lugar de hacer lo lógico en un país que se hunde en la ruina pretende seguir fingiendo que la gente, o al menos sus votantes según Cospedal, pueden pagar alquileres e hipotecas. Que no pare el negocio.

El Partido Popular está emboscándose tras el formalismo democrático para desarrollar una agenda que tiene muy poco de democrática. No es normal que haya protestas frente a las casas de los políticos, sí, pero es que esto es producto de una situación extrema en España. Situación que el PP lejos de corregir no tiene problema en agravar, emboscado para ello en la retórica tatcheriana de la mano dura al pobre. Entre acusaciones de nazismo, terrorismo y vagancia al que protesta, queda bien claro que el discurso de la normalidad se agota. Y a falta de normalidad se recurre al puro fascismo. Al fin y al cabo, cuando la sociedad no existe, cuando al miserable se le insulta y abandona en la miseria, suele seguir la necesidad de una represión sostenida. Si no hay alternativa a las medidas del gobierno quien se oponga a ellas sólo puede ser un criminal.




"La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio." Marco Tulio Cicerón

jueves, abril 11, 2013

La ideología de la letra pequeña

El argumento central que, para mí, invalida el anarcocapitalismo es su absoluta falta de realismo. Partiendo de una concepción caricaturesca del ser humano, este anarquismo de derechas plantea que la dimensión política de la sociedad humana es una conspiración que se ha mantenido en el tiempo. Sería posible, pues, eliminar todo lo colectivo y que en el magma restante una serie de "empresas en régimen de libre competencia" proporcionasen a "los consumidores" todo aquéllo que recibían "de forma ineficiente" del Estado.

Si observamos detenidamente las políticas económicas del gobierno de Mariano Rajoy y, en general, el resto de gobiernos reaccionarios de la Europa actual, se observa una pura violencia de fondo. Una brutalidad tan extrema que, por aquéllo de salir guapos en la foto, acaba reclamando para sí las desviadas razones del anarcocapitalismo. Todo lo público es malo y lo privado bueno. Mientras ponen cara de pena, los ministros nos exponen que los recortes son tristes, inevitables pero maravillosos. Contradicción que salva, claro, la retórica anarcocapitalista. Del mismo modo en que bajar impuestos sube la recaudación, en esta mentalidad el daño equivale a algo bueno.

El sueño masoquista de la sociedad "sin Estado" equivaldría a llevar a la esfera individual la inseguridad absoluta de quienes viven al margen de la ley o, valga la redundancia, son "grandes jugadores" de la economía global. En esta distopía se pasa de la clásica obligación civil de "actuar como un buen padre de familia" a la obligación de ser un superviviente sin escrúpulos.

La idea de que todos debemos ser empresarios, tan de moda hoy, está en la línea de lo expuesto. Irónicamente, esta concepción va en contra de algo tan básico como la "división del trabajo". Es una política que tiene entre sus países más aventajados a esa serenísima economía que es Grecia. Es una manifestación en grado terminal de la hipocresía de la libertad sin medios ("rico y pobre tienen la libertad de dormir bajo un puente"). Una hipocresía en la que se exige del que ya no puede ser siquiera consumidor el que se convierta en inversor. Un auténtico disparate que no encuentra otro sentido que dotar de una narrativa al total desinterés gubernativo por el terrible desempleo existente. Y dotar de excusas, claro, a ciertos bajos espíritus que aún conservan un trabajo.

Estamos, pues, ante apóstoles de una "responsabilidad individual" que apenas esconde su verdadero carácter: justificar, amparar y legitimar una creciente desigualdad social. Con tal fin se llega a exigir de las personas más humildes y desamparadas que se conduzcan por el mundo como si fuesen feroces depredadores. De no hacerlo... es que entonces merecen perecer. La ley del más fuerte.

El caso de las obligaciones preferentes, en una gran mayoría de los casos, es un escándalo de pura estafa. Escándalo que si bien los tribunales están enmendando, seguimos viendo justificar a los partidarios de la barbarie económica. Exquisitos sinvergüenzas se preguntan cómo la gente firmaba "sin leer la letra pequeña". Tal vez la gente se fiaba de lo que les decían los comerciales que tenían delante, que eran los mismos señores que les actualizaban la libreta... El objeto del engaño, sin embargo, no era una revolucionaria loción contra la calvicie o un elixir del amor, señores, eran los ahorros de mucha gente. Ojalá esta gente recupere su dinero en los tribunales y que no les engañen con arbitrajes, mediaciones y, en definitiva, nuevas estafas sumadas a la principal. Todas ellas ampliamente publicitadas y apoyadas por el Partido Popular y sus medios de comunicación afines.

Pero son las hipotecas el tema estrella en estos días. Muchos asumen que todo el que se metía en una hipoteca a muchos años era, como no, un loco especulador. Cuando el cálculo en los días de la burbuja era "sencillo": el alquiler cuesta 500 y la hipoteca 450. Si en cualquier caso nosotros, pobres humanos, necesitamos un techo sobre nuestras cabezas y habríamos, en tanto emancipados, de pagar un alquiler para tal fin... ¿no tenía sentido pagar la hipoteca y al final legar una casa a los hijos? Tenía todo el sentido y así lo publicitaban los bancos y expertos que hoy se burlan con saña del desahuciado. Además, pensemos que se está acusando de "especulador" y "loco" a un individuo por esperar poder trabajar el resto de su vida laboral, pagando así la hipoteca.

Estamos ante falacias y groserías de tal calibre que es lógico que la gente esté recurriendo al acoso de los políticos (los famosos "escraches"). La pulsión revelada de los sectores conservadores y reaccionarios es la misma con todo: aniquilar moral y físicamente al que ha caído en la miseria y la desesperación. 

Los desahucios son escenas muy desagradables que las fuerzas de izquierdas, de forma inteligente, están convirtiendo en el centro de la polémica. Es evidente que el número de los desahucios que se están produciendo generan una gran alarma social, sean legales o no. Por esto el PP se ve obligado a fingir, con su habitual impudicia, que le importa el problema promoviendo unas reformas legales que no alteran en nada la situación. Y por esto se lanzan campañas racistas para desviar la atención. Pero el problema no está ni en la dación en pago ni en los desahucios. El problema está en que en España está vigente la esclavitud por deudas. Todas las deudas de las personas jurídicas pueden quedar liquidadas tras un debido proceso (concurso de acreedores), pero con las personas físicas ocurre algo diferente. A las personas físicas les aguarda una liquidación bien distinta: la de su futuro. Condenados a ser deudores por los siglos de los siglos, los españoles bien hacen en ahora reclamar en su país que se apruebe una ley adoptada por cierta ciudad italiana en el siglo IV antes de Cristo. Moderneces de perroflautas, vamos.

En definitiva, los defensores del actual orden de cosas, emboscados en su papel de "reformistas", reclaman para su defensa ese caldo intelectual del "y a mí qué me importa" y el "mejor tú que yo". Defendiendo un modelo de "sociedad del riesgo" en el que confunden interesadamente las necesidades y deseos básicos de las personas con comportamientos especulativos, casi criminales. Una sociedad en que las grandes leyes de la convivencia ya no están en códigos sino en letra pequeña.


"La revolución se ha distinguido siempre por su falta de urbanidad: seguramente, porque las clases dominantes no se han preocupado a su tiempo de enseñar buenas maneras al pueblo." León Trotsky

viernes, febrero 22, 2013

De los tristes destinos del debate del Estado de la Nación

El debate sobre el estado de la nación se saldó como era de esperar. Continúa la tautología de la mayoría absoluta del Partido Popular. Consistente ésta en que, pase lo que pase, y hágase lo que que se haga, "los españoles depositaron mayoritariamente su confianza en el PP". Ya lo avanzamos en este blog en diversas ocasiones: conceder una mayoría absoluta en plena crisis económica a Mariano Rajoy era un escenario apocalíptico. Porque era poner al zorro a guardar el gallinero.

En el debate que tuvo lugar en el Congreso de los Diputados me llamó la atención el ostensible nerviosismo de Rubalcaba. Un Rubalcaba que cometió muchos errores en su discurso y que parecía ciertamente confuso. Un defecto que, como no podía ser menos dado el personaje, se fue disipando en las réplicas a Rajoy. Porque el líder socialista se mueve como pez en el agua en el toma y daca de la polémica. De hecho, su última intervención, en la que acusó a Rajoy de hacer oposición desde el gobierno pidiendo su dimisión como secretario general del PSOE y terminó mencionando a Bárcenas, sacó de quicio a Rajoy. No obstante, Rubalcaba en términos generales resultó bastante decepcionante. Pero claro... si se acepta el statu quo del Euro el margen para discutir las medidas de austeridad es muy limitado.

Mariano Rajoy, flamante (?) presidente del Gobierno, se vistió con sus galas de enterrador con pretensiones.  Como señaló Rubalcaba, insistió en seguir actuando como jefe de la oposición, aleccionando a todos como un mediocre maestro de escuela. Es el rencor el que elevó a Rajoy a la mayoría absoluta y por tanto no resulta sino natural el verle actuar como rencoroso mayor del reino. De una persona que detesta la igualdad entre las personas, como si fuese una enfermedad, no podemos esperar misericordia alguna. Por esto Rajoy se contenta con sacar pecho por mejorar la balanza exterior y luchar contra el déficit. No sin renunciar, eso sí, a continuar con esa sangrienta burla de que para el Partido Popular la prioridad es la lucha contra el desempleo. La altura política de nuestro presidente, además, le llevó, en el colmo de los despropósitos, a dedicar un mismo espacio de su discurso a la lucha contra la corrupción y al separatismo catalán. 

Los medios afines al PP se apresuraron a decir que el gobierno poco menos que había superado la crisis de imagen derivada del caso Bárcenas. En esta ceremonia de la confusión, se añade esa musiquilla de que aún están por verse los efectos de las reformas del PP. O que se permita a este gobierno el presentar como "golpe de efecto" de Rajoy el prometer para el año próximo medidas que se había comprometido a implementar nada más acceder al gobierno. En estos días se echa de menos, ciertamente, algún medio de comunicación con difusión decente que sea intolerante con este gobierno y sus campañas cosméticas. ¿Piensan ustedes en El País? Piénsenlo mejor. Personalmente estoy harto de tantas críticas ingenuas al gobierno del PP, esa clase de críticas que insisten en poner el foco en lo superficial, en lo sintomático, y no en el fondo. Del mismo modo que es necesaria la oposición frontal al gobierno en las calles, no lo es menos la oposición frontal en los medios. Pero claro... estamos ante el statu quo otra vez.

Sobre el PSOE y Rubalcaba, por su parte, existe la muy pesada losa de haber gobernado hace dos telediarios. Y que durante dicho período dijeron "sí bwana" a las directrices suicidas que venían desde la Unión Europea. Por esto es poco creíble que, más allá de determinadas medidas ultras del PP (véase sanidad y educación), la actitud del PSOE en el poder fuese sustancialmente distinta a la del gobierno Rajoy.  Sea como fuere, la insistencia de muchos en poner el foco sobre Rubalcaba, más que en Rajoy, resulta sintomática. Sintomática de ése vicio tan cultivado por el actual gobierno de considerar que no existe alternativa alguna a sus decisiones. Y si no existen alternativas... nada más lógico que escudriñar a la oposición como si fuesen malhechores, los clásicos "enemigos de España".

Parece que se impone determinar el progresismo/conservadurismo en base al grado de recorte presupuestario, cuando ya hace tiempo que esta diferenciación habría de fundarse en el grado de rechazo a lo que hoy por hoy es Europa. Porque, oh ironía, el progresismo pasa necesariamente en estos días por rechazar la ración de cicuta que se le ofrece a España, Portugal, Italia o Grecia. Si somos democracia... ¿cómo es posible que una mayoría democrática pueda permanentemente apoyar un orden de cosas en el que se niega a sí misma? No se ha creado todavía el aparato de propaganda y terror capaz de cosa semejante. Es cuestión de tiempo. Y tal vez para entonces en el lote de recortes que pidan desde Europa esté la democracia en sí misma.


"Pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España : dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso." Francisco Silvela (en 1898).

martes, febrero 05, 2013

La eclosión liberal y Bárcenas

En aquélla época, con Losantos como estrella de las mañanas de COPE, Libertad Digital no era la ridícula "multimedia cutre sobredimensionada" que es hoy: era un mero portal de noticias. Contaba, eso sí, con la colaboración de muchos periodistas y elementos satelitales del Partido Popular: muchos más que ahora, con Losantos caído en desgracia. Hoy, de hecho, si entramos en la web de Libertad Digital lo primero que nos asaltará será la sensación de mareo ante la brutal cantidad de anuncios. Sí, se notan las vacas flacas. ¡Ah, los días de vino y rosas!

En 2004 ocurrieron en España unas cuantas cosas aunque principalmente la caída del gobierno del PP. Durante ese período, como es natural en estos casos, se gestó un enorme resentimiento en la derecha española. El shock del 11-M antes de las elecciones generó una narrativa de "puñalada por la espalda" y allí estaba Losantos para "señalar el camino". 

Tras las elecciones del 14 de Marzo de 2004, en concreto el día 28 de Marzo, aparece Redliberal. Un agregador de blogs "liberales", dirigido por Daniel Rodriguez Herrera (más conocido como "Pateras"), ya desde el comienzo claramente dedicado a combatir en las redes en un momento de gran resentimiento de la derecha. El propio Herrera lo dice:

"Desde el día 14 de marzo, antes de ir a votar, tenía el gusanillo de hacer algo más por el liberalismo español. Eran días de angustia tras el atentado, en los que la idea de crear un refugio para las bitácoras de los escritores españoles liberales me ofrecía cierto alivio."

Surgía todo desde la página Liberalismo.org, hoy muda y muerta. Herrera, una especie (recalquemos "especie") de informático por entonces, aparecía como un maestro de ceremonias inocente e interesado en extender las buenas ideas del liberalismo (léase libertarismo dixie): un filántropo. Pero ocurre que la mayoría de los blogs que se fueron alojando en Redliberal, que eran admitidos en ella bajo la sola exigencia de ser anti-izquierdistas, se dedicaban a rebotar y comentar noticias de Libertad Digital. Curiosa casualidad.

Durante los años que siguieron a 2004, los aspectos más histriónicamente anti-izquierdistas fueron ganando protagonismo en Redliberal. Todo hasta llegar a la apoteosis en 2008, cuando Rajoy pierde sus segundos comicios. En ese momento el sectarismo de Losantos estaba por los aires y su cruzada personal contra Rajoy, también. Como fiel seguidor y pelotillero mayor del reino de Esperanza Aguirre, Losantos lo apostó todo a "echar a Rajoy". Como sabemos, Losantos perdió. Pero durante el proceso pudimos ver de qué pie calzaba Herrera:

"No sé si ya lo he contado en el blog, pero me afilié al PP en 2003, cuando volviendo del trabajo una noche me encontré con la sede apedreada. No he vuelto a entrar en ella desde entonces, pero estoy al corriente de pago, soy uno de esos cientos de miles de militantes anónimos que hacen del PP el partido con más afiliados de España.

El lunes, que es lo más pronto que podré ir a la sede, me daré de baja, si no media el milagro de la dimisión de Rajoy. Mi partido era el que defendía ciertos principios. Mi partido era el de San Gil y Ortega Lara. No es el partido de quienes intentan hacer pasar a María por loca y quien sabe si ahora lo intentarán también con el burgalés. No puedo estar en el mismo partido que Rajoy, Lassalle, Alonso y Carmen Martínez Castro. Adiós."

Nada más lógica la actitud de Herrera teniendo a Losantos y su círculo como patrocinadores, como él mismo, de nuevo, dice:

"Y buscando material con el que completar Liberalismo.org comencé a escribir con más esperanza que certezas a diversas personas para que nos cedieran sus textos. En todos estos años no me he encontrado con casi ninguna negativa. Como no lo fueron las dos primeras peticiones: al hoy difunto Rafael Termes, al que no llegué a conocer en persona, y a una dirección anónima de La Ilustración Liberal que resultó estar atendida por Javier Rubio, quien además me propuso, con un valor casi suicida, escribir una columna de internet para Libertad Digital." 

Javier Rubio, como es sabido, fue la mano derecha de Losantos en cuanto a Libertad Digital. Luego se enemistó con él y dejó el proyecto. En esa enemistad no le siguió Herrera, claro. Como es sabido, Herrera luego entró a trabajar en esRadio por cuatro pesetas, junto con su amigo el ultra Fernando Díaz Villanueva (hoy habitual ultra de relleno en  las tertulias de Intereconomía). Aún recuerdo cómo Luis Herrero, en los primeros meses de esRadio dijo en antena respecto a esta pareja algo como lo que sigue: "Estos dos están aquí a todas horas, deben dormir aquí". Claro, iban de programa en programa como "colaboradores" de relleno. Becarios low cost, les llaman ahora.

La proximidad entre la afiliación de Herrera al PP y la creación de Redliberal es curiosa. La forma en que Herrera explica el nacimiento de Redliberal está en perfecta alineación con el discurso de Esperanza Aguirre para asaltar el PP: "dar la batalla de las ideas". Acusa al PP de Rajoy de timorato y débil en este aspecto. No sería una cosa rara en el Rajoy de esos días el dar apoyo a este sector para callarles (el Rajoy antes de 2008 era el de las concesiones a los ultras).  Este artículo de Herrera sobre todo el devenir de Redliberal y el Instituto Juan de Mariana, cuyas omisiones resultan encantadoras, no tiene desperdicio.

Todo el ascenso de Redliberal y alrededores, por otra parte, fue objeto de "sesuda" reflexión por Juan Carlos Girauta en "La Eclosión Liberal". Corría el año 2006 y Losantos era una estrella. Entonces Girauta, un entrañable darwinista social al que podemos seguir oyendo en COPE, era amigo del locutor turolense y ejercía de valioso recurso para aquél. Porque era quien iba a los programas a desgranar el día a día de la "dictadura" nacionalista catalana. Girauta, un reaccionario de manual, escribía por entonces que en efecto fenómenos como Redliberal venían a ejemplarizar que donde la izquierda era pensamiento canalla y barato el derechismo español era sabiduría y exquisitez. En esencia, Girauta concurría con la opinión de Losantos de que el anarcocapitalismo, despojado de sus aspectos más inquietantes, era el arma de combate ideal para los criptofascistas del momento. No en vano, en este su libro, Girauta se preguntaba en portada: "¿Por qué los progres están tan nerviosos?". Si hoy le preguntásemos a Girauta por este libro seguro que quien se pondría nervioso sería él. No es para menos viendo con quién se fotografiaba entonces y cómo se daban jabón. Vergonzoso es decir poco.

Pasados los años y viendo con perspectivas las relaciones que dieron lugar a Redliberal y Libertaddigital cada vez tengo menos dudas. Menos dudas de que todo fue algo organizado por el Partido Popular, sobre la base de la agenda personal de un puñado de personajes ambiciosos bajo la tutela de Esperanza Aguirre. Y es que su decadencia ha ido de la mano de la caída de Losantos y la enemistad de éste con el Partido Popular. 

Que ahora, a través de las revelaciones de El País, descubramos en las presuntas anotaciones de Bárcenas unas supuestas entregas de dinero de 36.100 € (6 millones de las antiguas pesetas) a Libertad Digital en Diciembre de 2004, queda en manos del libre juicio del lector. De momento Losantos, lo ha negado todo.



"Demasiado tiempo habéis estado aquí para el poco bien que habéis hecho" Oliver Cromwell