jueves, junio 25, 2015

La derecha y el monopolio del odio

Hoy en  La Mañana de COPE ...
Desde 1939 hasta la muerte de Francisco Franco y más allá estuvo prohibido ser "rojo" en España. La definición estricta de dicho concepto todos nos la podemos imaginar: cualquier cosa que se mueva de la foto. Para reprimir a dichos elementos "nocivos" se constituyeron tribunales especiales, grotescas cortes de injusticia en que con los procederes de las cortes militares condenaban a civiles cual soldados. Y esta era la cara amable del franquismo pues de todos es conocido el frenesí homicida de sus primeros años.

Los supervivientes al exterminio del pluralismo en España se acostumbraron a no pensar demasiado, a no meterse en política. Lo que equivale a que la "centralidad del tablero" en España es la indiferencia encarnada en la célebre expresión coloquial "yo paso de follones". Políticamente, estos son ciudadanos asustadizos, de los que dicen abominar de las dictaduras pero tienen mucho miedo de que alguien diga democracia en voz alta. Y no hablemos del miedo que le provoca quien habla en voz alta de justicia. Y todos los políticos andan empeñados en seducir a esta masa informe.

El silencio cómplice y el miedo fueron sin duda moneda común en el franquismo. Durante cuarenta años hubo en España una impunidad, cuando no un premio, a quienes se conducían como matones de ultraderecha. Desde aquellos falangistas de última hora que durante la posguerra presumían de pistola por las calles de España a los decadentes cadeneros de la Transición, impunidad. Impunidad no sólo en el obvio delito sino en cosas más del día a día, más del "yo grito pero tú te callas". Cuarenta años gritando unos y callando otros. La impunidad en la agresión envalentona al agresor y se indigna si encuentra resistencia. Ha quedado memoria de ello.

Tal vez sea a la luz de las reflexiones anteriores como se deba abordar el enfoque que la mayoría de la prensa da a las opciones dizque izquierdistas. Medios como la COPE llevan tiempo instalados ya no en la desinformación sino en la pura y dura opinión exaltada. En los abiertos discursos del odio de La Razón, ABC, El Mundo o incluso Antena 3 podemos ver la misma implacable parcialidad de aquellos tribunales de orden público franquistas. Y otros muchos medios no son mejores. Medios que se caracterizan como "progres" ya sabemos en lo que están embarcados. Mejor será que no hablemos de qué clase de progresismo es una tertulia económica donde se presenta como experto económico a un anarcocapitalista partidario de la venta de órganos. No existe pues ningún equivalente a la izquierda que sintonizar o leer en tirada nacional donde nos desayunemos con acusaciones o amenazas del jaez de las de la mayoría de medios de derecha. Para escuchar discursos de odio y espumarajos por la boca de izquierdistas equivalentes a los de la derecha hemos de descender a la marginalidad de lo digital. 

No parece probable que insultar a la izquierda sea más eficiente en términos económicos que a la derecha. Sin embargo determinada izquierda debe creerlo así pues insiste en argumentar que los medios de comunicación son fríos facturadores, que les trae sin cuidado la ideología. Esto da por sentada una normalidad democrática que no se deduce de los discursos de odio desatado hacia la izquierda, el populismo o el té con pastas rojas que se ven y escuchan por doquier. Un odio que se espera sea tan pasivamente asumido como la propia dictadura de Franco. Y así es. Es así de simple: el matón de derechas sigue percibido con miedo y distancia mientras que una inmensidad silente sí comprende que el de izquierdas mejor callaría que bastante tiene con votar. Y claro, todo esto se traduce en que si Guillermo Zapata hace unos twits impresentables se abre una crisis nacional y si Pablo Casado a su Sonrisa se chotea de los republicanos asesinados en la Guerra Civil aquí todo es "sigan circulando que aquí no hay nada que ver"

No sueño con una España en que al Losantos de todas las mañanas le rete un equivalente rojo a un duelo mortal. Es más, es una perspectiva que me repugna. Por eso mismo estoy en contra de las salvíficas listas abiertas con las que sueñan todos en España. No quiero que unos matones se enfrenten a otros. Deseo más bien una España donde los matones estén donde les corresponde: en el miedo a la ley, el ostracismo social y el silencio.  Y a tal fin es preciso que cese esta anomalía de la ultraderecha odiadora casi omnipresente, casi como tic, casi como un monopolio. Algo está podrido y muy podrido en los medios de comunicación.




“Todos los fanatismos se ahorcan unos a otros.” Thomas Jefferson

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué te parece que Alfredo Coll esté haciendo la revolución en Twitter? ¿le está dando a los porros, es un troll como el manchego o se está autoparodiando?

Anónimo dijo...

https://twitter.com/alfredoliberal

Anónimo dijo...

https://twitter.com/alfredliberal

Anónimo dijo...

No puede ser... Veo que ahora se ha hecho "liberal-progresista" y da vivas al 1º de mayo, a la Grecia syriziana y a Mònica Oltra.

Anónimo dijo...

En cuanto a la entrada, me parece que el monopolio del discurso político correcto, aquí y en todas partes, es de la izquierda.