Galicia es una región de España que tradicionalmente ha estado, salvo algunos puntos de parcial industrialización (Ferrol, Vigo y La Coruña), hundida en un atraso patente. Un atraso que, como suele ser en estos casos, estuvo (y está) presidido por una notabilísima dispersión poblacional que forzosamente limitó el impacto racionalizador/centralizador no sólo de sucesivos monarcas "absolutos" sino también lo más modernos esfuerzos vertebradores de uno u otro signo ideológico. No sucedía esto sólo en Galicia pero, ya sea por sus pocos accesos a la meseta, fue en esta tierra donde más ha perdurado el modelo del poder desnudo: allí donde, explícitamente, las personas obedecen a las personas antes que a las leyes (o lo que es lo mismo: que la ley es la voluntad de esas personas). Y en tales circunstancias, ni que decir tiene, todo queda "en familia" y se extravían fondos públicos a manos llenas pervirtiendo para ello cualquier noción de lo público.Bajo vítores de los presentes se produjo este fin de semana, en la Galicia del siglo XXI, una sucesión feudal en toda regla. Baltar I, ante sus familiares y clientes, pasó el testigo de la presidencia del PP de Orense a Baltar II. La cosa es de tal naturaleza que durante la caldeada campaña previa a esta "elección" se dio noticia de presiones de parte del entorno de José Luis Baltar para que el candidato rival (Juan Manuel Jiménez Morán, alcalde de Verín) ni tan siquiera pudiese presentarse. Se habló, también, de sospechosos movimientos desde - como no - la Diputación Provincial que preside Baltar I para comprar voluntades entre los compromisarios del congreso orensano del PP. Diputación de la que, por cierto, Baltar I, según Baltar II, "será presidente hasta que él quiera". En la elección del nuevo presidente del PP de Orense parecía estar muchísimo en juego. Tanto, de hecho, que la propia dirección del PP intervino para enviar, cual si Orense fuese una república bananera, "observadores" para vigilar el congreso orensano. Finalmente ganó Baltar II y sus "seguidores" abuchearon al perdedor Jiménez Morán y sus respaldos refiriéndose a ellos como "traidores". El poder en el PP de Orense, así, pasa de padre a hijo y todos tan contentos.
Es destacable, por cierto, que la candidatura contraria a Baltar II en la ciudad de Orense ganó contundentemente (en la elección de compromisarios). Dada la distribución poblacional de Orense (casi toda en Orense ciudad) no resulta aventurado asegurar, en atención a las elecciones de compromisarios mencionadas, que el dominio de la saga Baltar sobre el PP de Orense encuentra su base en las pequeñas poblaciones, en el rural. Esto tiene una interpretación obvia.
Las lecciones a extraer de tan tristes hechos son claras. Debemos declarar la guerra al favorito. No porque tenga lo que nosotros queremos sino porque parte del injusto privilegio generando rentas no ganadas particularmente corrosivas para una sociedad que se precie libre. Y no es cuestión de engañarse o intentar engañar a alguien echando mano de demagogia: siempre habrá empleos y atajos para amigos y parientes, en todas las esferas. Así ha sido siempre y así será. Swe trata de un problema de oportunidad y de grado. El problema es que cuando miles de empleos dependen de la voluntad de una persona, en tanto que cargo público, y esa persona decide que un hijo suyo debe heredar tal poder... deberíamos al menos reflexionar sobre quiénes avalan, respaldan o representan a tales individuos. Porque tales individuos, en efecto, son o aspiran a ser nada menos que tiranos. Y no aspiran a éso por tener una particular agenda ideológica sino simple y llanamente porque pueden.
El clientelismo desaparecerá cuando se fomente una sociedad más abierta en los lugares en que éste vive y se reproduce. No basta con cambiar monigotes porque si el favorecer a amigos y parientes es una pulsión de nuestra naturaleza será necesario el poner por encima de nosotros una ley que nos ate, nos obligue y nos guíe. Una ley pública que sustituya efectivamente a aquélla que no está escrita. Y éso es la democracia. Democracia para la que gran parte de la sociedad gallega, y española, parece estar empeñada en demostrar ser menor de edad.
Para que luego venga el señor Sánchez Dragó a decirnos que el Estado debe desaparecer en favor de municipios autogestionarios...

"El justo y el injusto no son productos de la naturaleza, sino de la ley." Arquelao dixit.
