martes, febrero 10, 2015

La vietnamización de la crisis y Grecia


En la guerra de Vietnam los norteamericanos estuvieron contando cadáveres durante años y calculando ratios de muertes sobre las propias bajas. Si esos ratios subían, si la contabilidad de la muerte mejoraba, es que estaban "haciendo progresos". La ofensiva del Tet en 1968 tuvo que interrumpir esa siniestra fantasía, demostrando, aún a costa de una completa derrota militar, que el Vietcong seguía con vida.


En "la Europa de la recuperación" sucede en estos tiempos algo parecido. Proclamada la victoria sobre la crisis sobre unas relucientes bases de injusticia, miseria y explotación, el pueblo griego se ha propuesto aguar la fiesta a los enterradores. La reacción de los partidarios del caos ha sido la previsible: ofensiva económica y mediática total contra los griegos.

La solución de la crisis económica, perdiendo año tras año crecientes dosis de dignidad, sin que se identifiquen claramente qué condiciones de victoria se plantean nuestros gobernantes. Es más, es que en España dichos gobernantes nos proclaman que la victoria ya ha llegado, pendiente de unos flecos de nada. Flecos, por supuesto, supeditados a un mayor "impulso de reforma" que inevitablemente significa degradar aún más el umbral de lo indigno.


La narrativa moralista de la crisis económica no tiene caso, es malvada y estúpida al mismo tiempo. Pero sin duda resulta útil. Útil tanto para ejecutores como quienes aún no se sitúan en la cuneta del sistema. Quienes malviven o sobreviven son ávidos de este tipo de historias que les sitúan de campeones frente a los fracasados. Porque el fracaso de aquellos no es fruto del azar, no, eso sería inquietante. El fracaso se atribuye a defectos del carácter. Y si el fracaso que se quiere "explicar" abarca a todo un pueblo, que lo abarque.

Paul Krugman empleaba una expresión que resume bien la postura de quienes proclaman el éxito de la austeridad: golpearse con un bate de béisbol repetidamente en la cabeza debe estar bien porque cuando dejas de hacerlo te sientes bien. Ampararse en las estadísticas del "rebote desde el subsuelo", donde todos los porcentajes son "prometedores", es una indignidad ante situaciones de emergencia. Y esta era la receta, y no otra, de Nueva Democracia en Grecia. Y es eso, exactamente, ante lo que los griegos han dicho basta. Han renegado de la cruel mentira de proclamar las bendiciones de soltar lastre social.

En realidad, el FMI en octubre prometía para Grecia un crecimiento del 2.9% en 2015. Para España prometía un 1,7% y, como sabréis, nuestro gobierno montó una de sus habituales festejos mediáticos (de hecho, el FMI se ha venido arriba y dice que el crecimiento será de 2,3%). En octubre Grecia iba a crecer más que España, pero nos decían que dadas las cifras de crecimiento seríamos líderes del crecimiento europeo. Este es el nivel de irrealidad.

El pueblo griego, que ha sufrido humillaciones inimaginables en el siglo pasado, decidió rebelarse ante el tormento económico. De paso, los griegos nos han concedido al resto de europeos la oportunidad de averiguar qué significa la democracia en Europa. De momento todos los altavoces mediáticos llevan anunciando la traición de Syriza a sus votantes a diario desde su victoria electoral. La dignidad inquieta, quema, abrasa a quienes siguen la agenda del terror económico.

No debemos tolerar a quienes en España exigen a Grecia que les pague "lo suyo" o que instan a las instituciones europeas a "dejarla caer". Todo mi desprecio para ellos y toda mi solidaridad con Grecia.

Detengamos el recuento de cadáveres.


"Hay dos formas de conquistar y esclavizar una nación. Una es la espada y otra es la deuda". John Quincy Adams