Las últimas elecciones municipales y autonómicas se saldaron con lo ya anticipado: un desplome del PSOE. Las mayorías absolutas del PP en regiones, ciudades y pueblos en los que semejante margen de victoria jamás se habían visto en todo el período democrático prueban que este proceso electoral fue en gran medida un plebiscito contra el gobierno.
Al presidente José Luis Rodríguez Zapatero se le afea mucho más el parecer un mentiroso imprevisible que el ser simplemente un mentiroso. Mentirosos, al fin y al cabo, son todos los políticos: desde el que destaca lo que le interesa y omite lo que le perjudica al que se dedica a inflamar a las grandes audiencias con las ocurrencias y obsesiones de cada momento por más que sean contradictorias entre sí. Felipe González, por ejemplo, consiguió sacar adelante al PSOE en momentos económicos muy duros (en 1993 gana con un 22% de paro). Zapatero prometió el pleno empleo en la campaña electoral de 2008, se dedicó durante mucho tiempo a negar la crisis, se negó a realizar recortes de gasto drásticos "por principios" y después anunció un programa urgente de recortes, impuesto desde Bruselas. Sin credibilidad difícilmente se puede jugar la baza electoral de la estabilidad. Sin embargo, hay un hecho fundamental que diferencia la situación actual de Zapatero y la de González: la propia situación del Partido Popular.
El PP jamás había gobernado cuando Felipe González consiguió mantener al PSOE en la Moncloa pese a la crisis y los escándalos por corrupción. Pero ahora, el partido liderado por Mariano Rajoy tiene una experiencia de gobierno de dos legislaturas y una historia que contar: la de la recuperación económica. Una recuperación que halló su fundamento no en ninguna reforma de la Ley Electoral o un cambio sustancial en las instituciones sino en la venta de las potentes empresas públicas que en ese momento existían y, sobre todo, el modelo económico del "ladrillazo". Modelo que, irónicamente, resulta ser el responsable directo de nuestra situación económica actual. Sin embargo, la gente no cae en esto pues no tiene mucha fe en la realidad, tan decepcionante, y prefiere creer aquéllo que resulte más favorable a sus esperanzas o sus prejuicios. Es mejor pensar que el PP "tiene la receta de 1996 para sacarnos de la crisis". Una "magia potagia" a la que los portavoces del PP añaden en no pocas ocasiones ambigüedades entorno al gasto social: pues no en vano ahora parece que Rajoy apoyaba el "cheque bebé", las deducciones "regresivas" del IRPF y demás ocurrencias zapaterinas.
En otra línea, el resultado de la coalición Bildu del domingo (consigue los mismos votos que el PNV) confirma que su ilegalización era inasumible. Inasumible por sus fundamentos ("la inexistencia de pruebas es una prueba") y, por esto, incumplir cualquier principio de proporcionalidad. Independientemente de las opiniones negativas que susciten los integrantes de Bildu, las opiniones sobre Bildu de las asociaciones de víctimas, algunos partidos políticos y los medios de comunicación conservadores han sido, y son, de extrema gravedad. No se puede supeditar, sin límites, las garantías constitucionales a las necesidades de la lucha policial o "la memoria de las víctimas de ETA". Las altisonantes exigencias de fulminar a Bildu, igual que en el pasado los ataques constantes a Carod Rovira y su ERC, explican en gran medida su éxito electoral. En mi opinión, en el contexto de una ETA muy disminuída resulta bastante complicado ver en el rechazo de la violencia de la izquierda abertxale una "victoria de ETA". Llega un momento en que cuando el enemigo huye no se trata de una emboscada sino de una... huída.
UPyD consiguió entrar en el Ayuntamiento de Madrid y en el Parlamento de Madrid. El total de concejales conseguidos en toda España ha sido de 152. Izquierda Unida, partido al que UPyD aspira a superar como tercera fuerza nacional, obtuvo 2.230 concejales. Sólo el escapismo de Federico Jiménez Losantos, deseoso de hablar de cualquier cosa menos de que el PP de Rajoy y Arriola triunfa sin hacerle caso alguno, puede aspirar a considerar este resultado en las municipales un éxito de UPyD. En el plano autonómico, UPyD no consigue sitio en ningún parlamento regional, quedándose tan cerca de hacerlo en algunos casos como otros partidos pero con resultados en general muy alejados de obtener escaños.
Los resultados de UPyD sólo pueden entenderse como un fracaso si nos atenemos a lo que estaba en juego. Sin embargo, la lectura cambia si se conciben estas elecciones como un mero gesto de marketing político. Y eso parece que fue para la dirección de UPyD si atendemos a las declaraciones de David Ortega (cabeza de lista de UPyD a la alcaldía de Madrid) quien ha dicho que las condiciones para apoyar gobiernos locales sería: "La reforma del sistema electoral y la devolución al Estado de las competencias de Educación". Una postura que constituye o bien una grave confusión de lo que representa un gobierno local o bien la evidencia de lo antes apuntado: UPyD afrontó las elecciones municipales como un ejercicio de propaganda. Algo que ya adelantaba la intención de algunos Consejos Territoriales de UPyD, seguramente respaldada por la dirección del partido, de dar luz verde a candidaturas "a cualquier precio" en determinadas ciudades (sobre todo capitales de provincia). Se buscaban titulares y noticias, esto es: notoriedad. Un movimiento tan poco serio, en realidad, que pone en seria duda la vigencia o validez de algunas proclamaciones programáticas de UPyD. Al parecer también ha habido casos de "profesionales" (véase caciquillos) de la política local que se afiliaron con grupos de afines y que pudieron sacar su concejal.
Con 5000 afiliados en España, UPyD no debería haberse presentado a las elecciones municipales. Para encarar con seriedad y honestidad semejantes procesos electorales es preciso: 1º) Tener afiliados, 2º) Tener un programa local y 3º) Tener candidatos. UPyD en casi todas partes no tenía lo primero, en prácticamente ningún sitio tenía lo segundo y también iba escaso de lo tercero. Sin embargo, lo más grave fue tratar de invertir el orden mencionado: considerando que lo primero, y último, era tener candidatos en las ciudades elegidas. Así, UPyD presentó a lo largo de España un buen número de candidaturas armadas por unos pocos oportunistas que, por supuesto, no tenían idea de qué programa presentar. Y una cosa es segura: un programa local no puede hacerse desde Madrid. Siendo así, los programas que pudieron verse eran un breve sumario de generalidades y promesas demagógicas (por ejemplo) que si bien otros muchos partidos presentan tienen el buen cuidado de intentar articularlos en propuestas concretas. No parece ayudar mucho a la "regeneración democrática" el tomar a broma una convocatoria electoral.
Por otra parte, UPyD parece muy lejos de alcanzar a IU en intención de voto de cara al año próximo. Un hecho que, unido a la más que probable mayoría arrolladora del PP, haga que UPyD tenga en la próxima legislatura un papel parlamentario del mismo tenor que el de la actual: no ser la llave para un gobierno nacional. Único sentido, por cierto, de la apuesta UPyD: ejercer de partido nacionalista, sin serlo, en el Congreso de los Diputados para empujar a PP y PSOE a posturas más respetuosas con la unidad del Estado.
En conclusión: el PSOE está perdido tras haber sido escogido como chivo expiatorio por una sociedad inclinada a creer en soluciones fáciles e inmediatas. La misma que aupó a un Zapatero caprichoso (aquél que retiró las tropas de Iraq sin atender a las exigencias mínimas de la diplomacia) le reprocha ahora su forma tan particular de actuar. El PP disfruta del éxito de insinuar que puede sacarnos de la crisis cobrándonos menos impuestos y manteniendo los gastos sociales que el PSOE va recortando. El éxito de Bildu, por su parte, constituye un paso no precisamente pequeño para aislar a ETA más que para fortalecerla. Y UPyD parece empeñado en despeñarse por las cuestas de la incoherencia y esa clase de "política demagógica y sectaria" que decía condenar.
En cualquier caso, las reacciones a estas municipales dejan claro que hoy como ayer y seguramente como mañana... en España hay un número alarmantemente bajo de demócratas. Los cambios de gobierno se siguen celebrando, narrando y viendo como cambios de régimen.
"La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad." Maquiavelo.
UPyD consiguió entrar en el Ayuntamiento de Madrid y en el Parlamento de Madrid. El total de concejales conseguidos en toda España ha sido de 152. Izquierda Unida, partido al que UPyD aspira a superar como tercera fuerza nacional, obtuvo 2.230 concejales. Sólo el escapismo de Federico Jiménez Losantos, deseoso de hablar de cualquier cosa menos de que el PP de Rajoy y Arriola triunfa sin hacerle caso alguno, puede aspirar a considerar este resultado en las municipales un éxito de UPyD. En el plano autonómico, UPyD no consigue sitio en ningún parlamento regional, quedándose tan cerca de hacerlo en algunos casos como otros partidos pero con resultados en general muy alejados de obtener escaños.
Los resultados de UPyD sólo pueden entenderse como un fracaso si nos atenemos a lo que estaba en juego. Sin embargo, la lectura cambia si se conciben estas elecciones como un mero gesto de marketing político. Y eso parece que fue para la dirección de UPyD si atendemos a las declaraciones de David Ortega (cabeza de lista de UPyD a la alcaldía de Madrid) quien ha dicho que las condiciones para apoyar gobiernos locales sería: "La reforma del sistema electoral y la devolución al Estado de las competencias de Educación". Una postura que constituye o bien una grave confusión de lo que representa un gobierno local o bien la evidencia de lo antes apuntado: UPyD afrontó las elecciones municipales como un ejercicio de propaganda. Algo que ya adelantaba la intención de algunos Consejos Territoriales de UPyD, seguramente respaldada por la dirección del partido, de dar luz verde a candidaturas "a cualquier precio" en determinadas ciudades (sobre todo capitales de provincia). Se buscaban titulares y noticias, esto es: notoriedad. Un movimiento tan poco serio, en realidad, que pone en seria duda la vigencia o validez de algunas proclamaciones programáticas de UPyD. Al parecer también ha habido casos de "profesionales" (véase caciquillos) de la política local que se afiliaron con grupos de afines y que pudieron sacar su concejal.
Con 5000 afiliados en España, UPyD no debería haberse presentado a las elecciones municipales. Para encarar con seriedad y honestidad semejantes procesos electorales es preciso: 1º) Tener afiliados, 2º) Tener un programa local y 3º) Tener candidatos. UPyD en casi todas partes no tenía lo primero, en prácticamente ningún sitio tenía lo segundo y también iba escaso de lo tercero. Sin embargo, lo más grave fue tratar de invertir el orden mencionado: considerando que lo primero, y último, era tener candidatos en las ciudades elegidas. Así, UPyD presentó a lo largo de España un buen número de candidaturas armadas por unos pocos oportunistas que, por supuesto, no tenían idea de qué programa presentar. Y una cosa es segura: un programa local no puede hacerse desde Madrid. Siendo así, los programas que pudieron verse eran un breve sumario de generalidades y promesas demagógicas (por ejemplo) que si bien otros muchos partidos presentan tienen el buen cuidado de intentar articularlos en propuestas concretas. No parece ayudar mucho a la "regeneración democrática" el tomar a broma una convocatoria electoral.
Por otra parte, UPyD parece muy lejos de alcanzar a IU en intención de voto de cara al año próximo. Un hecho que, unido a la más que probable mayoría arrolladora del PP, haga que UPyD tenga en la próxima legislatura un papel parlamentario del mismo tenor que el de la actual: no ser la llave para un gobierno nacional. Único sentido, por cierto, de la apuesta UPyD: ejercer de partido nacionalista, sin serlo, en el Congreso de los Diputados para empujar a PP y PSOE a posturas más respetuosas con la unidad del Estado.
En conclusión: el PSOE está perdido tras haber sido escogido como chivo expiatorio por una sociedad inclinada a creer en soluciones fáciles e inmediatas. La misma que aupó a un Zapatero caprichoso (aquél que retiró las tropas de Iraq sin atender a las exigencias mínimas de la diplomacia) le reprocha ahora su forma tan particular de actuar. El PP disfruta del éxito de insinuar que puede sacarnos de la crisis cobrándonos menos impuestos y manteniendo los gastos sociales que el PSOE va recortando. El éxito de Bildu, por su parte, constituye un paso no precisamente pequeño para aislar a ETA más que para fortalecerla. Y UPyD parece empeñado en despeñarse por las cuestas de la incoherencia y esa clase de "política demagógica y sectaria" que decía condenar.
En cualquier caso, las reacciones a estas municipales dejan claro que hoy como ayer y seguramente como mañana... en España hay un número alarmantemente bajo de demócratas. Los cambios de gobierno se siguen celebrando, narrando y viendo como cambios de régimen.
"La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad." Maquiavelo.



