lunes, agosto 26, 2013

La hábil corrupción

Ayer en La Voz de Galicia, Manuel Campo Vidal escribía un artículo celebrando la ocurrencia gibraltareña del gobierno de Rajoy. Según este señor, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España, el incidente con Gibraltar se trata de una jugada maestra de Rajoy. Concluía, así, su artículo afirmando:
 
Fíjense: con la hábil distracción gibraltareña, Rajoy ha ganado un mes, que no es poco. Septiembre espera con los problemas de siempre y el reto de como sacar al país de la crisis.
 
Es obvio que existen personas, muchas de ellas llamadas "periodistas", que sienten un placer muy íntimo defendiendo lo indefendible. En ello les va seguramente el empleo. Y estamos viendo muchos de estos casos con motivo del escándalo de financiación ilegal del PP desvelado por Luis Bárcenas. Como si se tratase de una obra de teatro en la que se desplomasen los decorados, en estos tiempos vemos a los operadores de la farsa corriendo en todas direcciones para ocultar sus vergüenzas. Tamaño es el escándalo que ponerse de perfil no es una opción. Los españoles lo saben, pero la mentira debe seguir adelante. La más alta y abierta corrupción siempre reclama para sí un alto grado de dignidad.
 
La cuestión de Gibraltar, como dije en mi anterior artículo, es absurda. Y sólo se sostiene sobre un consenso patriotero entre PP y PSOE sobre el disparate jurídico de que Gibraltar carece de aguas territoriales. Es incomprensible que un partido progresista siga en la línea del "Gibraltar español", máxime cuando para ello se deba enfrentar a la más elemental normativa internacional. Mala idea ligar el ser un buen español a ser enemigo de normas internacionales imperativas.
 
Gibraltar, lejos de ser una hábil maniobra, no es más que la clásica "confrontación exterior" que pretende vencer el descontento interno. Una jugada grosera en su simpleza. Algo muy lógico, pues es una jugada dirigida prioritariamente a gente bien grosera: a la extrema derecha del PP. La guardia de corps "de barra de bar" del gobierno, su último asidero a "la calle". Rajoy no puede permitirse ver disgregados a sus fanáticos, y qué mejor que Gibraltar para llamarlos al servicio de la patria contra el pérfido inglés y los separatistas internos. Y ahí viene luego, el señor Campo Vidal para, manierista, celebrarlo.
 
El nivel de exigencia con la política española es muy bajo. En España hasta 2007 se podían hacer donaciones anónimas a los partidos políticos. Y así, presuntamente, pudieron Luis Bárcenas y el PP hacer todo lo que hicieron. Y no sería a través de algún complejo mecanismo opaco, no sería una asombrosa hazaña del engaño: presuntamente habría bastado con calificar como anónimas y dividir cuantiosísimas donaciones de empresas que luego recibían adjudicaciones en concursos públicos.
 
Lo inquietante es que si un Campo Vidal celebra como hábil maniobra la comedia con Gibraltar, ¿qué esperar de la legión de "tertulianos"? Pues celebrar la corrupción en el PP, que al fin y al cabo es la que les ha dado y les da de comer. Esa villanía es la que se esconde tras la sonrisa y la broma con motivo de la corrupción. Esos individuos que frente a pruebas abrumadoras de la corrupción de un gobierno responden, mofándose: "pero ganará las próximas elecciones".
 
España... Un lugar en que alguien como Paco Marhuenda no está proscrito de los medios de comunicación no puede llamarse democracia.
 
"La fe y lealtad que se guardaba entre ellos no era por ley divina y religión que tuviesen, sino por mantener este crimen en la república y tener compañeros de su delitos. Si alguno de bando contrario decía una razón buena, no la querían aceptar como tal, ni como de ánimo noble y generoso, si no les parecía que redundaba en su provecho." Tucídides
 

4 comentarios:

Español, after all dijo...

¿Pero todavía sigue usted con la matraca? ¿Es que no le ha llegado con el repaso que le di en los comentarios de su artículo anterior?

Repito: Por su historia y naturaleza, Gibraltar es una colonia británica en territorio español. No es un pueblo o una nación, y por consiguiente es impropio atribuirle el derecho de autodeterminación. Al respecto, sólo cabe tomar partido por el mantenimiento o la eliminación de dicho establecimiento colonial.

Explíqueme cuál sería la diferencia con que mañana China ocupase por la fuerza un pueblo costero gallego, hiciese a España aceptar el hecho en un “tratado” de paz, expulsase a la población originaria, lo repoblase con gentes variopintas traídas de por ahí adelante a las que enseñase a chapurrear el mandarín, lo convirtiese en un reducto de los más oscuros negocios y las actitudes más chulescas, y después de 300 años dijese que “eso” es una “nación” y que hay que ser demócrata y respetar su “derecho de autodeterminación”.

Pues no, oiga. Las cosas son lo que son, y eso no sería otra cosa que una colonia china en territorio español.

Español, after all dijo...

Por otro lado, yo no creo que Rajoy haya pretendido utilizar este tema como cortina de humo, por más que secundariamente haya podido tener ese efecto. En agosto no hacen falta cortinas de humo en un país como España, y el asunto de Bárcenas va a seguir su curso judicial hasta el final, con o sin Gibraltar.

Lo Gibraltar saltó justo ahora a los medios, porque fue justo ahora cuando al presunto delincuente medioambiental Fabian Picardo se le ocurrió resolver un conflicto pesquero en aguas de soberanía inequívocamente discutida (sí, el caladero en cuestión está frente al istmo ocupado por el Reino Unido más allá de la demarcación de Utrecht) arrojando al mar unos bloques de hormigón con ganchos.

Cualquier país serio, en una situación así, está obligado a responder. Y esto es lo que ha hecho el gobierno de Rajoy, aprovechando además el conflicto puntual para renovar la reivindicación general.

Iracundoisidoro dijo...

"España es una realidad bimilenaria".

Esto dijo usted, señor anónimo. Así que el "repaso" lo necesita usted. Un repaso a la historia. Pero no a los manuales de colegio franquista.

Español, after all dijo...

Jajaja. No, no fue en un manual franquista, sino hitleriano, donde lo leí. ¡Acabáramos!