viernes, marzo 18, 2011

La ONU declara la guerra a la ONU

Esta madrugada el Consejo de Seguridad de la ONU tomó una decisión respecto a Libia. La decisión en cuestión parece autorizar ataques contra las fuerzas leales a Gadafi para evitar, se dice, que se ataque a la población civil. Estas medidas venían exigiéndose desde el mismo comienzo de las revueltas en Libia por parte de algunos países y una mayoría de medios de comunicación. Se decía que la falta de acuerdo en cuanto a atacar a Gadafi y respaldar a los rebeldes libios constituía un acto de cobardía por parte de los países occidentales. La ONU decide ahora dar ese respaldo a los rebeldes libios con la única limitación de no ocupar el territorio libio.

La gente corriente no conoce las leyes internacionales pero sí ve la televisión. Sobre esta base se han desarrollado los acontecimientos. Hoy Mariano Rajoy, por ejemplo, ha respaldado la intervención en Libia para "evitar que haya atentados contra personas y una masacre contra ciudadanos inocentes". Una curiosa forma de concebir una guerra civil y que constituye buen ejemplo del delirio argumental que respalda la decisión de la ONU: la idea de atacar a las fuerzas libias leales a Gadafi para evitar daños contra civiles. Es delirante porque  una guerra civil es una clase de conflicto en que inevitablemente se producen daños a personas y en el que, como expuse la pasada semana, la delimitación entre civiles y combatientes es difícil y sumamente manipulable.

Los conflictos civiles son asunto de la estricta incumbencia de los países en que se desarrollan. Es un principio completamente elemental en el esquema de la soberanía de los Estados el que los gobiernos de dichos entes (sean o no democráticamente elegidos) gozan de total independencia para mantener el orden en su territorio. De hecho, el mantenimiento del orden, la capacidad de ostentar efectivamente el poder, fue en última instancia la única base de consenso por la que considerar legítimo a un Estado en el seno del concierto internacional. Es sabido: la original ONU pretendía ser un concierto mundial de democracias y finalmente hubo de conformarse con ser una organización de países amantes de la paz. Y para "amar la paz" no es preciso mucho más que así declararlo. Por eso, entre otras cosas, la Libia de Gadafi alcanzó la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y por eso se entregaba algo como el Premio Internacional Al-Gaddafi de los Derechos Humanos. Puede que haya quien no lo sepa, pero debe quedar claro que la ONU no es una organización que represente a "la democracia". 

Si la mayoría de los miembros de la ONU son Estados cuyos gobiernos son despóticos, no tiene demasiado sentido que se embarque en operaciones militares para favorecer la democracia. Además, la Carta de la ONU en su artículo 2.7 establece que la ONU no se atribuye ningún derecho a intervenir "en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados". Algo a lo que habría que añadir lo establecido por la Resolución 2625 de la Asamblea General de la ONU respecto a la soberanía de los Estados, respecto a esos "asuntos que son esencialmente de jurisdicción interna de los Estados"

Ningún Estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro Estado a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos y obtener de él ventajas de cualquier orden. Todos los Estados deberán también abstenerse de organizar, apoyar, fomentar, financiar, instigar o tolerar actividades armadas, subversivas o terroristas encaminadas a cambiar por la violencia el régimen de otro Estado, y de intervenir en una guerra civil de otro Estado.

La Carta de la ONU establece en su capítulo VII los mecanismos por los que se podría emplear legítimamente la fuerza en el plano internacional. Los supuestos para iniciar acciones de fuerza contra un Estado son claros: "amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión". Y los objetivos de las medidas de fuerza de la ONU son aún más claros: "mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales". Resulta bastante más que evidente que en nada de esto tiene encaje el conflicto civil libio.

Cabe preguntarse si en Libia se está cometiendo un genocidio pues hay quien establece que el derecho consuetudinario internacional ampararía intervenciones humanitarias en los asuntos de un Estado soberano. En este caso, durante semanas, hemos asistido a una contínua serie de noticias sensacionalistas y gruesos titulares acerca de ejecuciones sumarias por parte de las tropas leales a Muamar Gadafi. Los periodistas se han podido mover con relativa libertad por territorio "liberado" por los insurrectos del este de Libia y no ha surgido ninguna información relevante, ni pruebas, de que las tropas de Gadafi cometiesen crímenes contra la Humanidad. Las pesquisas del Tribunal Penal Internacional y las opiniones de funcionarios de algunos Estados u organizaciones internacionales no pueden impresionar a nadie. Se trata de un proceso análogo al de la excomunión medieval: palabras gruesas. Se han movido resortes burocráticos con ánimo de ser espectaculares, nada más: no hay pruebas, no hay imágenes, no hay testimonios creíbles o suficientes para hablar de genocidio. Del mismo modo, tomar los discursos de amenaza de Gadafi sobre los rebeldes acantonados en Bengasi como una prueba de que planea un genocidio, en el ámbito de la legitimación de una medida internacional de fuerza, roza la parodia. Si ya es dudoso el derecho de la ONU a intervenir por razones humanitarias en un Estado soberano, imagínense para intervenir preventivamente por razones humanitarias. Un hecho insólito. Tan insólito como llamativo resulta que la OTAN, una organización de carácter militar, no haya decidido todavía tomar medidas de fuerza contra Libia mientras que la ONU, una organización que persigue la paz internacional, sí lo ha hecho.

La ONU, en conclusión, interviene en una guerra civil de un Estado soberano para alterar el curso de la misma. Un hecho prohibido por su carta fundacional y cuya defensa argumental durante estos días constituye un insulto a la inteligencia. Atacar a Libia para que gane el bando democrático no es legal. Atacar a Libia para impedir que su ejército reprima una insurrección no es legal. Considerar civiles a los rebeldes, pese a lo fácil que resulta, no es legal. Prohibir el uso de artillería/bombarderos o cualesquiera otras armas no prohibidas internacionalmente en el marco de una guerra civil no es legal. Basarse en rumores de crímenes de lesa humanidad y sin más prueba que éstos intervenir en los asuntos internos de un Estado soberano no es legal.

Estamos, pues, asistiendo al linchamiento internacional de un Estado soberano que de ninguna manera se fundamenta, en tanto linchamiento, en derecho alguno. Una supresión de la soberanía de los Estados en nombre de una democracia que en la ONU brilla por su ausencia no puede ser más que una farsa. A mí, de momento, no me engañan. Las medidas tomadas contra la Libia de Gadafi, por sus pretensiones, son si cabe más ilegales que la invasión de Iraq en 2003. Tal vez alguien intente convencer al populacho de que la ley internacional es un completo fraude. De ser así lo celebraré.


"De modo que ninguno de los dos bandos practicaba la piedad y, por contra, mejoraba la reputación de quien con artificiosas palabras conseguía culminar con éxito una empresa odiosa" Tucídides.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Un buen artículo! Felicidades por ser una de las pocas personas con clarividencia con este asunto.
Roebeck

Alfredo dijo...

Celebro su artículo -- yo opino lo mismo aunque sí apoyé la Guerra en Irak porque pienso que sirve algún interés nacional. Yo jamás he creído en la "ley internacional" pero soy un férreo defensor de la soberanía de los estados normalmente -- salvo si hay algún interés que pueda beneficiar a España. Me importa un bledo el humanitarismo barato.

Suscribo la totalidad de su último párrafo:

"Estamos, pues, asistiendo al linchamiento internacional de un Estado soberano que de ninguna manera se fundamenta, en tanto linchamiento, en derecho alguno. Una supresión de la soberanía de los Estados en nombre de una democracia que en la ONU brilla por su ausencia no puede ser más que una farsa. A mí, de momento, no me engañan. Las medidas tomadas contra la Libia de Gadafi, por sus pretensiones, son si cabe más ilegales que la invasión de Iraq en 2003. Tal vez alguien intente convencer al populacho de que la ley internacional es un completo fraude. De ser así lo celebraré."

juan dijo...

Bonito e instructivo ejercicio de demagogia. Y digo demagogia porque entiendo que sabes lo que estás haciendo omitiendo artículos y apartados de las normas de derecho internacional que citas, porque sino diría directamente ignorancia.

Sin entrar mucho en detalles te emplazo a leer el artículo 2.7 (no el 2.4 como erroneamente pusiste) pero leerlo hasta el final, la última frase que enlaza al capítulo VII y una vez allí leas, por ejemplo, el artículo 41 y 42

Sobre la resolución 2625, como seguramente sabrás, hay una debate continuo sobre lo que supone jurisdicción interna de un Estado, derecho a injerencia humanitaria, etc. Y como ya digo, hay que leersela entera, no sólo los párrafos que puedan servir para apoyar una argumentación prehecha.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Gracias por señalar la errata del 2.4.

Las menciones que se hacen a la Carta ONU y la Resolución 2625 en mi artículo son completamente pertinentes y no omiten nada. Porque cuando la Resolución 2625 se remite al capítulo VII de la Carta ONU lo hace para salvar conflictos entre el principio de no intervención en los "asuntos internos de los Estados" y los objetivos de paz y seguridad internacionales que aspira a defender el mencionado capítulo. Contradicción que no se da, de ninguna manera, en el caso de las guerras civiles: que son asunto interno completamente exclusivo del Estado en que se produzcan, estando prohibido intervenir.


Me temo que su punto de vista, Juan, hace innecesaria o inválida la Carta de la ONU. Porque según su criterio, aparentemente, el principio de soberanía de los Estados puede ser anulado por una mera resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Puede que ése sea un sistema formalmente "feo" aunque mejor. Sin embargo lo que aquí se denuncia no es que se ataque al tirano Gadafi sino toda la exhibición de demagogia (esta sí) e hipocresía de la ONU en estos días.

Juan dijo...

Entiendo que si eres conocedor de la normativa internacional pública. Como sabrás, uno de sus rasgos más característicos es la ambigüedad. Una primera lectura invita a pensar que todo es bondad, buenas palabras y fin dialogado de cualquier conflicto. Evidentemente no iban a hacer apología del uso de la fuerza tras la Segunda Guerra Mundial. Y aún dentro de esa ambigüedad, la llamada a la paz y seguridad internacional advertida por el Consejo de Seguridad habilita a una intervención armada, incluso cuando no ha actuado contra ningún tercer Estado directamente. En ese sentido se interpretó el uso de la fuerza en varias resoluciones que ahora, me perdonarás, he olvidado el número, pero de comienzos de los noventa sobre Irak y la antigua Yugoslavia. Aunque bueno, estarás conmigo que decir "no habrá vuelo o transporte marítimo seguro en todo el Mediterraneo" es una forma de amenaza que pone en peligro la paz y seguridad internacional. Y una guerra civil en esa zona es cualquier cosa menos paz y seguridad. Por cierto, que en aras de esa paz y seguridad se han mantenido dinastías en todo el mundo árabe y amparado disparates de Israel que exceden lo que se entiende por asuntos internos de un Estado. En algún momento deben cambiarse las tornas y aplicar realmente el derecho internacional, aunque sea, como parece en este caso, por intereses estratégicos. Una pena que no hubiera ningún interés estratégico en Ruanda, o en África en general, podríamos haber ahorrado muchos "asuntos internos" con intervenciones armadas bendecidas por la ONU.

De acuerdo, las mismas o mayores razones que para actuar en Libia se dan en muchos otros paises en los que nunca entrará ni dirá nada el Consejo de Seguridad. Pero allí ya entramos en lo anquilosado del sistema de esa institución, donde si no es Rusia es EEUU o China el que veta cualquier intervención por razones estratégicas o por lo que sea. Y viene de antiguo, sin ir más lejos una resolución sobre la España franquista en el año 46 que pudo haber acabado pronto con la dictadura quedó en agua de borrajas al dividirse el mundo en dos bloques, comunista o capitalista.

Que hay más Libias no quiere decir que sea ilegal intervenir allí. De hecho ha sido la dejadez del derecho internacional la que ha propiciado que Libia esté ahora así.

La comparación con Iraq en 2003 es improcedente, poco tiene que ver en lo relativo al derecho internacional.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

No entiendo que el derecho internacional haga alguna distinción entre guerras civiles. En Libia hay una guerra civil. Las bravatas de Gadafi acerca de incendiar el Mediterráneo no pueden ser fundamento de nada y menos aún cuando se producen luego de que la ONU decide atacar Libia.

La ambigüedad del Derecho Internacional puede ser tal que acabe por negarlo. En efecto. Es exactamente eso lo que sucede en este caso. Al contrario de lo que usted sugiere, creo que la ONU se autodestruye con cosas como la resolución 1973 y deja a las claras que la Carta no prevalece sobre el concierto de grandes potencias. Algo bastante lógico pero desde luego contrario a cualquier fantasía de organización internacional pacifista.

Yo creo que el escenario internacional, como argumenté muchas veces en este blog, es un escenario hobbesiano y que el valor que se depositaba en la legalidad internacional (como en la invasión de Iraq en 2003) era ridículo. Sea por lo que fuere se ha decretado el linchamiento del régimen de Gadafi y no hay ley alguna que pueda protegerle. Que la intervención tenga lugar justo en el momento en que los insurrectos libios estaban a punto de ser definitivamente derrotados... huele muy mal. El tema de los soldados británicos con aparatos de alta tecnología arrestados hace dos semanas por los rebeldes también. Linchamiento: nada de ley internacional.

Yo no creo, pues, en el derecho internacional y creo que las potencias deberían hablar directamente de cómo quieren repartirse las cosas. A eso vamos: de nuevo al siglo XIX. Una época de razonable estabilidad, sea dicho de paso. De momento me fío más de ser amigo de los yankees que de la Carta de la ONU. Lo mismo, supongo, que Israel: que conforme a la resolución 1973 en cuanto EEUU no le apoye será borrado del mapa.

Juan dijo...

Si no crees en el derecho internacional realmente da igual la resolución que hubieran tomado o dejado de tomar en este caso, por lo que toda la argumentación no tiene mucho sentido si simplemente niegas el derecho a intervenir en cualquier situación.

Leyendo la Carta de la ONU y la resolución 2625 no hay nada que indique a pensar en la ilegalidad de la acción. Todos los extractos que incluyes y comentas es cierto, están ahí tal cual, pero tal vez habría que leer los incisos finales donde establece que no deben interpretarse de forma que impida la aplicación del Capítulo VII de la Carta. ¿Que eso equivale a una negación de la propia Carta? Sería un debate interesante. En el Consejo de Seguridad cada miembro es de su padre y su madre, tienen derecho a veto, criticado pero lo tienen, y en el caso de Libia ninguno ha hecho uso de ese privilegio (China y Rusia se han abstenido pudiendo haberlo parado) aunque ahora se quejen de la resolución.

Dicho eso, la única ilegalidad flagrante que considero en este caso es precisamente esta última, la de no considerar la abstención como un veto, cuando el tenor literal del artículo 27.3 exige la concurrencia de los votos afirmativos de todos los miembros permanentes, no bastando la abstención. Pero es la practica que tienen desde la guerra fría y nadie ha intentado remediarla, no vaya a ser que de paso se cuestione el propio derecho a veto.

Por cierto, decir que un siglo, el XIX, fue de razonable estabilidad cuando empezó con Napoleón invadiendo Europa, terminó con el expansionismo alemán y los primeros balbuceos del imperialismo a la estadounidense, y entre medias el colonialismo africano... De allí vienen muchos de estos lodos.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

De nuevo, es sencillo: yo no creo que exista el Derecho Internacional. Al menos no existe en cuanto a la gestión efectiva del Poder. Luego estarían las estandarizaciones, armonizaciones y reglamentaciones técnicas que, a fin de cuentas, resultan un desarrollo natural de los mercados. Estándares que pueden ser deseables pero que, también, se pueden ver arrastrados en cualquier momento por el Poder. Pero en suma: no resulta deseable que el Poder esté concentrado en ningún lugar, ni siquiera un cónclave de notables. Tampoco es deseable que sea posible, en el concierto internacional, que alguien apele a alguna suerte de ley por la que no exista un área de autoridad de los Estados. En ese caso no cabría en el medio plazo diplomacia alguna.

Se mire como se mire, los incisos en que se habla de que no se perjudica la aplicación del Capítulo VII de la Carta ONU no se refieren al caso de una guerra civil. Nada más lógico que decir que no perjudica a la aplicación del Capítulo VII la prohibición genérica de medidas de presión sobre un Estado soberano pues en eso consisten las acciones previstas en el Capítulo VII precisamente. Pero decir que una guerra civil encaja en ese capítulo no tiene sentido. Hay quien ahora, precisamente, dice que la Resolución 1973 es ajustada a Derecho "porque Gadafi amenazó con incenciar el Mediterráneo". Todo argumentos forzados, cabriolas y ocurrencias diversas para convalidar un mero acto de imperio. Exactamente la misma clase de lógica que los atenienses, según Tucídides, expusieron a los melios antes de reducirlos a la nada.

El asunto del 27.3 sí que es una nadería. Una nadería al lado de esto de que el Consejo de Seguridad se arrogue la autoridad de anular por una mera resolución la Carta de la ONU en un punto esencial: la soberanía de los Estados. Y nada más "soberano", insisto, que la capacidad de ejercer labores de policía y represión en un determinado territorio de forma exclusiva.

El siglo XIX fue un siglo que en términos netos, claro, se puede considerar bastante estable. El siglo XX no resiste la comparación, ni de lejos. Curiosamente, la defunción del sistema onusiano parece estar llevándonos al esquema decimonónico, con sus "tics" de realpolitik despiadada.

En suma: yo aquí sólo critico la pretensión de que el sistema onusiano es chachi-piruli y goza de buenísima salud cuando se lo acaban de cargar a la luz del día. Hay Estados que gozan de Poder y hay otros que simplemente son tolerados. Que no nos cuenten historias de legitimidades más propias del papado medieval...

Anónimo dijo...

Casimiro.

Lo que tu llamas "sistema onusiano" ni es chachi-piruli ahora ni lo ha sido nunca.
Tú mismo lo has dicho; la ONU no es una coordinadora de democracias y tampoco es, ya que estamos, una suerte de gobierno mundial. La ONU es un sistema de compensaciones permanentes, un foro donde las actitudes diplomáticas de los países se retratan ante la opinión pública. Puede que a ti no te parezca algo importante, pero su existencia ha sido y es extremadamente útil a la hora de atemperar conflictos, poner paños calientes y someter ímpetus.
En un estado de cosas decimonónico, sin una organización internacional vagamente legitimadora, Francia hubiese atacado por tierra, mar y aire a Libia. No sabemos exáctamente por qué, pero parece que al gobierno de Sarkozy le picaban las manos de las ganas de bombardear que tenía. A Francia la hubiesen seguido pongamos que el Reino Unido y, muy por detrás y cojeando, pongamos que nosotros. Estados Unidos se hubiese negado frontalmente a intervenir, que bastantes problemas tiene. Italia no hubiese dado un paso al frente porque Libia es una excolonia demasiado cercana como para meter allí tropas. Cada cual tendría sus propias motivaciones crípticas para hacer una cosa u otra; situación política interna, dependencia del petróleo libio, alianzas bilaterales preestablecidas...
Por otra parte Rusia no estaría tan solo poniendo peros como ahora sino que posiblemente, pasada la primera ola de bombardeos, haría una declaración formal de apoyo a Gadafi y puede hasta que se rompiesen relaciones con los invasores coaligados. Otros seguirían el mismo camino, por ejemplo algunos países árabes o Turquía o China creándose de esta manera una situación internacional de tensión que cualquiera sabe dónde podría desembocar.
Así ocurrían las cosas en el demencial siglo XIX, preludio del también enloquecido siglo XX y modelo del siglo XXI que estás planteando.

Isidoro dijo...

Casimiro:

Aprecio su relato, como buen amante de la política ficción que gusta de seguir a Niall Ferguson. Sin embargo el panorama que usted presenta no es realista.

La ausencia de la ONU no representaría una vuelta al uso de la fuerza para resolver disputas internacionales. Si en el siglo XIX, un siglo en efecto muy estable, se resolvían puntualmente las cosas mediante una guerra de Crimea, es porque en ese momento era posible obtener ventajas materiales y militares puntuales de una magnitud que hacían previsible una victoria y el botín de guerra correspondiente. En el siglo XIX el imperio británico suponía un gran freno, no obstante, a las ansias bélicas de unos y otros. En el siglo XXI el escenario que usted plantea es imposible no porque exista la ONU sino porque existe, de nuevo, un hegemón vigilante (EEUU) y, sobre todo, porque existen armas nucleares que hacen imposible la guerra entre Potencias.

Superada la Guerra Fría, la ONU pierde todo sentido. Porque era allí, durante el enfrentamiento EEUU-URSS, donde se producían los intercambios y ocurrencias de los diferentes condottieros de uno y otro bando. Hoy, la ONU sólo supone una ventaja para los perseguidores de rentas que la rondan y pueblan y para quienes ven en ella un "papado laico" que emite "bulas que todo lo perdonan". Un instrumento, como dije, perteneciente al género de lo chachi-piruli o, como diría Tierno-Galván, al terreno de lo "mágico-mítico".

Después de la Resolución 1973 del otro día ya queda claro que el Consejo de Seguridad, una vez superados antigüos antagonismos ideológicos internacionales, es quien manda y puede anular o dejar sin efecto cuanto quiera, cuando quiera y donde quiera. La Carta de la ONU es papel mojado si así lo deciden y en efecto así lo decidieron. Y este nuevo concierto de Potencias puede que sea mejor. Tal vez sea mejor dejar claro que habrá un bloque de "democracias", con sus respectivos clientes, y otra serie de bloques de intereses regionales y que hay países y Estados que no tienen más derechos que los que puntualmente se les concedan. La ONU ya queda sólo como farsa huera y mezquina.

Juan dijo...

Isidoro, te pongo aquí el último párrafo del primer principio de la declaración 2625:

"Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se interpretará en el sentido de que amplía o disminuye en forma alguna el alcance de las disposiciones de la Carta relativas a los casos en que es legítimo el uso de la fuerza."

Puedes pensar lo que quieras sobre el derecho internacional, y en muchas cosas estoy de acuerdo contigo, pero no puedes negar que ese último inciso da legalidad a la acción del Consejo de Seguridad, un órgano que puede calificar situaciones de amenaza y agresión contra la paz internacional. O, en el caso de Libia, para proteger población civil. Si, es cierto, hay muchas Libias y pocas resoluciones.

Pero la alternativa que propones, esa ley tribal donde la soberanía de un país es un cheque en blanco para hacer o deshacer en su territorio es lo que llevó a la situación anterior. Es muy mejorable, por supuesto, incluso reformable por completo, pero no hay que olvidar la etapa tan temprana en que se encuentra la legislación internacional y las trabas por el camino por la heterogeneidad de sus miembros. Un buen laboratorio de pruebas sobre legislación internacional bien entendida puede ser la Unión Europea, a la que queda muchísimo recorrido, pero va poniendo cimientos sólidos.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

"Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se interpretará en el sentido de que amplía o disminuye en forma alguna el alcance de las disposiciones de la Carta relativas a los casos en que es legítimo el uso de la fuerza."

Otra ración de lo mismo: queda vencida cualquier cuestión interna del Estado que sea sujeto pasivo de las medidas de fuerza del Capítulo VII. Pero...¿cómo podrá ser considerado una amenaza a la paz, una ruptura de la paz o una agresión el hecho de librar una guerra civil? Semejante interpretación es un completo dislate que va contra cualquier sentido de dicho capítulo y viola, como se ha visto, el artículo 2.7 de forma más que evidente.

Cordura dijo...

Me es grato saber que en esta ocasión coincidimos bastante, Iracundo. Si mantienes esa ecuanimidad, no sería de extrañar que en un futuro no lejano fueses decantándote hacia posiciones radicalmente adversas al Sistema.

Quizá hasta un día comprendas el carácter diabólico de cualquier guerra.

Un saludo.

Isidoro dijo...

La guerra no es diabólica, es muy humana. Como dije en su día creo que la guerra, y no la tiranía, es inevitable. Porque, al modo de Ihering, se puede concluir que cualquier concepción de la Justicia implicará siempre un determinado grado de lucha entre grupos, entre intereses. Y qué duda cabe que para evitar lo que nosotros consideramos injusto habría que eliminar a Gadafi y a cuanto son como él. El problema en esa tarea es que requiere un precio que nadie quiere pagar. Se pretende alcanzar un fin cuando se condenan los medios posibles. Y se condenan, en este caso, no sólo a través de la demagogia antibélica habitual sino directamente en la Carta de la ONU.

Cordura dijo...

Tu violentismo ya lo conocía, de ahí mis palabras.

Mi esperanza se basa en que un día seas capaz de comprender que tu pulsión idealista –alguna tienes– sólo podrá verse realmente saciada cuando seas capaz de superarlo.

“Y qué duda cabe que para evitar lo que nosotros consideramos injusto habría que eliminar a Gadafi y a cuanto son como él.”

Incluso a los que son peores que él, ¿no? (para verlos basta mirar al otro bando). Pero de eso no nos toca a los humanos encargarnos.

Gorila sin pelo dijo...

Interesante y razonable. Coincidimos más en materias allende las fronteras...