viernes, marzo 18, 2011

La ONU declara la guerra a la ONU

Esta madrugada el Consejo de Seguridad de la ONU tomó una decisión respecto a Libia. La decisión en cuestión parece autorizar ataques contra las fuerzas leales a Gadafi para evitar, se dice, que se ataque a la población civil. Estas medidas venían exigiéndose desde el mismo comienzo de las revueltas en Libia por parte de algunos países y una mayoría de medios de comunicación. Se decía que la falta de acuerdo en cuanto a atacar a Gadafi y respaldar a los rebeldes libios constituía un acto de cobardía por parte de los países occidentales. La ONU decide ahora dar ese respaldo a los rebeldes libios con la única limitación de no ocupar el territorio libio.

La gente corriente no conoce las leyes internacionales pero sí ve la televisión. Sobre esta base se han desarrollado los acontecimientos. Hoy Mariano Rajoy, por ejemplo, ha respaldado la intervención en Libia para "evitar que haya atentados contra personas y una masacre contra ciudadanos inocentes". Una curiosa forma de concebir una guerra civil y que constituye buen ejemplo del delirio argumental que respalda la decisión de la ONU: la idea de atacar a las fuerzas libias leales a Gadafi para evitar daños contra civiles. Es delirante porque  una guerra civil es una clase de conflicto en que inevitablemente se producen daños a personas y en el que, como expuse la pasada semana, la delimitación entre civiles y combatientes es difícil y sumamente manipulable.

Los conflictos civiles son asunto de la estricta incumbencia de los países en que se desarrollan. Es un principio completamente elemental en el esquema de la soberanía de los Estados el que los gobiernos de dichos entes (sean o no democráticamente elegidos) gozan de total independencia para mantener el orden en su territorio. De hecho, el mantenimiento del orden, la capacidad de ostentar efectivamente el poder, fue en última instancia la única base de consenso por la que considerar legítimo a un Estado en el seno del concierto internacional. Es sabido: la original ONU pretendía ser un concierto mundial de democracias y finalmente hubo de conformarse con ser una organización de países amantes de la paz. Y para "amar la paz" no es preciso mucho más que así declararlo. Por eso, entre otras cosas, la Libia de Gadafi alcanzó la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y por eso se entregaba algo como el Premio Internacional Al-Gaddafi de los Derechos Humanos. Puede que haya quien no lo sepa, pero debe quedar claro que la ONU no es una organización que represente a "la democracia". 

Si la mayoría de los miembros de la ONU son Estados cuyos gobiernos son despóticos, no tiene demasiado sentido que se embarque en operaciones militares para favorecer la democracia. Además, la Carta de la ONU en su artículo 2.7 establece que la ONU no se atribuye ningún derecho a intervenir "en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados". Algo a lo que habría que añadir lo establecido por la Resolución 2625 de la Asamblea General de la ONU respecto a la soberanía de los Estados, respecto a esos "asuntos que son esencialmente de jurisdicción interna de los Estados"

Ningún Estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro Estado a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos y obtener de él ventajas de cualquier orden. Todos los Estados deberán también abstenerse de organizar, apoyar, fomentar, financiar, instigar o tolerar actividades armadas, subversivas o terroristas encaminadas a cambiar por la violencia el régimen de otro Estado, y de intervenir en una guerra civil de otro Estado.

La Carta de la ONU establece en su capítulo VII los mecanismos por los que se podría emplear legítimamente la fuerza en el plano internacional. Los supuestos para iniciar acciones de fuerza contra un Estado son claros: "amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión". Y los objetivos de las medidas de fuerza de la ONU son aún más claros: "mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales". Resulta bastante más que evidente que en nada de esto tiene encaje el conflicto civil libio.

Cabe preguntarse si en Libia se está cometiendo un genocidio pues hay quien establece que el derecho consuetudinario internacional ampararía intervenciones humanitarias en los asuntos de un Estado soberano. En este caso, durante semanas, hemos asistido a una contínua serie de noticias sensacionalistas y gruesos titulares acerca de ejecuciones sumarias por parte de las tropas leales a Muamar Gadafi. Los periodistas se han podido mover con relativa libertad por territorio "liberado" por los insurrectos del este de Libia y no ha surgido ninguna información relevante, ni pruebas, de que las tropas de Gadafi cometiesen crímenes contra la Humanidad. Las pesquisas del Tribunal Penal Internacional y las opiniones de funcionarios de algunos Estados u organizaciones internacionales no pueden impresionar a nadie. Se trata de un proceso análogo al de la excomunión medieval: palabras gruesas. Se han movido resortes burocráticos con ánimo de ser espectaculares, nada más: no hay pruebas, no hay imágenes, no hay testimonios creíbles o suficientes para hablar de genocidio. Del mismo modo, tomar los discursos de amenaza de Gadafi sobre los rebeldes acantonados en Bengasi como una prueba de que planea un genocidio, en el ámbito de la legitimación de una medida internacional de fuerza, roza la parodia. Si ya es dudoso el derecho de la ONU a intervenir por razones humanitarias en un Estado soberano, imagínense para intervenir preventivamente por razones humanitarias. Un hecho insólito. Tan insólito como llamativo resulta que la OTAN, una organización de carácter militar, no haya decidido todavía tomar medidas de fuerza contra Libia mientras que la ONU, una organización que persigue la paz internacional, sí lo ha hecho.

La ONU, en conclusión, interviene en una guerra civil de un Estado soberano para alterar el curso de la misma. Un hecho prohibido por su carta fundacional y cuya defensa argumental durante estos días constituye un insulto a la inteligencia. Atacar a Libia para que gane el bando democrático no es legal. Atacar a Libia para impedir que su ejército reprima una insurrección no es legal. Considerar civiles a los rebeldes, pese a lo fácil que resulta, no es legal. Prohibir el uso de artillería/bombarderos o cualesquiera otras armas no prohibidas internacionalmente en el marco de una guerra civil no es legal. Basarse en rumores de crímenes de lesa humanidad y sin más prueba que éstos intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano no es legal.

Estamos, pues, asistiendo al linchamiento internacional de un Estado soberano que de ninguna manera se fundamenta, en tanto linchamiento, en derecho alguno. Una supresión de la soberanía de los Estados en nombre de una democracia que en la ONU brilla por su ausencia no puede ser más que una farsa. A mí, de momento, no me engañan. Las medidas tomadas contra la Libia de Gadafi, por sus pretensiones, son si cabe más ilegales que la invasión de Iraq en 2003. Tal vez alguien intente convencer al populacho de que la ley internacional es un completo fraude. De ser así lo celebraré.


"De modo que ninguno de los dos bandos practicaba la piedad y, por contra, mejoraba la reputación de quien con artificiosas palabras conseguía culminar con éxito una empresa odiosa" Tucídides.

jueves, marzo 10, 2011

Gadafi: vencer sin luchar

Desde el comienzo mismo de la represión por parte de Gadafi se ha puesto en duda su control de Trípoli. Llegó a decirse que sólo controlaba "el barrio del búnker en el que está". Hoy se sigue diciendo que está acorralado en Trípolí. Muy probablemente, el tiroteo organizado por los partidarios de Gadafi para celebrar los éxitos militares (también falsos, por cierto) de las tropas lealistas fue convertido en "feroces combates" en Trípoli. Igualmente, se dan por directamente por buenas las "informaciones" de los rebeldes. Es por esto que estos días hayamos podido asistir a la obscena mecánica informativa del:
1º) En la ciudad X resisten varias decenas de rebeldes, 
2º) Las tropas de Gadafi atacan y
3º) Los soldados de Gadafi han matado a varias decenas de civiles.
Un fenómeno típico de otros conflictos más conocidos. Conflictos como el árabe-israelí o los mantenidos por EEUU: el fenómeno de los civiles de quita y pon. Estratagema propagandista alentada, y amparada de facto, por el Derecho Internacional Humanitario.

Cuando alguien combatía de forma "ilegítima", tradicionalmente, se le solía calificar de "francotirador", "saboteador", "espía", "bandido" y similares. Estos individuos eran sometidos a las leyes penales militares, generalmente, y sometidos a procesos o ejecuciones sumarias. Tal es así porque de acuerdo al reglamento anexo a la Convención de La Haya de 1907 sólo podían considerarse combatientes o beligerantes legítimos a:



Art. 1. Las leyes, los derechos y los deberes de la guerra no se refieren solamente al ejército sino también a las milicias y a los Cuerpos de voluntarios que reúnan las condiciones siguientes:
  1.Tener a la cabeza una persona responsable por sus subalternos;

  2.Tener una señal como distintivo fijo y reconocible a distancia;

  3.Llevar las armas ostensiblemente;

  4.Sujetarse en sus operaciones a las leyes y costumbres de la guerra.

En los países en que las milicias o los Cuerpos de voluntarios formen el ejército o hagan parte de él, tanto aquéllas como éstos quedan comprendidos bajo la denominación de ejército.

Art. 2. Los habitantes de un territorio no ocupado que al aproximarse el enemigo tomen espontáneamente las armas para combatir las tropas invasoras, sin haber tenido tiempo de organizarse conforme al artículo 1, serán considerados como beligerantes si llevan las armas ostensiblemente y si respetan las leyes y costumbres de la guerra.

Art. 3.Las fuerzas armadas de las partes beligerantes pueden componerse de combatientes y no combatientes. En caso de captura por el enemigo, unos y otros tienen derecho al tratamiento de prisioneros de guerra.
Esto es: el único supuesto en que los civiles podían intervenir en un conflicto bélico era "cuando el enemigo se aproximase" y siempre debían llevar una señal de su condición, portar las armas abiertamente y respetar las leyes y costumbres de la guerra. Algo que equivale a que estaba prohibida la intervención en el conflicto de los civiles una vez que su territorio hubiese sido ocupado, actuasen de forma traicionera o no llevasen un distintivo reconocible. Una prohibición, por tanto, de la lucha guerrillera y terrorista. Prohibición que era la vigente durante la Segunda Guerra Mundial. Los aliados, como es sabido, incumplieron estas normas al entrenar y fomentar grupos de resistencia terroristas y guerrilleros en la Europa ocupada por los nazis. Una decisión ilegal, en el plano del Derecho Internacional, pero que se consideró adecuada a las necesidades militares aliadas. La parte que en la victoria final tuvieron estos movimientos es discutible. No en vano se edificaría después de la guerra toda una "historia oficial", y exagerada, en torno a la Resistencia francesa con el fin de ocultar años de colaboracionismo con los ocupantes alemanes. Sea como fuere, tras la guerra, el estatuto de combatientes se fue ampliando, hasta el extremo de que en la actualidad, el artículo 44.3 del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra de 1949 dice:
Con objeto de promover la protección de la población civil contra los efectos de las hostilidades, los combatientes están obligados a distinguirse de la población civil en el curso de un ataque o de una operación militar preparatoria de un ataque. Sin embargo, dado que en los conflictos armados hay situaciones en las que, debido a la índole de las hostilidades, un combatiente armado no puede distinguirse de la población civil, dicho combatiente conservará su estatuto de tal siempre que, en esas circunstancias, lleve sus armas abiertamente:

a) durante todo enfrentamiento militar; y

b) durante el tiempo en que sea visible para el enemigo mientras está tomando parte en un despliegue militar previo al lanzamiento de un ataque en el que va a participar.

No se considerarán como actos pérfidos, en el sentido del apartado c) del párrafo 1 del artículo 37[ser combatiente y fingir ser civil], los actos en que concurran las condiciones enunciadas en el presente párrafo.
Por otra parte el Convenio IV de la Convención de Ginebra de 1949 ampara directamente a todos los combatientes sean legítimos o no. En su artículo 4 dice textualmente:

El presente Convenio protege a las personas que, en cualquier momento y de la manera que sea, estén, en caso de conflicto o de ocupación, en poder de una Parte en conflicto o de una Potencia ocupante de la cual no sean súbditas.
El Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra de 1949 sobre conflictos no-internacionales no arroja más luz en el asunto y refleja las mismas inconcreciones pues directamente renuncia a la figura del combatiente legítimo y define a rebeldes como:
 fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar el presente Protocolo.
Todo esto significa reducir la diferencia entre combatiente legítimo e ilegítimo a unos matices legales que, en la práctica, llevan a aceptar tanto la lucha guerrillera como el terrorismo. Una circunstancia que sigue peleándose con la realidad de los conflictos y que, de un modo u otro, cualquier bando acaba por incumplir total o casi totalmente. No en vano, hay formas de combatir que son intolerables no sólo para las tropas que toman la decisión, en última instancia, de disparar o no disparar sino para cualquier conflicto (pues los conflictos plantean "necesidades" por sí mismos). Así, los propios norteamericanos ejecutaron sumariamente a los comandos alemanes que, disfrazados de policías militares estadounidenses, sembraron el caos en la retaguardia aliada durante los primeros días de la batalla de las Ardenas. Y ese trato a los alemanes disfrazados fue, como se ha visto, legal de acuerdo a la Convención de La Haya de 1907.
 
En base a todo lo anterior, nada más fácil que acusar a un bando determinado de estar "masacrando civiles" o haciendo blanco en ellos en tanto las acusaciones procedan de un bando que luche de forma "no convencional". Sin entrar en el terreno de las perfidias con escudos humanos y similares, ningún conflicto bélico, tenga la motivación que tenga, puede resistir frente a una "ofensiva mediática". Algo en lo que tiene mucho que ver la propia ambición de los periodistas que en su búsqueda de historias de impacto terminan por tomar partido abiertamente en sus informaciones. Un atentado contra cualquier concepto de ética periodística que, sin embargo, acaba sirviendo de plataforma propagandística a los actores no estatales o al enemigo que no juega limpio.

Gadafi claramente no está utilizando todo el potencial de sus fuerzas armadas. No obra así por ética sino por interés, por supuesto. Decía el sabio que las victorias militares se obtienen mediante masacres o mediante maniobras. Gadafi, enfrentado a todos los medios de comunicación y gran parte del concierto internacional de países, no puede permitirse un conflicto de desgaste. Entonces, nada mejor que limitarse a repeler las excursiones armadas de los rebeldes en la zona de Ras Lanuf o Mersa Brega. Ajenos a cualquier disciplina o logística serias (pues el "ejército" rebelde carece de mandos, no tiene una logística organizada y utiliza las armas como peligrosos juguetes), la cohesión de los rebeldes se fundamenta en sus expectativas de éxito. Y a cada día que pasa, una victoria rebelde parece más lejana.

Sin grandes combates que pongan en marcha los mecanismos de la venganza y del espíritu de resistencia, los rebeldes llegará un momento en que simplemente desaparecerán. Las ciudades en su poder caerán sin apenas lucha. Algo completamente necesario para Gadafi en este contexto internacional que, por motivos bien diferentes al del sabio Sun Tzu, se tiene por obligatorio que: "el supremo arte de la guerra es vencer al enemigo sin luchar". 

viernes, marzo 04, 2011

Revueltas en el mundo árabe: un juego de niños

Algo pasa en el mundo árabe. Los periodistas, a estas alturas, ya renunciaron a la deontología, y repiten una y otra vez una serie de consignas respecto a lo que está sucediendo. 

A diferencia de lo que sugieren los adictos a teorías de la conspiración, es imposible dar órdenes a los medios de comunicación y, por ende, influir directa y constantemente en amplios sectores de la sociedad. Ahora hay que alinear intereses. La psicología de masas, por así llamarla, entra en escena. Una peculiar ingeniería merced a la cual resulta mucho más fácil imponer medidas de fuerza tras un festival de loas a las "redes sociales" y "la democracia participativa" que en nombre de los derechos humanos "a palo seco".

En un mundo en que la lucha por la libertad, esto es: la responsabilidad, se deja de lado por nociones de libertad basadas en la completa irresponsabilidad es lógico que algo como Wikileaks o Facebook acabe sirviendo de base a medidas de fuerza contra esa conveniente ficción de "la soberanía de los Estados". ¿Cómo justificar como "asuntos internos" de un país cualquier cosa que sea discutida en las redes sociales? Por increíble que parezca, este es el criterio.

La realidad es que las revueltas en el mundo árabe pueden responder a muchas cosas pero la "revolución 2.0" está entre las últimas, si es que está. Un servidor no puede imaginar como demócrata a alguien que incendia edificios al grito de "Dios es grande" y similares. Semejantes individuos dudo que sean demócratas salvo en un sentido muy perverso del término. Porque no resulta extraño que se llamen demócratas quienes no lo son, incluso que se sientan convencidos de ser demócratas sin serlo. Por demócrata se hacen pasar muchos y, desgraciadamente, en el mundo árabe (ése lugar donde apenas se traducen libros) lo más probable es que se tenga por demócrata el mero rebelde. Para poder empezar siquiera a creer cuanto se está diciendo estos días de "revueltas democráticas en el mundo árabe" tendrían que existir ejemplos, partidos y corrientes políticas en el mundo árabe de que existe esa sensibilidad popular en pro de gobiernos representativos y limitados. Estamos hablando de una mínima prudencia. Una prudencia que aparece pulverizada cuando los informativos de las cadenas de televisión abren sus programas anunciando entrevistas con los "revolucionarios en la Red" a los que atribuyen las revoluciones en el mundo árabe. Unos sujetos que están muy lejos de poder convocar a las masas árabes a la revuelta, que de hecho viven en paises europeos o de Occidente y cuyos puntuales, y presuntos, éxitos son exagerados hasta la náusea.

Durante un tiempo en este país, y otros similares al nuestro, se consideró que un piso, una casa, era un bien de inversión cuyo valor aumentaría siempre. En su día, muchos estuvieron de acuerdo en valorar de forma absurda, en Bolsa, a las empresas del punto com. Ahí tenemos el siempre muy oportuno ejemplo de los tulipanes holandeses. En definitiva: las personas somos dadas a ciertos caprichos y dinámicas que luego, cuando todo pasa, sólo acertamos a calificar de demenciales o estúpidas. Lo de las redes sociales y los juegos florales con los secretos de Estado es otra burbuja, otra estupidez. Del mismo modo que el primer "Operación Triunfo" arrasó y el último apenas despertó el interés de la gente ocurrirá lo mismo con este formato de "cómete unas palomitas mientras liberas a la Humanidad".

En el caso de Libia estamos asistiendo a un auténtico festival de estupideces por parte de corresponsales y periódicos. Después de estar una semana dando por muerto/exiliado/perdido al dictador Gadafi, pues las informaciones de los rebeldes eran automáticamente publicadas como verdades, apenas unas pocas noticias daban cuenta de la reconquista de varias ciudades por parte de los leales al dictador. Las tropas de éste eran calificadas como "bandas de asesinos" o "brigadas siniestras" mientras que los rebeldes son calificados como "el pueblo". Algo que es condenable no porque Gadafi sea alguien a quien defender sino porque estamos ante una guerra tribal. Una guerra mucho más parecida a una revuelta señorial de la Edad Media que a una guerra de liberación. En cualquier caso se trata de un conflicto civil en el que las acusaciones de "masacres de civiles" se ven necesariamente desdibujadas por las imágenes, emitidas una y otra vez, de rebeldes sin uniforme alguno blandiendo armas.

Puede que alguien haya decidido acabar con Gadafi. Sin embargo la prudencia lleva a considerar una exageración las amenazas de intervención internacional por motivos humanitarios. Porque según el criterio que se está aplicando para semejantes amenazas, resultaría que no serían posibles las guerras civiles sin que interviniese la ONU o, peor aún, un Estado soberano no podría reprimir revueltas o insurrecciones dentro de su país. Y eso, ni que decir tiene, es una supresión de la soberanía de los Estados. Una supresión mucho más clara, sea dicho de paso, que la que  según muchos implicó el proceso que llevó a la invasión de Iraq en 2003. Una circunstancia que permite sospechar que lo que sucede en Libia, y otros lugares del mundo árabe, forma parte de una estrategia de mayor escala que apuntaría a Teherán.
 
Lo que muchos no quieren asumir es que los cambios reales en un mundo tribal como el libio y otros países similares no pueden venir salvo por una intervención exterior y no espontáneamente. El problema es que nadie está dispuesto a pagar el precio de semejantes operaciones. Se llega al absurdo de ver sociedades atrasadas bajo el enfoque de las sociedades desarrolladas mientras se niega que, precisamente, el enfoque de los países desarrollados deba imponerse. 

Un juego de niños.
 
 
 
"La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos." Parménides.