lunes, septiembre 07, 2015

Terror para Cataluña

Corría el año 1907 cuando en Barcelona comenzó una sucesión de atentados terroristas. Miles de bombas estallaron en la ciudad dirigidas contra empresas y fábricas. La policía se mostraba particularmente incapaz de atrapar a los responsables, culpando a unos sospechosos habituales que podían fácilmente ofrecer coartadas. Dado que las fábricas y empresas que eran blanco de los atentados pertenecían a empresarios relacionados con la nacionalista Lliga Regionalista, las sospechas estaban servidas. Por eso el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona contrataron los servicios de un detective privado británico, que investigó los atentados. Lo que este detective averiguó resultó un escándalo: la mayoría de los atentados eran obra de malhechores a sueldo de la policía. De semejantes autoridades tampoco cuesta imaginar que diesen libertad de acción a grupos anarquistas.

Los atentados terroristas en Cataluña se sucedían al compás de los avances políticos de los nacionalistas (los primeros atentados coinciden con la proclamación de las Bases de Manresa). El 2 de enero de 1908 se suspenderían las garantías constitucionales en Barcelona. Al mismo tiempo, las mismas autoridades que patrocinaban actos terroristas, no veían conveniente aplacar a individuos como Alejandro Lerroux. Un individuo que en aquella época en sus actos públicos llamaba a incendiar iglesias, destruir los registros de la propiedad y violar monjas. Inflamada oratoria la suya que aseguró un creciente apoyo popular a su Partido Radical que llevó en 1908 a ganar en Barcelona. Curiosamente al Partido Radical se le conocía entonces como "los antisolidarios" en tanto se oponían a Solidaridad Catalana, la coalición de todos los nacionalistas. 

Quienes hoy se oponen a una solución pacífica para Cataluña suelen equiparar la secesión catalana con el fin del Estado de Derecho. Esto es: dado que la secesión es una ruptura de la legalidad, de consumarse se sucederían todo tipo de ilegalidades. La independencia de Cataluña sería así una suerte de jurídico fin de todas las cosas. Junto a las habituales diatribas sobre la falta de base histórica del nacionalismo catalán, este argumento de la independencia como caos coge fuerza conforme se acercan las elecciones del 27 de septiembre. Va dirigido a un público al que se sabe conservador. Y al conservador hay que cebarlo con el miedo. Así, los argumentos del miedo son múltiples y alcanzan a cualquier cosa imaginable. Desde la teoría del dominó sobre una ola de separatismo recorriendo Europa y arruinando negocios hasta el consabido el Barça se quedaría fuera de la Liga todo es válido.

La cuestión catalana es tan antigua como España. Hoy adquiere tal gravedad que Cataluña se ha convertido tanto para PP como PSOE en un espacio vacío donde se pelean votos de otros lugares. Las televisiones echan humo condenando las ansias separatistas de los catalanes desde todos los ángulos y dando un desmesurado protagonismo a un unionismo marginal. En el orden conceptual que emerge de todo ese griterío parece vislumbrarse un nacionalismo catalán que se rebela contra todo lo sagrado y bueno. Muchos españoles caen en la trampa y piensan que el nacionalismo catalán puede ser destruído con una simple escalada en el nivel de hostigamiento, como si no hubiese existido el Franquismo. ¡Porque, sorpresa, hasta el franquismo se utiliza contra el nacionalismo catalán!

A la vez inventado y amenazante se espera derrotar al separatismo catalán con una mezcla de dar protagonismo ilimitado a distractores/agitadores y una legislación de castigo. La concreta técnica de la represión del nacionalismo catalán puede haber variado, pero no así la estrategia. La estrategia sigue siendo el terror.

Unió es el que más sale en la tele española

"El Estado, que se ha presentado como la única garantía del orden, ha salido sistemáticamente reforzado. El catalanismo, que se ha sentido atrapado por una pinza, ha salido sistemáticamente debilitado." Vicenç Villatoro


2 comentarios:

No nos engañan... dijo...

Cuánto mejor sería que se hubiese hecho a tiempo una reforma de la constitución y una ley de transparencia para canalizar legalmente el separatismo en las comunidades autónomas autodefinidas como nacionalidades. Por supuesto, debiera ser un procedimiento exigente, acorde con la trascendencia de la cuestión y del hecho de que la mitad de los catalanes, vascos, gallegos... se sienten también españoles (requisitos como dos tercios del censo, situación de estabilidad política y crecimiento económico, etcétera).

Pero que no haya sido así, hasta ahora, no justifica la ruptura de la legalidad; y además dudo que los nacionalistas aceptaran a la hora de la verdad un nuevo marco legal de ese estilo, porque probablemente se quedarían con el culo al aire. Es mejor intentar forzar las cosas con la mitad más uno de los diputados, o ver si al menos por el camino se obtienen nuevos privilegios en perjuicio del resto de españoles.

En cuanto a lo de la estrategia del miedo, la violencia institucional y demás, está claro que toda procede del estado. La comunidad autónoma catalana, en cambio, es una hermanita de la caridad y un ejemplo de fair play. Pobrecita.

Isidoro Ferrol dijo...

La cuestión catalana es tan antigua como la española. Con unas formas y fondos políticos u otros. La Historia es incontrovertible en este sentido y lo que estamos viendo ahora no es nuevo.

El descrédito de la política que ha afectado a toda España en Cataluña ha tenido un efecto particular: y es que ha cerrado las distracciones habituales que frenaban a los nacionalistas. Es más: los que quieren una nueva situación económica "completamente nueva" o "más justa" ya no parecen dudar de que eso pasa por metas nacionalistas. Es el final. Debe admitirse que todo está perdido para España en Cataluña y no tiene marcha atrás.

En el fondo creo que todo esto anterior se sabe muy bien y se preveía hace tiempo. Eso explicaría la falta de inversiones del Estado en Cataluña. Cosa que, por cierto, he oído de los labios de altos directivos de empresas públicas. No se trata de una broma: es una deslealtad calculada. Igual que la tendencia ya muy obvia a fomentar toda clase de grupo/banda/partido político extremista o radical para intentar alterar la vida política catalana. Pero cada vez esos partidos están más y más a la derecha, más en posiciones "antipáticas" para una mayoría de catalanes. Es una forma de actuar, en resumen, completamente insostenible.

Sin base política y sin legitimidad democrática (un rechazo democrático claro y cristalino) no hay legalidad que se sostenga. Por mucho que uno se empeñe. Fíjese en esa ridícula lectura del "no podéis ser independientes". No se habla desde la persuasión sino de la prohibición. Es una vía sin salida.

¿Los catalanes son los buenos de la Historia? No creo que sea correcto ir a ese reduccionismo. Pero en el aspecto meramente democrático del asunto está claro que lo son. Y que también podemos ver en la Historia un maltrato claro a ese aspecto de parte de Madrid. Son hechos.