miércoles, septiembre 25, 2013

La formación de súbditos

Al mismo ritmo en que un empleo se convierte en algo cada vez más raro y escaso, cunde la idea de que un puesto de trabajo es un regalo/privilegio. Y a la par que esta idea se extiende aparece otra muy similar y que toca a los cargos públicos electos: "están poco formados".
 
Curiosamente, en España se asume sin más que todos los problemas del país andan relacionados con una falta de lecturas, con una falta de formación. Que esto suceda en un momento en que personas con un elevado grado de formación se ven arrojadas al desempleo estructural no es casual. La formación, como señala el profesor Enrique Martín Criado, es un "bien de salvación" en el que los gobiernos de España han intentado ocultar las miserias laborales de España. En el marco de la entrada en la UE, en este país se abandona cualquier idea de pleno empleo y se apuesta por "políticas activas de empleo": en lugar de proporcionar alguna ocupación a quienes no resulta fácil que la encuentren (que era la receta económica clásica) se apuesta por proporcionar una formación o, incluso, un "reciclaje".
 
La idea de "reciclar" personas es tan mala como suena. Pero hay algo que es peor: y es el debate majadero de que los dirigentes políticos deben tener más formación. La gente corriente asume esta tesis por pura lógica: si al que está desamparado se le exige formarse, habrá que exigírselo a "los políticos". Cree la gente que reclamando un trato igual a personas corrientes y políticos se está persiguiendo un objetivo democrático. Mas la realidad es muy distinta.
 
Que sea exigible una formación determinada a los cargos electos nunca puede considerarse un objetivo democrático. Forma parte de la agenda de una aristocracia, de una clase alta, que siempre insiste en recetas gremiales. Y lo hace, también, por lógica: porque se trata de una aristocracia que parte de grandes patrimonios constituidos en una España de gremios y rentistas. Una democracia que exija algo más que una determinada capacidad jurídica para ser elegido como cargo público es una democracia censitaria. El mecanismo puede no ser muy evidente hoy, en que todavía hay muchos titulados universitarios de clase media baja. Pero sabrá el lector que esto está siendo corregido.

No deja de ser curioso que estos mensajes elitistas procedan de círculos y medios en que se considera normal que tras las revelaciones del caso Bárcenas el presidente del gobierno no dimita. O, es más: que digan que salga la información que salga, se revele la corruptela que se revele, habría que esperar a unas elecciones para castigar al corrupto.
 
Llegado el momento, las elites no tienen problemas en obtener cualquier clase de titulación académica o, pongamos por caso, "máster de capacitación para cargo público". Máxime si se trata de conseguir la capacidad de ser un cargo electo. Si sumamos a esto la propia dinámica elitista de los partidos políticos españoles, estos mecanismos censitarios obrarían en poco tiempo un despotismo formal de una minúscula elite social. Parece que este orden de cosas, no obstante, requeriría ahora de una mucha mayor degradación del nivel cultural y educativo del resto de los mortales. Pero el mensaje se va emitiendo, se va dejando caer.
 
El problema de España no es de formación sino de subdesarrollo a otros niveles. Un subdesarrollo que lleva a las autoridades europeas a considerar que la tasa de desempleo "natural" (con los factores de producción a pleno rendimiento) de España es del 23%. Es fácil verlo: ¿de qué serviría a un país del África negra contar con una población repleta de titulados universitarios? De nada. Es más: existe un evidente incentivo para muchos gobiernos de esa región para restringir cualquier tipo de educación. Igual que en España ahora.
 
Si todos los males de España son debidos a una mala formación resulta llamativo que se retiren o alejen los recursos educativos al pueblo llano. Revela la intención última: legitimar la desigualdad que viene, que ya es grande y en un futuro cercano será atroz. Se trata de que los ciudadanos pasen a ser súbditos en base a su poca capacidad para regir los asuntos públicos.
 
En este sentido resultan muy reveladoras las declaraciones de un miembro del Partido Popular llamado Borja Sémper hoy mismo en Antena 3. En ellas afirmaba que existen unos "caraduras de la política" que entrarían en la misma "para enriquecerse o ascender de clase social". Es decir: para quienes actualmente nos gobiernan el robo de dinero público (un delito) es equiparable a "ascender de clase social". Y en Antena 3 presentaban semejante discurso como una voz de regeneradora discordancia dentro del PP.
 
Lo que nos queda por ver.
 


"La revolución se ha distinguido siempre por su falta de urbanidad: seguramente, porque las clases dominantes no se han preocupado a su tiempo de enseñar buenas maneras al pueblo." León Trotsky.

2 comentarios:

J dijo...

¿Ha solicitado ya su inclusión en Red Libertad?

http://liberalismodemocratico.wordpress.com/2014/01/06/liberales-el-agregador-ha-nacido/

Anónimo dijo...

¿Es eso cierto?