jueves, febrero 27, 2014

El salvaje occidente

La guerra es hoy ilegal. Pero también se decretó la ilegalidad de otras muchas cosas. Así, por ejemplo, se considera ilegal que países poderosos intervengan en los débiles. Una idea que sólo puede concebirse con grandes dosis de hipocresía, sin embargo, impuso una cierta decencia de las apariencias. En los tiempos recientes el velo de dicha inocencia ha caído y, como antaño, parece que el único límite a la voluntad de poder es la propia voluntad. La fortuna favorece a los audaces.
 
Desde hace unos años se están produciendo una serie de golpes de Estado a lo largo de las fronteras del mundo occidental. Todos ellos de una forma u otra han aparecido claramente respaldados por Europa o Estados Unidos. Y en todos ellos se han producido hechos similares y justificaciones casi idénticas. Los golpes han tomado la forma de revueltas populares y así han sido presentadas al público occidental. De hecho, acaso para conseguir la completa simpatía de dicho público occidental, se ha ido tan lejos como para presentar las revueltas populares como "movimientos 2.0". Se trata de una curiosa y nueva forma de legitimación política en que las revueltas son democráticas si lo dice un "hashtag". Demasiado occidental todo, en suma, para ser genuino. Estamos ante una manipulación.
 
Edward Luttwak comienza su libro "Coup d'Etat", escrito en la resaca del Mayo del 68 de París, proclamando la obsolescencia de la insurrección como medio para apoderarse de un Estado. Hoy los medios de comunicación intentan convencernos insistentemente de lo contrario. Intentan convencernos, y al parecer muy seriamente, de que es posible que un grupo de más o menos pacíficos individuos se reunan en una plaza pública y derriben al gobierno. Se trataría de una especie de pulso en que el gobierno en cuestión sería incapaz de desalojar a esos rebeldes. Y todo esto existiendo hoy por hoy un imponente arsenal de armas no letales que permiten disolver cualquier concentración con un mínimo de mártires. Podríamos creernos esta historia respecto a alguna caduca dictadura, siendo bastante increíble, pero el problema es que los creadores del invento ahora se lo han empezado a aplicar a democracias.
 
Cuando en 2011 comenzó la intervención en Libia, ya avisé que se estaba haciendo pedazos el orden internacional. En Libia básicamente se alegaron razones humanitarias para derribar a un gobierno. Se dijo que Gadafi bombardeaba a civiles y se creó un espacio de exclusión aéreo. Cuando ni por esas los rebeldes pudieron derrotar a Gadafi, se empezó a hablar de matanzas en Misrata y otras ciudades. Estando los blindados del ejército de Gadafi a tan solo unos kilómetros de Bengazi, la capital rebelde, comenzó una campaña ilimitada de bombardeos a las columnas militares gadafistas. ¿Qué se alegó? La necesidad de proteger a los civiles de Bengazi. Esto es: la necesidad de que ganase un bando determinado en una guerra civil. Y esto no estaba amparado, ni podría, por ninguna resolución del Consejo de Seguridad ONU.
 
No obstante lo anterior llegamos a la madre de todos los disparates con Ucrania. En un aparente ejercicio del más difícil todavía, los medios de comunicación llevan tiempo señalando a un gobierno electo como una dictadura. Viktor Yanukovich, que ganó unas elecciones en 2010 con un margen de un millón de votos, ha sido depuesto por un golpe de Estado en Kiev. Y durante todo el proceso se nos presentó a Yanukovich como un tirano mientras a bandas armadas de golpistas como la máxima expresión de la democracia. Siendo así, no ha costado mucho convencer a la gente de lo oportuno de sustituir la voluntad democrática reflejada en el respaldo electoral de Yanukovich por una vaga voluntad general de los "buenos ucranianos" determinada por la Unión Europea y EEUU. Yanukovich, pues, terrible dictador, fue incapaz de desalojar una plaza en Kiev y por eso ha caído. Y nos lo tenemos que creer. Nos tenemos que creer que los Estados no pueden mantener el orden si una minoría organizada se propone sacrificarse en una guerra callejera.
 
Yanukovich tuvo que huir de Kiev para salvar la vida. Tras huir, los rebeldes entraron en su finca, y mediante una serie de reportajes se nos dijo que lo suntuoso de la misma era prueba de la corrupción del dirigente ucraniano. Pudiera ser, o no. Lo que ocurre es que en ese mismo instante los mismos medios de comunicación estaban celebrando la liberación de una corrupta multimillonaria ya condenada: Yulia Tymoshenko. Una doble vara de medir que se extiende a todo, pues los violentos abatidos por las fuerzas policiales ucranianas se han elevado a la categoría de mártires, sin más, mientras que quienes son víctimas de los simpáticos "europeístas" ucranianos son silenciados y despreciados. Es así de extremo: la muerte de unos es "genocidio" y la de los otros no se comenta.
 
En Ucrania hay una buena parte de la población que se opone a los nacionalistas que hoy ocupan ilegalmente el gobierno en Kiev. Esta población seguramente representa una mayoría, al menos electoralmente, en el país. Sin embargo, nuestros medios de comunicación nos los están presentando como radicales prorrusos, como si fuese una minoría extremista y despreciable, mientras apenas han dado noticia del carácter abiertamente neonazi del "músculo" del golpe de Estado en Kiev. En medio de esta desinformación se ha llegado, tristemente, a que, como en 1941, "europeísta" vuelva a precisar ser interpretado como sinónimo o eufemismo de "nazi".
 
Ignoro qué ocurrirá finalmente con Ucrania y con esta ola de golpes de Estado a nivel global. Ignoro qué recursos y ganancias se aspiran a alcanzar. Lo que no puedo ignorar es que las narrativas entorno a estos hechos son falsas, sesgadas y maliciosas. Una legitimación tan hipócrita  de la violencia que bien pareciera que vivamos en el salvaje oeste o, mejor dicho, en el salvaje occidente.
 
 

"Temo a los griegos incluso cuando traen regalos" Virgilio

3 comentarios:

NadaNuevoBajoElSol dijo...

La Ucrania de Yanukovich llevaba camino de convertirse, política y étnicamente, en lo que hoy es la Bielorrusia de Lukashenko, una provincia del Imperio ruso. No prejuzgo si es mejor o peor que ser una colonia del Imperio americano.

Cosas más extrañas se han visto entre montañas y desiertos aún más cercanos...

http://youtu.be/omOCgGfjOdU?t=5m0s

Isidoro Ferrol dijo...

Entrar en esas valoraciones geoestratégicas, según entiendo yo, no es aceptable teniendo en cuenta que Yanukovich en 2010 ganó ampliamente en las urnas. Al menos si es que la democracia importa algo. Y supongo que de eso se trata cuando se quiere transmitir la idea de que el Euromaidán es una "revolución democrática".

Tronchante dijo...

http://liberalismodemocratico.wordpress.com/2014/05/01/4739/