domingo, agosto 29, 2010

La guerra, Kubrick y Tavernier

Hay muy poca gente que no haya visto u oído hablar de "Senderos de Gloria". Es un alegato antibélico, sí. Un alegato rotundo y, a la vez, bello. Las muertes de millares vienen determinadas por los caprichos o ambiciones de unos pocos. He ahí la clarificadora conclusión. Al final, tras una ofensiva fracasada, el general/político ha de encontrar culpables distintos de él mismo: los cobardes. Unos cobardes, además, que no son cobardes sino tres hombres escogidos por motivos de diferente orden: ninguno confesable. Cuando tales hombres son condenados Kubrick, con su genio, nos muestra su camino al lugar de su ejercución en lento, lentísimo, traveling. Cual si fuese un paso de la semana santa católica, los injustamente condenados son conducidos al lugar de su sacrificio. Entre ellos, alguno implora y pregunta por qué él y no quienes contemplan su ejercución. Al final, tras el redoble de tambores, tres hombres caen bajo las balas. Nadie es culpable, la vida continúa: la guerra continúa.

Sin embargo la visión de Kubrick acerca de la guerra es, en realidad, superficial. Kubrick contempla el absurdo de la guerra desde la posición en que es más fácil verlo: la paz. Y es en este terreno donde, por su parte, no falla Bertrand Tavernier. En "Capitán Conan", descubierta por mí casi por casualidad, se da la más desgarradora visión de la guerra que haya visto. Se observa el absurdo de la guerra no desde la paz sino desde la propia guerra. Un lugar en el que la diferencia entre el guerrero y el buen soldado no es pura semántica sino cruda, crudelísima, realidad. La guerra produce, incentiva y mejora a los peores entre los infames. Exige de ellos el valor que en la baja calaña es sinónimo de supervivencia. Y es en este contexto en el que los hijos del bienestar flaquean, unos, o se muestran valientes, otros. Sin embargo los ladrones, los homicidas y los sinvergüenzas dan lo que no les cuesta: valor. El protagonista, Conan, actúa como un autómata bajo el fuego enemigo y, ciertamente, le da exactamente igual el por qué de la lucha. Están los camaradas, el enemigo y entre ambos la guerra. Una lucha que no sirve para redimir sino, puramente, para existir.

La guerra siempre continúa, sobre todo para quien ha luchado y ha visto morir a sus camaradas. El problema es que las guerras acaban un día, a una hora, en un minuto. Y en ese mismo instante en que los sanguinarios, los valientes, pasan a convertirse en una pesada carga para quienes les liberaron. El valiente pasa a ser, de nuevo, el ladrón, el bárbaro y el homocida. Y los hombres del capitán Conan son eso y más. Ésos absolutos bárbaros no casan bien con una sociedad en paz y, en el contexto de la lucha por contener a los bolcheviques rusos tras 1918 serán de nuevo necesarios. Entre tanto se meten en mil y un líos en tanto el ejército aliado de Salónica se encuentra estacionado en Bucarest y Sofía. Los oficiales no se enteran de nada. Les sirve aplicar teóricamente un código militar aplicando mucho menos teóricas condenas. Un fraude. Un fraude de ejército que Conan no puede sino despreciar hasta lo criminal. Reclamado acerca de su conducta, y la de sus hombres, hacia las mujeres rumanas, responde: "Haber librado ellos su propia guerra si querían que no molestásemos a sus mujeres". Salvaje, hayándose preso por las consecuencias de alguna de sus correrías nocturnas, no duda en implorar a sus carceleros que le dejen, junto a los otros prisioneros, luchar contra los bolcheviques. En esa batalla, ganada con la sangre de los indisciplinados, los ladrones, los rebeldes y los asesinos, Conan acabará tan cubierto de gloria como de sangre enemiga. Y así, rabioso, se le verá cargar entre la maleza advirtiendo: "No te engañes compañero. Hay que seguir. ¡Venga compañeros! ¡Os destriparemos, carroña!". Después, fundido en negro y la realidad de la inevitable posguerra. Una posguerra en la que Conan, ya enfermo, se lamenta en su pueblo natal por no tener nadie con quien hablar. Ríanse todos de John Rambo.

Para los personajes como los sugeridos por Tavernier la guerra no es el mal sino la vida. La ausencia de guerra certifica su condena a la mediocridad y el aburrimiento. Algo tan chocante para cualquiera de nosotros como real. Hay algo en nosotros de salvaje y algo en nosotros que nos impulsa a la guerra. Sería demencial negarlo y sería trágico si lo liberásemos sin reservas. Sea de ello lo que fuere, haríamos bien en considerar a cada cosa como merece y no confundir guerra con búsqueda de la paz. Dejemos eso para la propaganda gruesa. La guerra no busca la paz sino la aniquilación del enemigo. Un objetivo que explica y garantiza el eterno retorno de la guerra. Y una vez en guerra... ¿qué importa quién sea el enemigo?




"Sólo los muertos ven el final de la guerra" Jorge Santayana.

jueves, agosto 26, 2010

Afganistán: la guerra de los progres

Ya dije en alguna ocasión que en este país teníamos una derecha imbécil. Hay muchos hechos de la política diaria que nos lo confirman. Sin embargo parece que el PP y su entorno está empeñados en superarse a sí mismos en cuanto a la participación española en Afganistán.

España intervino en la coalición de países que se propuso pacificar (los cursis dicen "reconstruir") el Iraq posterior a la invasión y completa destrucción del estado nazi de Saddam Hussein. Esta intervención fue consecuencia de la decisión del gobierno del PP dirigido por José María Aznar de apoyar a EEUU en el camino hacia la guerra minimizando las colaboraciones peligrosas. A saber: el gobierno del PP apoyó que EEUU atacase a Iraq pero siempre afirmó "no haber intervenido en la guerra". Un soldado español muerto en la invasión de Iraq se antojaba noticia inasumible en un país notablemente antiamericano y por aquél entonces en plena movilización de la izquierda. De ahí el participar en la pacificación y no en la guerra: lo primero podía venderse como acción humanitaria o policíaca mientras lo segundo sería fácilmente señalado como una violenta agresión a un país soberano. No parecía absurdo el matiz puesto que en el propio seno del PP, cuyos votantes pueden ser tan antiamericanos como cualquier militante del PSOE o IU, había personalidades como Rodrigo Rato que se habían opuesto abiertamente a apoyar a EEUU en cuanto a Iraq.
La oposición de José Luis Rodríguez Zapatero a la guerra de Iraq y, una vez en la presidencia, su apresurada retirada de las tropas españolas en Iraq produjeron gran descontento entre los incondicionales del PP. La razón, evidente: la popularidad de Zapatero alcanzó su máximo por entonces. Y fue entonces cuando el PP se esforzó en criticar la retirada de tropas en base a las reglas de la diplomacia y recalcando de todo modo posible que las tropas que se habían retirado estaban "reconstruyendo" Iraq y no tomando parte en un conflicto bélico. Zapatero, por su parte, no alteró la misión española en Afganistán y, como es sabido, fue aumentando el contingente español allí destacado.

La estrategia del PP tras sacar todo el jugo posible a la irresponsable decisión de Zapatero de retirar a las tropas de Iraq giró 180 grados y lo hizo precisamente en cuanto a lo que nadie en los dos principales partidos hasta ese momento había puesto en duda: Afganistán.

Después de cada soldado, cada policía o cada agente de inteligencia español muerto en Afganistán se ha impuesto un ritual entre la derecha representada por el PP. Un lamentable espectáculo en que se insiste en que la acción de policía y "reconstrucción" de Afganistán es en realidad una guerra. Ya sea pidiendo que se diesen condecoraciones militares con tal o cual distintivo, planteando quejas acerca del blindaje de los vehículos militares o exigiendo investigaciones en torno al accidente o no-accidente de tal o cual helicóptero; el PP, sus voceros e incondicionales parecen disfrutar protagonizando una impostura de pacifismo. Instalados en la falsedad de que se resuelven conflictos violentos sin violencias y sin víctimas. Y en estas que hace apenas dos días pudimos asistir a la misma clase de espectáculo: mueren dos guardias civiles en acto de servicio (servicio voluntario en una zona peligrosa) y la derecha militante (y los sindicatillos de la Guardia Civil) pone el grito en el cielo porque haya guardias civiles en Afganistán siendo este país "zona de guerra".

¿Cómo puede alguien seriamente considerar que es posible impedir que haya bajas en zonas peligrosas? ¿Hay acaso algún tipo de protección frente a que alguien teóricamente confiable se dé la vuelta y te dispare? Sin embargo esa clase de garantías son las que aparecen, implícita o explícitamente, entre las exigencias y preguntas del PP y su entorno acerca de las bajas que se producen en Afganistán. Sin embargo, para cualquiera que no haya perdido la cabeza resulta evidente que la clase de garantías y previsiones que se le exigen al gobierno en cuanto Afganistán sólo pueden implicar la retirada de las tropas y policías españoles de ese lugar. Y esto es perverso porque si los talibanes matan a dos españoles no significará que la misión allí no tiene sentido sino que es, precisamente, necesaria. Necesaria, al menos, si consideramos que debe reconstituirse o construírse alguna clase de orden razonable en Afganistán.

La pregunta no puede ser más sencilla: ¿qué diferencia hay entre una guerra y la pacificación de un país insurrecto? La misma que había entre la invasión de Iraq y la "reconstrucción" posterior: ninguna. La habrá, sin duda, en términos burocráticos o de derecho internacional. Pero si nos movemos en el terreno de la realidad la respuesta a la pregunta planteada sólo puede ser negativa. Es en este momento cuando toca preguntarse: ¿cree el PP que los españoles somos unos absolutos estúpidos?




"La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos." Parménides

miércoles, agosto 25, 2010

Acerca del voto en blanco, la mente en blanco y la ambición multicolor

Recientemente me pasé por el blog "Plaza Moyúa" a dar mi opinión sobre la última ocurrencia del señor Luis Bouza-Brey y su corte de aduladores: fomentar el voto en blanco. El resultado es que me han expulsado de allí pero, acaso por su buena educación, han seguido refiriéndose a mí y lo que decía. Por lo tanto, y como siguen con el tema del voto en blanco, respondo desde aquí.

Bouza-Brey, profesor él, tiene un larguísimo (e incoherente) historial político. Últimamente se distingue por cultivar algo muy parecido al liberalismo de sacristía que se puede encontrar en sitios como Batiburrillo y otros de Redliberal. Y en el marco de ese discurso no sólo se permite hablar como si fuese ya un presidente del gobierno retirado dando consejos a  los políticos jóvenes o cosa semejante sino que hace gala de dotes adivinatorias al atribuir a la abstención un particular sentido político. Este atrevimiento colosal no es cosa sólo suya pues en el mundo del "democratismo radical", y en el convencional, hay muchos que tiran de la abstención para negar su patética soledad o sus miserias electorales. Sin ir más lejos pienso en el señor García-Trevijano, quien lleva muchos años profetizando una "ruptura" del sistema a través de crecientes grados de abstención electoral. A la vista está el completo error de semejante noción (llevamos ya varios procesos electorales con participaciones altísimas y no por el avance de "partidos ciudadanos" sino por la efervescencia de la pugna bipartidista). Sin embargo la posición de Bouza-Brey y sus muchachos es, esencialmente, mucho más perversa que la del radicalísimo Trevijano. ¿Por qué? Pues porque Bouza-Brey ataca el concepto mismo de la representación política. Y lo hace, además, por el evidente hecho de que actualmente es lamentablemente incapaz de conseguir una representación política a la altura de su arrogante palabrería.

1.- Creo que los partidos en liza en Cataluña no van a resolver el problema de degeneración de la democracia española en la Comunidad catalana, ni los creados por ellos en el resto de España.
La posición de Bouza-Brey se resume aquí como: "los partidos políticos actuales no sirven para resolver los problemas". Algo muy cercano, claro, a aquél "¡abajo los partidos políticos!" que llevan entonando los enemigos, más o menos declarados, de la llamada democracia burguesa o democracia liberal desde hace ya muchísimos años.

2.- Cataluña está siendo gobernada desde comienzos de la democracia mediante una hegemonía etnonacionalista que se basa en políticas que desdeñan a la mitad del país, mitad que en gran parte se abstiene, gracias en alto grado a los señoritos del PSC, nacionalistas de Sarriá o abducidos por el nacionalismo que han malvendido y traicionado los principios de igualdad y libertad fundacionales del socialismo en el caso del sector de los “capitanes”. 
Debido a esta traición es muy probable que la abstención en Cataluña aumente mucho más a partir de las próximas elecciones.

Se afirma en este punto que en Cataluña el nacionalismo o las tendencias nacionalistas son más o menos minoritarias en Cataluña. Aparte de que esto sea, a la luz de muchas elecciones habidas desde la Transición, notablemente discutible es evidente que no se puede dar un sentido político determinado a la abstención. El que se abstiene bien podría hacerlo por ser más nacionalista aún que ERC o CiU, por ser de extrema derecha o de extrema izquierda o por importarle un pepino lo que pase más allá de su barrio. Lo que, en definitiva, son razones tan diversas como para descartar teorías acerca del "desencanto respecto al poco democrático sistema nacionalista catalán". Es más, hay indicios razonables para pensar que quien se abstiene no busca una mejor democracia sino una mejor pelea.

3.- Esta situación no es democrática, ni por su fundamento de legitimidad, ni por las políticas discriminatorias y sectarias que produce. Además de ello, está dañando la democracia española por su violación de la Constitución, por la chapuza estatutaria y por los onjetivos que se van concretando de secesión o búsqueda de privilegios reaccionarios en contra del resto de España.

Hay aspectos no-democráticos en la actitud del nacionalismo catalán. También los hay en el actual gobierno nacional del PSOE. Aspectos que se resumen fundamentalmente en lo ocurrido con el Estatut. El freno natural a estos desatinos debería haber sido el Tribunal Constitucional y no lo ha sido. En cualquier caso eso es un problema nacional y no tanto de Cataluña puesto que el Tribunal Constitucional depende del gobierno (circunstancia indeseable, por supuesto) y no de la Generalitat. La única "traición" relevante es la del PSOE. Un acuerdo fundamental entre una de las grandes fuerzas políticas y otra que le apoyase para gobernar (fuese el PSOE, el PP u otra como UPyD) en cuanto a no permitir más intentonas secesionistas haría imposible más demagogia en Cataluña. Esa estrategia es la única que puede funcionar y mucho antes que cualquier "ocurrencia" de votar en blanco, llamar a la abstención o poner en la papeleta de voto alguna gracieta.

4.- Esta perversión es preciso pararla de una vez si queremos evitar el derrumbe del sistema político del país, pero no queda tiempo para consolidar alternativas democráticas antes de las próximas elecciones, que parece que van a otorgar de nuevo la hegemonía a CIU, esta vez con políticas claramente soberanistas y opciones de aprobación de un concierto similar al vasco mediante el chantaje acostumbrado al Gobierno del Estado.

Es sumamente probable que el soberanismo que hoy dice defender CiU desaparezca en las semanas siguientes a alcanzar, de nuevo, el poder. Ocurrirá, mutatis mutandis, lo mismo que en Galicia con Feijoo: quien hizo una campaña electoral a lomos de la libertad lingüística (dijo que antes de 100 días prácticamente aboliría la inmersión lingüística: casi nada) para luego confeccionar una minúscula reforma que, en puridad, ni siquiera anula la inmersión lingüística decretada en su día por Manuel Fraga al frente de la Xunta. No: no tiene sentido decir que "no hay tiempo", "todo se decide ahora" o "el apocalipsis está cerca". CiU no es un partido de exaltados sino de descarados posibilistas. Y en ese posibilismo va el fingir ahora defender el mismo programa nacionalista que ERC, el PSC de Montilla y si me apuran las de Reagrupament o el señor Laporta. Insisto: cualquier "problema catalán" se vería desactivado si en el Congreso de los Diputados no hubiese un partido en el gobierno jugando a separatista. Aunque es evidente que a personas como Bouza-Brey les conviene mucho más presentar una situación, prácticamente, de tanques en la calle.

5.- Creo que la única forma de echar el freno a esta situación, en el corto plazo, es desenmascarando el fraude y movilizando a los abstencionistas, votantes en blanco y votantes en nulo, que seguramente serán ya la mayoría del país.


Una de las manifestaciones del movimiento democrático que llevamos varios años intentando construir es precisamente encontrar modos de acción y organización que permitan frenar el derrumbe. El MDE podría asumir una política de apoyo a Ciudadanos en Blanco en las siguientes elecciones catalanas, a la espera de ver los resultados y definir la política posterior para las elecciones autonómicas, municipales y generales de 2011 y ¿2012?. Lo que está claro es que UPyD en Cataluña es un cadáver momificado y un ente agónico en el resto de España, lo mismo que sucede con Ciudadanos, que probablemente no se recuperará de su fracaso y perderá su representación parlamentaria.


Al mismo tiempo, el PP, con su política apocada e indefinida, puede pactar en cualquier momento la desvertebración definitiva del país, si gana las elecciones, con los etnonacionalismos representados por CIU y PNV.

De nuevo el señor Bouza insiste en calificar políticamente a la abstención y atribuirle, prácticamente, un carácter "demócrata radical". Una presunción que está a la altura de, desde su posición actual (no sé cuántos colaboradores y amigos tendrá en sus tertulias políticas pero presumo que un número bien reducido) llamar a UPyD fuerza inútil o "momificada". Algo que en el señor Bouza, por cierto, es algo acostumbrado por cuanto al anunciar su marcha de Ciutadans (tras perder una elección interna de forma abrumadora) llamó a dicho partido "partido estéril". Por entonces su nueva opción era UPyD pero es evidente que no obtuvo allí lo que quería. La feracidad de tal o cual opción política parece determinada con el papel que Bouza-Brey se figure que ocupará en ella.

6.- (Y termino):la política de CenB es muy sencilla, y su sencillez puede resultar genial para Cataluña, al menos en el corto plazo: es una política de protesta radical frente a la falta de opciones que sufrimos los demócratas contrarios al etnonacionalismo, y consiste en presentarse a las elecciones como partido con el compromiso de no ocupar los escaños obtenidos, ni beneficiarse de los fondos que se obtengan, hasta que se apruebe una nueva ley electoral que haga computable el voto en blanco.

Estas reflexiones en torno a una gamberrada política (y la iniciativa de "Ciudadanos en Blanco" es una gamberrada como aquélla de "Ciudadanos Agobiados y Cabreados" que tenía por logo un voto depositándose en un retrete) revelan una notable arrogancia. Una arrogancia que ni siquiera se para a reflexionar sobre la importancia que se le ha dado a la abstención o las gamberradas políticas en este país. Porque esa importancia es casi nula. Así, en Galicia hay un Estatuto de Autonomía que fue votado por sólo el 28% del censo electoral. Hoy nadie discute ese Estatuto y, es más, hay quien hace floridas referencias a que "el pueblo gallego se dio un Estatuto de Autonomía por amplia mayoría" y similares. En 2006 en Cataluña el Estatut fue votado sólo por el 48%, en 2007 el de Andalucía sólo por el 36%. ¿Alguien los pone en duda? ¿De qué sirve entonces la abstención o el voto en blanco? Pues para llenar unas pocas crónicas y dar alguna excusa para un mal resultado a tal o cual partido permitiéndole al político de turno salirse por la tangente del "debería preocuparnos el elevado voto en blanco".

¿Cómo, a tenor de lo anteriormente expuesto, se pueden insistir en estas teorías absurdas, arrogantes y antidemocráticas que consideran todo el proceso electoral un juego corrompido? Pues muy sencillo: siendo contrario a la democracia. Bouza-Brey y quienes son como él simplemente detestan lo que una mayoría decide y, como no pueden siquiera obtener representación en un parlamento, optan por atacar al principio de representación política. Y esto, aunque se haga bajo el atuendo del más excitado amante de la democracia, es simplemente antidemocrático. Y muy común, sea dicho, entre esa mezquina clase de criptofascismo que pulula por internet bajo las etiquetas del "liberalismo" o la "rebelión cívica". 




"La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo." Montesquieu.

PS: invito a los lectores a seguir este enlace y observar el último comentario. Tan demócrata es el webmaster de ese rincón oscuro llamado Plaza Moyúa que publica los comentarios ajenos añadiendo notas y referencias en el propio texto del comentario para dejar claros, supongo, su tolerancia y democratismo radical. Cual curita censor.

PS2: buceando en la página web del señor Luis Bouza-Brey, en la sección "Miscelanea" encontramos un enlace a la Sociedad Teosófica Española. Está muy claro que nos encontramos ante un cuentista de cuidado (y de los aburridos).

PS3: en el blog Plaza Moyúa su webmaster ha producido una suerte de réplica a todo lo argumentado aquí y en los comentarios de esta entrada en cuanto a su peregrina política de intolerancia en nombre de la democracia sublime y de insulto en nombre de la buena educación. En tal réplica el señor webmaster tiene a bien achacarme una serie de falsedades: básicamente que yo he borrado sus comentarios aquí "sin avisar". Cualquiera puede ver que puse un comentario diciendo que no se admitían (esto es: se borraban) comentarios de parte de una persona que me censura de donde viene o me publica los comentarios de forma mutilada o llena de notas irrespetuosas (como si fuese el señor parte de algún comité de censura inquisitorial). Ni yo ni creo que nadie puede tolerar que semejante individuo acuda luego al blog propio a seguir con sus insidias. Insidias que se resumen fundamentalmente en achacarme, sin más ni más, una presunta inmadurez, una presunta ignorancia y otra clase de presunciones no muy amables. Por supuesto todo ello aderezado de manierismos típicos del profesor juntaletras que en otras épocas más oscuras pasaba por "académico": ya saben, esos que son completamente incapaces de no acudir al diccionario o a tal o cual almanaque para replicar a alguien para dar a su réplica un halo de irrefutabilidad completamente infundada. No es de tolerar, insisto, esta clase de cinismo. Un cinismo que guarda relación con un sectarismo que quita el hipo desde el cual, y en el marco de la adulación impenitente del señor Luis Bouza-Brey (aventurero e impostor político ya descrito en este blog), el webmaster de Plaza Moyúa se permite el lujo de descalificar en nombre de la corrección e incurrir en incorrecciones en nombre de la descalificación. Así no se puede presumir de ser más demócrata que nadie: ni siquiera de ser demócrata a secas.

Por otra parte, y en la línea sectaria apuntada, el webmaster de Plaza Moyúa se permite la paranoia de acusarme de desdoblar mi personalidad para escribir comentarios en mi blog bajo el nick "Superboy". A tanto llega la arrogante intolerancia del mencionado webmaster: es tan incapaz de comprender que haya quien no esté de acuerdo con él que quien así opina es porque es un jumento o es una farsa. Democratismo en estado puro. Penosísimo espectáculo, más bien.

PS4: Decía antes que desde Plaza Moyúa se acusaba a un servidor de desdoblar su personalidad para hacer comentarios en mi favor en esta entrada. Pura paranoia. Pero no es paranoia ver que el webmaster de Plaza Moyúa, dado que se le ha prohibido, por su actitud en su blog hacia quien no opina como él, comentar aquí sí ha decidido desdoblar su personalidad y poner varios comentarios con otro/s nick/s. No sé si todos los comentarios en loa y alabanza de Plaza Moyúa y su gurú Bouza-Brey son cosa del citado webmaster pero los del comentarista "Charly" sí. Comparen:

Webmaster: [Lo que al talento le parezca es muy interesante -para el talento- pero no deja de ser un parecer. Y tampoco ocurre lo que dice en talento en Cataluña, que es de lo que esta hablando Bouza. -PM]

ó

Webmaster: "¿De verdad eres tan imbécil como para pensar que puedes entrar con cosas así en un sitio, dar cuatro opiniones de niño de teta, pseudo argumentar con falacias y mentiras, y que te dejen? Ya te he explicado tus falacias y mentiras. Señalándolas."

"Charly": "Nadie ha hecho un argumento de autoridad (no parece que sepas en qué consite -tampoco). Solo argumentos de educación elemental."

Penoso...

PS5: comentario del webmaster de Plaza Moyúa en este blog:

"Preocupante. ¿No te das vergüenza? Pues el tonto del haba (alias tontolaba), era Einstein al lado tuyo.

Y si tienes huevos de dejarme hablar, te lo demuestro. ¿Te atreves? ¿A que no hay?"

Esta gente está completamente transtornada.

sábado, agosto 21, 2010

Algunas respuestas estratégicas sobre UPyD

Un comentarista llamado Julián dejó una extensa anotación en mi último artículo sobre UPyD. Hoy, tras las vacaciones, me propuse responderle y, por cuestión de espacio, he decidido responderle mediante este artículo.

no tendría sentido que no existiesen personas que se presentasen en sus autonomías, por penosas que fuesen las espectativas, ya que dilatar ese ejercicio de "normalidad política" sería perjudicial para la consolidación de una estructura necesaria

Presentarse "a toda costa" o exigiendo un nivel de calidad (tanto en el mensaje como en los candidatos) no mucho más allá de lo amateur es contraproducente. Hay quien piensa que recorrer las calles repartiendo octavillas de UPyD hechas a Word en casa de algún afiliado es un maravilloso ejercicio de poesía política. Pero esos esfuerzos en realidad producen rechazo y desconfianza. Semejante situación podía ser comprensible en las Elecciones Generales de 2008, dado que UPyD tenía meses de vida. Hace mucho que no.
Por otra parte "la estructura necesaria" no existirá hasta que haya un número mínimo de afiliados. Los afiliados de demasiados sitios son tan pocos que la pasada desafección y abandono de pequeños grupos de personas con una muy dudosa adhesión al programa de UPyD plantearon crisis organizativas graves. En ocasiones parecía que la existencia o no existencia de UPyD en tal o cual sitio dependía de cumplimentar los más diversos deseos de grupos minúsculos de personas. Personas que, para más inri, en no pocas ocasiones se demostró que se hallaban ligadas por vínculos de interés o familiares desde antes de su afiliación. Eran pocos, sí, pero en Lugo u Orense, por poner ejemplos que conozco, el partido no existe desde que esos grupúsculos abandonan el partido. ¿Supone esto que odian a UPyD en Lugo u Orense? No. Significa que en Lugo y Orense (lugares no precisamente prósperos en lo económico) se alcanzó hace mucho el techo de afiliación (nadie más pagará 240 euros al año) y los apoyos chaqueteros, cambiantes y localistas hace tiempo que renunciaron a ir con la marca UPyD, abandonando el partido. Sin afiliados no puede haber estructura sino una patética burocracia que nada administra pero que se encarga de hacer nula cualquier actividad partidista para mantenerse en su puesto.
para dar cobijo a tanto ciudadano descontento a nivel local cuyo voto cambia cada cierto tiempo y sobre todo para tratar en cada comunidad no solo la universalidad y libertad sino la regeneración democrática, entedida no como algo que viene de arriba abajo sino que se extiende como las ondas de un estanque a partir de cultura política ciudadana y esfuerzos por mejorar las cosas por parte de cada vez más personas.

Esto sería correcto si UPyD fuese un partido de masas. Como no lo es, se trata irremediablemente de pura retórica. Yo difícilmente veo a UPyD como una opción local cuando las candidaturas serán cosa de cuatro afiliados y una enorme mayoría de afiliados de última hora o familiares/amigos de quienes encabecen la candidatura. Eso es esperar recibir votos para el "quítate tú pá ponerme yo" de toda la vida. Además, al contrario que en el ámbito nacional, en el local las cosas no dependen tanto de las siglas como de las personas. Y, francamente, hay alcaldes del PSOE, PP y otros magníficos y otros que son unos sinvergüenzas. Esto la gente lo sabe. Igual que la gente sabrá, si se presentan candidaturas como las descritas, que UPyD es sólo una opción de voto gamberro sin ninguna relevancia. El mensaje, al nivel local, no es diferencial salvo en lo retórico pues al final lo que se pide es depositar confianza en desconocidos que, en no pocas ocasiones, tienen su propio pasado político en los tejemanejes locales de toda la vida. El discurso en torno a "impulso ciudadano" cae demasiado fácilmente en el ámbito de la demagogia. Y cualquiera debe desconfiar de quien emplea como único argumento la denuncia sistemática de otros como "ladrones", "corruptos" o "tiranzuelos". Un argumento que es lo único que se puede escuchar de parte de algunas personas de UPyD que desde hace tiempo aspiran a ir a las locales.

no debe llevarnos a protegernos "en exceso" de las personas que llegan, so pena de hacernos desagradables, elitistas o paranóicos y no será facil tejer una red sana de personas unidas por vinculos de libertad e igualdad aunque vivan en distintas zonas.

Pero todos esos defectos (que en resumidas cuentas podrían calificarse de tendencias endogámicas) vienen dados por la cuota de 240 euros al año. Automáticamente. No puedes luchar contra el burocratismo regionalista dentro del partido cuando estableces una política de cuotas de afiliación que garantiza la endogamia de reducidos grupos de personas que acaparan todos los cargos casi por pura falta de afiliados. Semejantes conciliábulos terminarán por actuar de forma autocrática y, por estar despegados de cualquier realidad o base de afiliados relevante, sectaria.
Qué podría suponer la presentación de UPyD en una autonomía en algún momento?

Bien podría significar absolutamente nada. En Galicia, que es la situación que conozco de primera mano, nos presentamos a las elecciones gallegas y desde entonces la sucesión de abandonos (el número de afiliados no ha parado de descender), disparates y cacicadas no se ha detenido. Presentarse a unas elecciones no tiene efectos balsámicos ni multiplica el número de afiliados. Bien podría suceder que, es más, presentarse a unas elecciones de cualquier manera frustre intentos futuros. En Ciutadans deben saber bien esto tras su disparatado intento de obtener implantación nacional a costa de tratos con localistas, esperpentos políticos y otras beldades.
Por ultimo es crítico que uno de los mensajes clave de UPyD (expresamos las mismas ideas en cualquier rincón de España) tenga sentido,y sea real, por difícil que sea.

Es un argumento interesante. Pero de nuevo debemos volver al plano realista. Y en ese plano yo veo que acudir a las elecciones en todas partes y sólo conseguir, prácticamente, representación en Madrid es asumible en unas Generales pero absolutamente desastroso en unas elecciones Locales y Autonómicas. Eso no puede venderse como éxito y ayudaría en mucho a tachar a UPyD poco menos que de "partido de la capital". Y esto pesa mucho más que cualquier clase de retórica o sentido que quiera dársele a determinados gestos.
Es importante que se dé sentido pleno y formal a la figura del simpatizante de UPyD.

Esta idea, que está tomada del PSOE fundamentalmente, no se ajusta bien a las necesidades de UPyD. Porque de nuevo debe destacarse que UPyD no es un partido de masas. Sería grotesco, o incluso algo peor, que una campaña electoral fuese llevada por una masa de simpatizantes sin derecho a voz ni voto en los órganos locales o territoriales de UPyD para lanzar a candidatos procedentes de un grupo mínimo de afiliados. Por otro lado resulta inconcebible que esos simpatizantes, sin pagar cuota alguna, pudiesen participar en los órganos locales o territoriales del partido (como se propuso en un primer momento, en parte, en el Congreso de UPyD). Se mire como se mire el problema subsiste: UPyD necesita más afiliados o renunciar a una implantación nacional operativa. Al igual que antes, hablar de la figura del simpatizante para intentar obviar lo anterior es echar mano de la mera retórica.
El voto de castigo que va a ir sufriendo PSOE, PP e incluso IU, necesita recalar en un partido sano de ámbito nacional, y en las distintas autonomías, o grandes ciudades al menos, UPyD es necesario para recoger las inquietudes de muchos de esos ciudadanos.

El voto de castigo es diametralmente opuesto a cualquier significado racional de "las inquietudes de los ciudadanos". Mal camino llevará UPyD si sólo espera, como dije antes, recibir el voto de quien está dispuesto a escuchar incendiarias diatribas contra corrupciones, vagancias y otras hierbas demagógicas. Esa estrategia representa unos pocos votos hoy y, al menor escándalo, ninguno mañana. Pues, como ya estableció Maquiavelo, quien obtiene su poder de forma admirable para el pueblo lo obtendrá, y retendrá, de forma más sencilla que si lo obtuvo merced a inflamar las bajas pasiones de todos.


"Admitimos que somos como los monos, pero rara vez nos damos cuenta de que SOMOS monos" Richard Dawkins.

lunes, agosto 09, 2010

La arriesgada apuesta de UPyD

UPyD es un partido nacional que nace con una estrategia bien clara: ejercer de oportuno freno a la oportunista, y necesaria, intervención de los nacionalismos en la formación de los gobiernos nacionales. La base discursiva de esta estrategia no es otra que la condena del sectarismo y el bipartidismo histérico que en los últimos años se ha desatado en España. El argumento en cuestión no es novedoso pues es innegable la existencia de una muy diversa panoplia de siglas y movimientos políticos extraparlamentarios que defendieron, y defienden, al menos en la teoría, la idea de una superación del bipartidismo o de exclusión parlamentaria de los nacionalismos. Algo en extremo lógico si se afirma representar una "tercera vía". Siendo esto así cabe preguntarse de dónde extrae UPyD su fuerza y su carácter novedoso.

UPyD extrae su novedad y su fuerza precisamente del hecho de haber conseguido representación, sin medios, en el Congreso de los Diputados. Y este logro se fundamenta en diversos factores entre los que se antojan imprescindibles la portavocía de Rosa Díez y el desencanto del socialismo centralista o, como algunos han dado en llamarle, jacobino. No es de extrañar, entonces, que UPyD consiga su único diputado por Madrid y que prácticamente sus únicas buenas previsiones electorales procedan, precisamente, de Madrid. 

La estrategia básica ya mencionada de arrebatar a los partidos nacionalistas el poder de decidir los gobiernos del Estado al que aspiran a erosionar es tan ambiciosa como simple. La pura aritmética de unas elecciones reñidas nos da noticia de la simplicidad del proyecto puesto que en ese escenario la posibilidad de gobernar del partido con más escaños pasa por muy pocos apoyos parlamentarios. Y este escenario, el de las elecciones reñidas, es el único que cabe esperar en el actual estado de efervescencia bipartidista: con el elevado grado de apoyo tanto a PSOE como PP en el marco de una alta participación de los electores. La simplicidad del objetivo que se propone UPyD, que abiertamente subordina su existencia a la realización de una serie de reformas institucionales, justifica su aparente falta de progresos. Y se debe hablar de falta de progresos porque a la estrategia básica apuntada en el programa de UPyD se añadieron, y se han venido añadiendo, otra serie de objetivos menos específicos como la "regeneración democrática". 

Un objetivo como la regeneración democrática conlleva un componente moral hasta cierto punto indeterminado y peligroso y que muchas veces fue, y es, empleado para emitir pura demagogia o encontrar un disfraz para planteamientos extremistas. Y ciertamente es este punto el que más oportunistas, extremistas y chalados atrajo a UPyD. Pero no es solo este problema el que implica. En el objetivo de la regeneración democrática, tal y como lo ha desarrollado UPyD, está implícita la intención de entrar en todas las instituciones: incluídas las municipales. Hubo quien hace tiempo señaló los inconvenientes de esta decisión. Y en efecto UPyD en el nivel municipal no puede diferenciarse en nada sustancial de cualquier otro partido político. La idea de unos municipios-activistas en España dista mucho de estar amparada por la ley y no digamos ya por la realidad. Una realidad que muestra que en el hipertrofiado nivel municipal español el odio al vecino y otras desgracias tienen mucha mejor prensa que cualquier meta racional a mayor escala. Y como en el nivel municipal los políticos por regla general no se pueden diferenciar mucho de sus electores es de sentido común considerar cuanto menos aventurado el fiarlo todo a las personas que localmente representasen a UPyD. La prudencia haría que se armasen pocas candidaturas a lo largo de España y muy probablemente serían tan pocas que el efecto global fuese contraproducente. Algo así fue, mutatis mutandis, el comienzo del descenso a los infiernos de Ciutadans.

Entre las palabras y los hechos de un modo u otro siempre media una distancia. Y el objetivo amplio de una "regeneración democrática", suponiendo que fuese posible, no está al alcance de los medios de UPyD. Existe una contradicción evidente entre tratar de ser un partido con presencia en todos los ámbitos y no ser un partido de masas. UPyD no es un partido de masas.

El número de afiliados a UPyD es una polémica de larga data. De acuerdo a los datos que viene facilitando el partido UPyD lleva mucho tiempo sin aumentar su número de afiliados. Dicho número se estancó en alrededor de los 5.000 miembros. Si nos fijamos en la tercera fuerza política en España (Izquierda Unida) comprobamos que, como es sabido, tiene una dudosísima implantación nacional a base de enjuagues confederales muy diversos con grupos regionalistas, verdes y localistas. Sea de ello lo que fuere, esa implantación se la facilitan sus alrededor de 55.000 afiliados. Pese a esto IU no se presenta a muchas elecciones locales y su actividad en algunas CCAA es testimonial. ¿Cómo afrontar el escenario municipal, o incluso autonómico, con 5.000 afiliados? 

El correlato estratégico de la idea de una amplia "regeneración democrática" por la cual se presente UPyD a las elecciones municipales no puede ser otro que el de la inercia electoral. Si no te presentas no hablan de tí, de ningún modo. Si no te presentas invitas a muchos a afirmar que no existes. Son razones poderosas. El problema es que si dichas decisiones son obligadas no lo serán menos las medidas para asegurar que no sean contraproducentes. Así, si UPyD una vez decide acudir a las elecciones municipales debería haber lanzado la apuesta de convertirse en un partido de masas. Y esto no implica sólo una actividad de captación de afiliados, que es importante, sino más simple y decisivamente el rebajar la cuantía de las cuotas de afiliación: un inconveniente insalvable para conseguir nuevos afiliados. Si UPyD se propone tener una presencia electoralmente relevante en, digamos, los principales municipios del país, no se puede seguir en un modelo de cuota que cuesta 240 euros al año al afiliado ordinario cuando las fuerzas políticas a batir exigen cuotas entre 20 y 50 euros anuales. Esquerra Republicana de Catalunya es el partido que más se acerca a UPyD en cuanto a la cuota de afiliación, pero incluso en este caso UPyD cobra 105 euros más al año. El objetivo de UPyD al cobrar tanto siempre se justificó en aras de alcanzar un grado de saneamiento financiero que asegure una clara independencia. Si tenemos en cuenta que UPyD surge con vocación de extinguirse una vez operadas una serie de reformas en el país el objetivo de un elevado grado de autofinanciación (asumiendo que la autofinanciación plena es imposible) pierde buena parte de su sentido.

Creo que UPyD está por hacer una campaña muy fuerte, y muy intensiva, en Madrid y en algunos pocos sitios donde "espontáneamente" la afiliación ha sido mayor y más seria. Pero estamos, fundamentalmente, ante Madrid: es ahí donde se decidirá el éxito o fracaso del programa electoral de UPyD. La apuesta es alta pero podría ser suficiente. Mientras tanto, sin embargo, esperan desoladores resultados en las municipales y las autonómicas. Y estando muchas de las agrupaciones territoriales de UPyD como están (en Galicia, donde estoy yo, el partido se debate entre la inexistencia y la no-existencia) y siendo algunas previsiones electorales las que son... ¿por qué simplemente no decidió UPyD presentarse "sólo" a las Elecciones Generales? Era eso o apostar por ser un partido de masas en el aquí y el ahora. De todos modos ya es tarde y solamente resta esperar que los daños no sean demasiado graves y los beneficios en Madrid no sean demasiado discretos.




"En ocasiones la Historia necesita un empujón" Lenin