Tal y como vengo comentando en los últimos meses, España es un país que se dirige hacia la locura a toda máquina. Alimenta a este veloz convoy el constante azote de "la crisis". Y Cataluña, como parte de España, no iba a ser menos.
En Cataluña hoy un partido ultraderechista, brutalmente xenófobo y liderado por un farsante sacó más de 75.000 votos, quedándose al borde de obtener representación. El odio, como dije hace unos días, sigue obteniendo sus réditos electorales. Porque, también, el partido del señor Laporta obtiene cuatro escaños (más de 100.000 votos) con un programa electoral íntegramente basado en el rechazo a España y en el más vulgar chovinismo catalán. Como dirían en cierto medio de comunicación: lo estás viendo, está pasando.
En Cataluña existe una fuerte tendencia al particularismo, al regionalismo, que se apropia de los aparentes voceros de todo lo contrario. Tanto el PP como C's, que suben y mantienen representación respectivamente, prentenden también "ser catalanes antes que nada". En el PP catalán ser catalanista se presenta como otra forma de ser españolista, sea ésto omitido más o menos, y en C's, cada vez más, como manifestación de un democraticismo que tiende a confundir representatividad con localismo/regionalismo. El PSC por su parte se hunde en su miserable juego de convertirse en "late comers" del sectario nacionalismo catalán: esperemos que se abandonen esos juegos. De ERC bastará decir que muere de éxito: su radicalismo ha convocado a individuos más simples y radicales (Laporta) y ha sido asumido, aunque sea a ratos, por los nacionalistas "de caché" de CiU.
UPyD, en el contexto catalán, ni empeora ni mejora sustancialmente: sigue sin existir electoralmente. En 2008, en las elecciones generales, UPyD saca 6.083 votos en Cataluña y, ahora, en las autonómicas catalanas, saca 5.300. Hundido, pues, en las diversas sopas de letras de partidos sectarios de todo tipo puede decirse que UPyD no existe en Cataluña. Como no existe, de hecho, en muchas otras regiones de España. Algo a lo que contribuye decisivamente el efecto disruptor de Ciutadans (cuyo electorado ha cambiado, me temo, mucho desde 2006), en Cataluña, y la disparatada política de afiliación de UPyD, en general. Por otra parte, no ayudó a los resultados de hoy el que los escasos afiliados de UPyD en Cataluña eligieran como candidato a un Antonio Robles que venía de C's: por lo que UPyD se presentaba ante muchos como una suerte de escisión de C's en Cataluña. ¿Existen posibilidades de que UPyD alguna vez sea algo en Cataluña? No lo sé. De momento hay una abstención del 40%: y eso obliga a ser prudente a la hora de lamentar maldiciones eternas.
Por otra parte, desligado C's de cualquier proyecto nacional y reivindicando, de hecho, posturas de interés exclusivamente regional no tiene ningún sentido. Y el único motor que lo mueve es un antinacionalismo machacón, y oportunista, propagado con entusiasmo por medios de comunicación conservadores y ultras. Después de meses sin salir en encuesta alguna y sin ser apenas mencionado por los medios de comunicación catalanes, C's empezó a recibir atención conforme se acercaban las elecciones. Un hecho notable y digno de estudio que me temo guarda relación con la perspectiva de un CiU al borde de la mayoría absoluta. De hecho C's, antinacionalistas ellos, no tienen problema en insinuarse a CiU. Están obligados, no obstante, a obrar así. Igual que cuando pactaron con la ultraderecha anti-europeísta para poder contar con medios por los que presentarse a las elecciones europeas. Pero no tiene ningún sentido. A menos, claro, que el objetivo de los de Albert Rivera sea el mero pastorear en el erario público.
La defensa de los derechos fundamentales de los españoles, y los catalanes por tanto, no puede partir de una estrategia puramente local o regional. El proyecto que comenzó siendo C's es ahora, sin ninguna duda, UPyD. Es UPyD el único partido que, en el marco de unas elecciones generales reñidas, tiene la opción de forzar cambios relevantes y no plantear una mera queja, testimonial. Por eso UPyD no podrá sobrevivir en el marco de una mayoría absoluta de ninguno de los dos grandes partidos ni con una repetición de los resultados electorales de 2008. La reforma institucional que necesita España, y que el proyecto de UPyD reclama, precisa de un apoyo creciente y en expansión. Todo lo que no sea crecer será un fracaso y C's cogiendo sitio en esa Cataluña que no aspira a cambiar representa un fracaso que sus tres escaños no pueden ocultar.
Claro que hay que cambiar a Cataluña. Hay que cambiar a España. Y esperemos que ese cambio lo protagonicen las reformas que persiguen instalar una obligatoria moderación en nuestras instituciones y no los nazis y ultras que, gobierno socialista agonizante mediante, cada vez elevan su voz con mayor descaro y estrépito. No es para reirse.
"En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno." Konrad Adenauer.





