martes, junio 03, 2014

Los Borbones permanentes e inalterables

Ayer muchos españoles pudieron sentir en sus carnes un "emoción en el recuerdo a Franco". Todos los medios de comunicación de España, al menos en su línea de telediarios, coincidieron en dar un tratamiento informativo al saliente jefe del Estado no muy diferente del que se diera en su día al dictador ferrolano. Dictador que al igual que Juan Carlos de Borbón, ocupó el cargo de jefe de Estado durante 39 años. Para sus apologetas Franco lo hizo todo bien y con los de Juan Carlos ocurre igual. La prensa en España cuando habla de la monarquía se pone en unos modos pre-democráticos y la crítica editorial desaparece dando paso a una bochornosa postración.

Sólo las cabezas vacías pueden ignorar quién es Juan Carlos de Borbón. Se trata de un individuo descendiente de una familia pintoresca al que le fue "devuelta" la corona de España por un dictador. Y es que hasta tenemos en video a Juan Carlos jurando "por Dios y sobre los Santos Evangelios" que mantendría intacto el Franquismo. Para bien de todos, Juan Carlos, como tantos otros Borbones en la Historia, no concede demasiado valor a su palabra y destruyó el franquismo mediante un artificio legal como el que será necesario de nuevo para derribar a los Borbones: una ley que deroga a otra que se proclama inderogable.

Se ha hablado mucho de la generosidad de Juan Carlos de Borbón por no tomar el poder absoluto que recibió de Franco y gobernar por decreto. Pero cualquiera que conozca el contexto histórico de la Europa occidental de los años 70 sabe que esto no puede tomarse demasiado en serio. ¿Qué futuro esperaría a semejante dictador coronado? Era una jugada perdedora de antemano y así la habría visto cualquier observador imparcial de la época. Máxime si la legitimidad de Juan Carlos bebía únicamente de una agotada dictadura militar y las típicas boberías monárquicas del derecho divino al trono.

Todos coinciden en señalar como el momento clave de Juan Carlos de Borbón su intervención deteniendo el golpe militar en el 23 de Febrero de 1981. Pese a que son muchos quienes dudan acerca del origen y motivación del golpe militar que se desarrolló en ese momento, se ha instalado como indiscutible que "Juan Carlos salvó la democracia". Incluso sin mantener dudas sobre el papel de Juan Carlos para detener el golpe militar, cabe preguntarse qué hubiese pasado si el golpe militar hubiese triunfado. Dejaremos de lado, por cierto, las ya completamente fantasiosas teorías de que un 23 F triunfante hubiese desencadenado una nueva represión similar a la posterior a la guerra civil. ¡Cuando el propio Franco vio su régimen tambalearse por el proceso de Burgos en que se ejecutó a un puñado de personas asociadas a actividades terroristas!

La poca consistencia del argumento de que sin Juan Carlos no hubiese habido democracia la encontramos en el ejemplo de Portugal: El 25 de Abril de 1974 tuvo lugar la Revolución de los Claveles en el país vecino. Todo el mundo recuerda esto. Pero nadie parece recordar que durante el año y medio siguiente hubo otros muchos golpes de Estado, con éxito o sin él, en nuestro vecino portugués. Estas turbulencias políticas recibieron su propio nombre en la Historia de Portugal: Proceso Revolucionario en Curso. Y todo esto no les impidió constituirse en una democracia análoga a la nuestra a los ojos de Europa. Sin Borbones también se puede.

La realidad es que Juan Carlos de Borbón no tiene otra legitimidad que la franquista. La introducción de la Corona en el pack de la Constitución de 1978 fue una buena muestra de esto. Una curiosa jugada por la que mostrarse contrario a la monarquía implicaba rechazar la nueva Constitución democrática. Al mismo tiempo, al colocar el de la Corona entre los Títulos protegidos por el artículo 167 de la Constitución de 1978 se ha convertido en inamovible. Todos los constitucionalistas serios están de acuerdo en que el artículo 167 de reforma constitucional impone unos costes políticos que equivale en la práctica a una prohibición de la reforma constitucional. Ni siquiera podría reformarse la Constitución para excluir el machismo de la Ley Semisálica incluida en nuestro texto constitucional: o bien porque se consideraría poca cosa para desencadenar tal proceso o bien porque sería el pistoletazo de salida para otras exigencias de reforma. En conclusión: en España, país de Europa Occidental, está prohibida la vuelta a la República, está prohibido abolir la monarquía.

El amparo constitucional que recibe la monarquía hace que cualquier movimiento político que haga bandera del republicanismo esté automáticamente condenado a ser una "fuerza antisistema". Por esto resulta tan lamentable cuando se señala como simpatía hacia la monarquía la resignación de los españoles frente a la misma. ¡Cuando les han obligado prácticamente que para derribarla haya que reivindicar la anarquía! Eso es jugar con las cartas marcadas puesto que aceptar la monarquía es infinitamente más fácil que rechazarla. 

Estando prohibido eliminar la monarquía democráticamente, sólo caben escenarios de fuerza, de quebrantamiento constitucional. Alguien dijo ayer que las monarquías no son derribadas votando en referéndum sino que "simplemente caen". Esto es así. En este sentido, los Borbones amparados por la Constitución Española no dejan de ser como los Principios del Movimiento Nacional franquistas que Juan Carlos juró defender: "permanentes e inalterables".



"La aristocracia es el auténtico apoyo de una monarquía" Napoleón Bonaparte