lunes, junio 01, 2015

Pitos contra el odio de Madrid

Ay de los "sanos sentimientos"
Este fin de semana el Barcelona de fútbol ganó su vigesimoséptima Copa del Rey y, por supuesto, la noticia han sido "los pitos al himno". Ya venía calentándose el escenario, con los medios de la capital anticipando la gran pitada y estaba cantado que sería la cortina de humo. Lo lamentable, como siempre, fueron esos "análisis" sesudos de quienes creen ilimitado el campo de actuación de sanciones y castigos. En la prensa deportiva aún está bien visto ser franquista.

Pitar o abuchear el himno de un país es un mero ejercicio de la libertad de expresión. Sólo desde presupuestos autoritarios puede sostenerse que podría ser de algún modo ilegal. Intentar asimilar el pitar el himno con la xenofobia o los diversos delitos de intolerancia es un absurdo. Y no sólo porque con ello reconozcan que catalanes, vascos y españoles serían pueblos diferentes. ¿Cuál es el bien ofendido con los pitidos? Pues no sería otro que alguna variación del "honor de la patria". O lo que es lo mismo: un presunto derecho que tendría cada español de que nadie rechazase sus símbolos nacionales. Y esto, como resulta evidente, dista mucho de ser un derecho subjetivo defendible. Se trataría más bien de un puro atavismo, una degeneración nacionalista del Derecho. Ya se busque "atacar al bolsillo" administrativamente o ir por lo penal, pitar el himno no es un comportamiento sancionable a la luz de la libertad de expresión teóricamente garantizada por la Constitución de 1978. Hasta la tenebrosa Audiencia Nacional así lo acepta

Hay quien insiste en presentar como algo novedoso las pitadas al himno nacional. Tal vez intentando salvar lo evidente: que quienes pretenden "castigar" a los catalanes y vascos actuarían como Primo de Rivera, dictador de España que  en 1925 mandó cerrar durante meses el campo del FC Barcelona por los pitidos al himno nacional. En este sentido, ayer mismo, el impresentable presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, pretendía que la discusión entorno a los símbolos nacionales estaba saldada desde el mundial de Sudáfrica de 2010. La politización del fútbol es buena o mala según interese.

El enfrentamiento entre Cataluña y Madrid está en su punto más alto. Se niega la posibilidad de una salida democrática a un separatismo catalán cada vez más hegemónico. Y no tiene menos relevancia el enfrentamiento de muchos españoles con lo que la España actual y sus símbolos. Símbolos que representan, al igual que la Constitución en que se basan, una continuidad y no una ruptura respecto a la dictadura franquista. Pero al margen de todo eso existen también razones puramente mediáticas por las que los pitidos al himno habrían cobrado mayor entidad. 

En el ámbito deportivo, no creo que nada incite más al odio que la información sesgada, mezquina y vengativa que se hace en los medios "nacionales" (véase madrileños) sobre Cataluña en general y el FC Barcelona en particular. Sólo superadas en odio y malignidad por las referentes al chavismo en Venezuela, las informaciones de los medios deportivos sobre el FC Barcelona parecen no tener límites. Quien esto escribe ya ha visto varios ciclos ganadores de este club de fútbol que fueron contraprogramados o ninguneados de todas las formas imaginables. Es insostenible decir que estos enfoques responden a los intereses de la audiencia porque hay evidencias de que el Barça tiene más simpatizantes en España que el Real Madrid. Quedan lejos esos tiempos en que el único equipo cuyos partidos se televisaban era el Real Madrid. Tampoco resulta válido decir que el madridismo de los medios de comunicación obedecería a la mera situación geográfica de las sedes de los mismos. Parece que, más bien, el ninguneo al Barcelona obedece a indicaciones políticas. Directrices que se siguen bien porque emanan directamente de algún poder o porque los periodistas perciben que es lo que se espera de ellos. La pretensión de poner por encima al Real Madrid del Barça, cuando ni las simpatías ni el rendimiento en títulos lo justifica está obrando lo inevitable: que hoy por hoy el Real Madrid sea el club más odiado por los españoles.

La estrategia de la mentira, el autoritarismo y el odio podrá congregar a muchos. Pero cuidado con esa estrategia. Al final de ese camino serán pocos los españoles que no estemos dispuestos a pitar el himno y despreciar la bandera. Porque, en efecto, representarán más allá de toda duda algo absolutamente despreciable.

La culpa es de la LOGSE

"El patriotismo es el último refugio de los canallas" Samuel Johnson

9 comentarios:

Odiador de la Pradera dijo...

Vaya trauma y vaya complejo de inferioridad tiene usted con Madrid.

Odiador de la Pradera dijo...

Yo voto -y hablo en serio- por que la provincia de Madrid sea incorporada a Castilla-La Mancha, y que la capital del estado se traslade a Zaragoza, a ver si así nos quitamos de encima el sambenito del imperialismo español, que -leyenda negra aparte- habría tenido como primera víctima histórica a Castilla.

Isidoro Ferrol dijo...

Madrid es una ciudad de la monarquia española que obedece a un criterio militar de siglos pasados. No es fruto de un cruce de caminos "natural" ni está basado en una población de entidad "histórica". Otras ciudades así fueron creadas en España y que cuando perdieron su objeto original cayeron en la regresión y el abandono. Madrid tiene sentido en tanto centro de poder. Si ese poder se desplazase o desapareciese, así sucedería con Madrid.

Solamente de acuerdo a esa lógica de poder se puede entender el trato infame que se dispensa en los medios a Cataluña. Y todo ello se ve aún más claro con la prensa deportiva, donde el listón de lo aceptable se afloja mucho más. Como digo, sólo desde la perspectiva del poder asentado en Madrid se entiende que el equipo con más simpatía de España sea tratado en un segundo plano, con enfoques negativos, mientras el equipo más antipático es tratado en un claro primer plano y con enfoques positivos hasta lo imposible.

Todo lo dicho es un hecho. Tristemente en España los hechos tienden a no aceptarse.

Odiador de la Pradera dijo...

El efecto capital, en negocio y en malas actitudes, es un hecho, desde luego, pero en Madrid y en todas partes. Lo mismo que si la capital de Cataluña se hubiese fijado en Tarragona, Barcelona presumiblemente sería hoy la ciudad de los 300.000 habitantes, no la de los 3.000.000, si es que eso significa algo, y sobre todo sería una ciudad mucho menos pagada de sí misma.

Creo que el carácter castellano no casa bien con este tipo de gran ciudad; es más de villa y campo, compacta, ordenada, austera, de espíritu comunal y con alta calidad de vida, tipo Ávila, Cuenca, Segovia o Valladolid. Pero eso para mí significa que haber sido la capital ha sido más una condena que una bendición para Madrid.

Y sí, la ciudad de la Corona con más entidad "histórica" y "natural" era Sevilla, la Lisboa española; pero me temo que de haber sido la capital, hoy estaríamos con la misma matraca catalana.

Y ojo, que tampoco creo que lo histórico y natural sea por definición lo mejor. Un buen ejemplo lo tiene en su tierra, donde la histórica Compostela, que es un pueblo de curas y funcionarios, os mangonea pero bien al resto de gallegos y sobre todo a los coruñeses, menos históricos, pero mucho más abiertos y empresariales.

Del pan y circo futbolero no opino.

Fernando K dijo...

Qué chorradas dicen ustedes dos. El pique entre Madrid y Barcelona es recíproco, sano y natural. Por cierto que incitan mucho más al odio los medios, las instituciones y la gente de Barcelona contra Madrid y España, que los de Madrid contra Barcelona y Cataluña.

Pero tranquilo todo el mundo que el tiempo pone a todos en su sitio. No hay más que ver cómo en estas ultimas décadas de democracia y autonomía Madrid ha ido superando en todos los indicadores económicos a Barcelona. Madrid es mucho más que un centro de poder.

Saludos y que ¡viva Madrid y viva España!

Isidoro Ferrol dijo...

La lista de agravios en que se incurre desde Madrid hacia Cataluña, BOE mediante, es interminable. Y mucho que ver tiene en ello ese "adelantamiento económico" (que tiene mucho de mito) de Madrid sobre Barcelona. He oído con mis propios oídos a ex-altos cargos de empresas públicas diciendo que las no-inversiones en infraestructuras catalanas eran algo lógico porque "se las van a quedar los catalanes cuando se vayan".

Aquí una somera lista: http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/docs/2014/01/21/18/25/04ef0077-d851-4e10-a7ad-3392f35bde72.pdf

Madrid no es más que un centro de poder, con todas las estructuras económicas adiposas habituales y servicios-servicios-servicios. Si no fuese centro de poder lo de Detroit iba a ser una broma al lado de lo que sucedería.

¿Que desde Cataluña se lanzan discursos de odio hacia Madrid? Sí. Pero el orden de magnitud de dichos discursos es necesariamente menor. Recordemos que tenemos a un partido en el gobierno que lleva años dando por perdida Cataluña y hostigándola para obtener votos en otros lugares. Y en los medios de comunicación eso se puede palpar: donde Cataluña recibe un trato no ya con enfoques negativos, sino directamente hostiles.

Y todo lo anterior se sublima perfectamente en el caso del fútbol, donde el seguimiento del Real Madrid no tiene justificación en los datos demoscópicos disponibles. Mucho menos lo tienen los enfoques de las informaciones del FC Barcelona.

Fernando K dijo...

Tonterías.

Hay por ahí otros pdfs que argumentan lo contrario; y si no, bien está por los ocho años de marginación de Madrid por el zapaterismo. Sólo son ciclos, vaivenes políticos a los que no hay que dar mayor importancia.

La realidad es que Cataluña tiene una autonomía amplísima, maneja muchísimo dinero y su lengua y cultura tienen buena salud, un punto medio óptimo entre centralismo e independencia, teniendo en cuenta que la mitad de su población se siente española.

Isidoro Ferrol dijo...

¿Tonterías? El revisionismo no tiene límites. Podrá encontrar usted muchos libros defendiendo y argumentando que el Imperio Austro-Húngaro era un estado federal magnífico en que las minorías estaban protegidas y que no había motivos para el nacionalismo disgregador que sobrevino en la Gran Guerra. Ok, perfecto. Pero sobrevino. Y en Cataluña ocurre así. Negarlo y mandar a pastar a los separatistas catalanes (cada vez más numerosos) no tiene caso. Y menos caso tiene quejarse de que dejar ese asunto sin solución traiga el lodo de los pitos al himno.

Anónimo dijo...

No, no y no. Isidoro no sabes lo que escribes.

Mario.