viernes, mayo 20, 2016

Sin esteladas no hay democracia

Cómo hemos cambiado
Durante los fastos por la coronación de Felipe VI como rey de España ya lo vimos. Sin base legal alguna, aquel día la policía decidió que estaba prohibido portar banderas republicanas. Ahora, el gobierno en funciones del PP decidió que el próximo domingo estará prohibido, con motivo de la final de Copa del Rey de fútbol, portar banderas independentistas. En ambos casos se produce una limitación de la libertad de expresión.

En primero de Derecho te enseñan como concepto básico que en el mundo de las normas existe algo llamado "jerarquía normativa". En caso de conflicto entre normas, prevalece la de rango superior. Des esta forma, apelar a la Ley del Deporte, al reglamento de la Real Federación Española de Fútbol o las decisiones de la UEFA (una institución privada) para prohibir a los seguidores del Barça portar banderas independentistas es un absurdo desde el momento en que la Constitución de 1978 ampara la libertad de expresión como un derecho fundamental. Otra cosa que suelen decir es que la libertad de portar símbolos separatistas entra en conflicto con "los derechos de los españoles". Es decir: con el "honor" de la nación española, amparado por el oscuro artículo 543 del Código Penal de "Ultrajes a España". Pero, de nuevo, el Código Penal y cualquiera de sus artículos se encuentran por debajo de la Constitución, que, vuelvo a repetir, ampara la libertad de expresión. Libertad de expresión tan amplia en España que llevó a que el Tribunal Constitucional declarase en 2007 ilegal el artículo del Código Penal que castigaba como delito negar el Holocausto. Por lo tanto, no hay base legal para prohibir las esteladas.

Siendo ilegal prohibir la exhibición pública de símbolos separatistas, queda claro que la misma sólo puede constituir una decisión sectaria. En este sentido, quienes defienden la prohibición de las esteladas el próximo Domingo apenas ocultan que consideran dicha prohibición una especie de "respuesta" o desafío al separatismo. Es decir: siendo ilegal el separatismo, la prohibición ilegal de las esteladas es una justa respuesta. Como no, esta argumentación violenta aparece disfrazada de precisamente lo contrario. Se argumenta que se prohiben las esteladas porque "incitan a la violencia". Un "no hagas eso que te puedes hacer daño" que apenas oculta que incluye tanto una amenaza como una satisfacción por quienes ven en el separatismo un legítimo blanco de agresiones. Y, de nuevo, el "orden público" no puede amparar prohibir expresar pacíficamente tus ideas políticas. Decir que suprimir la libertad de expresión es "orden público" es un razonamiento violentamente autoritario.

En España gobernó durante cuatro décadas un régimen nacionalista y centralista que en su primera fase de existencia esclavizó y asesinó a miles de españoles. Los nacionalismos que habían florecido gracias a la democracia en España fueron barridos y sus símbolos y culturas humillados. Durante mucho tiempo se aspiró a prohibir la existencia misma de cualquier idioma que no fuese el castellano. Todo el aparato educativo español se puso al servicio de inocular a los niños una idea de la "grandeza de España". Ese intento de destruir el nacionalismo catalán, y otros, está claro a estas alturas que constituyó un completo fracaso. El separatismo catalán nunca tuvo tantos apoyos como hoy tiene ni tan cerca estuvo de alcanzar su objetivo de romper con España por la vía de los hechos. Si la más desenfrenada violencia no destruyó al nacionalismo catalán, ¿de dónde se sigue que podría hacerlo una batería de infames atropellos policiales? En el fondo, estos atropellos serían la consecuencia inevitable de prohibir el referendum independentista en Cataluña. Porque, en Democracia, si estás dispuesto a impedir el voto... ¿qué cuesta prohibir más cosas?

Desde hace tiempo, hay muchos empeñados en defender la nación española argumentando que no existen las naciones. Otros, con la Marcha Real sonando a todo trapo, sostienen que deporte y política no se deben mezclar. Muchos, llevados por su ignorancia, piensan que es posible ver en las banderas independentistas catalanas algo "ilegal". Otros, sacrifican todo a la inmediata satisfacción de ver despojados de sus derechos a quienes consideran enemigos de España. Incluso hay quienes se consuelan pensando que, esta vez sí, la represión funcionará para conjurar el peligro separatista. Todos sueñan. Y si esto va de sueños, siempre es preferible estar del lado de quienes sueñan con la libertad.



"Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean" San Agustín

lunes, noviembre 16, 2015

Francia, Siria y vuelta: la Democracia y la Paz en juego

Plus Jamais!
La respuesta al atentado islamista en París que está prescribiendo la prensa es la guerra. Se plantea como legítima defensa de Francia bombardear objetivos a más de 2.000 kilómetros de distancia de sus fronteras. Tras años inmiscuyéndose ilegalmente en los conflictos internos de Siria, nadie se pregunta por la legitimidad de la "respuesta" de Francia. La realidad es la de siempre: la ley internacional prohibe la guerra y, por supuesto, las "represalias" que Francia está desencandenando en Siria son ilegales.

A la ilegalidad evidente de cualquier represalia de Francia en Siria sin permiso de la propia Siria o el Consejo de Seguridad de la ONU se suma el absurdo de la estrategia global. Si atendemos a lo que dicen políticos, "expertos", todólogos y demás tertulianos el plan ahora contra Estado Islámico es un cómodo matarles a todos. Y eso es tanto como decir que no hay plan. Los llamamientos, como el de Sarkozy o Cameron, a una colaboración con Rusia difícilmente tomarán la forma de una misión conjunta. Tal es así porque Occidente ha mentido a Rusia al más alto nivel desde hace tiempo, y la última vez con respecto a Libia. No, no parece que haya ningún plan ni objetivo claro respecto a Siria. Ninguno salvo, claro está, el de siempre: la tecnoguerra. 

Como ya dije hace un tiempo, la tecnoguerra siempre nos presenta la misma receta: una escalada militar. Todo se resuelve así porque la derrota no puede proceder salvo de una producción subóptima. Todo problema político internacional se puede exponer en términos de un óptimo mix de armas y hombres a aplicar. La "voluntad de vencer" no es otra cosa que reunir el hardware necesario para alcanzar la victoria. Bajo esta perspectiva, la capacidad de convencer resultaría idéntica a la capacidad de matar o destruir. Una perspectiva que si se mostró dramáticamente equivocada contra unos nacionalistas en las junglas de Vietnam, es directamente disparatada aplicada a fundamentalistas islámicos. Porque las recetas para combatir al Estado Islámico pueden reducirse a "mostrar fuerza", "dureza" o el consabido "enviar más tropas/arrojar más bombas". En este punto cabe preguntarse hasta qué punto se puede intimidar a un tipo que acepta el suicidio como parte del drama. Pero claro, tenemos analistas que hablando de esta gente nos señalan un diferencial de salario entre los militantes de Estado Islámico y los ejércitos de la región. 

Occidente tiene armas suficientes, tanto convencionales como nucleares, para borrar del mapa a toda la población de Siria e Iraq. Pero eso no se llama victoria, se llama genocidio. Y es exactamente a donde está destinada toda estrategia contra Estado Islámico que se base en "hay que hacer algo"; generalmente eufemismo de bombardeos aéreos irrestrictos. Porque si algo resulta llamativo en las disertaciones de los "expertos" que opinan sobre conflictos como el sirio es su creencia en la capacidad de la interdicción aérea. Interdicción que viene a significar algo así como vencer al enemigo a base de bombardeos y sin enviar tropas de tierra. Seguir esa lógica es peligroso para la población civil, basta preguntar como va eso en la Llanura de las Jarras, Laos.

Otro aspecto llamativo de la reacción frente al atentado del pasado viernes 13 son los medios de comunicación. Además del muy arriesgado trabajo de ir en manada a París, dichos medios se alinean sin disimulo a favor de la guerra. Hoy mismo asistía estupefacto a un telediario de Antena 3 en que celebraban como buena noticia la perspectiva de emprender bombardeos menos selectivos en Siria. Algo que por cierto está muy en sintonía con los disparates que políticos franceses de altísimo nivel están diciendo estos días. No sólo no se guardan las formas legales ni nadie disimula sus propósitos sino que ya están incluso celebrando los crímenes por venir.

Los medios no se limitan a celebrar bombardeos indiscriminados sobre Siria. Hay más prescripciones interesantes. El periódico, otrora "progresista", El País, en un editorial y uno de sus periodistas estrella John Carlin, en un escalofriante artículo, defienden por ejemplo ir hacia una tiranía de los servicios de seguridad. En un ejercicio de increíble cinismo o estupidez, se pretende ahora que el milenario debate sobre seguridad y libertad se puede zanjar sin más a favor de la primera. Como si la ausencia de una "absoluta seguridad" mereciese una absoluta renuncia a la libertad. Turbio propósito máxime cuando la historia nos demuestra que el sacrificio de la libertad "en favor de..." no se trata de algo fácilmente reversible. Pero en esta era de personas aisladas en grupo nada más fácil que hacer pasar conceptos sagrados como democracia y libertad por poco menos que una .app a actualizar de un dispositivo electrónico. 

¿No te habías enterado? Han sacado una actualización de la democracia
Nada más fácil que pensar que la tiranía es solución a los problemas. En tanto los problemas políticos e internacionales se enfoquen como "problemas técnicos", tanto más convincente resultará la tiranía. Porque la técnica presupone que existe una concreta forma de afrontar los hechos. Y si existe sólo una forma correcta de hacer las cosas, da igual quién tome la decisión mientras sea eficaz y resulta demencial oponerse. Democracia, libertad, derechos civiles... todo resulta superado como irrelevante, si acaso reducido a relaciones públicas, desde esta perspectiva. Se trata todo de hacer caso de unos expertos e implementar sus dictámenes. Pero el ser humano tiene pasiones, grupos de afines e intereses por lo que dar un poder ilimitado a alguien no parece una buena idea. Porque desde ese poder, el objetivo será tan racional como traducirse en un gobierno indefinido. ¡La política basada en la evidencia! Política que nos lleva a una paradoja: la de confiar ilimitadamente en las fuerzas de seguridad mientras se desconfía de todos los demás; unos demás en los que teóricamente recae nada menos que la soberanía nacional.

En Francia, Hollande ya propone una reforma constitucional y penal para hacer frente al terrorismo. De nuevo la lógica: seguro que más severas condenas de prisión disuaden a los suicidas. Además lo hace mientras se anuncia la expansión del estado de emergencia. Una circunstancia curiosa, porque en España, a propuesta del Partido Comunista de la época, se introdujo un último artículo (el artículo 169) en la Constitución de 1978 prohibiendo promover una reforma constitucional en períodos de emergencia. ¡Ojalá Francia fuese un país serio, como España!

Mención aparte merecen los lamentables, repito: lamentables, espectáculos de luto patrocinado. Hechos execrables y repugnantes que cada vez de forma más frecuente tienen lugar tras los atentados terroristas y tragedias de todo tipo. Desde artistas intentando vender más entradas o conseguir más descargas en Internet hasta lacrimógenas historias mencionando empresas y marcas comerciales diversas... es todo muy odioso. Dice muy poco y todo malo sobre la sociedad en que nos ha tocado vivir. E informa, de paso, de cuál parece ser el único derecho fundamental de las nuevas constituciones "liberales": el derecho a consumir.

No es menos odioso el insensato racismo que subyace a muchas informaciones que pretenden que el terrorismo es algo que se agota en el mundillo islamista. Circulan por ahí historias periodísticas sobre el terrorismo en Francia cuya cronología excluye el atentado más grave de la historia hasta el pasado viernes. Porque ese atentado no fue cometido por yihadistas sino por los militares franceses renegados de la OAS: caucásicos, católicos, apostólicos y romanos. Se podrá pensar que exagero, pero este tipo de cosas aflojan la correa de fuerzas bien tenebrosas.

Puede que estemos en los albores de una 3ª Guerra Mundial, como ya muchos bufones han salido a repetir. Puede que, al más puro estilo fundamentalista, tengan razón quienes profetizan que el final está próximo y hemos de hacer girones nuestros derechos. O puede que exageren. Puede que la solución más eficaz para acabar con Estado Islámico no sea abandonar la democracia y redoblar el esfuerzo de intervención en Siria sino revertir esas ideas por completo. Porque al "todos somos Francia" ha de seguir necesariamente el aceptar que en Siria "nadie es Francia". Porque el jueves de la semana pasada era tan falso como hoy aquello de que "para vencer al terror hay que convertirse en terror".

Éxtasis represor

"Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad" Benjamin Franklin



miércoles, septiembre 23, 2015

La indomable Cataluña que salvará a España

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado
El domingo los catalanes van a votar. Dado que desde Madrid se negó la posibilidad de un referendum sobre la independencia de Cataluña, las elecciones parlamentarias catalanas se emplearán para dejar las cosas claras. Unas elecciones autonómicas no pueden "ilegalizarse". No se puede demorar más el voto. Y en democracia no hay nada más claro, por indiscutible, que el resultado del voto. 

El frente separatista persigue un objetivo claro: que desde Madrid no se pueda decir que los votos que reciben no sean separatistas. Una vez con el respaldo de dichos votos, el gobierno que salga elegido tendrá la capacidad de convocar un referendum democrático en desafío a la Constitución de 1978. Un desafío que implica una serie posible de respuestas desde Madrid. 

El gobierno de España, que en la práctica es quien domina la mayoría del Senado, tiene en el artículo 155 de la Constitución un "cheque en blanco". Según este artículo, el gobierno tendría poderes extraordinarios para dar respuesta a un poder autonómico que se vuelva desobediente. 

Artículo 155 
Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Recurrir a poder semejante representa un problema obvio: que deja a la vista el carácter violento del poder. El recurso al artículo 155 sería en puridad un recurso a medidas de fuerza. Se suele asumir como una de ellas la supresión de la autonomía de Cataluña. Esto es: Madrid designaría un gobierno de su elección para administrar los asuntos en territorio catalán. Es por esto que el PP y Rajoy, pese a su radical anticatalanismo, son renuentes a apelar a este mecanismo. Tal vez por eso han optado por una medida si cabe más dañina: convertir al Tribunal Constitucional en un Monstruo Constitucional

Sobre la naturaleza del poder ejecutivo y el servicio que le hacen los tribunales hay un magnífico pasaje en "La Democracia en América", de Alexis Tocqueville. Merece la pena leerlo entero:


El PP reivindica para domar a Cataluña "la fuerza moral de que están revestidos los tribunales" y sus sentencias. Sin duda juzgan que se trata del único medio políticamente viable de actuar frente a un separatismo absolutamente mayoritario en Cataluña. Sin embargo, sólo se trata de una ilusión peligrosa.

Un grandísimo respaldo democrático a opciones indudablemente separatistas no puede contraprogramarse con autos, providencias y sentencias. Y menos aún si proceden de un Tribunal Constitucional cuya politización los conservadores denunciaban amargamente hace bien poco. Por otra parte, este "nuevo" guardián constitucional tendría la capacidad de destituir a gobernantes electos; lo cual sin duda es una grave quiebra del principio de separación de poderes. Dotar de tan extraordinarios poderes a un tribunal en la práctica supone convertirlo en una suerte de gobierno paralelo, una facción más en el barro político. Sus decisiones ya no podrían ser vistas como judiciales salvo para la facción que directamente se beneficiase. Para apagar el incendio catalán, el PP prende fuego al Tribunal Constitucional.

En último término está la fuerza. Cuando nos referimos a ella es inevitable, en un momento dado, pensar en detenciones policiales y, en caso de encontrar oposición, la intervención del ejército. Pero estos planes requieren de fuerza moral más allá de generalidades sobre la legalidad y de la existencia de colaboracionistas catalanes que apoyen esas medidas sin morir políticamente de forma instantánea. Pero ambas cosas resultan imposibles si se confirma una mayoría absoluta electoral de los separatistas. Incluso para un gobierno de extrema derecha como el del PP, inclinado por tanto a medidas de fuerza, se trata de una situación muy difícil. Baste decir que en las encuestas los catalanes se muestran divididos en cuanto a la independencia unilateral pero no en rechazar que si se produjese el gobierno de Madrid suspenda la autonomía. Esto revela un problema aún mayor: muchos apoyos del NO a la independencia de Cataluña son dentro de un marco general de respeto a las normas y no por un sentimiento de pertenencia a España. Un hecho sin duda decisivo dentro de la negativa de Madrid a permitir la celebración de un referendum. Porque si Madrid permitiese una consulta "legal", buena parte de las razones para votar NO desaparecerían.

El proceso de independencia catalán es claro: llevar al gobierno de Madrid a un punto en que no tenga respuesta posible salvo la rendición. Dado el tradicional carácter autoritario de los gobiernos de España se trata del único plan posible. Si no puede existir una secesión pactada, tendrá que ser una impuesta. Pero... ¿cuál sería la "salida" de España ante esta quiebra constitucional? 

Desde este blog ya se señaló cuál es la solución para salir adelante con España, y se trata de una medida ya propuesta por expertos constitucionalistas en el pasado. Hablamos de la eliminación del artículo 168 de la Constitución, que supone en la práctica una prohibición de la reforma, a través del procedimiento "sencillo" de reforma del artículo 167. Esta solución implicaría abrir el debate para una reforma en profundidad de la Constitución de 1978. Dado el precedente catalán, ningún tema debería quedar sustraido a priori de la valoración de los ciudadanos. Por lo tanto, estaríamos ante un auténtico proceso constituyente. Muy posiblemente es a esta situación hipotética a la que se refieren muchos conservadores cuando dicen que la independencia de Cataluña llevará a la "anarquía". Teniendo en mente ese escenario, en definitiva, extraña menos que los curas recen por la unidad de España.

Título II. De la Corona


"La desesperación es típica de aquellos que no entienden las causas del mal, no ven una salida, y son incapaces de luchar" Lenin

miércoles, septiembre 09, 2015

Tecnoguerra y Siria

Casus belli
Una de las invenciones de la guerra fría fue la "guerra limitada". Uno de sus padres intelectuales fue el icónico Henry Kissinger. Esas guerras se opondrían a la "guerra total" en tanto no conllevarían una completa movilización industrial. Asumido que la amenaza de una represalia nuclear total no era suficiente para evitar conflictos, se trataba de hacer compatible una gran fuerza militar convencional fija con la economía de gran consumo norteamericana. A día de hoy, EEUU gasta más del 50% del presupuesto federal en Defensa sin estar en guerra. 

El ejército de EEUU siempre se mantuvo muy cerca del mundo de los negocios. Esta relación ha llegado tan lejos que, posiblemente, su aparato militar lleve décadas organizándose y audevaluándose de forma contraria a las enseñanzas del llamado Arte de la Guerra. Alejándose cada vez más de la intuición del guerrero, el aparato militar de EEUU se concibe a sí mismo como una empresa capitalista más, donde los oficiales son gestores. A través de un factor trabajo (soldados) y un factor capital (armas y sistemas de guerra), se persigue un concreto objetivo: muertes enemigas. Cualquier esfuerzo u organización militar se convierte así en un punto dentro de una curva de producción a maximizar. Esto es: se busca el concreto punto de dicha curva en que el ingreso marginal derivado de un aumento de una unidad de producto se iguala al coste de producirla. Por lo tanto, muchos pacifistas estaban en lo cierto: la guerra es un negocio. 

El aparato militar de EEUU, en tanto una empresa capitalista norteamericana más, está impregnado de la cultura empresarial norteamericana. Entre los aspectos más destacados de dicha cultura encontramos una tendencia a desarrollar técnicas para un uso intensivo de recursos en modelos de producción que buscan operar "a la máxima capacidad". O más sencillamente: la búsqueda de ingenios que aumentan exponencialmente la producción. Todos los problemas se solucionarían así. De esta forma, la victoria militar sería una función de la capacidad de fuego y la movilidad de las fuerzas militares. No hay ni pasado ni futuro. Si se encuentra la forma de multiplicar la capacidad de fuego y la movilidad por encima de la del rival, se sigue una inevitable victoria. Estamos ante lo que el sociólogo norteamericano James William Gibson denominó la tecnoguerra.

En la tecnoguerra las organizaciones político-militares más eficientes invariablemente vencen. El mercado se vacía. La victoria es ser capaz de producir más muertes, más rápido (ver pág. 212). La victoria es destruir mejor. Mientras los dirigentes del esfuerzo de guerra asignan los recursos de una manera eficiente, el trabajo de los militares sobre el terreno queda reducido a operaciones repetitivas comparables, según el general Julian Ewell, a una "cadena de montaje". Hablamos, en suma, de un enfoque regido por las habituales fantasías de la cuantificación. La eliminación del razonamiento de aquello que no puede ser fácilmente reducido a números obviamente conlleva un sesgo. Un sesgo que representa, por ejemplo, concebir a todos los que se enfrentan a EEUU como una forma subdesarrollada de los propios EEUU. Sesgo que en Vietnam supuso la completa derrota de los esfuerzos militares norteamericanos, empeñados en ver a la rural nación asiática como un rival industrial subdesarrollado que "racionalmente" decidiría dejar de luchar ante la eficiencia norteamericana (porque la producción de muertes era también concebida como una forma de comunicación). La derrota de la tecnoguerra en Vietnam llegó a ser evidente incluso en sus propios términos (ver págs. 298-299). No obstante, la derrota militar en Vietnam se relegó al terreno de lo irreal, de lo trágico. Al igual que la Alemania que se negó a aceptar su derrota en la 1ª Guerra Mundial, atribuyéndola a una "puñalada por la espalda", los norteamericanos adoptaron teorías similares. Las diversas tendencias políticas atribuyeron Vietnam a errores de cálculo y otros a no haber querido vencer. En definitiva, la tecnoguerra sobrevivió para luchar otro día.

Tanto en Iraq como en Afganistán el uso intensivo de tecnología militar del ejército de EEUU ha resultado inútil para alcanzar la victoria. Entendiéndose victoria en los propios términos norteamericanos de pacificación/modernización de esos países. El resultado final en ambos lugares es más parecido al caos que a otra cosa, es el fracaso. Al igual que en Vietnam, el poder norteamericano está concentrado en el arte de construir naciones con el uso de potentes explosivos y sofisticados sistemas de guerra. Al final, la realidad hoy es la misma que en la Britania del siglo I de nuestra Era: la única paz que puede alcanzar un óptimo mix de armas, sin considerar otros aspectos, es la del genocidio. 

Cuestiones como el nacionalismo, la estructura de clases, la cultura, la religión; en tanto no cuantificables, siempre están dramáticamente lejos del centro de la estrategia. De hecho los EEUU sistemáticamente intentan comerciar con esos aspectos intangibles intercambiándolos por la introducción de bienes de consumo. Esto es: el rechazo a la Pax Americana de raíz cultural, religiosa o por mero subdesarrollo económico desaparecería introduciendo alguna combinación de cadenas de comida rápida y artefactos modernos. 

Pues bien, la Tecnoguerra vuelve estos días, con motivo de la crisis de los refugiados árabes en Europa, a asomar su fea cabeza. Como siempre parece que se está siguiendo el clásico esquema de la guerra limitada. Intentan vendernos sucesivas escaladas militares como soluciones técnicas obvias recomendadas por expertos. Ya sean ataques de drones, vuelos de reconocimiento armado o bombardeos selectivos, las sucesivas medidas de guerra se presentan como la solución definitiva. Y, como siempre, nunca lo son: convirtiéndose el fracaso de cada sucesiva escalada en la justificación de la siguiente. Paso a paso, metro a metro, bomba a bomba. Y al otro lado un enemigo líquido (ISIS o Estado Islámico) cuya completa derrota se antoja difícil de alcanzar. En un entorno de guerra no convencional son de esperar un gran número de víctimas inocentes.

Con Siria, con la atrayente excusa de "evitar más refugiados", parece que estemos ante un nuevo intento de guerra occidental en Oriente Medio. Y como no podía ser menos han aparecido los argumentos habituales: que si Munich, que si Hitler, que si la teoría del dominó, etc. Hay muchos creyentes en que la siguiente escalada militar funcionará, fascinados con las imágenes de poderosas armas de guerra. Muchos no pueden comprender cómo no puede resolverse todo mediante un uso más irrestricto de la violencia. Obvian que el bombardeo estratégico se ha probado históricamente inútil a la hora de conseguir objetivos políticos. Incluso fracasó en el ejemplo que por Twitter me arrojaban multitud de perfiles ultras, que es el de la Segunda Guerra Mundial. Afirmaban que lanzar bombas funcionó contra Hitler y que quien se oponga al bombardeo de Siria es algo así como un memo. Trazos gruesos al margen es preciso recalcar que Alemania no fue derrotada por el bombardeo masivo de sus ciudades. Aquello constituyó un crimen inútil. Tanto como los bombardeos de EEUU en el sudeste asiático: donde arrojó sobre Camboya, Laos y Vietnam nada menos que 4 veces más toneladas de bombas que en toda la 2ª Guerra Mundial. Recordemos: hablamos de una guerra limitada.

Resulta fascinante cómo después de lo que ocurrió en Iraq se pueda seguir creyendo en la magia de las fuerzas de ocupación. Al final siempre nos encontramos con lo mismo: se libran guerras nominalmente dirigidas a "eliminar dictadores", "instaurar la democracia" o "modernizar" para luego... dar rienda suelta a los más fanáticos o intentar instalar dictadores u "hombres fuertes", siguiendo el eufemismo anglosajón. ¿Y por qué? ¡Porque es la solución más eficiente en términos de coste-beneficio! No obstante, para la mayoría de enfoques de pura testosterona Siria queda reducida a una abstracción sobre la que arrojar bombas sin pensar en quién y cómo gobernará después.
Y siempre paso a paso, bomba a bomba, el resultado final parece una tragedia que culmina una serie de errores de cálculo o insuficiencias tecnológicas. Porque estamos ante un sistema cerrado.

Los medios de comunicación, por su parte, imponen un ritmo frenético de acontecimientos en que no hay lugar para el análisis, sólo morbo y moralina. Un análisis detenido de lo que ocurre sin duda señalaría el origen del problema en Siria en la aniquilación del régimen de Gadafi en Libia. Un hecho que, como se comentó en este blog, representaba un antes y un después en la política internacional; al forzar la interpretación de una resolución del Consejo de Seguridad ONU contra el parecer de Rusia y China, algo muy grave. El derrocamiento del dictador libio por vía de una ilegal intervención OTAN, además, pareció augurar buenos tiempos para derrocar regímenes como el sirio. Pero el régimen de Siria, protegida por un eje Rusia-Irán, no iba a verse bajo una intervención militar como la de Libia. Se desarrolló, más bien, una despiadada guerra civil en la que por mucho que se empeñen algunos, el dictador Asad no es el más feo del concurso. Es más: a los más feos del concurso les ha armado EEUU. ¿Cómo podría ser un casus belli para la OTAN entrar en Siria el hacer la guerra a aquellos a los que ha dado recursos y armamento? Suena un tanto escandaloso. Está más que claro que cualquier solución para el conflicto sirio pasa por detener la asistencia a los grupos rebeldes sirios y colaborar con Rusia en lugar de hostigarla.

EEUU se ha mostrado incapaz de producir democracias porque su única forma de manifestar su poder tiene por objeto casi único la destrucción. Una destrucción que puede ser muy lucrativa para algunas empresas, pero es estéril políticamente. La tecnoguerra comparte su vacío corazón con los análisis sobre desempleo y pobreza con que, a su vez, nos bombardean los economistas a medida que crece la miseria. La "guerra contra el paro" también es la historia de una derrota absoluta sembrada de victorias sobre el papel y una permanente promesa de victoria escalando la dosis. La tecnoguerra está lejos de ser algo extraño y puntual. Siempre hay espacio para más inversión en armas mientras pensiones y sanidad pública están en el blanco de mira. Baste decir que uno de los más señeros impulsores de la tecnoguerra se recicló en experto sobre la gestión de sistemas de salud públicos en el bando que todos os podéis imaginar.

Rechazar los bombardeos a Siria no es apoyar a ISIS ni mostrar simpatía con el dictador Asad. Es una postura racional basada en lo ocurrido hasta ahora en Iraq y otros muchos lugares. Porque si resulta terrible la muerte de cientos de miles en una guerra, aún lo resulta más en el marco de una guerra que no sirva para nada.

"Esta vez es diferente"

"A destruir, masacrar y usurpar bajo falsos títulos le llaman Imperio; hacen un desierto y le llaman Paz" Tácito

PS: hoy jueves 10 de septiembre El País ha sacado un editorial conjunto con otros periódicos europeos donde se afirma "Europa se enfrenta a la peor crisis de refugiados que ha presenciado el mundo desde la II Guerra Mundial". Algo inexacto si nos referimos a las concretas cifras de refugiados, que según ACNUR hoy son 4 millones en cuanto a Siria. En la guerra de Vietnam provocada por EEUU, sin ir más lejos, sólo en Vietnam del Sur se produjeron más de 10 millones de refugiados. Tal vez a la ONU, El País y los otros medios se les pasase o tal vez estaban ejerciendo el clásico etnocentrismo de negar todo lo que sucede más allá de las fronteras de "la civilización".

lunes, septiembre 07, 2015

Terror para Cataluña

Corría el año 1907 cuando en Barcelona comenzó una sucesión de atentados terroristas. Miles de bombas estallaron en la ciudad dirigidas contra empresas y fábricas. La policía se mostraba particularmente incapaz de atrapar a los responsables, culpando a unos sospechosos habituales que podían fácilmente ofrecer coartadas. Dado que las fábricas y empresas que eran blanco de los atentados pertenecían a empresarios relacionados con la nacionalista Lliga Regionalista, las sospechas estaban servidas. Por eso el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona contrataron los servicios de un detective privado británico, que investigó los atentados. Lo que este detective averiguó resultó un escándalo: la mayoría de los atentados eran obra de malhechores a sueldo de la policía. De semejantes autoridades tampoco cuesta imaginar que diesen libertad de acción a grupos anarquistas.

Los atentados terroristas en Cataluña se sucedían al compás de los avances políticos de los nacionalistas (los primeros atentados coinciden con la proclamación de las Bases de Manresa). El 2 de enero de 1908 se suspenderían las garantías constitucionales en Barcelona. Al mismo tiempo, las mismas autoridades que patrocinaban actos terroristas, no veían conveniente aplacar a individuos como Alejandro Lerroux. Un individuo que en aquella época en sus actos públicos llamaba a incendiar iglesias, destruir los registros de la propiedad y violar monjas. Inflamada oratoria la suya que aseguró un creciente apoyo popular a su Partido Radical que llevó en 1908 a ganar en Barcelona. Curiosamente al Partido Radical se le conocía entonces como "los antisolidarios" en tanto se oponían a Solidaridad Catalana, la coalición de todos los nacionalistas. 

Quienes hoy se oponen a una solución pacífica para Cataluña suelen equiparar la secesión catalana con el fin del Estado de Derecho. Esto es: dado que la secesión es una ruptura de la legalidad, de consumarse se sucederían todo tipo de ilegalidades. La independencia de Cataluña sería así una suerte de jurídico fin de todas las cosas. Junto a las habituales diatribas sobre la falta de base histórica del nacionalismo catalán, este argumento de la independencia como caos coge fuerza conforme se acercan las elecciones del 27 de septiembre. Va dirigido a un público al que se sabe conservador. Y al conservador hay que cebarlo con el miedo. Así, los argumentos del miedo son múltiples y alcanzan a cualquier cosa imaginable. Desde la teoría del dominó sobre una ola de separatismo recorriendo Europa y arruinando negocios hasta el consabido el Barça se quedaría fuera de la Liga todo es válido.

La cuestión catalana es tan antigua como España. Hoy adquiere tal gravedad que Cataluña se ha convertido tanto para PP como PSOE en un espacio vacío donde se pelean votos de otros lugares. Las televisiones echan humo condenando las ansias separatistas de los catalanes desde todos los ángulos y dando un desmesurado protagonismo a un unionismo marginal. En el orden conceptual que emerge de todo ese griterío parece vislumbrarse un nacionalismo catalán que se rebela contra todo lo sagrado y bueno. Muchos españoles caen en la trampa y piensan que el nacionalismo catalán puede ser destruído con una simple escalada en el nivel de hostigamiento, como si no hubiese existido el Franquismo. ¡Porque, sorpresa, hasta el franquismo se utiliza contra el nacionalismo catalán!

A la vez inventado y amenazante se espera derrotar al separatismo catalán con una mezcla de dar protagonismo ilimitado a distractores/agitadores y una legislación de castigo. La concreta técnica de la represión del nacionalismo catalán puede haber variado, pero no así la estrategia. La estrategia sigue siendo el terror.

Unió es el que más sale en la tele española

"El Estado, que se ha presentado como la única garantía del orden, ha salido sistemáticamente reforzado. El catalanismo, que se ha sentido atrapado por una pinza, ha salido sistemáticamente debilitado." Vicenç Villatoro


jueves, julio 16, 2015

Nueva Democracia

Nueva Democracia
Con Grecia hemos asistido a la apoteosis de la inevitabilidad neoliberal. La inevitable destrucción de los derechos sociales o de una rama productiva ha dado paso a la inevitable destrucción del proceso democrático. Porque tras los sucesos de la última semana el proceso democrático griego ha sido reducido a una farsa demasiado evidente para todos. La capitulación de Tsipras y el parlamento griego de ayer marcan un punto final para Grecia. 

Intentan señalar el fracaso de Syriza como una nueva lección moral para prevenirnos de la demagogia y el populismo. El problema es que quienes esto señalan confunden en su discurso demagogia, populismo y democracia. Esos mercados que votan todos los días hace tiempo que toleran de mala gana a quienes votan cada cuatro años. Acostumbrados en estos años a señalar todo lo público en Grecia como sinónimo de corrupto, nada más fácil que confundir el mandato autónomo de un gobierno democráticamente elegido como "populismo". Quien es partidario de la esclavitud no puede tener credibilidad criticando una subida impositiva.

En Grecia los resultados de las elecciones de enero y el referendum del 5 de Julio se volvieron irrelevantes y el líder del gobierno pasó, al estilo de Petain, de Verdún a la Traición en tan solo una semana. La pérdida de credibilidad es total.

Las reacciones en España han sido las previsibles. El PP de Rajoy, cuya creencia en la democracia o incluso el Estado moderno es absolutamente impostada, no podía menos que celebrar el traspiés griego. Es más, Rajoy se propone llevar al Congreso de los Diputados la decisión sobre respaldar el "rescate a Grecia". Los medios de comunicación se han apresurado a presentar la decisión de Rajoy como una jugada maquiavélica para "retratar" a Pedro Sánchez. Como siempre, la realidad de lo que hace o piensa Rajoy es mucho más simple y miserable. Quiere escenificar lo alemanes y acreedores que somos ahora que, dicen, nos hemos recuperado. ¿Y el "revolucionario" Pablo Iglesias? Hoy ha dicho que "Grecia ha ganado estabilidad y el gobierno va a poder aplicar su programa"Cinismo máximo, dejando claro el oportunismo extremo que representa Podemos. Oportunismo que puede mutar su programa político de forma instantánea, sin aviso previo, con amarga crítica (¡y cargada de superioridad moral!) al que no cambie incluída. 

Vota recuperación, vota Rajoy
Con Grecia no hemos asistido al fracaso del populismo sino más bien a un fracaso de la democracia con letras mayúsculas. El autogobierno, la capacidad de influir en los asuntos capitales de un país, era la promesa cumplida de cada proceso electoral. La promesa de un futuro mejor basado en leyes justas. Todo eso es ahora, efectivamente, populismo. 

Todo esto encaja bien en este mundo donde libertad sólo se concibe como la impunidad del fuerte para explotar a otros. Quienes viven bajo ese bárbaro principio están de fiesta. Pese al baño de realidad que la "sabiduría" económica convencional recibió en 2008, ahora los "técnicos" y sus acomodados seguidores vuelven a estar crecidos. Así que estemos tranquilos, nuestra aniquilación política y económica sigue un estricto programa de ajustes. ¿Mejor?

Sólo puede quedar uno
"Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia." Theodore Roosevelt

martes, julio 07, 2015

Alemania nunca paga sus deudas, Grecia ya veremos

Bitch better have my money !
Dado el carácter de extrema derecha del llamado liberalismo español no resulta extraña su germanofilia. Para esta liga juvenil del PP alinearse con la propaganda racista que emana de Alemania resulta del todo cómoda. En la ideología del "que se jodan", que tan amablemente Andrea Fabra expuso en sede parlamentaria, cabe toda la propaganda alemana y mucho más. No obstante, el conocimiento de nuestros liberales sobre la historia de su admirada Alemania parece quedarse en la literatura fantástica sobre la guerra relámpago. Porque, irónicamente, "Alemania nunca ha pagado sus deudas".

Nuestros anarcocapitalistas de cabecera dicen que a Alemania le perdonaron muy poca deuda tras la Segunda Guerra Mundial comparada con la perdonada a los griegos. Dicen esto porque los griegos a la incesante moralina acreedora que procede de Berlín llevan tiempo respondiendo con los Acuerdos de Londres de 1953. Unos acuerdos donde a Alemania Federal le fueron perdonados unos dineros de nada que debía tras dos guerras mundiales. La especie que repiten los amigos de la Alemania de Merkel es que dicha quita de la deuda exterior alemana fue eso, poca cosa: apenas un 10% del PIB alemán. A continuación podéis comprobar cómo estaba descompuesta la deuda exterior alemana en 1953 (cifras billones - miles de millones - de Marcos alemanes):


Como se deduce del gráfico podemos ver que Alemania debía aproximadamente 120 billones de Marcos. En los mencionados Acuerdos de Londres de 1953 se reestructuró la deuda de Entreguerras y la relacionada con la posguerra y los planes Marshall. Estos dos elementos constituían el 26% de la deuda exterior y un total de 30 billones de Marcos. Fueron reducidos a través de una quita por parte de los acreedores de Alemania que la redujo a aproximadamente 14 billones. Si se tienen en cuenta los intereses de la deuda de Entreguerras, dicha deuda ascendería, más bien, a 22 billones de Marcos. Siendo así, la quita de la deuda de los Acuerdos de Londres habría supuesto una disminución del 62,2% del importe acumulado de esos dos tramos de deuda. Dado que el PIB de Alemania Federal en 1950 era de aproximadamente 100 billones de Marcos se comprueba fácilmente que en 1953 a Alemania se le perdonó deuda equivalente al 24% de su PIB. Por su parte, los 85-90 billones de deuda externa correspondientes a la 2ª Guerra Mundial simplemente se olvidaron. 

La narrativa moralista de la crisis griega que procede de Alemania cobra un sentido irónico a la luz de todo esto. Más si cabe aún si tenemos en cuenta que la reforma monetaria de 1948 eliminó el 90% de la deuda pública alemana de un plumazo devaluación mediante. 

No se debe olvidar, por último, que Alemania no fue obligada a pagar reparaciones de guerra a raíz de la 2ª Guerra Mundial, a pesar de ser claramente culpable de haber iniciado el conflicto (a diferencia de la 1ª Guerra Mundial, donde sí se le exigieron sin serlo). 

Vemos pues que a base de olvidos, impagos, quitas, condonaciones de intereses y devaluación Alemania redujo su deuda pública en un 400% del PIB. Al lado de esto, la famosa quita de deuda a Grecia de 2012 no sólo palidece sino que parece entrar en el terreno de lo mitológico (ver pág. 2 nota al pie 1). Se dice que en realidad la quita de 2012 equivalió en "términos netos" al 31% del PIB griego de 2012. Se comprueba que la mayor parte de la propaganda acreedora con Grecia consiste en un juego de malabares tan poco claro como agresivo. Y lo que es más grave, los "rescates" que se le echan en cara a Grecia consistieron en más deuda y sacrificios inútiles para resolver el problema que afirmaron resolverían.

Erecciones generales

Alemania le salió muy cara a Europa y sus minorías raciales. Inició una guerra de agresión y perpetró crímenes horrendos de todos conocidos. La pregunta es simple: ¿qué ha hecho Grecia en comparación para recibir el trato que le dispensa precisamente Alemania? Comprendo que es una pregunta turbadora y tal vez por eso resulta preciso mentir sobre la naturaleza de la reestructuración de la deuda alemana tras la guerra y los rescates a Grecia. Hoy mismo Daniel Lacalle salió en Las Mañanas de Cuatro incidiendo en las maldades aquí expresadas, afirmando que "la quita a Grecia ha sido del 70%, muy superior a la recibida por Alemania". Nadie mejor que esta clase de autoproclamados liberales españoles para repetir el mensaje de una Grecia culpable. Si son capaces de presentar Somalia como una anarquía de mercado... de qué no sería capaces. Son un magnífico ejército de fans del autoritarismo travestidos en anarquistas de salón, desalmados enemigos de la libertad siempre al servicio del PP o de Esperanza Aguirre, que pagan bien a sus trolls

Pero los griegos viven en la miseria. Debería importar algo. ¿No?

La deuda, en el bigote

“Una deuda nacional, si no es excesiva, será una bendición nacional.” Alexander Hamilton