Hay poderosas razones para juzgar improbable una victoria del PSOE en unas elecciones generales que se celebrasen hoy. Pero esas elecciones serán dentro de más de un año. Y en ese tiempo pueden ocurrir muchas cosas. Como por ejemplo que otros países de Europa, que obviamente no gobierna Zapatero y ni siquiera están gobernados por socialistas, se vean sumidos en una crisis tan acuciante como la española. El discurso del PP está ya agotado, por momentos exhausto. Las barreras de la sensatez; cruzadas hace mucho. Vamos hacia un proceso electoral que será recordado por la completa falta de piedad de uno y otro bando. La participación, pese a todo, será relativamente alta. No es para menos: la oposición ha llamado a la aniquilación del gobierno La crisis de la economía española, según el PP, tiene nombre y apellidos: Jose Luis Rodriguez Zapatero. Tiran de la misma ocurrencia empleada por los gobiernos socialistas para blindarse ante críticas económicas: el concepto de confianza. Según dicho concepto la economía de un país depende de la buena voluntad de las personas: ya sea una generalidad de agentes económicos llamados al patriotismo o de un dirigente llamado a la virtud y la decencia. Se trata de una solemne estupidez, claro, que justificaría la prohibición de la crítica o una "virtuosa tiranía" directamente. Argumentos de trazo grueso para auditorios embrutecidos. Porque resulta evidente que descuartizar en la plaza pública al señor Zapatero no resolverá de ninguna manera nuestras miserias. Como tampoco lo hará el apelar nada más y nada menos que al Borbón. Una ocurrencia escandalosa de una serie de potentados consistente en el envío al rey de un estudio de la Fundación Everis que tira de propuestas muy similares a las de UPyD pero que por su evidente instrumentalización (la escenificación de un desprecio "social" a la autoridad del gobierno) suena a golpe en la entrepierna. Porque no olvidemos que con motivo del gobierno de la izquierda no son pocos los energúmenos seguidores del Partido Popular, a veces declarados nostálgicos del franquismo, que pontifican en estos tiempos acerca de listas abiertas, circunscripciones electorales, corrupción o la independencia del poder judicial. Toda una comedia que acompaña al PP a votar en contra, en el Congreso, de propuestas de UPyD que luego presenta como propias, con la complicidad de su prensa amiga, en sus numeritos propagandísticos. El odio se disfraza de reforma.
En esta terrible situación se presentan unas elecciones generales, como decía, que van a estar mucho más igualadas de lo que dicen las encuestas. Lo dicta la rabia, lo dicta la historia. Por eso en el PSOE no están tan alarmados: la victoria o la derrota está en manos del PSOE y no en las del PP. Todo depende de que los votantes del PSOE no se queden en su casa. Y a ello suele contribuir el PP involuntariamente. Declaraciones como estas, por ejemplo, contribuyen. Y si las elecciones se presentan reñidas es precisamente donde se presenta una verdadera oportunidad para formaciones como UPyD.
UPyD no aspira a ser la fuerza más votada y por tanto no intenta ampliar su base de posibles votantes haciendo concesiones ideológicas o regionales. He ahí, por cierto, la razón por la que UPyD no se ha coaligado ni coaligará jamás con Ciutadans. UPyD tiene un discurso muy antipático para mucha gente; principalmente aquellos que rezan pidiendo su nueva ración de intolerancia de cada día. Este mérito, este deliberado desprecio de hacer bulto o de realizar adelantamientos ideológicos autodestructivos, hace que UPyD se juegue el todo o nada en Madrid: con un puñado de escaños. Unos pocos diputados, en un escenario de enloquecimiento sectario PP vs PSOE, pueden hacer de UPyD un instrumento decisivo para operar esas reformas de las que muchos hablan pero pocos votan. Las cartas nacionalistas están todas repartidas, ulteriores pactos de gobierno serían a costa de demasiado. No es extraño esperar que si una investidura depende de UPyD se pueda obligar a PP o PSOE a lo que sea. Si los nacionalistas pueden y llamamos a PP o PSOE inmorales, capaces de todo por gobernar... ¿por qué no esperar que este vicio pueda ser aprovechado para conseguir algo bueno? ¿No es acaso más creíble que la voluntad de realizar cambios razonables y moderados en un país de sinrazón e inmoderación provenga de unos pocos antes que de una mayoría? Eso, precisamente, es la pedagogía democrática. Algo que necesitan, por supuesto, quienes enviaron el informe de Everis a Juan Carlos de Borbón. Y por todo esto, acaso irónicamente, el voto a UPyD es más útil conforme arrecia la vulgaridad, la mezquindad y la simpleza en los discursos del PP y el PSOE. Lo peor que le podría pasar a este país es una mayoría absoluta del PP.
Entre caceroladas ante sedes de otro partido en plena jornada de reflexión de unas elecciones y carcajadas ante la quiebra del Estado, por no hablar de esas no-sentencias del Tribunal Constitucional, la legitimidad de nuestra democracia se resquebraja. La realidad económica señala que muchos, tal vez la mayoría, votan por razones equivocadas. El despertar de este sueño será mejor o peor en función de lo que unos pocos decidan. Y no porque tengan dinero o estén respaldados por tal o cual partido. No será esa vaporosa sociedad civil que lo mismo es un colectivo de ricachones, de fanáticos religiosos o una asociación de padres de alumnos: será un grupo de personas que tengan claro, muy claro, que es necesario decir basta a quienes viven del odio.
"Nos pocos, nos felices pocos". Enrique V según Shakespeare.
En esta terrible situación se presentan unas elecciones generales, como decía, que van a estar mucho más igualadas de lo que dicen las encuestas. Lo dicta la rabia, lo dicta la historia. Por eso en el PSOE no están tan alarmados: la victoria o la derrota está en manos del PSOE y no en las del PP. Todo depende de que los votantes del PSOE no se queden en su casa. Y a ello suele contribuir el PP involuntariamente. Declaraciones como estas, por ejemplo, contribuyen. Y si las elecciones se presentan reñidas es precisamente donde se presenta una verdadera oportunidad para formaciones como UPyD.
UPyD no aspira a ser la fuerza más votada y por tanto no intenta ampliar su base de posibles votantes haciendo concesiones ideológicas o regionales. He ahí, por cierto, la razón por la que UPyD no se ha coaligado ni coaligará jamás con Ciutadans. UPyD tiene un discurso muy antipático para mucha gente; principalmente aquellos que rezan pidiendo su nueva ración de intolerancia de cada día. Este mérito, este deliberado desprecio de hacer bulto o de realizar adelantamientos ideológicos autodestructivos, hace que UPyD se juegue el todo o nada en Madrid: con un puñado de escaños. Unos pocos diputados, en un escenario de enloquecimiento sectario PP vs PSOE, pueden hacer de UPyD un instrumento decisivo para operar esas reformas de las que muchos hablan pero pocos votan. Las cartas nacionalistas están todas repartidas, ulteriores pactos de gobierno serían a costa de demasiado. No es extraño esperar que si una investidura depende de UPyD se pueda obligar a PP o PSOE a lo que sea. Si los nacionalistas pueden y llamamos a PP o PSOE inmorales, capaces de todo por gobernar... ¿por qué no esperar que este vicio pueda ser aprovechado para conseguir algo bueno? ¿No es acaso más creíble que la voluntad de realizar cambios razonables y moderados en un país de sinrazón e inmoderación provenga de unos pocos antes que de una mayoría? Eso, precisamente, es la pedagogía democrática. Algo que necesitan, por supuesto, quienes enviaron el informe de Everis a Juan Carlos de Borbón. Y por todo esto, acaso irónicamente, el voto a UPyD es más útil conforme arrecia la vulgaridad, la mezquindad y la simpleza en los discursos del PP y el PSOE. Lo peor que le podría pasar a este país es una mayoría absoluta del PP.
Entre caceroladas ante sedes de otro partido en plena jornada de reflexión de unas elecciones y carcajadas ante la quiebra del Estado, por no hablar de esas no-sentencias del Tribunal Constitucional, la legitimidad de nuestra democracia se resquebraja. La realidad económica señala que muchos, tal vez la mayoría, votan por razones equivocadas. El despertar de este sueño será mejor o peor en función de lo que unos pocos decidan. Y no porque tengan dinero o estén respaldados por tal o cual partido. No será esa vaporosa sociedad civil que lo mismo es un colectivo de ricachones, de fanáticos religiosos o una asociación de padres de alumnos: será un grupo de personas que tengan claro, muy claro, que es necesario decir basta a quienes viven del odio.
"Nos pocos, nos felices pocos". Enrique V según Shakespeare.

9 comentarios:
Nosotros, grupo de hermanos
Se considerarán malditos por no haber estado aquí.
Independientemente del resultado de UPyD las próximas generales se presentan un poco negativas: una mayoría absoluta del PP no es deseable, ¿una mayoría relativa con apoyo de nacionalistas? ¿Una mayoría con apoyo de UPyD? Eso nunca ocurriría de manera fija, podría encontrar apoyos puntuales. Quizás España no necesita un gobierno débil, o quizás necesita un Parlamento más plural ya que hoy día parece que están dos bandos, el PP y el resto.
¿Son posibles más concesiones a los nacionalistas? Muy pocas. Tan pocas, creo, que las exigencias de UPyD podrían imponerse a un PP o un PSOE que necesitasen apoyos. Pero de esto depende, fundamentalmente, que UPyD alcance los escaños suficientes para desempeñar ese papel. Sacar únicamente un escaño, otra vez, sería un fracaso. Es necesario más.
España sólo puede tener gobiernos débiles: que tengan mayorías absolutas, en el marco actual, es simplemente tener un amplio margen para ser débiles en lo que importa. Las mayorías absolutas, por esto, son peores aún que las mayorías relativas.
Un parlamento plural tiene sus problemas. Sin embargo yo considero algo deseable que la extrema derecha pueda aspirar a tener sus diputados. No porque desee que sus nauseabundas ideas tengan reflejo en el Parlamento sino para que el PP se desligue de una vez de esas oscuras influencias. Porque cualquiera que vea un rato Intereconomía TV podrá ver que la base social/financiera de Fuerza Nueva sigue existiendo y apoya al PP. De todos modos la historia en España de los parlamentos con muchas fuerzas políticas no es precisamente feliz.
Que UPyD sacase un gran número de escaños sería el escenario ideal, pero aún queda camino. Creo que el PP conoce los riesgos de pactar con nacionalistas pero el PSOE no. Lo está haciendo y lo seguirá haciendo.
Estoy de acuerdo en tu reflexión sobre la extrema derecha. De hecho ya se lo oí a Antonio Robles, sería bueno porque serviría para quitar la careta a más de uno que va de progre cuando tuviesen que posicionarse. Algo parecido ha pasado en Vic.
Ojalá existiesen más partidos como UPyD con ideas de estado para que los grandes tuviesen buenos apoyos. El gran problema de las últimas legislaturas de mayorías relativas han sido los apoyos.
¿Cual es tu apuesta para este domingo? Me parece que todos somos pesimistas. Al menos Esquerra se hunde. Un saludo.
Con más escaños me refiero al grupo parlamentario propio o una cifra de diputados alrededor de esa. No se precisa más, tal y como pienso que irán las cosas. ¿La posibilidad de pactar con UPyD es peor para PP o PSOE que pactar con los nacionalistas? Yo creo que el escaso margen de negociación que queda para pactar con los nacionalistas hace que la respuesta a la pregunta anterior no sea fácil de responder afirmativamente. Si se está, por otra parte, por una concepción que haría a PP o PSOE partícipes de una suerte de conspiración pro-nacionalista entonces mejor dejamos de hablar de política y nos retiramos a la vida contemplativa.
No sé que ocurrirá el domingo en Cataluña, pero espero sinceramente que Ciutadans no consiga representación. Es especialmente importante porque, al igual que cierta derecha en España con el liberalismo, están arrastrando por los suelos la idea de un partido reformista y constitucionalista. Son un completo esperpento: una especie de agencia de colocación completamente abierta a cualquier arreglo con tal de pillar cacho. Creo que las encuestas que le dan representación son una conveniente mentira. Pero tal vez me equivoque...
A veces me planteo votar a UPyD, pero se me quitan todas las ganas cada vez que leo estos artículos tuyos tan iracundos y cargados de odio hacia la derecha.
"A veces me planteo votar a UPyD, pero se me quitan todas las ganas cada vez que leo estos artículos tuyos tan iracundos y cargados de odio hacia la derecha."
Esto no es nuevo. Y se trata de una reflexión similar a la que esbozan muchos incondicionales del PSOE respecto a la misma Rosa Díez y UPyD: "Con lo bien que me caía esta chica, pero es que ahora fomenta el odio". No creo que nadie deba votar por las razones equivocadas. Y por esto me desagrada que personas que emplean discursos del odio (personificar los problemas del país en Zapatero o "la izquierda" o en cualquier otro personaje o grupo de "sospechosos habituales") digan que apoyan a UPyD. Es mejor que no lo hagan. Contribuir a que esto sea así no me produce ninguna pena.
Yo mismo me considero, en general, una persona con ideas "de derecha". Pero ante todo soy un demócrata y por esto lo que hace el PP últimamente merece la mayor de mis condenas.
Así que lo dicho: hay muchas personas que votan por razones equivocadas. Me alegro de impedir que algunos que, a lo mejor, ven con simpatía discursos de odio e intolerancia, cometan el error de votar a UPyD. No les culpo en exceso a éstos, por supuesto, porque es bien sabido que UPyD fue empleado en su momento (o se intentó) como un medio para restar votos al PSOE en 2008.
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