jueves, abril 25, 2013

El circo de la crisis

Cada vez que aparece en los medios la última cifra de desempleados de la EPA se produce la misma alarma. Pero es un día entre muchos. El resto de días, los medios de comunicación, tan al servicio del sistema como de la frivolidad más pura, producen sus piezas de "normalización" de lo anormal.

En aquél ya lejano 2008 apareció "la crisis". Primero fue por motivo de que el gobierno socialista de Zapatero negaba su existencia, con múltiples eufemismos sustitutivos. Hoy día, la crisis se ha convertido en un sistema nuevo. Un estado de excepción en virtud del cual han adquirido carta de naturaleza las más peregrinas y sangrientas mentiras. La acumulación y repetición de consignas y lugares comunes, aparentemente agotados, continúa como un goteo en todos los medios de difusión de noticias, bulos o rumores. Expertos de todo pelaje se afanan por proveer de nuevas chorradas al espectáculo. Publicistas y magos de la venta del humo, también, se apropian del término crisis para elaborar sus estrategias de venta. Los medios de comunicación aplauden sus ocurrencias. La mentira se instala como verdad.

Como ya venimos diciendo desde hace varios artículos, al creciente número de desempleados se le asocia un fenómeno curioso. Un fenómeno de control de masas. Y no es otro que el veneno de la autoayuda. Según esta particular forma de pensar, derivada de la propia tragedia laboral de los profesionales de la psicología, realidades como la injusticia o la falta de igualdad de oportunidades sólo existen en la imaginación de quienes no saben adaptarse. Especialmente caros a los oídos, y los bolsillos, de las personas (y colectivos) de baja o nula autoestima, estos milagreros prometen toda suerte de fórmulas infalibles para alcanzar el éxito. En sus panfletos, librillos y manuales estos expertos enseñan pasos, mandamientos y reglas por las cuales ha de regirse el perdedor para tornarse en triunfador. En el limitado contexto que plantean surge la inevitable culpa del que se encuentra en una mala situación. El doliente, avergonzado de su dolor, compra el argumento penitencial. Los medios de comunicación de masas... compran.

Un caso claro de la clase de normalización que consiguen estos tortuosos argumentos es la del "precariato". Una cultura, asumida muy ampliamente, según la cual para ser competitivo en el mercado laboral todo hijo de vecino ha de tener varias carreras, postgrados, idiomas y, por supuesto, empezar su carrera laboral sin cobrar "debido a su falta de formación". Estas asunciones son un reflejo fiel y concreto de un balance en la relación de fuerzas laboral, pero se oculta sin demasiada dificultad. En efecto, varias generaciones de españoles, y europeos, accedieron en su día a puestos de trabajo estables sin tener apenas formación. ¿Por qué sus descendientes no pueden? Consultemos al experto de autoayuda y nos dirá lo que queremos oír: por culpa de la falta de formación. ¿Cómo es posible esto? Porque al natural desprecio por los jóvenes que siente cualquier generación ya mayor se le asocia un argumento moral. Del mismo modo en que en plena burbuja inmobiliaria nuestros queridos medios azuzaban la pregunta: "¿por qué nuestros jóvenes tardan tanto en emanciparse?". Respondiendo a la pregunta con respuestas sobre todo de tipo moral, antes que asumir que la precariedad y los precios de la vivienda lo hacían poco posible. Lo espiritual derrota a lo material, irónicamente, en la muy pragmática tarea de excluir a los débiles de la esfera de los iguales.

Siendo posible implantar respuestas absurdas a preguntas sencillas, no extraña la normalidad del desempleo masivo. Ha bastado con que, desde 2008, todo programa "de actualidad" en radio o televisión se dedicase a repetir machaconamente que "muchos optan por emigrar". Incluso las fuerzas de izquierdas, atrapadas en su propia demagogia a este respecto, colaboran en extender la especie de una "emigración masiva". Que desde el mencionado año 2008 hasta hoy todo indicador disponible nos diga que no existe la tal emigración no impide, como con "la falta de formación", el éxito del truco. En toda reunión social la gente enseña al joven formado "pero con falta de formación" la puerta de la emigración. Decenas de miles, acaso centenares, se dejan los ahorros en aprender en cómodos pasos la complicada lengua alemana. Su sacrificio inútil sirve a la minorización de su problema: tanto a un nivel individual como colectivo. Quien se arrastra como esclavo hace sentirse superior a quien golpea como amo.

No es tan difícil implantar la mentira cuando "no hay alternativa". Porque si los más de seis millones de desempleados tomasen verdadera consciencia de su situación, más allá del rugido de sus tripas, en este país no cabría ninguna forma posible de orden o garantías constitucionales. Lo que ocurre es que forma parte de la situación del desempleado el no tener conciencia de clase y, como el Robinson de los de la autoayuda, contribuir a su propia opresión aceptando trabajar por menos y estando dispuesto a pisar al prójimo por unas migajas del plato del poderoso.

Aunque cada vez haya menos pan... que siga el circo. 




"Siempre es inexcusable ser malvado pero hay cierto mérito en saber que uno lo es" Oscar Wilde.