jueves, agosto 26, 2010

Afganistán: la guerra de los progres

Ya dije en alguna ocasión que en este país teníamos una derecha imbécil. Hay muchos hechos de la política diaria que nos lo confirman. Sin embargo parece que el PP y su entorno está empeñados en superarse a sí mismos en cuanto a la participación española en Afganistán.

España intervino en la coalición de países que se propuso pacificar (los cursis dicen "reconstruir") el Iraq posterior a la invasión y completa destrucción del estado nazi de Saddam Hussein. Esta intervención fue consecuencia de la decisión del gobierno del PP dirigido por José María Aznar de apoyar a EEUU en el camino hacia la guerra minimizando las colaboraciones peligrosas. A saber: el gobierno del PP apoyó que EEUU atacase a Iraq pero siempre afirmó "no haber intervenido en la guerra". Un soldado español muerto en la invasión de Iraq se antojaba noticia inasumible en un país notablemente antiamericano y por aquél entonces en plena movilización de la izquierda. De ahí el participar en la pacificación y no en la guerra: lo primero podía venderse como acción humanitaria o policíaca mientras lo segundo sería fácilmente señalado como una violenta agresión a un país soberano. No parecía absurdo el matiz puesto que en el propio seno del PP, cuyos votantes pueden ser tan antiamericanos como cualquier militante del PSOE o IU, había personalidades como Rodrigo Rato que se habían opuesto abiertamente a apoyar a EEUU en cuanto a Iraq.
La oposición de José Luis Rodríguez Zapatero a la guerra de Iraq y, una vez en la presidencia, su apresurada retirada de las tropas españolas en Iraq produjeron gran descontento entre los incondicionales del PP. La razón, evidente: la popularidad de Zapatero alcanzó su máximo por entonces. Y fue entonces cuando el PP se esforzó en criticar la retirada de tropas en base a las reglas de la diplomacia y recalcando de todo modo posible que las tropas que se habían retirado estaban "reconstruyendo" Iraq y no tomando parte en un conflicto bélico. Zapatero, por su parte, no alteró la misión española en Afganistán y, como es sabido, fue aumentando el contingente español allí destacado.

La estrategia del PP tras sacar todo el jugo posible a la irresponsable decisión de Zapatero de retirar a las tropas de Iraq giró 180 grados y lo hizo precisamente en cuanto a lo que nadie en los dos principales partidos hasta ese momento había puesto en duda: Afganistán.

Después de cada soldado, cada policía o cada agente de inteligencia español muerto en Afganistán se ha impuesto un ritual entre la derecha representada por el PP. Un lamentable espectáculo en que se insiste en que la acción de policía y "reconstrucción" de Afganistán es en realidad una guerra. Ya sea pidiendo que se diesen condecoraciones militares con tal o cual distintivo, planteando quejas acerca del blindaje de los vehículos militares o exigiendo investigaciones en torno al accidente o no-accidente de tal o cual helicóptero; el PP, sus voceros e incondicionales parecen disfrutar protagonizando una impostura de pacifismo. Instalados en la falsedad de que se resuelven conflictos violentos sin violencias y sin víctimas. Y en estas que hace apenas dos días pudimos asistir a la misma clase de espectáculo: mueren dos guardias civiles en acto de servicio (servicio voluntario en una zona peligrosa) y la derecha militante (y los sindicatillos de la Guardia Civil) pone el grito en el cielo porque haya guardias civiles en Afganistán siendo este país "zona de guerra".

¿Cómo puede alguien seriamente considerar que es posible impedir que haya bajas en zonas peligrosas? ¿Hay acaso algún tipo de protección frente a que alguien teóricamente confiable se dé la vuelta y te dispare? Sin embargo esa clase de garantías son las que aparecen, implícita o explícitamente, entre las exigencias y preguntas del PP y su entorno acerca de las bajas que se producen en Afganistán. Sin embargo, para cualquiera que no haya perdido la cabeza resulta evidente que la clase de garantías y previsiones que se le exigen al gobierno en cuanto Afganistán sólo pueden implicar la retirada de las tropas y policías españoles de ese lugar. Y esto es perverso porque si los talibanes matan a dos españoles no significará que la misión allí no tiene sentido sino que es, precisamente, necesaria. Necesaria, al menos, si consideramos que debe reconstituirse o construírse alguna clase de orden razonable en Afganistán.

La pregunta no puede ser más sencilla: ¿qué diferencia hay entre una guerra y la pacificación de un país insurrecto? La misma que había entre la invasión de Iraq y la "reconstrucción" posterior: ninguna. La habrá, sin duda, en términos burocráticos o de derecho internacional. Pero si nos movemos en el terreno de la realidad la respuesta a la pregunta planteada sólo puede ser negativa. Es en este momento cuando toca preguntarse: ¿cree el PP que los españoles somos unos absolutos estúpidos?




"La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos." Parménides

2 comentarios:

Alfredo dijo...

Por supuesto que existe una derecha imbécil en este país -- casi en su totalidad. A mí la derecha española me recuerda mucho al exilio cubano en Miami: viven del cuento, mucho patrioterismo barato, pero a la hora de ACCIÓN, nada de nada. Son unos miserables cobardes. Comparto esta entrada, más o menos, y ayer y antes de ayer tuve un encontronazo con la derecha hispánica por haber dicho que no me da ninguna pena la muerte de Santos Villanueva -- todos se unieron a decir que "no se debe hablar mal de los muertos", resumiendo así la superstición papista-católica y santurrona de la derecha hispana. Poco más y creo que incluso le van a canonizar al tal Santos Villanueva.

Buenas noches

dfadf dijo...

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