miércoles, mayo 08, 2013

Roger Senserrich, Ignacio Escolar y Bangladesh

El pasado viernes en elDiario.es se publicó este artículo de Roger Senserrich. En dicho artículo, con motivo de la muerte de cientos de trabajadores en Bangladesh, Roger Senserrich aprovecha para hablar de las bondades de la masificadas fábricas del tercer mundo para sus lugareños. A raíz de esta ocurrencia, se ha levantado una polémica en la comunidad asociada a elDiario.es acerca de por qué se publican artículos de esta naturaleza en un medio "progresista". Y es que no es la primera vez que Senserrich publica en este medio dirigido por Ignacio Escolar. En realidad en elDiario.es ya han publicado varias de las firmas que se alojan en Politikon.
  
El juego de Roger Senserrich es el de las ideas provocativas. Un juego al que ya nos tenían acostumbrados los representantes del anarcocapitalismo y similares. Si la noticia era que alguien había vendido sus riñones para obtener dinero... pues se hace un artículo exigiendo la "liberalización" del mercado de órganos. Si algún desequilibrado decidía voluntariamente dejarse comer por otro... artículo que te crió equiparando la prohibición del canibalismo con una legislación desbocada. ¿Que se critica a la monarquía en España? Pues hacemos un alegato a favor de la monarquía absoluta. Por no hablar de los clásicos de Jorge Valín celebrando la anarquía de Somalia o la prostitución infantil. No obstante, el juego de Senserrich no es el de estos fanáticos puesto que él de lo que es fanático es de llamar la atención.
 
Senserrich es un titulado en Ciencias Políticas que se precia de pedante y que tiene, al parecer, un vaporoso puesto de trabajo en los Estados Unidos. Desde su particular atalaya de New Haven opina sobre España y los españoles, desde hace tiempo, en una especie de juego del asesor gubernativo online. Junto a toneladas de suficiencia y bajo el estruendo de los gruñidos y aplausos de la claque de los amigotes, Senserrich hace las veces de Demiurgo de los destinos de los torpes humanos. En este juego, por razones que cualquiera puede sospechar viendo los "VIP" que frecuentan Politikon, Senserrich está llegando a un punto de no retorno. Su fachada socialdemócrata apenas ya consiste en una serie de expresiones tópicas insertadas en medio de filípicas neoliberales que comprenden desde panegíricos de Margaret Tatcher hasta la presente defensa de que en la relación siervo-amo media el libre consentimiento. Es por esto que los socios de elDiario.es tienen razón al mostrarse inquietos cuando un individuo así publica en su medio de difusión. Máxime si el propio Senserrich en su cuenta de Twitter se dedica a anunciar sus "hazañas" y burlarse de quienes le critican.
 
Todas las sectas ideológicas tienden a calificar de ignorantes o incultos a quienes no participan de sus postulados. Unas lo disimulan más, otras lo disimulan menos. En el caso de Senserrich tenemos la prueba del algodón sobre su objetividad: cuando dejó claro que las credenciales académicas (el pedigree, para entendernos) estaban por encima de cualquier criterio de verdad-falsedad. Para Senserrich los contactos y, por tanto, la ambición personal están por encima de la verdad. Desde este enfoque la defensa o relativización de la explotación del hombre por el hombre sólo requiere el esfuerzo de empezar a escribir.

Hoy mismo Senserrich vuelve a la carga con otro artículo en que afirma que los salarios de miseria en Bangladesh se deben a que "no se puede pagar más". Añade, entre otras cosas, que la seguridad industrial es un coste añadido que vendría a tirar más hacia abajo los salarios (algo que en el contexto de los más de 700 obreros muertos resulta simplemente siniestro). Para Senserrich en Bangladesh todo lo que ocurre es lógico (tal vez esto también) y proporciona a sus amiguetes un artículo en descargo del indiferentismo más absoluto e inmoral. Para estas personas, que son las mismas que piden que la miseria e injusticia se instalen con total naturalidad en España (intentando burdamente oponer a unos trabajadores contra otros), la brutal realidad del tercer mundo no sería algo indignante a erradicar políticamente sino "una ventaja competitiva", fruto de algún "destino manifiesto". Además, en la pretendida fría lógica que sostiene Senserrich acerca de productividad y salarios no cabe el propio Senserrich, cuya productividad como ganapán con pretensiones seguramente es bastante más difícil de calibrar que su catadura moral.

Cuando el llamado realismo se convierte en una forma de ver el mundo que sanciona y felicita la idea de no hacer nada, hay que sospechar. Hay que sospechar que tras ese presunto realismo lo que se encuentra es, precisamente, una defensa cerrada del statu quo. Decir que las fábricas inseguras y los trabajadores esclavos son algo indiferente o normal, es incompatible con cualquier idea de humanismo o progresismo. No tiene defensa y, como decía, recuerda mucho a los provocadores artículos ancap sobre estos temas.

A cada paso de la humanidad en la evolución de sus estructuras políticas y sociales, se hacen más insoportables las tiranías y las injusticias. Si cuando comenzó la revolución industrial en Reino Unido, hubiese existido una opinión pública extranjera de algún país más acomodado y evolucionado, seguramente sería obligación de esa sociedad el denunciar lo que ocurría en las fábricas. Los bajos espíritus que atribuyen a los individuos aislados la labor de poner fin a la explotación en el tercer mundo saben muy bien lo que dicen: piden un imposible para recalcar que la labor, que deberían protagonizar los estados, es imposible. Y si es imposible erradicar la miseria entonces pasa a ser legítimo aprovecharse de ella. De esto se trata, "es lo que hay".

Por otra parte, la razón por la que alguien como Senserrich escribe en elDiario.es está en que Ignacio Escolar y él forman parte de la misma clase social. Una clase social que se mueve en los mismos círculos de privilegio y que se confabula para llamar mérito al nepotismo. Por no hablar de esos aspirantes a experto asesor que pululan alrededor de estos señores, tan gritones en medios como Twitter, envueltos en una especie de concurso por ver quién se muestra más indiferente, escéptico o cínico frente al horror. Pobres espíritus a la búsqueda de un patrocinador generoso, a la búsqueda de un trabajo. De nuevo, de eso se trata, "es lo que hay".


 


"La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado." Concepción Arenal

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A Roger y muchos de sus mariachis de Politikon se les puede aplicar aquello que dijo Antón Chéjov: "Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo."

Iracundoisidoro dijo...

El problema no es tanto la pedantería en sí, sino lo que yo sólo puedo considerar mala fe. Todas las señales dicen que Politikon no es un proyecto independiente sino más bien una marca blanca al más puro estilo Mercadona. Se trata de vender las más amargas recetas reaccionarias como algo "cool".

En cuanto a la rotundidad de Senssenrich baste recordar uno de sus artículos de 2007 en que negaba que la explosión de la burbuja inmobiliaria fuese a producir graves problemas (!):

http://t.co/maMjGqsvU9