viernes, junio 20, 2014

Estado de Excepción borbónico

En la Constitución de 1978 se consagró a los Borbones como los propietarios a perpetuidad de la jefatura del Estado. Un cargo vacío de poder ejecutivo pero que sin embargo da pie a muchos privilegios extraños. Privilegios entre otros, al parecer, como el de privatizar la calle. Y como a nadie le incumbe qué sucede en casa de cada uno, se reservó el derecho de admisión. Ayer en Madrid, en un revival franquista en toda regla, estuvo prohibido ser republicano.

Es un hecho conocido que la monarquía en España carece de un auténtico apoyo popular. Todo el que acumula lo hace entorno a lugares comunes y sensiblerías que mueven a muy pocos. Hasta el punto en que los monárquicos en España son una rara avis bastante similar a los "eurofans" de Eurovisión o los sonados que acuden disfrazados al sorteo de lotería navideño. Los argumentos a favor de los monarcas se mueven entorno a la valoración de su "cercanía", su aspecto físico o nebulosas conexiones entre la realeza y toda suerte de bienes públicos. Una broma servil que los españoles, siempre un pueblo levantisco y con bastante mala leche, no pueden asumir de forma mayoritaria, siquiera significativa. No hay apoyo popular.

El apoyo popular de la monarquía se basa fundamentalmente en el chantaje. Con Juan Carlos fue la amenaza de un golpe militar y la bobería de "volver a los horrores de la guerra civil" y ahora con su hijo Felipe, amparado por la Constitución de 1978, es la del riesgo de ruptura del orden más elemental.

El artículo 168 de la Constitución que establece un procedimiento de reforma agravado (imposible) considera que entre los aspectos ultraprotegidos de la Constitución está todo el Título referido a la Corona. Para que nos hagamos una idea: el artículo 33 de la Constitución, que reconoce el derecho a la propiedad privada no está entre los protegidos por la reforma agravada. Esto nos enfrenta a una situación grotesca: es más probable políticamente derogar nada menos que la propiedad privada que derribar "legalmente" a la monarquía. En una Constitución que algunos motejan de "liberal", esto sí que es estar más allá de la Historia.

Siendo imposible derribar la monarquía, sólo queda acatarla y resignarse. Poner en duda la monarquía exige pedir prenderle fuego al corazón mismo de nuestra Constitución, y "total... si no tienen poder...". Así de simple es el acatamiento mayoritario de la monarquía. Ni entusiasta ni amoroso, se trata de un acatamiento sin más no muy diferente en su esencia al acatamiento del franquismo. No hay elección, la ley impone una realidad inmutable. No extraña que el acatamiento de la monarquía no se traduzca en un entusiasmo por ella.

Ayer hubo muy poca gente en la proclamación de Felipe VI. En ciertos momentos se pudo decir que había más gente en el besamanos real que en la calle. No es descabellado decir que había más policías que entusiastas monárquicos. Tal vez el gobierno se olió la tostada y quiso impedir que el numerito monárquico diese lugar a una multitudinaria exhibición republicana de protesta. Por eso blindaron la proclamación. Y lo hicieron hasta el punto de suspender las garantías constitucionales. Porque ayer no sólo se proclamó a Felipe VI, también un estado de excepción de facto.

No hay ninguna ley ni interpretación de la misma que permita a la policía hacer lo que ayer hizo en Madrid. Impidieron el acceso o acosaron a quienes se identificaron como republicanos. Se llegó tan lejos como a llevarse esposadas a personas de avanzada edad que gritaron "Viva la República". Se incautaron banderas republicanas como si fuesen algo prohibido. ¿La excusa de estos atropellos? La típica interpretación fascista del orden público, en la que la exteriorizar ideas discrepantes en público se considera una provocación automáticamente ilegal. Con estos mimbres, la policía ayer actuó desatada. Tras lo ocurrido, deberíamos con razón asustarnos.

Así pues, tanto Juan Carlos como Felipe han sido proclamados monarcas en medio de un estado de excepción. Juan Carlos en la excepción franquista y Felipe VI en medio de un blindaje policial propio de una ciudad sitiada. Si había un momento para protestar contra la monarquía ese momento fue ayer. Y precisamente es el momento que el gobierno decidió prohibir ser republicano. Con esto se emitió el mensaje alto y claro de que los Borbones, después de todo, siguen siendo unos extranjeros entre nosotros. Unos VIPs que necesitan protegerse del pueblo con barreras infranqueables.


"La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír." George Orwell

3 comentarios:

esse dijo...

A pesar de la exhibición de fuerza bruta de ayer, Felipe VI no tiene apoyos. Pero el PSOE y los sectores falangista y liberal del PP sólo se plantearán impulsar la reforma de la constitución en clave republicana y federal –para salvar el turno, el sistema capitalista y la integridad territorial de España–, cuando se den cuenta de que PODEMOS y otras fuerzas políticas pueden llegar a derribar el régimen, ya que en este caso, además de república, habría socialismo y secesión catalana y vasca.

El problema es que PP y PSOE no son conscientes de que ya estamos en ese punto. Aún no en el de derribo, pero sí en el de convertir a España en un país totalmente inestable e ingobernable, por muchos años y con desenlace incierto. En las próximas generales van a encontrarse con un parlamento multipartidista en el que habrán perdido su posición de privilegio, y con ella toda posibilidad de reunir las mayorías necesarias para una reforma constitucional que les salve la cara.

Isidoro Ferrol dijo...

No descarto que partidos como Podemos puedan añadir inestabilidad al sistema, al menos aparentemente. Mi opinión es que Podemos nace precisamente como una maniobra contra el PSOE, descaradamente patrocinada por medios de comunicación afines al PP: sabedores de que una nueva mayoría absoluta es imposible, buscan dividir a la izquierda.

Yo creo que la ruptura no vendrá por un movimiento político a nivel España sino por los catalanes. Creo que cuentan con los apoyos y la preparación institucional suficiente como para secesionarse de España provocando el fin de la Constitución. Por ahí vendrán los cambios.

esse dijo...

La secesión al margen del derecho nacional e internacional es casi imposible, salvo a las bravas, con apoyo de alguna potencia extranjera y en todo caso pagando un altísimo precio. Y yo creo que Cataluña no tiene la fuerza necesaria, ni los catalanes están dispuestos a pagar el precio.

Lo que los catalanes desean es un trato privilegiado, consistente en una relación confederal con el resto de España y un pacto fiscal a la vasca. Ésta es la componenda para la que Cataluña sí tiene la fuerza necesaria. La descomposición del bipartidismo acelerará el proceso.