miércoles, febrero 25, 2015

Rubalcaba returns

Rajoy ayer perdió. Perdió rotundamente. Y se mostró como un dirigente cansado y descuidado, más pendiente de pasar un trámite. Algo lógico dado el actual juego político europeo. El presidente, quien presume de ser hombre de realidades, nos ofreció un despreciable acto electoral acorde al no menos despreciable papel que ocupa nuestro legislativo frente a los amos de Europa. 

Mariano Rajoy es un político con un gusto trasnochado por cierta "ironía parlamentaria". Un estilo oratorio más propio de tiempos en que los debates políticos eran seguidos desde sillones orejeros. Si Rajoy puede decir algo irónicamente, aunque obligue a ampliar el "corte televisivo" al minuto y medio, lo hará. Rajoy es adicto, también, a adoptar el papel de "maestro" frente a sus interlocutores. Una actitud irrespetuosa que tiene mucho que ver con su concepción racista del mérito. El elevado concepto que Rajoy tiene de sí mismo, en realidad, le lleva a perder casi cualquier debate ante los ojos de un demócrata, pero lo de ayer con Pedro Sánchez alcanzó otro nivel.

Rajoy allá por diciembre pidió a los reyes magos la vuelta de Rubalcaba. Como buen alumno aplicado, puede que sus deseos se hayan hecho realidad. La eliminación de Tomás Gómez y el discurso de ayer en el Congreso suenan más a Rubalcaba que al desechable Pedro Sánchez. De hecho, es conocido que Alfredo Pérez Rubalcaba ha ayudado a Sánchez a preparar el Debate del Estado de la Nación. Y el tándem Rubalcaba-Sánchez, propiciado por Susana Díaz, funciona bien. Lo hace porque los discursos de Rubalcaba, siendo muy superiores a los de Rajoy, caían mal en muchos oídos por su luciferina claridad y por haber sido protagonista de la última fase "troikiana" del zapaterismo. El aspecto y perfil de Pedro Sánchez, un tópico falso principiante en política y figurín, maximiza la superioridad discursiva de Rubalcaba. 

Si Rajoy ya perdía claramente con Rubalcaba, con Pedro Sánchez se hace casi imposible al PP vender el humo de victoria. Aunque la inercia goebbelsiana que ha adquirido la prensa del Régimen obliga a intentarlo. Y es que la bochornosa actuación de Rajoy no existe en la España monocolor del Partido Popular. Viendo el telediario de TVE ayer noche, por ejemplo, bien parecería que el debate del Estado de la Nación fue una homilía de Rajoy, defendiendo las esencias de España frente a un atajo de pecadores insolentes. Un empeño en la mentira ya habitual en la España de los Rafael Hernando y similares. Una España en la que no sólo se persigue engañar a la gente sino la satisfacción ideológica de quienes consumen una realidad deformada ajustada a su pensamiento deformado. 

Ayer Rajoy dio claras muestras de haberse visto sorprendido por la agresividad rubalcabiana de Sánchez. Bien pudiese ser que Rajoy pensase que no había que preparar el cuerpo a cuerpo contra el líder socialista. Tal vez el entorno del presidente del gobierno consideraba que sólo faltaba dar la puntilla a Sánchez. Por esto acabó Rajoy hecho un manojo de nervios, insultando sin ton ni son, ordenando al líder del PSOE no vuelva al Congreso "a hacer ni decir nada". Concluía Rajoy calificando el discurso de Sánchez de "patético". Así es nuestro flamante presidente del gobierno, visiblemente cansado de presidir España e inmerso en una complicada oposición a procónsul de Alemania en estas latitudes. 

Se dijo que el PSOE haría mejor oposición sin contar con Rubalcaba y estando en su lugar alguien nuevo y que interpretase un mensaje diferente. Podemos, Ciudadanos y cualesquiera otras profecías autocumplidas decreten los medios de comunicación, harán difícil el recurso del socialismo a la mera novedad y mucho más a "los pactos de Estado". Tal vez el mejor plan del PSOE no sea cambiar. Tal vez la respuesta sea un inadvertido liderazgo de Rubalcaba.



"La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano" San Agustín.