viernes, noviembre 05, 2010

Cuando una droga dura paga impuestos.

La legalización de las drogas se presenta, hoy, como un problema. Pero es un problema porque el prohibicionismo, nacido a principios del siglo XX, ha alterado decisivamente el panorama. Cuando comenzó la cruzada contra las drogas el perfil de los consumidores distaba mucho del actual. En tiempos el consumo de heroina fue propio de la clase alta mientras que ahora es asociada a los ejércitos de yonkis que poblaron los bajos fondos de las ciudades en los años ochenta del siglo pasado. Argumentos de carácter religioso o racista se dieron cita en el primer impulso prohibicionista. Ahora la prohibición por sí misma genera los argumentos para mantenerla. Hablamos de argumentos de orden público.

La prohibición de las drogas no puede simplemente levantarse en todos los casos, con todas las drogas.  Sucede lo mismo que en la "privatización" de la URSS: la magia de las liberalizaciones tiene límites. Las drogas despiertan fascinación en algunos colectivos potencialmente irresponsables, por estar prohibidas, y existe un patrón de consumo muy influenciado por la baja pureza de las drogas ofertadas en el mercado negro. Problemas de orden público derivados de una prolongada prohibición. Una prohibición que permitió, como acertadamente siempre señala Antonio Escohotado, elevar a la droga a la categoría de producto maligno que proporcionaba un pasaporte a la irresponsabilidad en todos los ámbitos: desde el penal al más estrictamente personal. En estas circunstancias, con la cultura de "fascinación por lo maligno" en que consistirían las drogas, no sería recomendable que cualquiera pudiese comprar, sin más, un kilogramo de cocaína por Ebay o, ya puestos, en la farmacia del barrio.

Los problemas de la legalización de las drogas no van más allá del orden público. Lo cual no significa que no sea un problema electoral muy difícil de asumir por cualquier gobierno en tanto cualquier relajación respecto al salvaje régimen legal actual supondría un repunte del consumo de drogas y la alarma social consiguiente en todas las esferas. El problema, sin embargo, no va más allá. Algo que evidentemente no comprenden quienes están convencidos, tras décadas de propaganda, de que droga y crimen son lo mismo. Una equivocación tan demencial como aquella que confunde el hecho de la guerra con la fabricación y comercio de armas.

Esta semana The Lancet publicó un trabajo del Independent Scientific Committee on Drugs liderado, entre otros, por David Nutt en que se intenta ponderar "el daño" que ejercen las drogas en las personas y la sociedad. El estudio llama la atención no sólo por contradecir la clasificación de las drogas establecida en la Misuse of Drugs Act británica, a la que critica, sino porque concluye que la droga más dañina es una legal: el alcohol.

Si el alcohol es la droga más dañina surgen problemas. Uno sería que ese hecho debería llevar a la total prohibición del alcohol. El otro sería el explicar cómo durante todos estos años se presentó a heroína, cocaína o incluso el cannabis como sustancias infernales en tanto el alcohol era tenido por simpático brebaje. Pero para los cruzados contra las drogas alcohol y tabaco fue siempre la punta del iceberg del problema de la definición de qué es droga ilegal y qué no. Un problema sin solución porque efectivamente el alcohol es una droga como lo es también el tabaco y sustancias todavía lejos de ser objeto, parece, de la inquisición sanitaria como la cafeína. Como dar una definición definitiva de lo que es un estupefaciente es imposible la lista de sustancias prohibidas sólo puede crecer o decrecer al arbitrio de los gobiernos. 

Prohibir algo no significa que eso no se produzca. Esto por sí mismo no puede constituir un argumento contra una ley en tanto siempre hay un margen de impunidad en cualquier clase de delito. Sin embargo hay que preguntarse qué objetivo pretenden las leyes anti-droga. Parece que se pretende preservar a las personas frente a una serie de sustancias de las que, se supone, no cabe uso responsable alguno. Siendo así, el objetivo fundamental de la legislación anti-droga no puede ser otro que reducir, preferentemente a 0, el tráfico de drogas. Sin embargo la prohibición históricamente no ha reducido el tráfico de drogas sino que podríamos pensar que ha logrado más bien lo contrario. Fomentándose, además, patrones de consumo irracionales y los envenenamientos. La ley no funciona, la ley no alcanza sus objetivos y además, como es de sobra conocido, proporciona un medio útil de enriquecimiento a los peores de nuestra sociedad: aquellos que se sirven de la violencia para hacer lo que se les antoja. Además, llevar las drogas al mercado negro multiplica su precio y, en consecuencia, los adictos pierden su hacienda y dignidad mientras que sin prohibición tendrían una vida completamente normal.

En el contexto actual de histeria contra las drogas pareciera que es cuestión de tiempo que el alcohol termine por prohibirse. Sin embargo creo que el hecho de que sea señalado como una droga dura debería ser útil para devolver a la palestra el argumento de la libertad, el argumento de la responsabilidad. Porque sin libertad, sin responsabilidad, "todo lo que no está prohibido es obligatorio".



"Un fanático es aquel que redobla su esfuerzo cuando ha olvidado su objetivo". Santayana.

10 comentarios:

J dijo...

http://bjc.oxfordjournals.org/content/50/6/999.full

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

J:

Aparentemente la legislación portuguesa despenalizó la posesión y la adquisición de drogas. Pero eso no es siquiera lejanamente parecido a legalizar las drogas. Porque en ese caso se considera ilícita la posesión y la adquisición. La situación en España no difiere mucho.

Subsisten los problemas de la adulteración de la droga y la estigmatización social. Se mire como se mire.

Don Estrafalario dijo...

Hablando de Escohotado, ¿se sabe algo de la segunda parte de "Los enemigos del comercio"?

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Ignoro cómo andará la redacción del segundo tomo de "Enemigos del comercio" de Antonio Escohotado. Sin embargo, como ese autor dijo en repetidas ocasiones que ésa era "la obra de su vida", creo que aún tardaremos en verlo publicado. Esperaremos impacientes.

Don Estrafalario dijo...

En algún lugar he leído que en el momento de publicación de la primera parte ya estaba casi finalizada la segunda, a falta de un capítulo a modo de conclusión. Por eso tengo la esperanza de que no tarde mucho en salir. La primera parte es genial.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Escohotado en efecto hizo antes el segundo tomo que el primero. Lo que pasa es que al escribir el primero decidió reescribir totalmente el segundo. Y en eso, supongo, estará. Puede que tarde mucho o no. Habrá que esperar.

Desde luego "Enemigos del comercio" es de lo mejor que ha escrito, creo yo, un español sobre el comunismo.

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Piedra dijo...

Mas efectivo que la prohibición para alcohol y drogas ilegales, sería el desprestigio, tal como se hace ahora con el tabaco, que ha gozado durante tantos años de guiños y campañas encubiertas de simpatía.
¿Pero y que sería del negocio?

-Como dato curioso, en Holanda, donde en determinados locales esta permitido el consumo de hachís y marihuana, es uno de los países donde menos se fuman estos productos y sobre todo entre los jóvenes, que en otros países como España son sus mayores consumidores.

Otro dato curioso, la marihuana fue prohibida a nivel mundial gracias a las campañas de desprestigio de EEUU, que veía en el cáñamo un duro competidor contra su industria textil.

Raúl S. dijo...

"Si el alcohol es la droga más dañina surgen problemas. Uno sería que ese hecho debería llevar a la total prohibición del alcohol"

De hecho en conferencias dadas por psiquiatras o psicólogos este dato es repetido muy a menudo: la más dañina desde el punto de vista económico es el alcohol.

Hasta el punto de que a cierto psiquiatra español muy conocido le oí en una conferencia: "Si el alcohol se descubriera hoy y se investigase sobre sus efectos, no habría ninguna duda de que se tendría que prohibir".

Buen post.

Cheapsocceruniforms dijo...

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