Como algunos saben, estoy particularmente aficionado a escuchar a los medios de comunicación de derechas. Estoy acostumbrado a ello porque siempre he sido más afín a la derecha que la izquierda. Sin embargo esta tendencia ya no rige mi elección de dial ni de canal televisivo sino más bien un interés en observar, al modo del patólogo, la decadencia de los restos putrefactos. Y en esas anda,
como en norteamérica, buena parte de la derecha actual.
Actualmente en España se está operando una circunstancia excepcional. El Partido Popular ha variado su estrategia para pasar de una línea de "derecha dura" (basada en diversas imposturas patrioteras) la pasada legislatura a una de "derecha blanda" (basada en la pura demagogia populista). Esto se ha trasladado, por ejemplo, a la línea editorial de la Cadena COPE. Sin embargo, un crecido grupo Intereconomía y la guerrilla mediática del grupo de Libertad Digital han elevado aún más el tono del discurso. Una colisión con la línea "blanda" del PP que no impide, por supuesto, diversas colaboraciones y que desde esos grupos se pida, de un modo u otro, el voto al PP.
Federico Jiménez Losantos, como tantas veces hemos dicho en este blog, es un personaje errático. Se trata de la típica clase de individuo "borderline" que pasa de la entusiasmada adhesión a la completa hostilidad con asombrosa facilidad. Se engrandeció criticando "el monopolio mediático de la izquierda" pero al mismo tiempo no dudó en consolidar un grupo mediático para el que la más elemental ética periodística le es desconocida y que subordina todos sus esfuerzos (y plumas) a la promoción de determinados intereses políticos. Losantos siempre planteó que Libertad Digital era un medio de difusión de un pensamiento liberal superador del "conservadurismo colectivista" o los enfoques de extrema derecha. Sin embargo su afilada y calumniosa retórica, su crítica sistemática del "centrismo" y su antiizquierdismo radical convirtieron a La Mañana de COPE en un punto de referencia imprescindible de la derecha más exaltada. EN dicho programa fueron desapareciendo los contenidos y tertulianos que no fuesen, directamente, combativos con la izquierda. Ni que decir tiene que entonces dicho programa dejo de ser parte de alguna programación informativa para convertirse en el púlpito desde el que Losantos señalaba a los héroes o los traidores del momento. Su habitual entradilla diaria "tenemos muchas noticias, ninguna buena" muestra a las claras su vocación incendiaria. Sin embargo, como es sabido, llegado el momento, esto fue demasiado cuando apostó por el discurso antisistema en el que se halla en la actualidad. De ahí su salida de COPE y la fundación de esRadio, la cadena de radio de Libertad Digital. A estas alturas Losantos había llevado su discurso al extremo.
Pero Losantos y su grupo de Libertad Digital echados al monte son apenas unos mojigatos al lado del grupo Intereconomía. Dicho grupo, que durante un tiempo emitió sin tener realmente ninguna relevancia, con la proliferación del TDT ha ido creciendo en audiencia y, claro, en captación de publicidad. Un hecho que sin duda permitió que dicho grupo salvase de la ruina a
La Gaceta al adquirirla y convertila en un diario generalista. Ello constituye, junto con el fichaje de reconocidos profesionales (
Manuel Torreiglesias,
Juan Ignacio Ocaña o
Josep Pedrerol), un evidente paso al frente en las ambiciones de Julio Ariza y los suyos de conseguir organizar un grupo mediático para "la derecha". Los anuncios corporativos que se emiten en Intereconomía TV no pueden ser más explícitos:
"Orgullosos de ser de derechas". Y "ser de derechas", según Intereconomía, consiste más o menos en ser partidario de la confesionalidad del Estado, centralista, anti-separatista, antiabortista, vagamente nacionalsindicalista, antiizquierdista, xenófobo, homofóbico y protaurino. Una definición, por supuesto, que excluye a un elevado número de derechistas. Una exclusión que llega mucho más lejos que las realizadas por Losantos porque de acuerdo a los cánones nacionales el "orgullosos de ser de derechas" de Intereconomía se traduce, en realidad, en un estruendoso "orgullosos de ser fachas". Porque, siendo serios y haciendo caso omiso de las invectivas izquierdistas de rigor, en España nunca existió un fascismo en el sentido de otros países europeos, en el sentido de la "ortodoxia" (por así llamarla) fascista. Ese fascismo en realidad fue, y es, en España un conglomerado nebuloso en que se dan cita medievalistas cavernosos, patrioteros impenitentes, monárquicos extravagantes, reaccionarios de toda laya y un muy pequeño núcleo de fascistas que, sin embargo, estaban ampliamente "evangelizados". Un fascismo muy particular puramente basado en el griterío, la idea de "caudillos salvadores" y complejos históricos particularmente arraigados. Una cuestión, en definitiva, de volumen y no de ideas.
La particular tragedia de Losantos es verse, ya abandonado por Pedro J. Ramírez, convertido en un peón de Intereconomía. Esto se debe a que el liderazgo de la derecha mediática de Losantos estaba basado no en ese liberalismo que él decía defender sino en ese exaltado discurso antiizquierdista que sonaba a música celestial entre la extrema derecha española. Y estando en esas, los de Intereconomía ganan a Losantos porque van mucho más allá que él y tienen, al parecer, mayores medios financieros. He aquí el peligro supremo de quien fía su suerte en la radicalidad de su discurso: que es habitual que aparezcan otros aún más radicales. Más radicales y más villanos, todo hay que decirlo, porque si bien Libertad Digital es un monumento al despropósito periodístico, las "cazas al hombre" que aparecen día sí día también en las portadas de La Gaceta están en un nivel de maldad superior. En La Gaceta el manual de estilo parece ser la
"Vida de los Doce Césares" de Suetonio Tranquilo.
Recientemente y con motivo del nuevo año mediático Intereconomía TV presentó un nuevo Telediario de la noche presentado por
José Javier Esparza, Pilar García de la Granja y
Eduardo García Serrano. Éste último, reconocido falangista e
injuriador de la peor especie, afirmó respecto a este nuevo telediario lo siguiente:
"No queremos ser objetivos. Ya está bien de eso de la objetividad. Nosotros no queremos ser objetivos sino decir la verdad". Una afirmación que apenas esconde la infecciosa realidad que todo lo cubre en Intereconomía: la de concebir el periodismo como un medio de guerra abierta en contra de quienes no piensan como tú. Se trata de la completa intolerancia, la total incomprensión del contrario. Una mentalidad para la que el pluralismo político no es sino origen de permanente escándalo y alarma. No sorprenderá a nadie que esta extrema derecha, cuyo discurso representa a más seborrea que personas, se complazca lo mismo en insultar al pueblo que en hablar, a la primera de cambio, como si representase un clamor español ensordecedor: es la mentalidad del cuartelazo de toda la vida. Y nadie mejor que Eduardo García Serrano, por supuesto, para ser protagonista de semejantes "ideas" pues parece una persona que en cualquier momento va a poner una pistola sobre la mesa si se ve contrariada.
En España se dice que somos muy cotillas y muy malos vecinos. Si eso es cierto, mucho me temo que al "formato" de Intereconomía le esperan días de oro (sobre todo, ni que decir tiene, si Rajoy vuelve a perder las Generales). Un hecho que sólo puede traernos tristeza pues nos devuelve a la cavernícola realidad de los "ideólogos" de la derecha actual: igual de paupérrimos y vocingleros que los de siempre. La semilla de su éxito la puso Losantos. Él decía querer buscar un espacio para el liberalismo en los medios españoles pero simplemente consiguió lo que parecía imposible: que locutores y "opinadores" fascistas ya suenen como algo "normal" o "corriente" en el panorama mediático español. Que se abran espacios de opinión, e impunidad, desde los que inflamar prejuicios que se creían arrinconados en un cuarto muy oscuro. De nuevo la tragedia goyesca: el sueño de la razón produce monstruos.

"Nada corre tanto como la calumnia, nada se lanza con más facilidad, se acoge con más presteza y se difunde tan ampliamente." Cicerón.