jueves, julio 19, 2012

La dictadura del Partido Popular


El Partido Popular accedió al gobierno, tras alcanzar la mayoría absoluta en las elecciones generales, mintiendo. No es algo nuevo. Es práctica habitual en las elecciones el contar milongas al votante. El problema en este caso es que no se mintió en los medios sino en todo. Mariano Rajoy y su equipo sabían cuál era la situación del país, pero se dedicaron a sacar a pasear el fantasma de la curva de Laffer; afirmando que bajarían impuestos, que todo se arreglaba con la "confianza", con un poco de economía vudú aquí y allá. El pueblo atemorizado, linchando la caricatura del PSOE que se le ofrecía al sacrificio, cayó en la trampa.

Son muy abundantes los testimonios radicales en Internet advirtiendo de los peligros de una democracia entendida como un mero ir a votar cada dos o cuatro años. Y no lo son menos los conservadores que recelan de que la democracia se convierta en un plebiscito constante a mayor gloria de la demagogia. Sin embargo, más allá de este debate, existe un grave problema cuando un gobierno accede a una mayoría absoluta y aplica el programa exactamente opuesto al que propuso. No basta argumentar que la gente es tonta, que la gente no podía creerse realmente lo que decía el PP. Estamos hablando de algo muy grave: un gobierno democráticamente electo que se convierte en dictadura.

Si democracia no es simplemente votar cada cierto tiempo, una dictadura no es simplemente tener a la población desfilando al paso de la oca o ejercer el terror de la proscripción o las ejecuciones sumarísimas. Dictadura es también lo que está haciendo el gobierno de Mariano Rajoy. Se podrá hablar de una dictadura delegada, completamente en manos de la banca alemana y francesa, un agencia de cobro a los deudores, pero no es menos dictadura. Porque este tumulto de voces "autorizadas" que nos dicen que España no tiene soberanía tendrá que explicarnos qué razones podrán esgrimirse para que la unidad del euro, la integridad de la Unión Europea y el pago de las deudas con el exterior de España representen una mayor preocupación para los españoles que comer al día siguiente o tener algún futuro. Demasiado tiempo se ha hecho transigir a la clase media con las razones del aventurero sin escrúpulos; con esas consignas del "tiempo de crisis, tiempo de oportunidades" y, por supuesto, todas esas "razones" del darwinismo social más descarado.

Se puede hablar de dictadura del Partido Popular, sí. Máxime en el país que acuñó aquel curioso término de "dictablanda" para definir la decadencia de la dictadura militar apadrinada por Alfonso XIII. Es dictatorial, sin duda, valerse de una mayoría absoluta obtenida con un programa completamente distinto, opuesto, para gobernar por decreto y hacerlo, además, tomando decisiones que nos afectan a todos, y nuestro futuro, tan gravemente. Porque en estos días de recortes, recortes y más recortes se está hablando con la mayor de las ligerezas de suprimir administraciones y entes de representación política amparados por las más altas leyes de este país. Se intenta presentar como única alternativa posible una serie de decisiones e ideas que representan el programa de máximos, por qué no decirlo, de la derecha más exaltada. Hablamos, por ejemplo, de esa idea mágica de que volver al centralismo más estricto hará llover oro del cielo.

Los argumentos que se están esgrimiendo para defender la impostura del gobierno de Rajoy apenas ya se sostienen, y menos con sucesos como éste. Resulta ya indignante esta permanente escenificación del "no nos gusta tomar estas medidas" añadiendo al mismo tiempo, a través de los medios de comunicación afines u otros portavoces, que esas medidas que no gustan son estupendas o "ya tocaban". Por no hablar de los discursos del odio: del odio a los funcionarios o, al más puro estilo neroniano, los inmigrantes. A estas alturas ni siquiera el tan socorrido "nos vemos obligados a hacer esto por culpa del PSOE" puede tener mucha fuerza más allá de los grupos incondicionales del Partido Popular. E incluso entre aquéllos, el recorte a pensionistas sin duda hará que hasta los más adictos se empiecen a retraer. Y esto, junto a los recortes a funcionarios (los que disuelven las manifestaciones son también funcionarios), presenta un escenario peligroso: el de un gobierno que ordena y manda. Una clase de gobierno que no se interesa por la justicia o equidad de lo que hace y, por tanto, una clase gobierno que no puede subsistir durante largo tiempo salvo redoblando las apuesta por el despotismo, por la tiranía. Hasta ahora valió el miedo y las clásicas narrativas de culpabilización de los pobres, de los desempleados, de los jóvenes. Mañana... ¿qué será necesario? De momento el gobierno de Rajoy ha convertido el centro político madrileño en una suerte de "zona verde" completamente tomada por la policía.

Hoy, como siempre, el pueblo tendrá que responder en las calles y mandar un mensaje a quien lo precise: no consentiremos que nos reduzcan a la nada. Mientras esto no se haga se seguirán recortando y recotando derechos y servicios públicos bajo la cómoda amenaza del miedo a todo, del miedo al hambre, y una escalada sin fin del cinismo en los medios de comunicación. Angela Merkel y toda la deuda de España no serán jamás excusa suficiente para que renunciemos a la democracia. La esclavitud por deudas fue abolida por los romanos en el año 326 A.C. En la práctica, el Partido Popular y la UE la han reinstaurado en España, sólo que en este caso las deudas no podrían ser más odiosas.




"Un gobierno que no tuviese sino la guerra para hacer obedecer sus leyes estaría muy cerca de su ruina. Le sucedería probablemente una de estas dos cosas: si fuera débil y moderado, sólo emplearía la fuerza en el último extremo, y dejaría pasar desapercibida una gran cantidad de desobediencias parciales; entonces el Estado caería poco a poco en la anarquía.

Si fuera audaz y poderoso, recurriría al uso de la violencia y, bien pronto, se le vería degenerar en puro despotismo militar. Su inacción y su actividad serían igualmente funestas para los gobernados."
Alexis de Tocqueville








10 comentarios:

Antonio dijo...

Los españoles tenemos lo que nos merecemos. Somos un pueblo inmaduro, ignorante y cazurro, que prefiere la mentira a la verdad. ¿Hace falta decir qué hubiera pasado si Rajoy, en campaña electoral, nos hubiese dicho:

“Españoles, nos hemos pasado de la raya, hemos gastado más de lo que teníamos, y ya no nos van a prestar más. En esta situación hay sólo dos opciones realistas: Opción A: Devolver lo malgastado a costa de grandes sacrificios durante muchos años, a fin de permanecer en el Euro y el mundo civilizado, intentando por el medio sacarle a la UE y el FMI lo que buenamente podamos. Opción B: Hacer un sinpa internacional, salir del Euro y quedar excluidos del mundo civilizado, darle a la máquina de los billetitos para renovar artificialmente el ciclo, y afrontar un escenario de consecuencias totalmente imprevisibles en el corto, medio y largo plazo. La Opción C, la que ustedes quieren oír es irreal: no hay ninguna posibilidad de que sigamos como hasta ahora, viviendo indefinidamente del cuento y de la fantasmagoría del crédito y el estado del bienestar, aunque otros les digan que sí. Así que asúmanlo: por A o por B vamos a pasarlo mal”.

Gobierno mentiroso, a golpe de real decreto, dictatorial si tú lo dices, efectivamente. Y de zona verde, pues en cuanto la policía y el ejército -parece ser que muy disgustados con los recortes- recuperen su poder adquisitivo merced a un nuevo complemento de productividad, penosidad o similar, dadas las excepcionales circunstancias, aquí no va a rechistar ni dios.

Pero como digo, es lo que nos merecemos. En mi opinión, lo escandaloso no es que nuestra indecente y fabrosa clase política nos pida o imponga sacrificios -yo al menos no veo otra alternativa-, sino que no predique con el ejemplo, sobre todo dada su responsabilidad de primer orden en lo que está pasando.

PD: Búscate un trabajo o acabarás militando en el BNG.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

"Búscate un trabajo o acabarás militando en el BNG."

Típico comentario del que YA está en el mundo laboral. Típico comentario de quien vive en Madrid. Típico comentario, en suma, de soplagaitas. Y el gallego soy yo, vaya.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

"No hay alternativa". Por supuesto que la hay. Pero no le gusta a quienes tienen grandes cantidades de dinero en el banco, claro.

Antonio dijo...

Claro. Que se jodan quienes en época de vacas gordas sufrimos autoprivación e hicimos el esfuerzo de ahorrar algo (grandes cantidades, dice...), en vez de vivir del cuento como todos los demás. Qué buen negocio: me hipoteco por 300.000 pavos que no tengo ni nunca tendré, y ahora me irresponsabilizo de ello y pido la dación en pago para que quiebre más rápidamente el banco, que resulta que tampoco quiero que se rescate a costa de todos, sino sólo de los ahorradores que no se hipotecaron irresponsablemente como yo. Total, que si la jugada me sale bien, gano. Y si no, no pierdo. Y olé.

Retiro la postdata del primer comentario. ¿Algo que decir sobre el resto? ¿Cuál es esa maravillosa alternativa que sólo usted conoce?

La mía es que el pueblo empiece por asumir su parte de culpa en todo este follón, sin perjuicio de la mayor culpa de quienes por razón de su cargo (políticos, banqueros y demás) sabían o debieron saber a donde llevaba todo esto.

PD: Sí, resido en Madrid. Y sí, tengo trabajo; pero también me está afectando, y mucho, el ajuste.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

La teoría económica sostiene que el ahorro es un consumo diferido. Ocurre que si difieres tu consumo más allá de un apocalipsis económico... pierdes ese consumo. Si no hay moralidad, no la hay para nadie.

Anular las deudas no es posible. Pero aquí se propone anular, en la práctica, la de algunos. Y esos algunos tienen por rehenes a las personas como usted. Y por esto no vamos hacia una devaluación vía dinero sino vía pobreza o, como reza el eufemismo, "devaluación interna". Pero, como dijo el señor Paul Krugman citando irónicamente a Milton Friedman en su defensa de la libre fluctuación de los tipos de cambio, es mejor que la hora para abrir y cerrar se fije a través de un horario unificado y no en base a cada sector/negocio.

Salvar a los bancos es un concepto que sólo tiene sentido para evitar un pánico bancario que nos sumiese en una gran depresión. Si para salvar a los bancos debemos sumirnos voluntaria, y pacíficamente, en dicha gran depresión... algo falla.

Disfrute de sus tan sufridamente ahorrados fondos bancarios. En serio. Tal vez con ellos pueda comprar la seguridad (y sanidad) para protegerse de los ejércitos de bandidos y enfermos que desencadenará esta llamada "austeridad". Mexicanización le llaman algunos.

Es infinitamente mejor, a mi juicio, salir del euro. No se anulan las deudas sino que pierden valor. Así tendríamos alguna oportunidad más que convertirnos en un "Estado Zombie" que, al más puro estilo tercermundista, dedique todas la potencia de su economía exclusivamente a pagar intereses a bancos extranjeros y a un aparato represor.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Por otra parte, esta historia de "el pueblo debe empezar a pagar" olvida la suprema razón política bajo la democracia: manda la mayoría. ¿Ya no hay democracia? Es lo que parece y por esto he escrito mi artículo.

Asimismo, esa moralización de las hipotecas es una nueva forma de dialéctica contra el desgraciado, una herramienta de la supervivencia pero no por ello menos cruel. Esa gente que se hipotecó cuando la burbuja estaba echando humo es un grupo de drogadictos adictos al riesgo que deben pagar, bien. ¿Y los que se hipotecaron a tiempo? ¿Los que incluso hicieron mucho mucho dinero fácil? No, a esos no los mencionamos. ¿Si tienen dinero son estupendos? El éxito lava todo.

La economía de sacristía, de buenos y malos, tiene estas cosas. Igual que un militar que sólo tuviese por objetivo minimizar bajas civiles del enemigo sería un mal soldado... el que considera que es bueno ahorrar siempre puede resultar un mal ahorrador. De hecho, durante la burbuja, tener dinero en el bolsillo era "perder dinero". Qué cosas.

Antonio dijo...

El artículo de Isidoro es lamentable. No escribe desde la razón, sino desde el resentimiento.

Y a ver si lo entendemos de una vez, señores. Sólo dos opciones son realistas, pero uno nuestro destino: Tanto si permanecemos en el euro como si salimos de él, por austeridad o por devaluación, vamos a empobrecernos brutalmente.

Lo que no va a suceder es lo imposible: que el estado de bienestar salga indemne de ésta, que sigamos viviendo del cuento del crédito internacional, o que los cinco millones de parados de Zapatero desaparezcan por arte de magia.

Así que puestos a elegir, me quedo en el euro, en el primer mundo, con un tutor severo -dada la ineptitud de los delegados nacionales- y sentando las bases de un futuro de crecimiento sólido y sostenible (y no de un nuevo y cortoplacista crecimiento artificial, a la espera del próximo petardazo).

Por otro lado, desde una perspectiva moral me parece mejor apostar ahora por quienes lo hicieron bien en el pasado, por los responsables, y no por quienes consciente o inconscientemente actuaron o tienden a actuar como manirrotos. Además, como he dicho en el otro comentario, el ajuste nos está tocando a todos: a los desahuciados y a los que conservamos el negocio o el empleo y generosamente pagamos las prestaciones y subsidios de los primeros.

La actitud del pueblo y de gente como ustedes estos días es patética. ¿Conocen las cinco fases de la elaboración del duelo? Pues justo ahora estamos pasando de la negación a la ira. Un poco de madurez.

PD: Políticos y banqueros, eso sí, a Núremberg.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Falsos dilemas.

El estado de las autonomías y el estado del bienestar no son elementos que, mediante ritual sacrificio, vayan a salvar de nada a España. Se trata de un problema falso a la luz de la conveniencia. Del mismo modo que cuando crece el desempleo muchos comienzan a ver a los inmigrantes desde el más desbocado racismo, hay quien ve en esta crisis la ocasión para volver a la España tardofranquista. No deja de ser viejo el discurso: desde hace años se oye en muchos mentideros aquéllo de que en España hay muchos más funcionarios que en los años 70 y que eso es un despilfarro. Obviando la cantidad de funcionarios que hay en otros países europeos y obviando que ese genérico "funcionarios" está compuesto en su mayoría por servidores esenciales del sistema (relacionados con la sanidad y la educación).

La moralización de los discursos ideológicos, el pretender pasar el prejuicio propio por "sentido común" y las ideas ajenas como "cosa de locos" o "ignorancia" es un grave problema. Un grave problema de comprensión de lo que significa la democracia. Por esto no extraña que usted, Antonio, se sienta tan feliz con la perspectiva de una dictadura extranjera ejercida sobre España. Porque usted intuye que esa dictadura emite los decretos que adulan a sus prejuicios; a todas luces clasistas.

Lo que en mi anterior comentario le expuse no puede usted contradecirlo. Porque para su discurso el "manirroto" no es más que quien se metió en lo que, en su momento, se consideraba un "negocio seguro", y lo hizo "demasiado tarde". El que anteriormente se metió en hipotecas con bajos salarios de por medio, pero pagó la mayoría de su crédito antes de la debacle, o el que se dedicó a comprar y comprar suelo/ladrillo a precios cada vez más disparados para luego vender a unos aún mayores... esos no son manirrotos ni vividores amantes del apalancamiento colosal. No, esos señores, que ahora pueden disfrutar del excedente conseguido, son personas que con su solidaridad pagan los subsidios a "los vagos" que caen en la pura y dura ruina. Y esto, claro, no tiene sentido.

Esa economía del bueno y el malo, insisto, es un disparate conceptual. Los individuos de una economía se mueven por incentivos y pretender otra cosa es intentar engañar a alguien. Si España no hubiese entrado en el Euro es a todas luces evidente que no habríamos llegado al disparate de burbuja inmobiliaria al que llegamos, inundados por euros alemanes a crédito que literalmente huían de Alemania (donde no quieren inflación bajo ninguna forma). Los bancos hacían a los manirrotos porque los primeros manirrotos eran precisamente los bancos. Los bancos alemanes los primeros, claro.

Toda crisis de la sociedad lleva aparejadas sus narrativas. Pero cuando estamos rayando la perspectiva de un 30% de desempleo... la idea de que los desheredados y parados son vagos o gente que no se mueve por trabajar no se sostiene. No se sostiene mucho más allá de algunas covachuelas elitistas. Es un crimen, de hecho, sostener tales discursos.

La realidad es que al banco que se empacha con miles de millones de euros de créditos es rescatado y las personas que cayeron en la dinámica que le dijeron que tenían que adoptar... no lo son. Es pavoroso. Y representa el clásico problema del delincuente a gran escala, que es tenido por un aristócrata, mientras que el ratero es castigado con saña.

Disfrute, pues, de su dictadura. Mas tenga presente, eso sí, que buena parte de esa saneada posición de la que presume, tendrá que próximamente destinarla a curarse las enfermedades y protegerse de legiones de desheredados. A lo mejor es un precio que no puede pagar usted. De hecho la propia sociedad no puede pagar el precio de esta situación.

Antonio dijo...

Pueden seguir enredando el debate lo que quieran, tildarme de clasista, elitista y criminal, atribuirme tales o cuales prejuicios, proyectar en mí la “moralización del discurso ideológico” y la “economía de buenos y malos”, elucubrar sobre mi ideología y el partido al que voto o dejo de votar, sobre mi opinión sobre el estado del bienestar y de las autonomías, o sobre mi situación laboral y financiera... Lo que quieran.

Yo le pido otra vez al autor del blog, si es que sabe de lo que habla, que exponga de forma clara y concisa las medidas que, en su opinión y dadas las circunstancias, se habrían de adoptar, y los fundamentos y expectativas de éstas.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Es importante valorar su discurso, Antonio, porque su receta nunca ha funcionado. Oye usted bien: nunca. La idea de desmantelar el Estado , con recortes generalizados, recortes "contra la población", en un período recesivo, llevan a una Gran Depresión. De cuyos efectos, que sin duda intuirá, deviene el final de la democracia o la generalización de ideas totalitarias/radicales entre los desheredados.

En Enero de 2012 el 64% de la deuda española estaba representada por las empresas no financieras (29%) y los bancos (34%). La deuda de las familias representaba el 20% y el Estado solamente el 17%. ¿Qué resuelven, en este panorama, las políticas antisociales del Partido Popular? Es inútil. La deuda es impagable y lo de "reestablecer la confianza" es economía vudú.

Que se hable de desmantelar el Estado del bienestar o el Estado de las autonomías como de quien cambia una coma en el Código Penal da una idea del problema en que estamos sumidos. Dice la Constitución en su artículo 169 que está prohibido promover la reforma constitucional estando el país en estado de guerra, alarma, excepción o de sitio. Mutatis mutandis, no imagino peor momento que este para derribar la estructura del actual Estado. Y máxime cuando sería inútil porque, de nuevo, la deuda es impagable.

El problema no es la "confianza" de los inversores sino la confianza de los inversores en deuda pública en que no tenemos salida de la actual situación. ¿Y por qué no hay salida? Porque no podemos emitir moneda ni podemos, por supuesto, tener políticas fiscales expansivas de ninguna clase. Mientras esto sea así se especulará sin fin con la quiebra de España.

No hay salida de la actual situación a menos que el Banco Central Europeo actúe, garantizando que España no podrá quebrar nunca. De lo contrario no habría otra que romper con el euro y, eventualmente, declarar una quita en las deudas. Y si nos salimos del euro, por supuesto, las deudas por intereses de la propia deuda no podrían ser más odiosas (porque los bancos centrales "de toda la vida" emiten moneda "gratis" a favor del Estado, sin intereses).

Se podrá argumentar que presento un escenario apocalíptico, pero echemos un vistazo a lo que se nos está pidiendo desde el norte de Europa. Porque lo que nos piden es exactamente ese apocalipsis, pero sin perspectivas. Y sabiendo como algunos sabemos que los culpables de lo que ocurrió en España no son sólo esos facilones sospechosos habituales de los "corruptos y manirrotos" sino los bancos del norte de Europa que nos metieron en esta espiral de deuda.