UPyD es un partido personalista. Es el "defecto" que muchos analistas le suelen achacar. Sin embargo, UPyD sería indistinguible de muchos partidos sin representación parlamentaria si no fuese por la imagen de Rosa Díez. Por esto ese carácter personalista no constituye un problema. El problema es que el partido de Rosa Díez es que no existe fuera de Madrid y las contradicciones que arrastra.
Para ser un partido nacional es necesaria una implantación territorial. En algunas circunscripciones (Orense, Lugo, Zamora, Lleida, Teruel y Guadalajara) UPyD no tuvo candidato alguno en las "primarias" realizadas de cara a las Elecciones Generales y las listas que finalmente se han realizado son evidentemente a base de gente inactiva (básicamente gente que figura afiliada a la que se ha llamado por teléfono para que se postulen como candidatos) o bien de "paracaidistas" de otras regiones. De la circunscripción de A Coruña, por experiencia personal, puedo dar fe de que las listas están confeccionadas con gente "que pasaba por allí". Mención a parte requiere, además, el propio asunto de las primarias: un proceso que UPyD ha vendido a los medios de comunicación como de ejemplares cuando en no pocos sitios (Álava, Cuenca, Girona, Huesca, La Rioja, Navarra y Soria) el candidato ha salido elegido con 10 votos o menos; siendo el caso de Soria el más sangrante, ya que habíendo sólo 1 candidato y 4 electores aquél salió elegido con... 1 voto. La "máxima democracia" de votarse entre amiguetes o de votarse a uno mismo. Ciertamente un esperpento que deja ver el lamentable estado de UPyD: que concentra 1/3 de sus afiliados sólo en Madrid. Los números son terriblemente contundentes.
Para ser un partido nacional es necesaria una implantación territorial. En algunas circunscripciones (Orense, Lugo, Zamora, Lleida, Teruel y Guadalajara) UPyD no tuvo candidato alguno en las "primarias" realizadas de cara a las Elecciones Generales y las listas que finalmente se han realizado son evidentemente a base de gente inactiva (básicamente gente que figura afiliada a la que se ha llamado por teléfono para que se postulen como candidatos) o bien de "paracaidistas" de otras regiones. De la circunscripción de A Coruña, por experiencia personal, puedo dar fe de que las listas están confeccionadas con gente "que pasaba por allí". Mención a parte requiere, además, el propio asunto de las primarias: un proceso que UPyD ha vendido a los medios de comunicación como de ejemplares cuando en no pocos sitios (Álava, Cuenca, Girona, Huesca, La Rioja, Navarra y Soria) el candidato ha salido elegido con 10 votos o menos; siendo el caso de Soria el más sangrante, ya que habíendo sólo 1 candidato y 4 electores aquél salió elegido con... 1 voto. La "máxima democracia" de votarse entre amiguetes o de votarse a uno mismo. Ciertamente un esperpento que deja ver el lamentable estado de UPyD: que concentra 1/3 de sus afiliados sólo en Madrid. Los números son terriblemente contundentes.
La respuesta a esta situación que he podido percibir entre los activistas de UPyD se mueve entre la negación y la propaganda. Un hecho esperable. Pero llama especialmente la atención un argumento en concreto: "no importan las personas sino las ideas". Interesante cuestión procediendo de personas que respaldan un partido que entre sus máximos objetivos se encuentra "devolver la política a los ciudadanos". Y se trata no precisamente de una ocurrencia: en el pasado ya se me opuso, al hecho de que en las listas de UPyD figurasen reconocidos caciquillos, cambiachaquetas o extremistas de derechas, eso de que había que mirar hacia otra parte porque lo importante son las ideas "y no quien haga de portavoz de las mismas". Un argumento que ha permitido a la dirección nacional del partido lavarse las manos aceptando como cabeza de sus organizaciones locales a personas muy dudosas o de ideologías que ni siquiera tienen que ver con los principios de UPyD sobre la pura y simple base de la "obediencia formal". O lo que es lo mismo: para "dar publicidad a las ideas" se ha aceptado que "cualquiera" sea el portavoz de UPyD en tanto en cuanto simplemente se muestre servil con la dirección del partido. Un método tan pragmático como suicida: pues colocaba al frente de las organizaciones locales y regionales a gente sin principios y con una sintonía con el ideario de UPyD entre lo difuso y lo inexistente. Así, por ejemplo, el coordinador de UPyD en Galicia, que se muestra completamente a las órdenes de Madrid, emite muy a menudo opiniones sobre la privatización de la Sanidad u otras medidas completamente al margen del programa de UPyD.
UPyD no debe constituir una comunidad ejemplar de todo aquello que propone, pero no es posible sostener (ni siquiera sobre el papel, ya que algunos leemos) que se está por una superación del sectarismo PP-PSOE cuando se asumen tan abiertamente razonamiento sectarios. Para eso ya estaban el PP y el PSOE, precisamente. Dos partidos que en miles de ocasiones hacen sentir incómodos a muchísimos de sus votantes por aquéllo que efectivamente hacen pero que llegado el momento llaman a la disciplina del voto.
Tanto participa del sectarismo UPyD que llegó a organizar un acto en el Palacio de Vistalegre en cuanto se enteró de que el PSOE cancelaba su tradicional acto pre-elecciones municipales. El objetivo era "llenar" y, distribuyendo a la gente de forma adecuadamente espaciada, en las fotos se apreciaba claramente que no se había llenado ni una cuarta parte del aforo. Cuando en su día lo hice notar, señalando que en el pasado UPyD había rechazado esos actos por "despilfarros y circos para los ya convencidos", recibí una avalancha de insultos de gente del partido que afirmaba, contra toda evidencia, que habían conseguido el aforo que se habían propuesto. ¿Con este grado de mentira y circo sectario en qué se diferencia UPyD de los otros partidos?
Del mismo modo, las declaraciones públicas de Rosa Díez cada vez más obviamente tratan de llamar la atención de lo que sólo podemos llamar "electorado ultraconservador". Porque ya no es que se sostenga un discurso errático sobre el aborto u otros temas candentes, es que se dicen frases como "¿Pedimos que juzguen a franquistas muertos y renunciamos a que juzguen a etarras vivos?". Y declaraciones semejantes sólo pueden concebirse como un intento de arrancar la aclamación de parte de la derecha más exaltada. Las declaraciones de Rosa Díez sobre el reciente anuncio del fin del terrorismo de ETA, sin ir más lejos, fueron las más extremas de la política española.
Pero la contradicción más grave de UPyD, al menos para mí, es la que mantiene frente al tema de Bildu. Si UPyD pretende ser un partido que aspira a ampliar la representatividad del poder no es de recibo que adopte posturas contrarias al pluralismo político. Porque si los abertxales rechazan la violencia es perfectamente lógico que puedan concurrir a las elecciones. Denegárselo no tiene caso y es muy poco inteligente. En este sentido, la postura de UPyD frente a Bildu fue la decisiva para darme de baja de este partido. Las cosas que se dijeron en esos días sobre la sentencia del Tribunal Constitucional eran tan populistas, antidemocráticas y maledicentes que no podía seguir en ese partido.
A modo de aclaración ante las inevitable críticas malintencionadas he de decir que a lo largo de mi periplo en UPyD me fueron ofrecidos muchos cargos en la organización. Y siempre los rechacé. Lo hice por el hecho de que esos cargos no tenían otra función que halagar el narcisismo de gente mediocre. ¿Qué sentido tenían comités y consejos diversos si apenas se podía contar con afiliados para ocupar un par de filas de auditorio? Ninguno, salvo para la ambición de algunas personas que se movían entre lo pintoresco y lo picaresco. Pero es que la propia dirección del partido fomentaba esto al fijar unas cuotas de afiliación de 20 euros al mes. A la larga, esta decisión (vestida con la excusa de una "autonomía financiera" que semejantes cuotas tampoco consiguen) garantizaba el enanismo del partido y que, irónicamente, los afiliados más exaltados, enredadores o malintencionados obtuviesen fáciles dominios locales. De ahí el constante recurso a expedientes disciplinarios y expulsiones por parte de la dirección de UPyD: algo que hubiese sido perfectamente evitable de haber existido más afiliados.
UPyD, en definitiva, es un partido sin afiliados más allá de Madrid y que intenta presentar al electorado y la prensa una implantación nacional que los datos desmienten. Un partido que pretende desplazar al sectarismo del debate político pero que en último término se ha constituído en secta en miniatura. Un partido, en suma, que no merece ninguna mayor confianza que cualquiera de los ya existentes y mayoritarios. Que no engañen a nadie.
"La política saca a flote lo peor del ser humano" Mario Vargas Llosa.
UPyD no debe constituir una comunidad ejemplar de todo aquello que propone, pero no es posible sostener (ni siquiera sobre el papel, ya que algunos leemos) que se está por una superación del sectarismo PP-PSOE cuando se asumen tan abiertamente razonamiento sectarios. Para eso ya estaban el PP y el PSOE, precisamente. Dos partidos que en miles de ocasiones hacen sentir incómodos a muchísimos de sus votantes por aquéllo que efectivamente hacen pero que llegado el momento llaman a la disciplina del voto.
Tanto participa del sectarismo UPyD que llegó a organizar un acto en el Palacio de Vistalegre en cuanto se enteró de que el PSOE cancelaba su tradicional acto pre-elecciones municipales. El objetivo era "llenar" y, distribuyendo a la gente de forma adecuadamente espaciada, en las fotos se apreciaba claramente que no se había llenado ni una cuarta parte del aforo. Cuando en su día lo hice notar, señalando que en el pasado UPyD había rechazado esos actos por "despilfarros y circos para los ya convencidos", recibí una avalancha de insultos de gente del partido que afirmaba, contra toda evidencia, que habían conseguido el aforo que se habían propuesto. ¿Con este grado de mentira y circo sectario en qué se diferencia UPyD de los otros partidos?
Del mismo modo, las declaraciones públicas de Rosa Díez cada vez más obviamente tratan de llamar la atención de lo que sólo podemos llamar "electorado ultraconservador". Porque ya no es que se sostenga un discurso errático sobre el aborto u otros temas candentes, es que se dicen frases como "¿Pedimos que juzguen a franquistas muertos y renunciamos a que juzguen a etarras vivos?". Y declaraciones semejantes sólo pueden concebirse como un intento de arrancar la aclamación de parte de la derecha más exaltada. Las declaraciones de Rosa Díez sobre el reciente anuncio del fin del terrorismo de ETA, sin ir más lejos, fueron las más extremas de la política española.
Pero la contradicción más grave de UPyD, al menos para mí, es la que mantiene frente al tema de Bildu. Si UPyD pretende ser un partido que aspira a ampliar la representatividad del poder no es de recibo que adopte posturas contrarias al pluralismo político. Porque si los abertxales rechazan la violencia es perfectamente lógico que puedan concurrir a las elecciones. Denegárselo no tiene caso y es muy poco inteligente. En este sentido, la postura de UPyD frente a Bildu fue la decisiva para darme de baja de este partido. Las cosas que se dijeron en esos días sobre la sentencia del Tribunal Constitucional eran tan populistas, antidemocráticas y maledicentes que no podía seguir en ese partido.
A modo de aclaración ante las inevitable críticas malintencionadas he de decir que a lo largo de mi periplo en UPyD me fueron ofrecidos muchos cargos en la organización. Y siempre los rechacé. Lo hice por el hecho de que esos cargos no tenían otra función que halagar el narcisismo de gente mediocre. ¿Qué sentido tenían comités y consejos diversos si apenas se podía contar con afiliados para ocupar un par de filas de auditorio? Ninguno, salvo para la ambición de algunas personas que se movían entre lo pintoresco y lo picaresco. Pero es que la propia dirección del partido fomentaba esto al fijar unas cuotas de afiliación de 20 euros al mes. A la larga, esta decisión (vestida con la excusa de una "autonomía financiera" que semejantes cuotas tampoco consiguen) garantizaba el enanismo del partido y que, irónicamente, los afiliados más exaltados, enredadores o malintencionados obtuviesen fáciles dominios locales. De ahí el constante recurso a expedientes disciplinarios y expulsiones por parte de la dirección de UPyD: algo que hubiese sido perfectamente evitable de haber existido más afiliados.
UPyD, en definitiva, es un partido sin afiliados más allá de Madrid y que intenta presentar al electorado y la prensa una implantación nacional que los datos desmienten. Un partido que pretende desplazar al sectarismo del debate político pero que en último término se ha constituído en secta en miniatura. Un partido, en suma, que no merece ninguna mayor confianza que cualquiera de los ya existentes y mayoritarios. Que no engañen a nadie.
"La política saca a flote lo peor del ser humano" Mario Vargas Llosa.





