lunes, noviembre 16, 2015

Francia, Siria y vuelta: la Democracia y la Paz en juego

Plus Jamais!
La respuesta al atentado islamista en París que está prescribiendo la prensa es la guerra. Se plantea como legítima defensa de Francia bombardear objetivos a más de 2.000 kilómetros de distancia de sus fronteras. Tras años inmiscuyéndose ilegalmente en los conflictos internos de Siria, nadie se pregunta por la legitimidad de la "respuesta" de Francia. La realidad es la de siempre: la ley internacional prohibe la guerra y, por supuesto, las "represalias" que Francia está desencandenando en Siria son ilegales.

A la ilegalidad evidente de cualquier represalia de Francia en Siria sin permiso de la propia Siria o el Consejo de Seguridad de la ONU se suma el absurdo de la estrategia global. Si atendemos a lo que dicen políticos, "expertos", todólogos y demás tertulianos el plan ahora contra Estado Islámico es un cómodo matarles a todos. Y eso es tanto como decir que no hay plan. Los llamamientos, como el de Sarkozy o Cameron, a una colaboración con Rusia difícilmente tomarán la forma de una misión conjunta. Tal es así porque Occidente ha mentido a Rusia al más alto nivel desde hace tiempo, y la última vez con respecto a Libia. No, no parece que haya ningún plan ni objetivo claro respecto a Siria. Ninguno salvo, claro está, el de siempre: la tecnoguerra. 

Como ya dije hace un tiempo, la tecnoguerra siempre nos presenta la misma receta: una escalada militar. Todo se resuelve así porque la derrota no puede proceder salvo de una producción subóptima. Todo problema político internacional se puede exponer en términos de un óptimo mix de armas y hombres a aplicar. La "voluntad de vencer" no es otra cosa que reunir el hardware necesario para alcanzar la victoria. Bajo esta perspectiva, la capacidad de convencer resultaría idéntica a la capacidad de matar o destruir. Una perspectiva que si se mostró dramáticamente equivocada contra unos nacionalistas en las junglas de Vietnam, es directamente disparatada aplicada a fundamentalistas islámicos. Porque las recetas para combatir al Estado Islámico pueden reducirse a "mostrar fuerza", "dureza" o el consabido "enviar más tropas/arrojar más bombas". En este punto cabe preguntarse hasta qué punto se puede intimidar a un tipo que acepta el suicidio como parte del drama. Pero claro, tenemos analistas que hablando de esta gente nos señalan un diferencial de salario entre los militantes de Estado Islámico y los ejércitos de la región. 

Occidente tiene armas suficientes, tanto convencionales como nucleares, para borrar del mapa a toda la población de Siria e Iraq. Pero eso no se llama victoria, se llama genocidio. Y es exactamente a donde está destinada toda estrategia contra Estado Islámico que se base en "hay que hacer algo"; generalmente eufemismo de bombardeos aéreos irrestrictos. Porque si algo resulta llamativo en las disertaciones de los "expertos" que opinan sobre conflictos como el sirio es su creencia en la capacidad de la interdicción aérea. Interdicción que viene a significar algo así como vencer al enemigo a base de bombardeos y sin enviar tropas de tierra. Seguir esa lógica es peligroso para la población civil, basta preguntar como va eso en la Llanura de las Jarras, Laos.

Otro aspecto llamativo de la reacción frente al atentado del pasado viernes 13 son los medios de comunicación. Además del muy arriesgado trabajo de ir en manada a París, dichos medios se alinean sin disimulo a favor de la guerra. Hoy mismo asistía estupefacto a un telediario de Antena 3 en que celebraban como buena noticia la perspectiva de emprender bombardeos menos selectivos en Siria. Algo que por cierto está muy en sintonía con los disparates que políticos franceses de altísimo nivel están diciendo estos días. No sólo no se guardan las formas legales ni nadie disimula sus propósitos sino que ya están incluso celebrando los crímenes por venir.

Los medios no se limitan a celebrar bombardeos indiscriminados sobre Siria. Hay más prescripciones interesantes. El periódico, otrora "progresista", El País, en un editorial y uno de sus periodistas estrella John Carlin, en un escalofriante artículo, defienden por ejemplo ir hacia una tiranía de los servicios de seguridad. En un ejercicio de increíble cinismo o estupidez, se pretende ahora que el milenario debate sobre seguridad y libertad se puede zanjar sin más a favor de la primera. Como si la ausencia de una "absoluta seguridad" mereciese una absoluta renuncia a la libertad. Turbio propósito máxime cuando la historia nos demuestra que el sacrificio de la libertad "en favor de..." no se trata de algo fácilmente reversible. Pero en esta era de personas aisladas en grupo nada más fácil que hacer pasar conceptos sagrados como democracia y libertad por poco menos que una .app a actualizar de un dispositivo electrónico. 

¿No te habías enterado? Han sacado una actualización de la democracia
Nada más fácil que pensar que la tiranía es solución a los problemas. En tanto los problemas políticos e internacionales se enfoquen como "problemas técnicos", tanto más convincente resultará la tiranía. Porque la técnica presupone que existe una concreta forma de afrontar los hechos. Y si existe sólo una forma correcta de hacer las cosas, da igual quién tome la decisión mientras sea eficaz y resulta demencial oponerse. Democracia, libertad, derechos civiles... todo resulta superado como irrelevante, si acaso reducido a relaciones públicas, desde esta perspectiva. Se trata todo de hacer caso de unos expertos e implementar sus dictámenes. Pero el ser humano tiene pasiones, grupos de afines e intereses por lo que dar un poder ilimitado a alguien no parece una buena idea. Porque desde ese poder, el objetivo será tan racional como traducirse en un gobierno indefinido. ¡La política basada en la evidencia! Política que nos lleva a una paradoja: la de confiar ilimitadamente en las fuerzas de seguridad mientras se desconfía de todos los demás; unos demás en los que teóricamente recae nada menos que la soberanía nacional.

En Francia, Hollande ya propone una reforma constitucional y penal para hacer frente al terrorismo. De nuevo la lógica: seguro que más severas condenas de prisión disuaden a los suicidas. Además lo hace mientras se anuncia la expansión del estado de emergencia. Una circunstancia curiosa, porque en España, a propuesta del Partido Comunista de la época, se introdujo un último artículo (el artículo 169) en la Constitución de 1978 prohibiendo promover una reforma constitucional en períodos de emergencia. ¡Ojalá Francia fuese un país serio, como España!

Mención aparte merecen los lamentables, repito: lamentables, espectáculos de luto patrocinado. Hechos execrables y repugnantes que cada vez de forma más frecuente tienen lugar tras los atentados terroristas y tragedias de todo tipo. Desde artistas intentando vender más entradas o conseguir más descargas en Internet hasta lacrimógenas historias mencionando empresas y marcas comerciales diversas... es todo muy odioso. Dice muy poco y todo malo sobre la sociedad en que nos ha tocado vivir. E informa, de paso, de cuál parece ser el único derecho fundamental de las nuevas constituciones "liberales": el derecho a consumir.

No es menos odioso el insensato racismo que subyace a muchas informaciones que pretenden que el terrorismo es algo que se agota en el mundillo islamista. Circulan por ahí historias periodísticas sobre el terrorismo en Francia cuya cronología excluye el atentado más grave de la historia hasta el pasado viernes. Porque ese atentado no fue cometido por yihadistas sino por los militares franceses renegados de la OAS: caucásicos, católicos, apostólicos y romanos. Se podrá pensar que exagero, pero este tipo de cosas aflojan la correa de fuerzas bien tenebrosas.

Puede que estemos en los albores de una 3ª Guerra Mundial, como ya muchos bufones han salido a repetir. Puede que, al más puro estilo fundamentalista, tengan razón quienes profetizan que el final está próximo y hemos de hacer girones nuestros derechos. O puede que exageren. Puede que la solución más eficaz para acabar con Estado Islámico no sea abandonar la democracia y redoblar el esfuerzo de intervención en Siria sino revertir esas ideas por completo. Porque al "todos somos Francia" ha de seguir necesariamente el aceptar que en Siria "nadie es Francia". Porque el jueves de la semana pasada era tan falso como hoy aquello de que "para vencer al terror hay que convertirse en terror".

Éxtasis represor

"Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad" Benjamin Franklin



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lástima que el guión de los acontecimientos ya estaba escrito. Harían falta millones de opiniones en contra para cambiarlo. La verdad es lo que la mayoría cree, y de eso ya se encargan los medios de comunicación oficiales.

Fran dijo...

Si me permite la pregunta, ¿a qué partido votará el 20 de Diciembre?

La almeja picante dijo...

El camarada Valcarcel se ensucia las manos por la gentuza sin futuro como tú:

"Tuve que prescindir de amigos antiguos, pelear con gente íntima, sacrificar muchas cosas en el ámbito profesional y cargarme mi futuro en el mundo empresarial pero ¡lo hice porque no queda otra alternativa que no sea la defensa de la igualdad y la democracia en este país! Yo soy un hombre muy fuerte, sí, no voy a negarlo, pero en esos momentos pensé que me iba casi a morir o suicidar."

"La gente me llamaba “loco”, “psicópata”, “estás loco hijo, ¿¿¿pero cómo vas a adoptar doctrina marxistoide!!???” ¿¿¿qué estás fumando??? me preguntaban familiares, amigos, ¡¡pero me importa un bledo lo que opine la burguesía de mí!"

https://liberalismodemocratico.wordpress.com/2015/12/16/que-me-provoco-ser-igualitario/

¡Hasta la victoria, siempre!