domingo, enero 31, 2010

Sucesión feudal en Orense

Galicia es una región de España que tradicionalmente ha estado, salvo algunos puntos de parcial industrialización (Ferrol, Vigo y La Coruña), hundida en un atraso patente. Un atraso que, como suele ser en estos casos, estuvo (y está) presidido por una notabilísima dispersión poblacional que forzosamente limitó el impacto racionalizador/centralizador no sólo de sucesivos monarcas "absolutos" sino también lo más modernos esfuerzos vertebradores de uno u otro signo ideológico. No sucedía esto sólo en Galicia pero, ya sea por sus pocos accesos a la meseta, fue en esta tierra donde más ha perdurado el modelo del poder desnudo: allí donde, explícitamente, las personas obedecen a las personas antes que a las leyes (o lo que es lo mismo: que la ley es la voluntad de esas personas). Y en tales circunstancias, ni que decir tiene, todo queda "en familia" y se extravían fondos públicos a manos llenas pervirtiendo para ello cualquier noción de lo público.

Bajo vítores de los presentes se produjo este fin de semana, en la Galicia del siglo XXI, una sucesión feudal en toda regla. Baltar I, ante sus familiares y clientes, pasó el testigo de la presidencia del PP de Orense a Baltar II. La cosa es de tal naturaleza que durante la caldeada campaña previa a esta "elección" se dio noticia de presiones de parte del entorno de José Luis Baltar para que el candidato rival (Juan Manuel Jiménez Morán, alcalde de Verín) ni tan siquiera pudiese presentarse. Se habló, también, de sospechosos movimientos desde - como no - la Diputación Provincial que preside Baltar I para comprar voluntades entre los compromisarios del congreso orensano del PP. Diputación de la que, por cierto, Baltar I, según Baltar II, "será presidente hasta que él quiera". En la elección del nuevo presidente del PP de Orense parecía estar muchísimo en juego. Tanto, de hecho, que la propia dirección del PP intervino para enviar, cual si Orense fuese una república bananera, "observadores" para vigilar el congreso orensano. Finalmente ganó Baltar II y sus "seguidores" abuchearon al perdedor Jiménez Morán y sus respaldos refiriéndose a ellos como "traidores". El poder en el PP de Orense, así, pasa de padre a hijo y todos tan contentos.

Es destacable, por cierto, que la candidatura contraria a Baltar II en la ciudad de Orense ganó contundentemente (en la elección de compromisarios). Dada la distribución poblacional de Orense (casi toda en Orense ciudad) no resulta aventurado asegurar, en atención a las elecciones de compromisarios mencionadas, que el dominio de la saga Baltar sobre el PP de Orense encuentra su base en las pequeñas poblaciones, en el rural. Esto tiene una interpretación obvia.

Las lecciones a extraer de tan tristes hechos son claras. Debemos declarar la guerra al favorito. No porque tenga lo que nosotros queremos sino porque parte del injusto privilegio generando rentas no ganadas particularmente corrosivas para una sociedad que se precie libre. Y no es cuestión de engañarse o intentar engañar a alguien echando mano de demagogia: siempre habrá empleos y atajos para amigos y parientes, en todas las esferas. Así ha sido siempre y así será. Swe trata de un problema de oportunidad y de grado. El problema es que cuando miles de empleos dependen de la voluntad de una persona, en tanto que cargo público, y esa persona decide que un hijo suyo debe heredar tal poder... deberíamos al menos reflexionar sobre quiénes avalan, respaldan o representan a tales individuos. Porque tales individuos, en efecto, son o aspiran a ser nada menos que tiranos. Y no aspiran a éso por tener una particular agenda ideológica sino simple y llanamente porque pueden.

El clientelismo desaparecerá cuando se fomente una sociedad más abierta en los lugares en que éste vive y se reproduce. No basta con cambiar monigotes porque si el favorecer a amigos y parientes es una pulsión de nuestra naturaleza será necesario el poner por encima de nosotros una ley que nos ate, nos obligue y nos guíe. Una ley pública que sustituya efectivamente a aquélla que no está escrita. Y éso es la democracia. Democracia para la que gran parte de la sociedad gallega, y española, parece estar empeñada en demostrar ser menor de edad.

Para que luego venga el señor Sánchez Dragó a decirnos que el Estado debe desaparecer en favor de municipios autogestionarios...



"El justo y el injusto no son productos de la naturaleza, sino de la ley." Arquelao dixit.


lunes, enero 18, 2010

Marea baja en UPyD

Cualquier alternativa democrática en España, cualquier "tercera vía", se enfrenta antes que nada al "problema de España". Este problema, como ya he dicho en muchas ocasiones, lo resumió espléndidamente cierto autor anglosajón (Brian Crozier) que, hacia el final del franquismo, exponía que el talante del español era especialmente incompatible con la democracia. Esta sentencia, pese a su dureza, a día de hoy sigue sin distar mucho de ser una más que certera descripción. Y es que el sectarismo del español, como en casi cualquier cosa podemos comprobar, es enfermizo. Tenemos, así, una derecha y una izquierda que se deshacen en mutuas acusaciones de deslealtad mientras, según quién esté en el gobierno, emplean toda la demagogia imaginable para achacar las calamidades públicas al "enemigo". Pero esto no es diferente a lo que sucede en cualquier democracia. El problema, como sin duda señalaría Tocqueville, es que no existe entre nosotros la costumbre de lo democrático: una costumbre que conlleva no sólo el respeto a las mayorías electorales sino el respeto a la ley que limita a dichas mayorías. Siendo esto así, como comprenderá cualquiera, el día a día de la política se hace cuesta arriba y, sobre todo, acaba siendo un vacío griterío del que participan todos.

Contra todo esto surge UPyD y sus propuestas programáticas esenciales son claras: reforma de la ley electoral, mayor garantía de la separación de poderes y, en definitiva, sacar a las dos principales fuerzas políticas del país de ese juego de suma cero en que se contentan en jugar junto con los partidos nacionalistas y separatistas. Estas propuestas sencillas (porque aunque sean complicadas son sencillas) parecen serlo demasiado para muchos de nosotros. Unos muchos que semejan empeñados en recaer en la descripción de Crozier.

El problema de UPyD no es sólo que sus sencillas propuestas sean de complicada aplicación. El problema es que las mismas personas, las mismas mentalidades, que han llevado a España a su situación actual han entrado, entran y entrarán en ese partido político.

En seguida se vió hasta qué punto muchas personas no veían en UPyD algo más allá de una fácil oportunidad de obtener notoriedad pública. Unos buscaban dicha notoriedad para sí mismos, acaso tras muchos años en el "banquillo" de agrupaciones locales de PP o PSOE o peregrinaje por cuanto nuevo partido político surgía, otros la buscaban para sus ideas: unas exóticas, otras bien conocidas. Como producto de semejante cacao de fulanismos y ocurrencias era inevitable una escalada de desengaños. Unos, acusaron a Rosa Díez de "autoritarismo" y llamaron al suicidio de UPyD en favor de lo estético. Otros, acusaron a UPyD de ser una sucursal del PSOE, o del PP, merced a su incapacidad de aplicar sus particulares obsesiones al discurso de UPyD. El proceso de abandono/alboroto protagonizado por unos y por otros tuvo repuntes puntuales durante los períodos electorales pero, más bien, ha sido continuo desde prácticamente las elecciones generales de 2008. La presión a que someten a la estructura orgánica de UPyD estos individuos no es ninguna broma ni, como ya denuncié muchas veces, puede ignorarse.

UPyD cobra 20 € al mes a sus afiliados (5 € en caso de estudiantes, parados o jubilados). Es un partido caro y por esto, entre otras cosas, tiene pocos afiliados (alrededor de 5.000 en toda España). Esto limita seriamente las posibilidades de que UPyD influya en la política del día a día en las múltiples regiones y ayuntamientos de España. Y esto, dado que UPyD ha anunciado que se presentará en las elecciones locales y autonómicas de 2011, es grave. Pero hay algo más grave aún: el escaso número de afiliados de UPyD se distribuye de forma desigual en el territorio nacional. Y es así que un número "desproporcionado" de afiliados de UPyD se concentra en Madrid y alguna otra región mientras que en el resto de comunidades autónomas el número de afiliados (y sobre todo afiliados activos) es muy bajo o testimonial. Algo ésto que es de la mayor de gravedad no sólo porque semejante falta de gente determine una estructura organizativa permanentemente provisional sino porque hace que el peso de personas peligrosas y alborotadoras en esas regiones sea desproporcionado, paralizante. Hablando en plata: en algunas regiones uno puede intentar hacerse con el control de la estructura de UPyD con la anuencia de unas pocas personas. Siendo así, no es de extrañar que el Consejo de Dirección de UPyD expediente a muchos afiliados o monte gestoras aquí o allá. Está tan podrida la situación, por la elevada influencia de personas dudosas o fuera de la realidad, que a día de hoy está seriamente en duda la capacidad del partido para conseguir armar unas candidaturas viables o mínimamente decentes en las principales ciudades de muchas regiones. El riesgo de convertirse en una turbamulta de aprovechados y chaqueteros y, lo que es peor, ser percibidos por el pueblo como tal, es evidente.

En el fondo sabíamos que esto iba a pasar. Demasiados han percibido, como decía, a UPyD como una oportunidad de ganancia fácil. El peaje a pagar, aparentemente, era bajo: oponerse al nacionalismo separatista y denunciar la corrupción. Y lo cierto es que el resultado de esa forma de percibir a UPyD fue un desembarco de no pocos ultranacionalistas españoles y fariseos que se llenan la boca con incendiarias condenas de la corrupción (que no pocos protagonizarían sin remilgos) y a los partidos políticos en general. Que nadie se equivoque: el éxito del pasado Congreso Nacional de UPyD fue el de precisamente parar los pies a esta forma de pensar entre el nacionalismo y el populismo más exaltado, sectario y, en definitiva, hipócrita. Pero ese éxito fue más bien limitado porque se limitó a confirmar que UPyD puede hallar continuidad con el concurso de las regiones donde más afiliados tiene. Allí donde el número de afiliados es dramáticamente bajo (recordemos que en el Congreso de UPyD no hubo delegados por Girona) las estructuras y órganos locales/regionales podrán fácilmente caer en manos de personas que, a la larga, inhiban o destruyan la actividad de UPyD.

Por otro lado, la permanente pugna entre ciertas personas y grupos por ser los reyes de aire (véase "quítate tú pá ponerme yo") tiende no sólo a fomentar que los responsables de los diversos cargos de los órganos territoriales de UPyD tengan un periplo breve sino que tengan un perfil conspirativo que les invalide, en la práctica, para realizar (o dejar realizar) algún trabajo político digno de mención en la zona. Así, menos y menos personas acumulan más y más cargos de los que terminan por ambicionar su mero título aunque sólo sea por tener que defenderlo de una permanente amenaza de usurpación. Es entonces cuando, en el mejor de los casos, se apodera de todo una sensación de paralizada abulia que sustituye a la pasión o sentido común que nos guió en un comienzo: aparece un cinismo que invalida nuestra lucha por los principios. Después de tres años UPyD no puede permitirse seguir en una provisionalidad paralizante. Esa provisionalidad que no se cura haciendo votaciones entre unas decenas de afiliados sino creando partido. Y nadie menos interesado en hacer partido, por cierto, que quienes de entre los cuatro tipos que van a votar es amigo de tres.

No me corresponde a mí, claro, determinar cómo y cuándo UPyD comenzará a recuperarse de lo que sin duda ha sido su hasta ahora más difícil período. Pero la lealtad a las sencillas y ambiciosas propuestas de UPyD debiera obligar a todos a ser sinceros y no dejar llevarse por ninguna fantasía. Como acertadamente dijo Carlos Martínez Gorriarán en cierta Asamblea de UPyD en Galicia "UPyD necesita más afiliados que sean sus votantes". Tamaña aseveración nunca tuvo una más urgente vigencia, una más resonante razón.



"Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles." Ernest Renan