La reacción española mañana vuelve a la calle. Arropados por los clérigos y por quienes no sólo no se atreven a oponerse sino que fingen participar del fervor (un Federico Jiménez Losantos, ese "liberal" que debutaba hace una semana como economista citando nada menos que al muy erudito anciano y austrólogo Juan Ramón Rallo) mañana nos dirán que se cuentan por millones. Su mensaje busca aglutinar a muchos porque es un mensaje estúpido. Un mensaje cuya estupidez se vuelve manifiesta a la luz de su cursilería. Cursilería que, como sabemos, es siempre el reverso aparentemente inevitable de la brutalidad. Sin embargo la afirmación de "defender la vida", pese a su extrema demagogia, no aglutina demasiado pues es evidente que los muchos que podrían aceptar que el aborto es una decisión extrema no serán tantos como los que no ven en un embrión o una célula madre a una persona. Esta dura realidad condena al movimiento pro-vida a ser una minoría ruidosa allí donde la Iglesia y sus esbirros no tengan línea directa con el gobierno. Estamos pues, ante una manifestación más de la habitual tendencia del extremismo: siempre dispuesto a presentarse como minoría perseguida antes que como grupúsculo marginal.Pero tampoco puede negarse que las defensas de la prohibición del aborto en el mundo de la ultraderecha son cómicas. Yo me estoy riendo mucho. Y es que no puedo menos que reir cuando tipos que defienden que las víctimas pudiesen "perdonar" los delitos (esto es: que por ejemplo un homicidio quedase impune por transacción entre víctima y homicida, como en la tribu) se escandalicen ahora con la nueva ley del aborto y se postulen por la prohibición de éste. No puedo menos que reir cuando Libertad Digital, famosa por sus dos varas de medir, y los indeseables que copan Redliberal (echen un vistazo, por cierto, al índice de blogs del agregador: van quedando menos y Daniel Rodriguez Herrera ha puesto en la lista blogs que llevan años inactivos...) hacen escarnio de la réplica que algunos científicos han firmado en respuesta de la muy confesional declaración de Madrid, dicen: ¡pero si son sólo 17 contra nuestros 1700! Una postura que, por cuantitativa, se erige en perfecta contradicción con la que la derecha anti-ecologista sostiene entorno al debatido "consenso científico" sobre la existencia del cambio climático. Este sectarismo, tan afeado a la izquierda, de esta derecha pueril, vociferante y confesional es un completo escándalo y deja en evidencia hasta qué punta la Iglesia, a través de sus muchas asociaciones y chiringuitos, sigue aglutinando muchas voluntades: desde los presuntamente anarquistas a los presuntamente liberales pasando por los sectores más conservadores y cripto-fascistas. El dinero habla latín.
Poco puede añadirse al espléndido artículo de Jesús Mosterín en El País. Pero debe recalcarse que quienes hoy afirman defender "la vida" son partícipes de una visión del mundo en que la "vida verdadera" no parece ser la que llevamos en "este mundo". Baste ver el conglomerado de opiniones eclesiales y "capillitas" entorno a casi todas las formas de diversión humanas. (sin duda obra del Diablo). Recordemos, siempre, que todo vale por parte de estos sectores por cuanto tienen la osadía de sostener, a estas alturas de la película, el "si quieres divorciarte no te cases" o el "si quieres no pillar el SIDA no forniques": planteamientos que sólo pueden sostener seriamente un reducido grupo de fanáticos. Mal que les pese, existen el divorcio y los preservativos porque en la sociedad humana existen los términos medios y los acuerdos: la utilidad. Y el Estado debe ser informado por tales términos y huir de debates que conducen a absurdos morales.
Mañana, en definitiva, los anti-aborto nos dirán que reclaman un "verdadero debate" entorno a la nueva ley del aborto: cuando en realidad aspiran nada menos que a su prohibición. Mañana, nos dirán que es "la fiesta de la vida" (pareciera una de esas juergas de Marco Antonio en Alejandría) cuando allí estarán los principales partidarios, entre los españoles, de que la vida terrena es despreciable. Mañana se nos volverá a intentar pasar por científico (medida de su insolencia es que sean los mismos que persiguieron a Galileo) lo que es pura religión. En fin: son lo mismo que eran porque siempre fueron los mismos.
Yo sólo espero que algún día me aclaren quiénes son las mujeres que abortan: ¿rameras frívolas o pobres mujeres engañadas?

"Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso" Diderot dixit.





