martes, septiembre 21, 2010

Se acabó la Universidad

Quienes se hayan tomado la molestia de leer mi perfil de blogger (11.659 amigos y enemigos) durante los seis años de vida que tiene Reflexiones Iracundas sabrán que yo estudiaba Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de La Coruña. Pues bien, hoy mismo he sabido la nota que certifica que he superado todas las asignaturas y he terminado con la Universidad.

Mis experiencias en la Universidad, como las de cualquier otro, son irremplazables aunque no todas positivas. Entré por una puerta en la Universidad y sencillamente saldré por la misma, sin excesivas nostalgias. El carácter de la "doble titulación", de cuya primera promoción formé parte, impuso que el perfil de mis compañeros fuese muy particular. Porque si una clase en la universidad es un conjunto aleatorio de individuos que, generalmente y debido a su elevado número, tiende a estar compuesto por muy diversas categorías de personas en el caso de la "doble titulación" había poco donde "elegir". El perfil de quienes estaban conmigo en la "doble titulación" era el de los opositores: poca camaradería, desinformación, individualismo antisocial y, finalmente, grandes dosis de olvido. Sé por experiencia que los alumnos de promociones ulteriores eran mucho más "normales". Algo lógico dado que la existencia de la "doble titulación" era desconocida para casi todos los que entrábamos en la Universidad en aquel Julio de 2003. Sea como fuere dejo la Universidad con unos pocos nombres que respeto, ellos saben quiénes son.

Respecto a los profesores poco bueno se puede decir. Baste remachar el bajo juicio que me merecen mis ex-compañeros universitarios con que éstos juzgaban peor a quienes eran los mejores profesores. Porque Julio García Camiñas, profesor de Derecho Romano, o Javier Prado Domínguez, profesor de Hacienda Pública, son dos genios del pensamiento pragmático a los que jamás olvidaré. Tampoco  me olvidaré del profesor Moinelo (la url de este blog está dedicada a él), de Microeconomía, o el despistado José Luis Álvarez, de Contabilidad. Personas de valía que tenían contacto con el mundo real, con el mundo de la empresa y allí donde se toman decisiones. Todos ellos por una razón o por otra (tal vez por tener carácter y ver más allá de la memorística de cada cual) eran generalmente denostados por mis ex-compañeros, que preferían profesores de perfiles más tenebrosos (de los que adoran al loro repetidor) o más blandos (esos embaucadores que te aprueban por irles a clase). Sin embargo son los profesores que yo más valoro. Los otros, más o menos populares, quedan en mi memoria como protagonistas de bastantes disparates. Entre ellos a destacar Domingo Verdini Deus (historia económica de España), Alberte Martínez López (historia económica mundial), Miguel Ángel Pérez Álvarez (Derecho Civil IV), Marcos López Suárez (Derecho Civil IV) y un largo etcétera de impresentables. Profesores que buscaban formas de suspender y nunca de enseñar: muchas veces desde la mala fe extrema y la total ausencia de educación.

Ha sido duro. Ha sido duro encadenar examen tras examen durante meses mientras mis amigos, que cursaban otras carreras, salían de fiesta día sí día también. La combinación de Derecho y ADE fue, por momentos, alocada: chapar para un Derecho Civil y luego un examen de Econometría. Muchos lo dejaron, claro. De los 60 y pico que empezamos, terminamos 31. No sería capaz de afrontar algo así de nuevo: demasiadas privaciones. Me alegro, de todos modos, de haber cursado mis estudios antes de que la Universidad se convirtiese en un "Instituto 2", aplicación absurda de Bolonia mediante. Ahora esperemos encontrar trabajo sin necesidad de másters y otras hipocresías.

En cualquier caso a mi período universitario debo, íntegramente, el haber conocido a la persona con la que espero poder compartir mi futuro: Celia. Éso es lo mejor y compensa, con mucho, todos los demás sinsabores. 




"Los exámenes son formidables incluso para el mejor preparado, ya que el mayor estúpido puede preguntar más de lo que el mayor sabio pueda responder." Charles Caleb Colton

jueves, septiembre 16, 2010

El espectro mediático de la ultraderecha: de Losantos a Intereconomía

Como algunos saben, estoy particularmente aficionado a escuchar a los medios de comunicación de derechas. Estoy acostumbrado a ello porque siempre he sido más afín a la derecha que la izquierda. Sin embargo esta tendencia ya no rige mi elección de dial ni de canal televisivo sino más bien un interés en observar, al modo del patólogo, la decadencia de los restos putrefactos. Y en esas anda, como en norteamérica, buena parte de la derecha actual.

Actualmente en España se está operando una circunstancia excepcional. El Partido Popular ha variado su estrategia para pasar de una línea de "derecha dura" (basada en diversas imposturas patrioteras) la pasada legislatura a una de "derecha blanda" (basada en la pura demagogia populista). Esto se ha trasladado, por ejemplo, a la línea editorial de la Cadena COPE. Sin embargo, un crecido grupo Intereconomía y la guerrilla mediática del grupo de Libertad Digital han elevado aún más el tono del discurso. Una colisión con la línea "blanda" del PP que no impide, por supuesto, diversas colaboraciones y que desde esos grupos se pida, de un modo u otro, el voto al PP.

Federico Jiménez Losantos, como tantas veces hemos dicho en este blog, es un personaje errático. Se trata de la típica clase de individuo "borderline" que pasa de la entusiasmada adhesión a la completa hostilidad con asombrosa facilidad. Se engrandeció criticando "el monopolio mediático de la izquierda" pero al mismo tiempo no dudó en consolidar un grupo mediático para el que la más elemental ética periodística le es desconocida y que subordina todos sus esfuerzos (y plumas) a la promoción de determinados intereses políticos. Losantos siempre planteó que Libertad Digital era un medio de difusión de un pensamiento liberal superador del "conservadurismo colectivista" o los enfoques de extrema derecha. Sin embargo su afilada y calumniosa retórica, su crítica sistemática del "centrismo" y su antiizquierdismo radical convirtieron a La Mañana de COPE en un punto de referencia imprescindible de la derecha más exaltada. EN dicho programa fueron desapareciendo los contenidos y tertulianos que no fuesen, directamente, combativos con la izquierda. Ni que decir tiene que entonces dicho programa dejo de ser parte de alguna programación informativa para convertirse en el púlpito desde el que Losantos señalaba a los héroes o los traidores del momento. Su habitual entradilla diaria "tenemos muchas noticias, ninguna buena" muestra a las claras su vocación incendiaria. Sin embargo, como es sabido, llegado el momento, esto fue demasiado cuando apostó por el discurso antisistema en el que se halla en la actualidad. De ahí su salida de COPE y la fundación de esRadio, la cadena de radio de Libertad Digital. A estas alturas Losantos había llevado su discurso al extremo.

Pero Losantos y su grupo de Libertad Digital echados al monte son apenas unos mojigatos al lado del grupo Intereconomía. Dicho grupo, que durante un tiempo emitió sin tener realmente ninguna relevancia, con la proliferación del TDT ha ido creciendo en audiencia y, claro, en captación de publicidad. Un hecho que sin duda permitió que dicho grupo salvase de la ruina a La Gaceta al adquirirla y convertila en un diario generalista. Ello constituye, junto con el fichaje de reconocidos profesionales (Manuel Torreiglesias, Juan Ignacio Ocaña o Josep Pedrerol), un evidente paso al frente en las ambiciones de Julio Ariza y los suyos de conseguir organizar un grupo mediático para "la derecha". Los anuncios corporativos que se emiten en Intereconomía TV no pueden ser más explícitos: "Orgullosos de ser de derechas". Y "ser de derechas", según Intereconomía, consiste más o menos en ser partidario de la confesionalidad del Estado, centralista, anti-separatista, antiabortista, vagamente nacionalsindicalista, antiizquierdista, xenófobo, homofóbico y protaurino. Una definición, por supuesto, que excluye a un elevado número de derechistas. Una exclusión que llega mucho más lejos que las realizadas por Losantos porque de acuerdo a los cánones nacionales el "orgullosos de ser de derechas" de Intereconomía se traduce, en realidad, en un estruendoso "orgullosos de ser fachas". Porque, siendo serios y haciendo caso omiso de las invectivas izquierdistas de rigor, en España nunca existió un fascismo en el sentido de otros países europeos, en el sentido de la "ortodoxia" (por así llamarla) fascista. Ese fascismo en realidad fue, y es, en España un conglomerado nebuloso en que se dan cita medievalistas cavernosos, patrioteros impenitentes, monárquicos extravagantes, reaccionarios de toda laya y un muy pequeño núcleo de fascistas que, sin embargo, estaban ampliamente "evangelizados". Un fascismo muy particular puramente basado en el griterío, la idea de "caudillos salvadores" y complejos históricos particularmente arraigados. Una cuestión, en definitiva, de volumen y no de ideas. 

La particular tragedia de Losantos es verse, ya abandonado por Pedro J. Ramírez, convertido en un peón de Intereconomía. Esto se debe a que el liderazgo de la derecha mediática de Losantos estaba basado no en ese liberalismo que él decía defender sino en ese exaltado discurso antiizquierdista que sonaba a música celestial entre la extrema derecha española. Y estando en esas, los de Intereconomía ganan a Losantos porque van mucho más allá que él y tienen, al parecer, mayores medios financieros. He aquí el peligro supremo de quien fía su suerte en la radicalidad de su discurso: que es habitual que aparezcan otros aún más radicales. Más radicales y más villanos, todo hay que decirlo, porque si bien Libertad Digital es un monumento al despropósito periodístico, las "cazas al hombre" que aparecen día sí día también en las portadas de La Gaceta están en un nivel de maldad superior. En La Gaceta el manual de estilo parece ser la "Vida de los Doce Césares" de Suetonio Tranquilo.

Recientemente y con motivo del nuevo año mediático Intereconomía TV presentó un nuevo Telediario de la noche presentado por José Javier Esparza, Pilar García de la Granja y Eduardo García Serrano. Éste último, reconocido falangista e injuriador de la peor especie, afirmó respecto a este nuevo telediario lo siguiente: "No queremos ser objetivos. Ya está bien de eso de la objetividad. Nosotros no queremos ser objetivos sino decir la verdad". Una afirmación que apenas esconde la infecciosa realidad que todo lo cubre en Intereconomía: la de concebir el periodismo como un medio de guerra abierta en contra de quienes no piensan como tú. Se trata de la completa intolerancia, la total incomprensión del contrario. Una mentalidad para la que el pluralismo político no es sino origen de permanente escándalo y alarma. No sorprenderá a nadie que esta extrema derecha, cuyo discurso representa a más seborrea que personas, se complazca lo mismo en insultar al pueblo que en hablar, a la primera de cambio, como si representase un clamor español ensordecedor: es la mentalidad del cuartelazo de toda la vida. Y nadie mejor que Eduardo García Serrano, por supuesto, para ser protagonista de semejantes "ideas" pues  parece una persona que en cualquier momento va a poner una pistola sobre la mesa si se ve contrariada.

En España se dice que somos muy cotillas y muy malos vecinos. Si eso es cierto, mucho me temo que al "formato" de Intereconomía le esperan días de oro (sobre todo, ni que decir tiene, si Rajoy vuelve a perder las Generales). Un hecho que sólo puede traernos tristeza pues nos devuelve a la cavernícola realidad de los "ideólogos" de la derecha actual: igual de paupérrimos y vocingleros que los de siempre. La semilla de su éxito la puso Losantos. Él decía querer buscar un espacio para el liberalismo en los medios españoles pero simplemente consiguió lo que parecía imposible: que locutores y "opinadores" fascistas ya suenen como algo "normal" o "corriente" en el panorama mediático español. Que se abran espacios de opinión, e impunidad, desde los que inflamar prejuicios que se creían arrinconados en un cuarto muy oscuro. De nuevo la tragedia goyesca: el sueño de la razón produce monstruos.



"Nada corre tanto como la calumnia, nada se lanza con más facilidad, se acoge con más presteza y se difunde tan ampliamente." Cicerón.

lunes, septiembre 13, 2010

Rebelión a bordo

Mucho se ha escrito sobre la película "Rebelión a bordo" de Lewis Milestone. Curiosamente la crítica no duda en minusvalorarla. La condenan ya sea en base a los problemas de rodaje y cambios de dirección creados y provocados por Marlon Brando o en base a ñoñerías nostálgicas: tan propias del gremio de los críticos de cine. Sea como fuere, bajo mi punto de vista la "Rebelión a bordo" de 1962 es la mejor de las tres adaptaciones que, hasta la fecha, se han realizado de la historia de la travesía del HMAV Bounty.

Aún es objeto de discusión qué ocurrió en la Bounty y cuál fue la razón por la que Fletcher Christian se amotinó contra su amigo y capitán el teniente de navío William Bligh. Sea la causa la brutalidad o ruindad de Bligh o la lujuria de Christian y los suyos, lo que resulta claro es que se trata de una aventura notable. Una aventura tan notable que ha sido objeto de tres grandes producciones.

La razón por la que prefiero la versión que tiene por protagonistas a Marlon Brando (Christian) y Trevor Howard (Bligh) es que se trata de la más trascendente de todas. La historia que en ella se cuenta no aspira a otra cosa que representar una contienda moral entre el bien y el mal. Una lucha maniquea entre un bien y un mal que se muestran en franca relatividad. Una lucha entre un Bligh, hecho a sí mismo, obsesionado con el deber y la disciplina y un Christian, aristocrático, embriagado de amor propio. La pugna entre ambos es la pugna entre dos formas de mal que, según las apariencias, comportan la lucha por un bien. Y este es el objeto fundamental de la película.

En la versión de Milestone todo se subordina a la contienda moral entre la tiranía y la libertad. Es por esto que en muchos aspectos se trata de la versión menos fiel a la auténtica historia de la Bounty. Sin embargo la propia idea que la gente tuvo siempre respecto a la Bounty fue esa: Bligh era un malvado que llevó al extremo a su tripulación y ésta se amotinó. Es posible que no sea cierta, pero no es menos cierto que Bligh, quien llegó a vicealmirante, tuvo a lo largo de su vida que enfrentarse a más motines entre sus hombres. Una interesante correlación. Sin embargo el Bligh de la versión de Milenstone es una caricatura, igual que Christian. Porque en la Bounty sólo murieron dos tripulantes bajo el mando de Bligh y ninguno de ellos por causa de sus órdenes: por un lado murió el médico, alcoholizado, y por otro un hombre que contrajo fiebres. Lo cual significa que es falso que Bligh ejecutase a alguno de sus hombres. Ni siquiera parece cierto que Bligh repartiese latigazos con fruición entre la tripulación, como mantiene la película. No, no hay una precisión histórica. Dicha precisión se alcanza, más o menos, en el film de 1.984 de Roger Donaldson, pero eso no interesa. Lo interesante es la aventura y no desmitificarla. Tampoco resiste la comparación, por su evidente  moralina, la versión de 1.935. Porque sostener que la versión de Frank Lloyd es mejor que la de Milenstone es el típico caso en que la naftalina es confundida con el oro. Pues aún aceptando la inocencia del cine de por entonces la película descansa exclusivamente sobre los hombros de Charles Laughton. Un Charles Laughton que interpreta mejor que nadie a Bligh porque él mismo era una suerte de Bligh en la vida real: un reprimido que disfrutaba insultando y humillando a quienes le rodeaban.

La interpretación que Marlon Brando hace de Christian es simplemente genial. El grado de arrogancia y presunción de que dota al personaje hace de él algo inolvidable. Tanto, de hecho, que importa de nuevo muy poco que el personaje sea una caricatura, un epónimo alejado de la realidad histórica a la que se acercaban mucho más Clark Gable o Mel Gibson en sus versiones. Su oposición a Bligh es inmediata, racial: él interpreta a un hombre de elevada cuna que se une a la expedición de la Bounty casi como quien se va de crucero o, en palabras del personaje, como fruto de "un proceso de eliminación". Bligh, sin embargo, es un hombre salido de la marinería, un hombre de mar con semejante sentido del deber que sólo aspira a que sus hombres le teman "más que a una muerte instantánea"

El almirantazgo pide llevar el árbol del pan de la muy lejana isla de Tahití hasta la no menos lejana isla de Jamaica. Christian se pregunta inmediatamente si importa mucho llevar "unos matojos" a Jamaica, Bligh sin embargo no duda: la misión está por encima de cualquier otra consideración. De ahí que intente forzar la ruta del Cabo de Hornos, sin éxito, y finalmente se desahogue del fracaso exigiendo un rendimiento extremo a sus marineros: algo que consigue administrando severos castigos y reducciones en las raciones. Christian considera todo eso un exceso pero no le perturba en tanto la sangre no salpique su uniforme. A raíz de esto vendrá el motín: Christian se rebela sólo cuando Bligh, reprobando una insubordinación de Christian, termina propinándole una patada. Y es en este momento del motín en que el guión del filme llega a cotas elevadísimas. Bligh, impasible, desprecia la rebeldía de Christian mientras éste se debate entre la idea de lincharle y la de, con toda tranquilidad y educación, apearle del buque dejándolo a la deriva en un bote. La escena del motín no es un trámite ni un momento caótico, es literatura en imágenes: cada línea de guión, oro puro.

Muchos tripulantes respiran con alivio tras abandonar a Bligh a la deriva, sólo se lamentan por no haberle matado. Christian, aristócrata, tenía una posición que con su rebeldía ha perdido para siempre y se siente perdido. Al emprender la búsqueda de un refugio al frente de sus piráticos camaradas él es el único en mostrarse apenado. Los marineros, inconscientes, se sienten alegres de perder de vista la disciplina y humillaciones de Bligh y hablan de libertad. Christian sin embargo sabe que ahora están libres de Bligh pero no de la venganza que desatará. Así, Christian se lamenta: "hice lo que hice porque me lo dictaba el honor y ese pensamiento me consuela". No quería el bien de nadie, no quería justicia para la marinería, que concebía como una curiosidad transgresora, sino que se rebeló exclusivamente contra un inferior social que le faltaba al respeto: Bligh. Un curioso revolucionario que, en cuanto tal, no tendría un fin distinto del de tantos otros: muerto por causa de sus camaradas más radicales. Unos camaradas que, como el propio Christian, dejaron su huella.

"Rebelión a bordo" constituye una severa crítica a un ser humano que está condenado a debatirse entre unas miserias y otras. Una realidad en la que, al modo de la fábula de Mandeville, el mal privado puede convertirse en un bien colectivo y, añado, viceversa. ¿Cuántas revoluciones se han librado en nombre de las más elevadas causas por los más bajos motivos?

Los caminos del hombre son inescrutables.

"Y dele usted las gracias al Diablo, que es quien le protege, de no haber logrado hacer de mi un asesino" Fletcher Christian.

martes, septiembre 07, 2010

El nuevo año mediático, Jesús Neira y el nuevo giro de Losantos

Ayer lunes comenzó con todas las de la ley la nueva temporada mediática. En COPE tomó las riendas de "la mañana" Ernesto Sáenz de Buruaga. Un locutor que representa un paso hacia la seriedad respecto a Ignacio Villa: quien evidentemente estuvo el año pasado "comiéndose" el inevitable bajón de audiencia acarreado por la salida del señor Federico Jiménez Losantos. Además Ignacio Villa venía de años de entusiasta imitación de cuanta gansada pariese la "factoría liberal" de Losantos por lo que asumir un papel de moderado en contraste con el turolense saliente resultaba obsceno. Como programa, no obstante, "La Mañana" dirigida por Ignacio Villa estaba mucho mejor realizado que el de Losantos: limitado, como ahora en esRadio, a un sermón tras otro apenas interrumpido con estériles intervenciones de tertulianos cómplices. Con Sáenz de Buruaga, sicario mediático de antigüa data, al menos están aseguradas unas mínimas formas. Tanto es así que ha sido Buruaga el primer locutor de la Mañana de COPE, que yo recuerde, que se ha opuesto al tono y contenido de los habituales "mensajes de los oyentes": siempre de un tono exaltadísimo y reaccionario ante el que Losantos aplaudía e Ignacio Villa callaba.

Pero la principal noticia de ayer fue el caso de Jesús Neira. Ese héroe, tan español, nacido de una situación inverosímil. Resultó ser una persona notoriamente trastornada que, además, resulta que gusta de conducir estando borracha. Y esto ha traído como consecuencia que Esperanza Aguirre, cum laude en demagogia y populismo, haga desaparecer el cargo a la medida que le puso en el seno de la Comunidad de Madrid. Una medida que buscaba evitar la destitución de Jesús Neira pero que pone negro sobre blanco acerca de lo que debe pensar Esperanza Aguirre sobre la violencia de género. El espectáculo es tan bochornoso que los medios afines a Esperanza Aguirre (Intereconomía y Libertad Digital) se apresuraron a inventarse simpáticas teorías acerca del cese del "héroe" Neira. Hablaban nada menos que de un "cese mutuamente acordado". Por supuesto se argumentó que el Observatorio de Violencia de Género presidido por Neira iba "de todos modos" a ser suprimido. Y puede que esto siga, simplemente, esa cadena de "coincidencias" que colocan a los señores tertulianos (generalmente ex-socialistas reconvertidos al patrioterismo intereconómico) en diversos puestos, remunerados, en la Comunidad de Madrid (o de Valencia). Tal fue el caso de la predecesora de Jesús Neira en el citado Observatorio: Cristina Alberdi. Por no hablar, claro, del escandaloso caso de Gotzone Mora: antaño combativa socialista reconvertida luego, cargos en la Comunidad de Madrid y la Generalidad de Valencia mediante, en hilarante hooligan del PP. Altura moral a ras de suelo y más si se aspira a criticar "los chiringuitos" de nacionalistas o socialistas.

Losantos y su inseparable César Vidal siguen, por su parte, en esRadio defendiendo las más altas esencias de no se sabe muy bien qué (una suerte de exaltado patrioterismo combinado con el conspiracionismo sobre el 11 M y folklore del estilo) en deprimente postración ante la que pone el telón de fondo a la comedia: Esperanza Aguirre, de nuevo. Porque los adalides de las más altas "libertades" (y las más altas calumnias) además de humildes portavoces de "la Verdad" no son nada independientes. Pero no es suficiente con los favores de Aguirre. Seguramente porque Libertad Digital es una ruina (ya lo era cuando era una mera página web, cómo lo será ahora con una televisión y una radio propias) y porque Pedro J. Ramírez le ha abandonado definitivamente, Losantos ha hecho las paces con Julio Ariza (quien ya fuera fundador, precisamente, de Libertaddigital) y su grupo mediático ultraderechista, y ultracatólico, Intereconomía.

Como ya dije en otras ocasiones, los cambios de opinión de Losantos han sido brutales. Su crítica a la preponderancia de PRISA y, en general, medios afines al PSOE en España, a la luz de sus hechos, ya no tiene ninguna legitimidad. Se le vio muy contento durante el tiempo que pensó mover los hilos del PP a su antojo y ahora, tras fracasar en su intento de echar abajo a Rajoy por todos los medios a su alcance, cultiva un mensaje nítidamente antisistema que sólo se detiene ante las puertas de su ama Esperanza Aguirre. Y resulta que los rescoldos de su muy particular liberalismo comienzan, también, a difuminarse. Porque pactar con Intereconomía es llevar a esRadio o Libertad Digital TV al borde del absurdo: ¿qué sentido tienen esas antieconómicas estructuras si su máximo reclamo mediático se pasea por los platós de la competencia? Ningún sentido salvo la pura supervivencia, claro. Porque tanto Libertaddigital TV como esRadio son una farsa en números rojos que malvive de los contactos políticos de Losantos. ¡Y éste critica al "periodismo vendido a los politicastros"! Porque cualquiera que haya escuchado cualquier programa de esRadio aparte de los ya conocidos sermones de unos y otros... comprueba el vacío inmenso del invento. Los tertulianos, colaboradores y "expertos" son puros zombies reclutados entre las muy baratas cloacas de Redliberal y el Instituto Juan de Mariana. Y esa carcasa vacía aliándose con Intereconomía sólo puede ir a alguna clase de fusión. Una fusión que estaría en la línea de otros giros de Losantos. Aunque, francamente, creo que ni todas las plumas de la "eclosión liberal" podrían conseguir vender como liberales cosas como Eduardo García Serrano. Y esas son las personas que mejor representan qué es Intereconomia: un tradicionalismo rancio con exabruptos fascistoides que defiende abiertamente un modelo de periodismo basado en la infamia, el rumor y, en resumen, la caza al hombre. Puede, en definitiva, que Losantos al fin y al cabo no sea más que "lo que sea necesario con tal de seguir teniendo micrófono". Le espera un turbio final a su aventura.




"Ambiciona honor, no honores." Francesco Guicciardini

PS: al parecer Losantos ha despedido al director general de Libertad Digital. Puede que esto tenga que ver con el suicidio mediático en que anda empeñado el turolense. Nadie quiere acompañar a Losantos hacia su final.