miércoles, septiembre 04, 2013

La legalización de la guerra

En 2011 el régimen libio fue derrocado por una coalición internacional bajo el amparo de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. El objeto de dicha resolución era "proteger a la población civil". Para "proteger a la población civil" primero fueron destruidas las fuerzas aéreas de Gadafi. Cuando ni con esas los llamados rebeldes pudieron quebrar a los gadafistas, comenzaron ataques de la OTAN contra objetivos terrestres. También para "asegurar la protección de la población civil". Así hasta derrocar a Gadafi.
 
Hoy, cuando se van a cumplir tres años desde lo sucedido en Libia, se está desplegando el mismo guión dramático en Siria. Durante estos tres años, además, se ha podido saber que en Siria tanto gobierno como rebeldes no se quedan cortos en sus intentos por imponerse. Algo muy común en cualquier guerra civil. Pero qué más da. Hay que "asegurar la protección de la población civil". Una población civil, además, que resulta un concepto sumamente maleable.
 
Cualquier persona al que le hayan enseñado los fundamentos del Derecho Internacional Público actual sabrá que la guerra está prohibida. Los días de conquistas y colonias pasaron y en virtud de la Carta de la ONU ningún país podría emplear la guerra como instrumento de política exterior. En el marco de un sistema para-estatal, sería el Consejo de Seguridad de la ONU (integrado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial) quien ostentaría el "monopolio de la violencia" a nivel internacional. El sistema tiene mucho sentido sobre el papel: ninguna potencia podría sentirse agraviada por el ataque a un tercer Estado por cuanto no podría acontecer sin su aprobación. Esto limitaría de forma evidente los casus belli. No obstante, no es la "voluntad popular internacional" a través de la Carta de la ONU la que conseguiría esto sino la bomba atómica. La guerra industrial, esto es: la guerra entre potencias militares, ha quedado obsoleta por el arma atómica. Tenía razón Tácito: al desierto le llaman paz. Y la paz viene dada por el seguro desierto que quedaría tras un intercambio nuclear. La ONU tuvo éxito donde la Sociedad de Naciones fracasó gracias a esto y no a otra cosa.
 
La guerra de agresión está prohibida por la Carta de la ONU. No así la guerra civil. Prohibir una guerra civil es como ordenar que se detengan las olas del mar porque es decir que un Estado no puede defender orden alguno. Y si para algo existe el Estado es para imponer un orden. La Carta de la ONU garantiza el derecho de la soberanía a cualquier Estado. Lo hace en su artículo 2.7, que consagra el derecho de cada Estado a resolver sus asuntos internos libremente, sin injerencias externas. Artículo que ha sido desarrollado en varias Resoluciones de la Asamblea General. En resumen: sin una decisión en contrario del Consejo de Seguridad de la ONU, una guerra civil es un asunto interno de un Estado y ninguna coalición internacional puede interferir en ella.
 
Sin embargo, estos días podemos ver en los medios de comunicación un curioso espectáculo: dichos medios se preguntan si es necesario que los parlamentos nacionales aprueben atacar al régimen sirio, atacar a Siria. ¿A alguien se le escapa el peligro que entraña el que lo único que se interponga entre un Estado y la agresión sea una votación en su parlamento? Es demencial, se trata más bien de la legalización de la guerra.
 
Ahora, tal vez de forma más creíble que en Libia, la coalición internacional que se va formando contra el gobierno de Siria afirma no querer cambiar el régimen de aquel país. Se trataría de "dar una lección a Siria". Una lección merecida, dicen, porque el régimen sirio habría usado armas químicas contra población civil. Los gases asfixiantes o armas químicas, efectivamente, son armas cuyo uso está prohibido. Se ha calificado en estos días su uso como una "quiebra con la civilización", echando mano de una retórica bastante exagerada que vendría a equiparar el uso de estas armas con algún propósito genocida. Pero lo bueno de las normas es que, al menos en teoría, son "para todos". Siendo así... ¿por qué sería más grave realizar un ataque con gases asfixiantes contra unos rebeldes que realizar una agresión ilegal contra un estado soberano? Teniendo en cuenta que el objetivo de la Carta de la ONU es garantizar y promover la paz y la seguridad internacional sería una falta más grave la "lección a Siria" que el uso por parte de ésta de gases asfixiantes. En este sentido, siendo coherentes, debería estarse a lo que resolviese el Consejo de Seguridad de la ONU.
 
Los gases asfixiantes (gas sarín, mostaza, etc) son ilegales. Como lo son a su vez otro tipo de armas que, sin embargo, son empleadas por varios Estados occidentales. Las conocidas como "bombas de racimo" (cuya ilegalidad se reivindica desde nada menos que 1868) o las bombas de fósforo se consideran armas tan crueles que se impone su ilegalidad. El problema estriba en que la crueldad de un arma nunca ha incentivado su no-uso sino todo lo contrario: su crueldad es la que lo ha fundamentado. La razón última por la que los gases asfixiantes no se emplean y las bombas de fósforo sí es que los gases son ineficaces y engorrosos. El uso militar más eficaz de los gases se dio cuando fueron empleados por sorpresa durante la Primera Guerra Mundial. En cuanto los ejércitos enfrentados desarrollaron contramedidas (máscaras antigás), la efectividad del gas se redujo al mínimo (los gases mataron a "sólo" 85.000 soldados de todos los bandos y produjeron 1,2  millones de heridos; algo que dista mucho de ser "destrucción masiva"). Es importante señalar que ya en la Primera Guerra Mundial era "ilegal" el uso de gases asfixiantes o el de algo luego tan empleado como las minas flotantes. Pero claro: si es eficaz, se usa.
 
Para saber si un arma es ilegal basta con pensar qué sucedería si la emplease una gran potencia militar. Si la puede usar sin consecuencias, es que no es ilegal. En este ámbito, insisto, es ilegal todo lo que no es eficaz o, siéndolo, no lo es tanto como para compensar lo engorroso de su uso. Por eso, sólo son ilegales las armas relativamente inútiles o que ningún Estado se atreve a usar por miedo a que las usen contra él.
 
Hay muchas razones por las que suprimir al gobierno sirio. Emplear el país como base para amenazar a Irán y disuadirle de abandonar su programa nuclear, por ejemplo. En todo caso, sería una jugada muy arriesgada atacar Siria sin tomar un férreo control del país a continuación. Tal vez por eso simplemente se le bombardee aquí y allá para igualar fuerzas con los rebeldes y que la guerra civil continúe. Pero si el parámetro que se emplea para juzgar válidas o no las decisiones es el humanitario... ¿es humanitario prolongar una guerra civil? ¿Es humanitaria la "somalización" de un país? No lo creo. Pero ya sabemos los tortuosos que son los caminos del humanitarismo militar; un campo en el que se impone la chocante idea de que para un mando militar la vida de sus hombres debe estar en segundo orden de importancia respecto a la vida de los civiles del enemigo.

En definitiva, no se está valorando adecuadamente que la violación de las leyes internacionales por un Estado u otros no es tan grave como la concertación de varios para atacar la soberanía de cualquier otro. Las armas nucleares ejercen como eficaz freno para las confrontaciones entre potencias militares, pero su mágica disuasión no se extenderá a conflictos regionales o fronterizos si cunde la sensación de que pueden existir guerras de coalición para derribar gobiernos.
 
 

"¡Y el espíritu de César, hambriento de venganza, vendrá en compañía de Até salida del infierno, y gritará en estos confines con su regia voz: «¡Matanza!», y desencadenará los perros de la guerra!" Julio César de William Shakespeare