viernes, enero 13, 2012

Un Sherlock Holmes contemporáneo

Sherlock Holmes es un personaje que, rivalizando con Robin Hood y similares, ha sido mil veces llevado al cine y la televisión. El carácter de las adaptaciones de Sherlock Holmes siempre consistió, no obstante, en un ejercicio de clasicismo. No ha sido hasta hace relativamente poco cuando productoras de cine y televisión se pusieron el objetivo de "readaptar" el mito de Sherlock Holmes sacándolo de sus corsés victorianos. Un ejemplo muy conocido de esto es la serie "House", donde Hugh Laurie interpreta a un trasunto de Sherlock Holmes en la forma de médico adicto a los calmantes que resuelve los casos que ningún otro médico resuelve. Y es que Sherlock es atemporal: un tipo que disfruta del aislamiento, es adicto a las drogas y tiene una extraordinaria habilidad. Sin embargo, la nota contemporánea al personaje de Sherlock es la completa anulación de su moralidad. Donde antes Sherlock Holmes se mostraba implacable pero leal a una serie de instituciones y valores, ahora es mostrado prácticamente como un anarquista que ejerce su papel para vencer al aburrimiento, sin más.

El Sherlock Holmes contemporáneo se lleva hasta el absurdo en las adaptaciones de la historia realizadas por Guy Ritchie. En ellas Holmes es presentado como la caricatura del bohemio de la época y como una suerte de personaje de un disparatado Street Fighter victoriano. Aunque las líneas del personaje de Conan Doyle aparecen aquí y allá, el Sherlock interpretado por Robert Downey Jr. (quien como siempre hace de sí mismo) parece un juerguista universitario sin demasiados amigos y que, al igual que el personaje de Hugh Laurie en "House", es desde luego un anarquista. Qué decir del personaje del Dr. Watson (interpretado por Jude Law): un personaje que en las obras de Conan Doyle es la voz de la experiencia del hombre corriente y aquí es incomprensiblemente una persona más joven que Sherlock Holmes. Sin embargo, la cuidada recreación de los escenarios y los vestuarios victorianos en las adaptaciones de Ritchie hace menos desagradable el experimento. Al menos esto ocurría así en la primera adaptación de Ritchie pero no desde luego en la segunda.

"Juego de Sombras" es una película en la que la investigación de Sherlock Holmes prácticamente brilla por su ausencia. Del mismo modo, la interacción personal de Sherlock Holmes con el villano que aparece en esta segunda adaptación de Ritchie (nada menos que el profesor Moriarty) es antinatural. Y es que parte de la "gracia" del personaje de Holmes es su cuidado análisis de los detalles para llegar a verdades mayores y su uso de esos detalles para "comunicarse" con los criminales. La primera adaptación de Guy Ritchie del personaje de Sherlock (año 2009) montraba a un villano (interpretado por el ubicuo Mark Strong) que se mantenía a cierta distancia o se mostraba esquivo frente a Sherlock Holmes. En cambio, en esta segunda parte, al villano Moriarty lo tenemos hasta en la sopa. No tiene sentido que Sherlock Holmes vaya al despacho (?) de Moriarty a tener un intercambio verbal con él. Como no lo tiene tampoco que Moriarty no se oculte en absoluto e incluso sea presentado como una celebridad del momento. ¿Dónde está, entonces, el "juego de sombras"?

Guy Ritchie da todo muy "masticadito", muy facilón, en esta su segunda adaptación de Sherlock Holmes. Nada resulta sorprendente ni hay algún giro que no sea por completo previsible. El Holmes de Ritchie, por tanto, queda en un vulgar ejercicio de pirotecnia a mayor gloria de los fabricantes de palomitas. Mucho más digna, por cierto, la adaptación de Sherlock Holmes a cargo de la BBC que ayer pudimos ver estrenada en Antena 3. En esa adaptación se prescinde por completo de la época victoriana y plantea un Sherlock del siglo XXI. Un personaje inverosímil, claro (dadas las modernas técnicas policiales), pero al que los guionistas saben sacar su jugo como "sociópata con muchas habilidades".


"Yo no soy la ley, pero represento a la justicia hasta donde mis pequeños poderes alcanzan" Sherlock Holmes.