lunes, mayo 24, 2010

La demagogia que no cesa

Desconfío de quienes advierten de grandes cataclismos ofreciendo soluciones basadas en la mera "voluntad de hacer el bien". El demagogo es el político reversible por excelencia. Un demagogo lo mismo defiende hoy una cosa que mañana la contraria. Lo único que permanece es la violencia con la que aquel defiende su doctrina y ataca a sus oponentes. Y es casi seguro que por lo que unos atacan fieramente a Jose Luis Rodriguez Zapatero hoy no atacarían a Rajoy mañana; pudiéndose atribuir a los incondicionales defensores de Zapatero prácticamente lo mismo.

Tanto a la derecha como a la izquierda podemos apreciar a diario la existencia de obsesiones notables. Unas obsesiones que, como en todo furor sectario, además suelen ser anticipatorias. Así, los firmes defensores de una y otra secta nos llaman a la pelea exponiendo el argumento terminante de que sus rivales en su situación harían lo mismo y otro tanto. Como base del ruido están los mitos que comparten unos y otros. Por un lado los derechistas y su coletilla de que "la izquierda es muy hábil con la propaganda" y por otro los izquierdistas del dóberman y el run-run del franquismo. España y AntiEspaña reunidas en el odio incondicional aspiran al imposible: la democracia sin pluralismo.

En realidad tanto los fanáticos de unos y otros tienen en estos días una amplia oferta para dar solaz a sus bajos apetitos. En todo lugar no faltan los arqueólogos del rencor que se muestran dispuestos a interrumpir la pelea del momento para añadir motivos para repartir estopa. No faltan, a pesar de los lloros de tantos y tantos, los medios de ultraderecha, terrestres y digitales (aunque sobre todo terrestres), que tertulianos infames mediante reparten a diario doble ración de odio y difamaciones que quitan el hipo. El que no está cabreado es porque no quiere.

Que no nos engañen. El problema no es de discurso. El problema es de credibilidad. Yo no confiaría mi coche a un borracho ni mis secretos, deseos y esperanzas a un consumado timador. Y en este juego parecen estar todos los que dirigen al pueblo a la pelea. Si un día es el gobierno el que nos despierta la indignación mintiendo descaradamente sobre la situación nacional al público o intentando aumentar las disputas entre españoles, la llamada oposición no hace menos cuando abre la boca. La increíble codicia que revelan las palabras de los representantes del PP sólo parece ser apta para el consumo de alguien desesperado por la rabia. El espectáculo es abracadabrante: un Montoro que se permite el banquete de abominar del "recorte de derechos sociales y laborales" proponiendo acto seguido prohibir por ley el déficit público (una contradicción para cualquiera que sepa lo que son los estabilizadores automáticos). O un Rajoy que, con la enorme simpatía del sector marianista (no seguidores de Mariano sino de otra) de su partido, nos deja estupefactos acusando a Zapatero de dejar desamparadas a las embarazadas por la retirada de un cheque-bebé al que el PP se opuso en su día. No deja de sorprender esas referencias a que Zapatero "se ceba con los débiles": no ya temeraria sino casi propia de la CNT. Cuestiones del todo sorprendentes habida cuenta de que el PP, tal vez para consumo de quienes les ven como genios económicos, hasta ayer por la tarde llamaban a grandes sacrificios, recortes de gasto público y liberalización en el mercado laboral. Además, las "soluciones" que plantea el PP a la actual crisis (no olvidar nunca que el pasado éxito económico del PP se basó en la venta de las grandes empresas públicas y en inflar la burbuja del ladrillo) se basan en generalidades e imposibles, tal como los plantean, que sólo pueden producir vergüenza ajena. Porque se está intentando agitar al público con la idea de que la cultura del despilfarro es cosa del gobierno central. Se está intentando jugar la baza del "gobierno corrupto" desde un PP plagado de tramas caciquiles de la peor especie. Se está mintiendo al pueblo planteando que de la crisis se sale poco menos que por la voluntad de un Rajoy que además es de todo menos enérgico. Tamaña es la farsa. 

En España, como hoy se ha vuelto a mostrar en su desnuda realidad, existe un gravísimo problema institucional. Tenemos una organización política insostenible que supone por sí sola la garantía del despilfarro y, llegado al punto, la disolución del Estado. Por muy incompetente que sea el gobierno socialista en Madrid no se puede seguir ocultando que no es solo Zapatero quien tiene centenares de "asesores" (por no decir gorrones) sino que sus excesos forman parte de una cultura política instalada en el derroche. Un derroche del que, insisto, participan todos los partidos a través de los gobiernos autonómicos (y municipales) y en el que las distinciones ideológicas son apenas una farsa gladiatoria. Un panorama en que las recetas fáciles, y cambiantes, de un  Rajoy, Montoro o Pons sólo pueden calificarse de burla para el consumo público.

España afronta un período terrible y tenemos que poner la poca fuerza que está en nuestras manos en detener, al menos, este terrible linchamiento sin fin en que PP y PSOE se nos presentan como meros intermediarios del odio. Y hay que detener ya no sólo esta deriva sectaria sino esa suerte de reyezuelos impresentables que, como el señor Montilla, se acercan nada menos que al Senado a dictar cuál es o debe ser el espíritu de la Constitución. Y lo dictan, además, de una forma que certifica el absurdo de nuestra actual situación: en la lengua de Babel. Pero, de nuevo, no nos engañemos: hace tiempo que los políticos de este país hablan en un idioma que nadie armado de buena fe puede llegar jamás a entender; el idioma de la mentira y la discordia. He ahí la raíz de nuestros males más acuciantes. Unos males que no tienen fácil remedio sino difícil y, como diría aquel presidente norteamericano, es por esto que debemos enfrentarlos con mayor decisión. No podemos decir que no estábamos advertidos.



"El enemigo más temible de la democracia es la demagogia" Alfred Croiset.


3 comentarios:

Carlos Fernández Ocón dijo...

Hola por fin Isidoro. ¡Qué ganas tenía de volver a leerte! :-)
O mi 'actualizador falla, o no has escrito hace mucho...
Todo lo que dices aquí, aunque obvio para algunos, hay que escribirlo y decirlo una y mil veces. Por suerte no eres el único por hay que explica lo que muchos no quieren ver. Para mi, primero y sobretodo, debemos salir de esta espiral-trampa donde están (estamos) todos para luego comenzar a arreglar el desastre. No vale repetir la urna-papelera otra vez y luego otra. Así no. Bienvenido y un abrazo.

Carlos Fernández Ocón dijo...

Error= 'que hay por ahí' debía ser.

dfadf dijo...

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