lunes, noviembre 29, 2010

Elecciones en Cataluña: impresiones.

Tal y como vengo comentando en los últimos meses, España es un país que se dirige hacia la locura a toda máquina. Alimenta a este veloz convoy el constante azote de "la crisis". Y Cataluña, como parte de España, no iba a ser menos.

En Cataluña hoy un partido ultraderechista, brutalmente xenófobo y liderado por un farsante sacó más de 75.000 votos, quedándose al borde de obtener representación. El odio, como dije hace unos días, sigue obteniendo sus réditos electorales. Porque, también, el partido del señor Laporta obtiene cuatro escaños (más de 100.000 votos) con un programa electoral íntegramente basado en el rechazo a España y en el más vulgar chovinismo catalán. Como dirían en cierto medio de comunicación: lo estás viendo, está pasando.

En Cataluña existe una fuerte tendencia al particularismo, al regionalismo, que se apropia de los aparentes voceros de todo lo contrario. Tanto el PP como C's, que suben y mantienen representación respectivamente, prentenden también "ser catalanes antes que nada". En el PP catalán ser catalanista se presenta como otra forma de ser españolista, sea ésto omitido más o menos, y en C's, cada vez más, como manifestación de un democraticismo que tiende a confundir representatividad con localismo/regionalismo. El PSC por su parte se hunde en su miserable juego de convertirse en "late comers" del sectario nacionalismo catalán: esperemos que se abandonen esos juegos. De ERC bastará decir que muere de éxito: su radicalismo ha convocado a individuos más simples y radicales (Laporta) y ha sido asumido, aunque sea a ratos, por los nacionalistas "de caché" de CiU.

UPyD, en el contexto catalán, ni empeora ni mejora sustancialmente: sigue sin existir electoralmente. En 2008, en las elecciones generales, UPyD saca 6.083 votos en Cataluña y, ahora, en las autonómicas catalanas, saca 5.300. Hundido, pues, en las diversas sopas de letras de partidos sectarios de todo tipo puede decirse que UPyD no existe en Cataluña. Como no existe, de hecho, en muchas otras regiones de España. Algo a lo que contribuye decisivamente el efecto disruptor de Ciutadans (cuyo electorado ha cambiado, me temo, mucho desde 2006), en Cataluña, y la disparatada política de afiliación de UPyD, en general. Por otra parte, no ayudó a los resultados de hoy el que los escasos afiliados de UPyD en Cataluña eligieran como candidato a un Antonio Robles que venía de C's: por lo que UPyD se presentaba ante muchos como una suerte de escisión de C's en Cataluña. ¿Existen posibilidades de que UPyD alguna vez sea algo en Cataluña? No lo sé. De momento hay una abstención del 40%: y eso obliga a ser prudente a la hora de lamentar maldiciones eternas.

Por otra parte, desligado C's de cualquier proyecto nacional y reivindicando, de hecho, posturas de interés exclusivamente regional no tiene ningún sentido. Y el único motor que lo mueve es un antinacionalismo machacón, y oportunista, propagado con entusiasmo por medios de comunicación conservadores y ultras. Después de meses sin salir en encuesta alguna y sin ser apenas mencionado por los medios de comunicación catalanes, C's empezó a recibir atención conforme se acercaban las elecciones. Un hecho notable y digno de estudio que me temo guarda relación con la perspectiva de un CiU al borde de la mayoría absoluta. De hecho C's, antinacionalistas ellos, no tienen problema en insinuarse a CiU. Están obligados, no obstante, a obrar así. Igual que cuando pactaron con la ultraderecha anti-europeísta para poder contar con medios por los que presentarse a las elecciones europeas. Pero no tiene ningún sentido. A menos, claro, que el objetivo de los de Albert Rivera sea el mero pastorear en el erario público.

La defensa de los derechos fundamentales de los españoles, y los catalanes por tanto, no puede partir de una estrategia puramente local o regional. El proyecto que comenzó siendo C's es ahora, sin ninguna duda, UPyD. Es UPyD el único partido que, en el marco de unas elecciones generales reñidas, tiene la opción de forzar cambios relevantes y no plantear una mera queja, testimonial. Por eso UPyD no podrá sobrevivir en el marco de una mayoría absoluta de ninguno de los dos grandes partidos ni con una repetición de los resultados electorales de 2008. La reforma institucional que necesita España, y que el proyecto de UPyD reclama, precisa de un apoyo creciente y en expansión. Todo lo que no sea crecer será un fracaso y C's cogiendo sitio en esa Cataluña que no aspira a cambiar representa un fracaso que sus tres escaños no pueden ocultar.

Claro que hay que cambiar a Cataluña. Hay que cambiar a España. Y esperemos que ese cambio lo protagonicen las reformas que persiguen instalar una obligatoria moderación en nuestras instituciones y no los nazis y ultras que, gobierno socialista agonizante mediante, cada vez elevan su voz con mayor descaro y estrépito. No es para reirse.




"En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno." Konrad Adenauer.



jueves, noviembre 25, 2010

La oportunidad de UPyD

Hay poderosas razones para juzgar improbable una victoria del PSOE en unas elecciones generales que se celebrasen hoy. Pero esas elecciones serán dentro de más de un año. Y en ese tiempo pueden ocurrir muchas cosas. Como por ejemplo que otros países de Europa, que obviamente no gobierna Zapatero y ni siquiera están gobernados por socialistas, se vean sumidos en una crisis tan acuciante como la española. El discurso del PP está ya agotado, por momentos exhausto. Las barreras de la sensatez; cruzadas hace mucho. Vamos hacia un proceso electoral que será recordado por la completa falta de piedad de uno y otro bando. La participación, pese a todo, será relativamente alta. No es para menos: la oposición ha llamado a la aniquilación del gobierno

La crisis de la economía española, según el PP, tiene nombre y apellidos: Jose Luis Rodriguez Zapatero. Tiran de la misma ocurrencia empleada por los gobiernos socialistas para blindarse ante críticas económicas: el concepto de confianza. Según dicho concepto la economía de un país depende de la buena voluntad de las personas: ya sea una generalidad de agentes económicos llamados al patriotismo o de un dirigente llamado a la virtud y la decencia. Se trata de una solemne estupidez, claro, que justificaría la prohibición de la crítica o una "virtuosa tiranía" directamente. Argumentos de trazo grueso para auditorios embrutecidos. Porque resulta evidente que descuartizar en la plaza pública al señor Zapatero no resolverá de ninguna manera nuestras miserias. Como tampoco lo hará el apelar nada más y nada menos que al Borbón. Una ocurrencia escandalosa de una serie de potentados consistente en el envío al rey de un estudio de la Fundación Everis que tira de propuestas muy similares a las de UPyD pero que por su evidente instrumentalización (la escenificación de un desprecio "social" a la autoridad del gobierno) suena a golpe en la entrepierna. Porque no olvidemos que con motivo del gobierno de la izquierda no son pocos los energúmenos seguidores del Partido Popular, a veces declarados nostálgicos del franquismo, que pontifican en estos tiempos acerca de listas abiertas, circunscripciones electorales, corrupción o la independencia del poder judicial. Toda una comedia que acompaña al PP a votar en contra, en el Congreso, de propuestas de UPyD que luego presenta como propias, con la complicidad de su prensa amiga, en sus numeritos propagandísticos. El odio se disfraza de reforma.

En esta terrible situación se presentan unas elecciones generales, como decía, que van a estar mucho más igualadas de lo que dicen las encuestas. Lo dicta la rabia, lo dicta la historia. Por eso en el PSOE no están tan alarmados: la victoria o la derrota está en manos del PSOE y no en las del PP. Todo depende de que los votantes del PSOE no se queden en su casa. Y a ello suele contribuir el PP involuntariamente. Declaraciones como estas, por ejemplo, contribuyen. Y si las elecciones se presentan reñidas es precisamente donde se presenta una verdadera oportunidad para formaciones como UPyD.

UPyD no aspira a ser la fuerza más votada y por tanto no intenta ampliar su base de posibles votantes haciendo concesiones ideológicas o regionales. He ahí, por cierto, la razón por la que UPyD no se ha coaligado ni coaligará jamás con Ciutadans. UPyD tiene un discurso muy antipático para mucha gente; principalmente aquellos que rezan pidiendo su nueva ración de intolerancia de cada día. Este mérito, este deliberado desprecio de hacer bulto o de realizar adelantamientos ideológicos autodestructivos, hace que UPyD se juegue el todo o nada en Madrid: con un puñado de escaños. Unos pocos diputados, en un escenario de enloquecimiento sectario PP vs PSOE, pueden hacer de UPyD un instrumento decisivo para operar esas reformas de las que muchos hablan pero pocos votan. Las cartas nacionalistas están todas repartidas, ulteriores pactos de gobierno serían a costa de demasiado. No es extraño esperar que si una investidura depende de UPyD se pueda obligar a PP o PSOE a lo que sea. Si los nacionalistas pueden y llamamos a PP o PSOE inmorales, capaces de todo por gobernar... ¿por qué no esperar que este vicio pueda ser aprovechado para conseguir algo bueno? ¿No es acaso más creíble que la voluntad de realizar cambios razonables y moderados en un país de sinrazón e inmoderación provenga de unos pocos antes que de una mayoría? Eso, precisamente, es la pedagogía democrática. Algo que necesitan, por supuesto, quienes enviaron el informe de Everis a Juan Carlos de Borbón. Y por  todo esto, acaso irónicamente, el voto a UPyD es más útil conforme arrecia la vulgaridad, la mezquindad y la simpleza en los discursos del PP y el PSOE. Lo peor que le podría pasar a este país es una mayoría absoluta del PP.

Entre caceroladas ante sedes de otro partido en plena jornada de reflexión de unas elecciones y carcajadas ante la quiebra del Estado, por no hablar de esas no-sentencias del Tribunal Constitucional, la legitimidad de nuestra democracia se resquebraja. La realidad económica señala que muchos, tal vez la mayoría, votan por razones equivocadas. El despertar de este sueño será mejor o peor en función de lo que unos pocos decidan. Y no porque tengan dinero o estén respaldados por tal o cual partido. No será esa vaporosa sociedad civil que lo mismo es un colectivo de ricachones, de fanáticos religiosos o una asociación de padres de alumnos: será un grupo de personas que tengan claro, muy claro, que es necesario decir basta a quienes viven del odio.




"Nos pocos, nos felices pocos". Enrique V según Shakespeare.



viernes, noviembre 05, 2010

Cuando una droga dura paga impuestos.

La legalización de las drogas se presenta, hoy, como un problema. Pero es un problema porque el prohibicionismo, nacido a principios del siglo XX, ha alterado decisivamente el panorama. Cuando comenzó la cruzada contra las drogas el perfil de los consumidores distaba mucho del actual. En tiempos el consumo de heroina fue propio de la clase alta mientras que ahora es asociada a los ejércitos de yonkis que poblaron los bajos fondos de las ciudades en los años ochenta del siglo pasado. Argumentos de carácter religioso o racista se dieron cita en el primer impulso prohibicionista. Ahora la prohibición por sí misma genera los argumentos para mantenerla. Hablamos de argumentos de orden público.

La prohibición de las drogas no puede simplemente levantarse en todos los casos, con todas las drogas.  Sucede lo mismo que en la "privatización" de la URSS: la magia de las liberalizaciones tiene límites. Las drogas despiertan fascinación en algunos colectivos potencialmente irresponsables, por estar prohibidas, y existe un patrón de consumo muy influenciado por la baja pureza de las drogas ofertadas en el mercado negro. Problemas de orden público derivados de una prolongada prohibición. Una prohibición que permitió, como acertadamente siempre señala Antonio Escohotado, elevar a la droga a la categoría de producto maligno que proporcionaba un pasaporte a la irresponsabilidad en todos los ámbitos: desde el penal al más estrictamente personal. En estas circunstancias, con la cultura de "fascinación por lo maligno" en que consistirían las drogas, no sería recomendable que cualquiera pudiese comprar, sin más, un kilogramo de cocaína por Ebay o, ya puestos, en la farmacia del barrio.

Los problemas de la legalización de las drogas no van más allá del orden público. Lo cual no significa que no sea un problema electoral muy difícil de asumir por cualquier gobierno en tanto cualquier relajación respecto al salvaje régimen legal actual supondría un repunte del consumo de drogas y la alarma social consiguiente en todas las esferas. El problema, sin embargo, no va más allá. Algo que evidentemente no comprenden quienes están convencidos, tras décadas de propaganda, de que droga y crimen son lo mismo. Una equivocación tan demencial como aquella que confunde el hecho de la guerra con la fabricación y comercio de armas.

Esta semana The Lancet publicó un trabajo del Independent Scientific Committee on Drugs liderado, entre otros, por David Nutt en que se intenta ponderar "el daño" que ejercen las drogas en las personas y la sociedad. El estudio llama la atención no sólo por contradecir la clasificación de las drogas establecida en la Misuse of Drugs Act británica, a la que critica, sino porque concluye que la droga más dañina es una legal: el alcohol.

Si el alcohol es la droga más dañina surgen problemas. Uno sería que ese hecho debería llevar a la total prohibición del alcohol. El otro sería el explicar cómo durante todos estos años se presentó a heroína, cocaína o incluso el cannabis como sustancias infernales en tanto el alcohol era tenido por simpático brebaje. Pero para los cruzados contra las drogas alcohol y tabaco fue siempre la punta del iceberg del problema de la definición de qué es droga ilegal y qué no. Un problema sin solución porque efectivamente el alcohol es una droga como lo es también el tabaco y sustancias todavía lejos de ser objeto, parece, de la inquisición sanitaria como la cafeína. Como dar una definición definitiva de lo que es un estupefaciente es imposible la lista de sustancias prohibidas sólo puede crecer o decrecer al arbitrio de los gobiernos. 

Prohibir algo no significa que eso no se produzca. Esto por sí mismo no puede constituir un argumento contra una ley en tanto siempre hay un margen de impunidad en cualquier clase de delito. Sin embargo hay que preguntarse qué objetivo pretenden las leyes anti-droga. Parece que se pretende preservar a las personas frente a una serie de sustancias de las que, se supone, no cabe uso responsable alguno. Siendo así, el objetivo fundamental de la legislación anti-droga no puede ser otro que reducir, preferentemente a 0, el tráfico de drogas. Sin embargo la prohibición históricamente no ha reducido el tráfico de drogas sino que podríamos pensar que ha logrado más bien lo contrario. Fomentándose, además, patrones de consumo irracionales y los envenenamientos. La ley no funciona, la ley no alcanza sus objetivos y además, como es de sobra conocido, proporciona un medio útil de enriquecimiento a los peores de nuestra sociedad: aquellos que se sirven de la violencia para hacer lo que se les antoja. Además, llevar las drogas al mercado negro multiplica su precio y, en consecuencia, los adictos pierden su hacienda y dignidad mientras que sin prohibición tendrían una vida completamente normal.

En el contexto actual de histeria contra las drogas pareciera que es cuestión de tiempo que el alcohol termine por prohibirse. Sin embargo creo que el hecho de que sea señalado como una droga dura debería ser útil para devolver a la palestra el argumento de la libertad, el argumento de la responsabilidad. Porque sin libertad, sin responsabilidad, "todo lo que no está prohibido es obligatorio".



"Un fanático es aquel que redobla su esfuerzo cuando ha olvidado su objetivo". Santayana.