viernes, marzo 04, 2011

Revueltas en el mundo árabe: un juego de niños

Algo pasa en el mundo árabe. Los periodistas, a estas alturas, ya renunciaron a la deontología, y repiten una y otra vez una serie de consignas respecto a lo que está sucediendo. 

A diferencia de lo que sugieren los adictos a teorías de la conspiración, es imposible dar órdenes a los medios de comunicación y, por ende, influir directa y constantemente en amplios sectores de la sociedad. Ahora hay que alinear intereses. La psicología de masas, por así llamarla, entra en escena. Una peculiar ingeniería merced a la cual resulta mucho más fácil imponer medidas de fuerza tras un festival de loas a las "redes sociales" y "la democracia participativa" que en nombre de los derechos humanos "a palo seco".

En un mundo en que la lucha por la libertad, esto es: la responsabilidad, se deja de lado por nociones de libertad basadas en la completa irresponsabilidad es lógico que algo como Wikileaks o Facebook acabe sirviendo de base a medidas de fuerza contra esa conveniente ficción de "la soberanía de los Estados". ¿Cómo justificar como "asuntos internos" de un país cualquier cosa que sea discutida en las redes sociales? Por increíble que parezca, este es el criterio.

La realidad es que las revueltas en el mundo árabe pueden responder a muchas cosas pero la "revolución 2.0" está entre las últimas, si es que está. Un servidor no puede imaginar como demócrata a alguien que incendia edificios al grito de "Dios es grande" y similares. Semejantes individuos dudo que sean demócratas salvo en un sentido muy perverso del término. Porque no resulta extraño que se llamen demócratas quienes no lo son, incluso que se sientan convencidos de ser demócratas sin serlo. Por demócrata se hacen pasar muchos y, desgraciadamente, en el mundo árabe (ése lugar donde apenas se traducen libros) lo más probable es que se tenga por demócrata el mero rebelde. Para poder empezar siquiera a creer cuanto se está diciendo estos días de "revueltas democráticas en el mundo árabe" tendrían que existir ejemplos, partidos y corrientes políticas en el mundo árabe de que existe esa sensibilidad popular en pro de gobiernos representativos y limitados. Estamos hablando de una mínima prudencia. Una prudencia que aparece pulverizada cuando los informativos de las cadenas de televisión abren sus programas anunciando entrevistas con los "revolucionarios en la Red" a los que atribuyen las revoluciones en el mundo árabe. Unos sujetos que están muy lejos de poder convocar a las masas árabes a la revuelta, que de hecho viven en paises europeos o de Occidente y cuyos puntuales, y presuntos, éxitos son exagerados hasta la náusea.

Durante un tiempo en este país, y otros similares al nuestro, se consideró que un piso, una casa, era un bien de inversión cuyo valor aumentaría siempre. En su día, muchos estuvieron de acuerdo en valorar de forma absurda, en Bolsa, a las empresas del punto com. Ahí tenemos el siempre muy oportuno ejemplo de los tulipanes holandeses. En definitiva: las personas somos dadas a ciertos caprichos y dinámicas que luego, cuando todo pasa, sólo acertamos a calificar de demenciales o estúpidas. Lo de las redes sociales y los juegos florales con los secretos de Estado es otra burbuja, otra estupidez. Del mismo modo que el primer "Operación Triunfo" arrasó y el último apenas despertó el interés de la gente ocurrirá lo mismo con este formato de "cómete unas palomitas mientras liberas a la Humanidad".

En el caso de Libia estamos asistiendo a un auténtico festival de estupideces por parte de corresponsales y periódicos. Después de estar una semana dando por muerto/exiliado/perdido al dictador Gadafi, pues las informaciones de los rebeldes eran automáticamente publicadas como verdades, apenas unas pocas noticias daban cuenta de la reconquista de varias ciudades por parte de los leales al dictador. Las tropas de éste eran calificadas como "bandas de asesinos" o "brigadas siniestras" mientras que los rebeldes son calificados como "el pueblo". Algo que es condenable no porque Gadafi sea alguien a quien defender sino porque estamos ante una guerra tribal. Una guerra mucho más parecida a una revuelta señorial de la Edad Media que a una guerra de liberación. En cualquier caso se trata de un conflicto civil en el que las acusaciones de "masacres de civiles" se ven necesariamente desdibujadas por las imágenes, emitidas una y otra vez, de rebeldes sin uniforme alguno blandiendo armas.

Puede que alguien haya decidido acabar con Gadafi. Sin embargo la prudencia lleva a considerar una exageración las amenazas de intervención internacional por motivos humanitarios. Porque según el criterio que se está aplicando para semejantes amenazas, resultaría que no serían posibles las guerras civiles sin que interviniese la ONU o, peor aún, un Estado soberano no podría reprimir revueltas o insurrecciones dentro de su país. Y eso, ni que decir tiene, es una supresión de la soberanía de los Estados. Una supresión mucho más clara, sea dicho de paso, que la que  según muchos implicó el proceso que llevó a la invasión de Iraq en 2003. Una circunstancia que permite sospechar que lo que sucede en Libia, y otros lugares del mundo árabe, forma parte de una estrategia de mayor escala que apuntaría a Teherán.
 
Lo que muchos no quieren asumir es que los cambios reales en un mundo tribal como el libio y otros países similares no pueden venir salvo por una intervención exterior y no espontáneamente. El problema es que nadie está dispuesto a pagar el precio de semejantes operaciones. Se llega al absurdo de ver sociedades atrasadas bajo el enfoque de las sociedades desarrolladas mientras se niega que, precisamente, el enfoque de los países desarrollados deba imponerse. 

Un juego de niños.
 
 
 
"La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos." Parménides.
 











3 comentarios:

Dhavar dijo...

Desgraciadamente, casi todo el mundo - especialmente los que se sienten blogosfera, tan halagados- , ha comprado la mercancía, i.e., éstos son chicos de la sorbona pero más morenos.
Cuando les señalas que todos, sin excepción, son musulmanes,-ergo, gente de la sharia por encima de todo- te dicen que tienes prejuicios y te niegas a ver lo rápido y bien que evolucionan estas nuevas generaciones.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

En el caso de Libia está la cosa muy clara porque los lemas anti-Gadafi están siendo "Gadafi es el enemigo de Dios" y "Dios es grande". Ambos, suponemos, parte de una agenda democratizadora...

Alfredo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con usted, Isidoro, como suele ocurrir. Yo por eso no pienso decir ni pío en mi blog al respecto -- una de las frasecitas que más me molestó de "El Mundo" fue la de "escuche el relato desgarrador". Ohhh, pobrecillos, querían provocar lagrimillas. Estoy de acuerdo con la decisión hasta el momento de la OTAN -- NO INTERVENIR. Yo sí defendí y defiendo la intervención en IRAK porque ahí teníamos intereses estratégicos y de seguridad pero no es así en el caso de Libia. Es preferible dejar que se coman entre ellos en este caso.

Por eso también dije en su día que "no está tan claro qué es lo que esta gente pide exáctamente" pero sí, todo apunta a Irán -- país al que se le debió corregir desde hace ya muchos años.