jueves, octubre 28, 2010

La red social



Muchas películas, muchos directores, se aproximan a los malvados de su historia como quien contempla a un demonio enviado desde el infierno. Meros ejecutores automáticos de lo que les dicta su naturaleza malvada, aparecen siempre en contraste con personajes buenos sin demasiados matices. En "La red social", de David Fincher, los malvados que aparecen son simplemente gente con intereses, como cualquiera de nosotros. El mal es banal. El mal es dejar de prestar consideración a tus amigos, el silencio a quien espera tu confianza y, por supuesto, el engaño sobre esto o aquello en cuestiones aparentemente sin importancia. Es el cinismo. No hay necesidad de cuernos y rabo u hordas de oscuros servidores: el Diablo camina entre abogados.

Lo cierto es que tras ver la película de Fincher a uno se le pasa por la cabeza borrarse de Facebook. Porque quien ha creado el invento, según el filme, es una persona sin escrúpulos: un amoral. Una persona que nos encontramos en muchos ámbitos, por otra parte. Se trata del clásico individuo que sin llegar a ser solitario sí es incapaz de conectar con nadie y, en cierto modo, sabotea sus propias relaciones con los demás para "ir a su aire". Un informático que, por lo demás, en un momento y lugar diferentes a los EEUU del 2003 sería un potencial fracasado. Pero ya se sabe: los astros a veces se alinean de forma siniestramente favorable a esos fracasados.

La red social narra la historia desde tres puntos de vista, fundamentalmente: el del propio creador de Facebook (Mark Zuckerberg), el de quien se creía su mejor amigo (Eduardo Saverin) y fue financiador inicial del proyecto y finalmente el del grupo de estudiantes ricos de Harvard que encargaron a Zuckerberg el crear una red social para sentirse luego estafados. El más interesante, bajo mi punto de vista, es el de Eduardo Saverin: una persona ambiciosa pero honesta que se ve terriblemente traicionada, y desplazada, por un Zuckerberg que decide asociarse con el creador de Napster Sean Parker. Es interesante el punto de vista de Eduardo porque todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido traicionados, poco a poco, por las personas que creíamos de confianza. Al personaje de Saverin su amigo Zuckerberg le hace tragar poco a poco el veneno de su traición. Saverin, incrédulo, caerá en todas y cada una de las emboscadas que le tienda su amigo. Cuando finalmente toma conciencia del alcance de la estafa de que fue víctima su reacción todavía busca una reacción en el gélido Zuckerberg. Quiso ver en Zuckerberg un amigo, hasta el final: su engaño fue total. No hay pactos entre leones y hombres.

La persona que Fincher sugiere que es Zuckerberg podría resultar fascinante por su naturaleza maquiavélica. Algo que ocurría con Michael Corleone en la trilogía de El Padrino y con tantos otros malvados del cine. Sin embargo en Zuckerberg tenemos, en realidad, a un don nadie bastante poco admirable. Pero en la era de Internet, tal y como estamos viendo estos días, los héroes no son caballeros de reluciente armadura.

La revolución de Internet no es diferente, al final, de otras tantas. Las características de los emprendedores en los sectores de actividad económica suelen ser similares a las de Zuckerberg. Algo lógico dado que los nuevos procesos económicos necesariamente preceden a cualquier legislación y la lucha por la cuota de mercado es, en consecuencia, relativamente brutal. Y así se muestra en la película: donde Zuckerberg mediante tretas legales, abogados y oportunas lecturas acerca de los vicios de quienes le rodean consigue quedarse con todo y ser el indiscutible dueño de Facebook. Pero la diferencia del caso de Zuckerberg es que todo eso lo consigue sin apenas mancharse las manos: algo que le diferencia de los barones ladrones de las nacientes industrias del acero, los ferrocarriles o el petróleo. Y he ahí la diferencia respecto a un Michael Corleone o al despiadado Daniel Plainview, genialmente interpretado por Daniel Day-Lewis, de "Pozos de ambición". El componente físico, torcidamente heroico, de la construcción de los antigüos emporios económicos se desvanece y es sustituído por estrategias legales en forma de e-mail. Como diría Arturo Pérez-Reverte, ahora la pugna por el control de industrias en expansión es una mariconada. Y algo en nuestro interior, algo acaso salvaje, nos dice que es verdad: que Michael Corleone es un tipo listo que busca proteger a su familia (otro elemento ausente en Zuckerberg) mientras que el creador de Facebook es un hijo de puta. Se trata de turbocapitalismo.

Zuckerberg, evidentemente, no mata a nadie. Pero sin embargo se trata de alguien aterrador, en cierto modo, porque se trata, según la película de Fincher, de esa clase de personas que saben leer perfectamente los puntos débiles de los demás y van siempre una jugada o dos por delante de tí. Un personaje despreciable que me recordó mucho al Freddie Miles, interpretado por Philip Seymour Hoffman, de "El talento de Mr. Ripley": un personaje cínico y amoral que veía transparente al personaje de Ripley. Y el Zuckerberg de La red social sin duda ve transparentes a las personas y las manipula con el mismo cargo de conciencia que el científico que experimenta con ratas. 

La red social es la película más conmovedora, en lo trágico, que se ha realizado en bastante tiempo. Es un contundente golpe en el estómago. Zuckelberg, por su parte, es el villano más indignante llevado al cine, también, en mucho. Si la váis a ver saldréis del cine, seguramente, con remordimientos por estar en Facebook. Se trata, en definitiva, de la critica al capitalismo salvaje más elocuente realizada en el cine hasta la fecha: sin moralina en vena ni intenciones ideológicas groseras. Os la recomiendo encarecidamente.







"La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres mas viles: por eso para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse". Jonathan Swift.

jueves, octubre 21, 2010

Partido Popular, desmemoria y crisis de Gobierno

El golpe de efecto de Zapatero ayer supone un cambio de estrategia que era previsible. El PSOE se hunde en las encuestas, desde hace semanas, por múltiples factores pero básicamente por lo que circula por toda tertulia, bar y calle de España: "la culpa de todo es de Zapatero". Una conclusión que, por su audacia, sólo puede ser falsa. No hallaríamos problemas en encontrar muchos temas en los que Zapatero ha sido responsable último de graves errores: las rebajas "regresivas" de impuestos, la negociación con ETA, la apertura del "melón" estatutario, una política de exterior de república bananera, etc... Sin embargo resulta particularmente falso atribuir a Zapatero la actual situación económica de España.

España, como es sabido, está saliendo de una dinámica especulativa que vulgarmente se llamó "burbuja del ladrillo". Una burbuja en la que todos nos pusimos de acuerdo en que los pisos y casas representaban tal riqueza que valía la pena endeudarse: incluso enormemente. El dinero era barato. También se trataba de una "inversión segura" por la que, igualmente, compensaba arriesgar buena parte o todo nuestro patrimonio o crédito. Siempre se ganaba, nadie vendía a la baja. Era una locura. Se hacían viviendas a una velocidad que era evidente que había de sobra pero quienes se dedicaban a ello no paraban de subir los precios y de ganar dinero. Los ayuntamientos, incapaces de autofinanciarse, obtenían mucho dinero. Y con ellos, por supuesto, una enorme cantidad de profesionales liberales y empresas auxiliares así como sus trabajadores. Gente sin cualificación era empleada masivamente en el sector de la construcción y sus aledaños. Aquello era una jauja. Era, en suma, una situación en la que electoralmente era imposible meter mano salvo para aumentar la burbuja. Quien detuviese esa locura para que el aterrizaje fuese más suave tras el colapso de la pirámide especulativa tendría que enfrentarse a una responsabilidad directa sobre un enorme aumento del desempleo y el descontento subsiguiente. ¿Quién haría eso? Desde luego no lo haría Zapatero, pese a su retórica acerca de la renovación del modelo económico español. ¿Lo haría un gobierno del PP?

Que en 1996 existiese un paro del 22,7% y que ahora, tras el colapso del "ladrillo", estemos en un 20,09% debería invitar a la reflexión. ¿Dónde emplear a la enorme mano de obra absorbida por el sector de la construcción? Incluso aunque el impuesto de sociedades se rebajase... ¿qué nuevas empresas o negocios podrían acoger a todos esos trabajadores, la mayoría sin cualificación? Sería impensable, además, sin un ajuste de salarios bastante brusco en múltiples sectores. Algo que pasaría, a su vez, por la necesidad de cambios legales en el ámbito laboral mucho más audaces, incluso, que los que motivaron la reciente huelga general. El PP no haría estos cambios (no los hizo con mayoría absoluta en 2002 porque cedió, precisamente, ante una huelga general) y es más: como recientemente ha reconocido Alberto Recarte (una persona conocida por su anti-izquierdismo y presidente de Libertad Digital) el PP presenta unas propuestas para salir de la crisis que son políticas de gasto de tipo populista o, como él lo llama, "peronista". Algo muy lógico para los de Calle Génova, se entiende, desde la óptica del sectarismo tan caro a muchos españoles: "si el PSOE adopta posturas conservadoras nosotros nos hacemos pasar por el partido de los obreros y viceversa". Como acertadamente dijo el siempre ocurrente, aunque detestable en esencia, José Blanco, el PP trata de vender un "sudoku" populista de difícil solución: bajar impuestos, subir gasto público y reducir el déficit. La excusa para la ocurrencia la curva de Laffer. A saber: menos impuestos significan más actividad y por tanto más recaudación. Pero, como resulta evidente, es imposible saber cuál es el tipo impositivo óptimo de una economía. Por lo tanto las excusas del PP son eso: excusas. No es necesariamente cierto que menos impuestos recauden más y mucho menos hasta el punto en que eso pueda dar la vuelta al actual déficit. Más bien parece necesario subir los impuestos para evitar un colapso financiero del país del que España está peligrosamente cerca desde hace meses. No parece un escenario en el que jugar al sectarismo.

Cuando el PP tomó el poder en 1996 comenzó una recuperación económica del país y el saneamiento de las cuentas públicas. En esto influyeron varias cosas: las ayudas de la UE, la buena coyuntura internacional, un aumento de la presión fiscal del 10% (se aumentaron los tipos a las rentas más bajas y se redujeron a las más altas), se vendieron importantes empresas públicas (Telefónica, Endesa, Aceralia, Argentaria, Tabacalera, Repsol y Gas Natural), se redujo el gasto social, el precio medio de las viviendas aumentó en casi un tercio en apenas cuatro años, etc. Por supuesto en 2010 no existen los fondos europeos, no existe una buena coyuntura internacional, el negocio del ladrillo se ha evaporado y ya no hay empresas públicas que privatizar. ¿Cómo es posible que el PP, o alguien, sugiera que la receta para salir de la crisis actual sería la misma que en 1996? Se trata de propaganda agitativa

La imagen de aguafiestas avezado en la economía a futuro que siempre ha cultivado el Partido Popular es un fraude. Porque el PP acusa al Gobierno actual de no haberse preparado adecuadamente para la crisis. Una acusación que no puede consistir en otra cosa que no haber sabido predecir la crisis. Pues bien: el PP tampoco la predijo y sus propuestas económicas en 2008 lo dejan muy claro pues auguraban años de superavit mientras prometían "mantener la aportación al crecimiento económico y al empleo del sector de la construcción". No había, pues, otra propuesta que seguir en lo mismo: ladrillo, ladrillo y menos impuestos. Una vez el ladrillo se ha terminado no está clara la alternativa y, de hecho, el PP ni la conocía en 2008 ni la conoce ahora. Parece entonces que en la gestión de los asuntos económicos ha de reinar una enorme prudencia, o conservadurismo, para evitar males mayores. Sin embargo, con el PSOE instalado en cierta ortodoxia económica por el imperativo de la situación, el PP apuesta por una actuación parlamentaria simplemente desleal.

Siendo falso que el PP tenga la receta para salir de la actual crisis; su discurso insistente en que, la crisis amainaría con elecciones anticipadas es un simple linchamiento público. Un linchamiento que muchas veces Zapatero se ha ganado a pulso, pero no por esta crisis o no particularmente. Pero es que, de nuevo, la apelación a elecciones anticipadas es otro señuelo: pues con las elecciones autonómicas y locales a la vista, y con la LOREG en la mano, unas elecciones anticipadas en la práctica apenas variarían la fecha de las elecciones generales previstas para 2012 en unos pocos meses. Y he aquí la estrategia del PP: atacar constantemente a Zapatero como culpable de la crisis actual sin añadir nada más para evitar cualquier desgaste. Algo que recuerda a la campaña presidencial de 1840 en los EEUU. En concreto a la campaña del partido whig cuyo candidato era el general Harrison: a quien sus consejeros no le dejaban dar demasiados discursos ni escribir demasiado acerca de nada. Un hecho histórico, en suma, de singular parecido a la situación española actual pues dicha campaña presidencial estuvo marcada por la crisis financiera del "big panic" de 1.837 y a raíz del cual al presidente en funciones Martin Van Buren se le apodó por su oposición "Van Ruin" (Van Ruina). Al igual que los consejeros de Rajoy, los del general Harrison (quien por cierto fue el presidente de mandato más corto al morir sólo un mes después de acceder a la Casa Blanca) aspiraban a conseguir la presidencia convirtiendo al aristócrata general en un hombre del pueblo e infamando a Martin Van Buren, culpándole de todo. Esa es la estrategia del PP. O al menos esa era la estrategia hasta ayer.

Tal y como era de esperar el PSOE decidió ayer contraatacar al PP y terminar así con una tendencia de desgaste electoral progresivo provocado por los cambios de rumbo económicos y la "ofensiva total" del PP contra Zapatero. Cuando, como decía al principio, en la calle está más que nunca el "la culpa de todo la tiene Zapatero" éste cambia su gobierno, y no caprichosamente.

La elevación de Rubalcaba a la vicepresidencia primera del Gobierno representa un gravísimo problema para el PP. Sabiendo cómo se las gasta Rubalcaba resultará imposible que el PP siga centrándose en el linchamiento diario de Zapatero: cuanto menos éste disminuirá. Del mismo modo, habida cuenta de lo especialmente odioso que Rubalcaba resulta para la derecha, será muy sencillo que muchos socialistas que estuviesen pensando en la abstención vuelvan al redil "al calor de la bronca". Sugerir que Rubalcaba es el delfín, el sucesor, como ha hecho Zapatero, es un gesto más en esa dirección: que el PP no dude en atacar a Rubalcaba. Otros cambios ministeriales obedencen a motivaciones electorales (caso de Rosa Aguilar o Valeriano Gómez) e internos del PSOE (Jáuregui y Pajín: en diferentes sentidos). Ya no habrá más demagogia por el lado de los ministerios "de baratillo" de Igualdad y Vivienda. El PSOE, guste o no guste, en resumen, es hoy mucho menos endeble que ayer y según actúe el PP (Rajoy ayer en su comparecencia, donde pidió la dimisión de Zapatero de nuevo, estaba contrariado) repuntará en breve, de nuevo, en las encuestas. De paso, se ha evaporado un debate sobre los Presupuestos que convenía entre nada y nada en absoluto al Gobierno. El nuevo gobierno "es mejor".

Le toca mover ficha a Rajoy. Llegar a la Moncloa no será tan fácil como algunos esperaban.



"Nadie puede sospechar cuántas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero."  Talleyrand.

viernes, octubre 15, 2010

La prueba diabólica de los intolerantes

En estos días muchos dirigentes y personas afines al PSOE han descubierto que los exabruptos del populacho deben ser contenidos, que hay límites. Afirman, con razón, que los pitidos, berreos e insultos que quebraron el silencio de la ceremonia a los caídos por España y en general el desfile del día de la fiesta nacional (la fiesta de verdad, no eso de los toros) son completamente intolerables. Los dirigentes del PP, por su parte, llevan días emitiendo excusas y cínicos comentarios respecto a tan desagradable incidente. En el final de la legislatura de mayoría absoluta del PP, en 2004, el escenario y los actores eran exactamente al revés: el PP clamaba por respetar las reglas de juego y el PSOE disculpaba cuanta manifestación o cacerolada "espontánea" se organizase contra el gobierno y, lo que es peor, las sedes del PP. ¿Quienes viven recordándonos la Reconquista o el franquismo no son capaces ni de acordarse de lo que hacían hace seis años?

Es algo indiscutible que en España, como decía, es difícil que un cambio de gobierno sea un hecho del todo pacífico. Cunden aquí pasiones desatadas. No hay alternancias en el poder sino brutales desalojos. Arrebatarle el poder a PP o PSOE se cubre de tintes golpistas cuando las campañas electorales y las legislaturas se ven ahogadas por las mutuas declaraciones de solemne intolerancia. Hay una España y una anti-España que funcionan en ambas direcciones. Un hecho que explica el prodigio de que por defender lo mismo (el ABC de la democracia) en 2004 uno pase por "facha" y en 2010 por "sociata".

En muchos años en este país no habíamos tenido la desgracia de tener en el debate público un elemento tan cizañador y falsario como el grupo Intereconomía con su "La Gaceta". Porque este libelo, de quienes van al quiosco marcando el paso, concibe el periodismo como un medio de guerra al disidente político: un medio para arruinar reputaciones en nombre de la libertad de expresión. Y, como viene siendo habitual, le ha vuelto a tocar el turno de las calumnias y las insinuaciones a UPyD: La Gaceta dice que varias personas se enriquecieron tras entrar en UPyD. Para apoyar semejante información dan una serie de datos que consisten en un desglose de propiedades (adquiridas casi todas ellas antes de la fundación de UPyD) de una serie de personas y en las opiniones de gente tan creíble e imparcial como Mikel Buesa (ese señor que por atizarle a Rosa Díez está dispuesto hasta a enlazar y dar difusión a artículos de un neonazi). Se viene a insinuar un enriquecimiento ilícito a costa del partido, básicamente, sin otra prueba que las propiedades que una serie de afiliados y ex-afiliados tienen. Así, y al modo de como hicieron con el secretario general de CCOO, se permiten el dislate de insinuar que un sindicalista no habría de tener propiedades, cual monje franciscano. Está claro que quienes son de izquierdas, para estos señoritos de la ultraderecha, o bien son pobres o es que deben ser una suerte de ladrones. Nada se puede descartar de parte de quienes consideran el término "socialista" como insulto que zanja discusiones.

En realidad no hay caso contra UPyD y las informaciones de La Gaceta son una burda manipulación calumniosa. Un compañero lo aclaró perfectamente en su blog. Se trata de una jugada más por parte de la ultraderecha, completamente obsesionada con hundir a Rosa Díez y a UPyD en lo que no puede calificarse sino como una estrategia auspiciada por el PP: inquieto respecto a que la abstención que aspiran a crear pudiese transformarse en una UPyD con más influencia de la que pueden gestionar (pues no en vano viven de falsas apelaciones a la patria, la libertad o el reformismo que UPyD desenmascara una y otra vez en el Congreso de los Diputados).

Y como siempre, en las estrategias de PP o medios como La Gaceta no faltan los "footsoldiers" fanáticos. Así, por ejemplo, la conocida blogger "Anghara" se hizo eco de la calumniosa noticia de La Gaceta y comenzó una suerte de "campaña viral" exigiendo explicaciones, en base a las "informaciones" del diario ultraderechista, a UPyD y concretamente a Juan Luis Fabo. La razón para semejante inquisición serían que Juan Luis Fabo es un "personaje público" al que, presuntamente, sería posible zarandear como se quisiese para exigirle que demostrase su inocencia. Sin embargo Juan Luis Fabo, además de no ostentar cargo público alguno, está protegido por una cosa que se llama "presunción de inocencia". Una circunstancia que ignoran abiertamente quienes exigen explicaciones de Juan Luis Fabo en base a informaciones consistentes en información sesgada o bulos procedentes de personas hostiles. De ahí que un servidor se pasase por el blog de la tal "Anghara" a señalarlo. La respuesta a mis intervenciones por parte de los parroquianos del lugar fue la habitual entre los miembros de la ultraderecha internetera: el empleo del término "socialista" como insulto, sugerir que yo me lucro en UPyD o que estoy metido en sindicatos, chistes sobre la LOGSE, insinuaciones acerca de la falta de inteligencia o capacidad para regirse de un servidor y las genéricas acusaciones de maldad. En resumen: tanto "Anghara" como sus parroquianos decían que Juan Luis Fabo debía demostrar su inocencia o que poco menos se le iban a manifestar delante de la casa cada día. Una impaciencia tan impertinente como llamativa en la medida en que no se da, por parte de estos individuos, hacia las personas del PP que sí tienen causas abiertas con la justicia.

"Anghara" es una comentarista habitual en la blogosfera derechista. Escribe como si fuese una suerte de reportera de investigación y dedica buena parte de su blog a realizar artículos de muy grueso calibre contra "la izquierda". Sumándose a ese dislate que se conoció en su día por "eclosión liberal" (gracias Girauta) "Anghara" dice ser liberal porque es antiizquierdista. Para ella tiene su lógica pues  para los discípulos del pensamiento losantiano ser liberal consiste en ser antiizquierdista. De ahí el absurdo de que personas que hacen apología de la monarquía absoluta o se dedican a expandir bulos de la peor especie sobre sus rivales ideológicos se muestren violentamente contrariados cuando alguien que tiene una ligera idea acerca de en qué consiste históricamente el liberalismo (y más en España) les intenta sacar de su error. La reacción, el búnker o la extrema derecha, como quiera que la llamemos, se ha llegado a convencer en estos últimos años que adoptar la etiqueta de liberal (curiosamente como los neonazis en Austria) resulta adecuado. "Anghara" sin duda sigue esa línea y pretende, además, ser una suerte de observadora objetiva de la realidad política española. Nada más lejos de la verdad.

Resulta que llegó a mi conocimiento que "Anghara" tiene por nombre real Almudena Negro. Una persona que lejos de no ser partidista fue, de hecho, alcaldesa de Braojos de la Sierra (Madrid) bajo las siglas del PP. Si en este blog fuésemos la mitad de malintencionados de que lo es el blog de "Anghara" o La Gaceta hacia el señor Juan Luis Fabo podríamos exigirle a Almudena Negro toda suerte de explicaciones acerca de cuál era su patrimonio antes y después de ostentar la alcaldía de Braojos o cualquier otra cosa tras indagar superficialmente sobre ella. Así se lo dije en su blog a la señora Negro, pero lejos de entender lo que le estaba planteando decidió amenazarnos a mí y al señor Miguel Ángel Quintana con una querella. Algo sumamente curioso viniendo de una persona que tiene por título de su blog algo tan sonoro como "Es la libertad de expresión, idiotas" y que, como hemos visto, se dedica a dar pábulo a las insinuaciones de enriquecimiento ilícito realizadas por La Gaceta. Vemos cómo opera aquí, de nuevo, el juego del fanatismo, de la España y la Anti-España. Lo que vale para mí no vale para el otro. Se trata de una intolerancia tan brutal que se ahoga en la permanente contradicción. Pues no en vano "Anghara"/Almudena Negro dice que Miguel Ángel Quintana "revela datos privados" al sugerir que es una persona que ha tenido vínculos con el PP en el pasado para luego decir que ella nunca pretendió fingir que "Anghara" y Almudena Negro eran personas diferentes o que es ex-alcaldesa del PP. Asimismo, la persona que ahora amenaza con querellas a quienes le incomodan lleva varios días publicando artículos en que dice ser víctima de coacciones e "intentos de hacerle callar" por parte de Miguel Ángel Quintana (a quien denomina "dirigente nacional de UPyD" y respecto al cual va a hablar hoy en Intereconomía Radio a las 21:00 horas, tal y como anuncia en su twitter). ¿Esto cómo se come? ¿Cómo se puede pretender "damisela ofendida" una persona que despacha a sus rivales ideológicos bajo acusaciones gratuitas como "chequistas"? Algo no cuadra.

Es algo tradicional: el infinito victimismo, llegando a la cursilería, de la ultraderecha va parejo al elevado tono de sus insultos y sus amenazas. Por eso el director de La Gaceta, Carlos Dávila, se permite el lujo de lloriquear en directo por ser objeto de querellas por injurias y calumnias (ojo, que hasta la AVT ha querellado a este señor), interpretándolo como un "ataque en toda regla a la libertad de expresión", mientras permite o fomenta que en su diario se produzcan detritos de la categoría de los mencionados. Detritos en los que a sabiendas se proporciona información que no prueba, o incluso desmiente, las acusaciones que los acompañan. Porque todos tenemos derecho a la presunción de inocencia y mucho más cuando las acusaciones que se hacen son una grosera manipulación. ¿Qué sería de nuestra democracia si fuésemos todos exigiéndole al vecino que demostrase su inocencia respecto de lo que se nos ocurriese acusarle? La respuesta es evidente.

Si vuelve el PP a gobernar este país no sé qué será de estos nuevos medios de ultraderecha. De lo que no me cabe duda es de que muchos que hoy llaman a manifestaciones majaderas y berridos fanáticos "libertad de expresión" dirán que no, que son intolerables. Y quienes hoy se quejan amargamente de los ultraderechistas que les abuchean pasarán a sonreir ante los exabruptos hechos hacia un gobierno del PP. Así de trágico y, al mismo tiempo, de ridículo. ¿Tendremos que volver a la fórmula de la penúltima restauración monárquica? ¿De Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas? Porque parece que algunos siguen pensando que hacer oposición es una labor, por desleal, rayana en el golpismo.




"El gran enemigo de la democracia es la militarización del pensamiento político." Fernando Morán.

PS: Almudena Negro/Anghara intervino hoy en "A fondo", de Radio Intereconomía, dirigido por el incendiario Enrique de Diego. Allí intentó hacer pasar a Miguel Ángel Quintana por un altísimo cargo de UPyD, sin serlo, acaso para engrandecer su muy particular pataleta ("libertad de expresión para todos menos para los que me critican", "calumnias gratis hacia Juan Luis Fabo pero no digáis por ahí cuál es mi nombre"). Igual que Almudena Negro, y Enrique de Diego (que es un colosal ignorante por cuanto llama al berrido y la intolerancia mientras dice parafrasear nada menos que a Popper: adalid, el autor liberal, más bien de la lucha contra la intolerancia), intentan colar la idea de que a Juan Luis Fabo se le puede zaherir públicamente de forma gratuita en cuanto es un "cargo público". Porque un liberado sindical no es un cargo público ni un personaje público. Por esto es especialmente grave exigir que demuestre su inocencia (prueba diabólica) respecto a una serie de mezquinas y falsarias informaciones de La Gaceta.

En definitiva: esta gente es aterradora. No sólo no tienen límites a la hora de hacerle mal a quienes no piensan como ellos sino que encima pretenden en todo momento ser las víctimas sacrosantas de la conspiración que se inventan al efecto.

viernes, octubre 01, 2010

Un vistazo a la colección "Fuerzas de Élite"

Bloguzz me concedió la oportunidad de recibir los cinco primeros números de la colección de RBA "Fuerzas de élite" a condición de hacer aquí una reseña de los mismos. Una ventaja de ser blogger y, sin duda, un nuevo avance en el marketing referido a colecciones: cuya publicidad es tan habitual en televisiones y radios, como sabemos, con el comienzo del nuevo curso académico.

Para hablar de la colección "Fuerzas de élite" debemos ante todo hablar de calidad. Pues son muchas las colecciones que ofrecen productos de carácter divulgativo y, sin duda, no es el caso de esta. La colección se fundamenta en una serie de monografías sobre tropas de élite de la prestigiosísima Osprey Publishing. Una editorial que cualquiera que tenga gusto por la historia militar simplemente no puede desconocer. Las monografías de dicha editorial van de lo general a lo particular, con publicaciones de mayor o menor extensión, desde el comienzo de los tiempos documentados a los conflictos militares de la actualidad. Y semejante cobertura la alcanzan mediante el concurso de muchos y prestigiosos historiadores que ponen su pluma al servicio de las más apasionantes, y exhaustivas, historias. En dicha editorial hay "series" en las que o bien se tratan conflictos bélicos en particular, o los pormenores de una batalla en concreto o a las unidades de combate de tal o cual ejército. Este último caso es el de la colección de RBA "Fuerzas de élite".

Los cinco números que me fueron facilitados versan sobre: la Legión Española, los Marines norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, los francotiradores, la Legión Cóndor y las S.S alemanas. Cada uno de ellos se basan en el trabajo de diferentes historiadores; una circunstancia que hace variar el enfoque que se le da a cada uno de ellos. Sin embargo, a todos es común una enorme cantidad de detalles y anécdotas desmitificadoras sumamente gratas para quienes ya hayan leído materiales más divulgativos. Aunque, eso sí, el nivel de detalle no está, en general, reñido con el interés. Un interés que se ve reforzado por el amplio abanico de fotografías e ilustraciones que pueblan todos y cada uno de los títulos que he podido leer.

A diferencia de otras colecciones, la de "Fuerzas de élite" no se basa en un producto que se ve acompañado de un añadido en forma de pequeña monografía. En este caso el producto es la monografía en cuestión. Esto lo hace un producto, como he sugerido antes, especialmente atractivo para quienes estamos interesados en la historia en general: sin necesidad de ser grandes aficionados a la historia militar específicamente. Máxime cuando no es habitual, generalmente, encontrar los títulos de Osprey en las librerías generalistas en España. Porque no somos pocos quienes conocemos las obras de Osprey exclusivamente en inglés. Ahora tenemos a nuestra disposición, gracias a RBA, una forma directa y simple de encontrar estas maravillosas monografías.

Por otra parte, el principal problema que podemos encontrar con los libros de Osprey en esta colección de "Fuerzas de élite" es que nos veamos abrumados por las secciones dedicadas a uniformes y armamento o, más especialmente, con el engorroso sistema de láminas incluído. Engorroso, digo, porque encontrándose las láminas en la mitad de la obra debemos ir hacia el final de la misma para encontrar los comentarios a las mismas. Sea como fuere la mecánica que yo recomiendo es dejar las láminas para el final tras leer el cuerpo de la monografía siguiendo el hilo principal.

La monografía, de las cinco a las que amablemente Bloguzz me ha dado acceso, que más me gustó es la referida a los Marines de la Segunda Guerra Mundial. La razón es la forma en que se nos muestra la vida dentro del USMC: a través del testimonio "novelado" de un miembro de la cuarta división de marines desde su reclutamiento e instrucción a su traslado y combate en el campo de operaciones del Pacífico. En esta monografía se conocen algunos detalles muy interesantes sobre las condiciones del servicio en los Marines y, en general, en cualquier cuerpo armado durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo: los contenedores de lanzallamas, pese a lo que se muestra en el cine, rara vez explosionaban al ser impactados por balas. Resulta también singular la enemistad este-oeste, al parecer ya tradicional, entre los Marines instruidos en California (Camp Pendleton) o en Carolina del Norte (Camp Lejeune).


Otra que me gustó mucho es la monografía dedicada a los francotiradores. Es también muy detallada y cubre las evoluciones de la óptica y los fusiles de precisión desde la guerra de independencia norteamericana a la actualidad. Se narran muchas anécdotas sobre algunos francotiradores, y su tenacidad, así como se ponen en duda algunos tópicos sobre el oficio bastante extendidos. Tópicos como que los francotiradores se apostaban en posiciones elevadas "obvias" como un campanario (especialmente brillante, en esta entrega de la colección, una lámina sobre un "pueblo tipo" de la Francia de 1944 y las localizaciones óptimas de un francotirador) o que son un oficio para buenos tiradores. En realidad,  para el oficio de francotirador son más aptos quienes tienen capacidad para el acecho y la caza mucho antes que quienes tengan buena puntería. En la monografía, además, se hace una crítica al tratamiento oficial que han recibido los francotiradores, tradicionalmente, en los ejércitos: pues rara vez se han establecido unidades estables, e independientes, de francotiradores. Este ejemplar de la colección "Fuerzas de Élite" termina afirmando, rotundo: "en el campo de batalla del futuro no será posible esconderse de un francotirador".

Por otra parte, otro ejemplar muy notable es el dedicado a la Legión Condor. Muy notable, además, por la circunstancia de que los archivos del ejército alemán referidos a esta célebre unidad fueron destruídos por un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. De ahí que el monográfico en cuestión sea especialmente valioso: pues establece teorías razonables acerca de la uniformidad y equipos a través del análisis de los documentos fotográficos disponibles sobre la unidad. Curioso el detalle de que los soldados alemanes que sirvieron como voluntarios en el bando nacional durante la guerra civil recibían en dicho ejército el grado inmediatamente superior al que ostentaban en el alemán.

Después se deben mencionar las monografías dedicadas a las S.S nazis o la Legión Española. El de la Legión muestra una buena, y pormenorizada, narración cronológica de la guerra del Rif y del enormemente valioso papel que la recién surgida Legión tuvo. Se añade también una reseña menor sobre su papel durante la guerra civil y los papeles que ha ido adoptando en los últimos tiempos. Sin embargo, de nuevo, llaman la atención las curiosas anécdotas que se mencionan. Por ejemplo: los correajes iniciales que llevaron los soldados de las primeras banderas de la Legión fueron adquiridos a los británicos en Gibraltar. La monografía dedicada a las S.S alemanas, por su parte, si bien mantiene el tono de corrección y calidad del resto de los ejemplares tiene un problema de planteamiento que lo hace un poco más incómodo de leer. Porque si bien todos los ejemplares de "Fuerzas de Élite" analizados tenían una generosa sección para analizar armas, uniformes y equipos en este dedicado a las S.S aparece directamente al principio y eso hace difícil "hincarle el diente". Sin embargo, como decía, el cuidado y detalle de los contenidos es marca Osprey: imposible de rechazar.

A los que os interese, y los que podáis, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con las monografías que vayan saliendo. Cada ejemplar es un tesoro que vale tan solo 9,95 €. Alrededor de 70 páginas cada uno. Es de RBA, es de Osprey: horas y horas de lectura de calidad garantizada para amantes de la historia. Aprovecho para dar las gracias a Bloguzz por darme la oportunidad de leer y comentar esta interesantísima colección.



"Se puede quitar a un general su ejército, pero no a un hombre su voluntad." Confucio