jueves, mayo 27, 2010

Ha faltado poco

Hoy se ha aprobado el famoso "tijeretazo" del gobierno socialista al gasto público. Un cambio de política radical y que sólo se explica por la presión de las potencias de la UE (Alemania y Francia). Un cambio de política que bien podría no haber sido necesario. Un cambio, en suma, lo suficientemente polémico como para que, ahora sí, muchos hayan visto la oportunidad de exigir elecciones generales inmediatamente.

El gobierno socialista encabezado por Jose Luis Rodríguez Zapatero es posiblemente el peor gobierno habido en la democracia española. Sus políticas se han caracterizado fundamentalmente por un cortoplacismo electoralista rayano en el absurdo y que ha hecho mucho por presentar a los socialistas como unos nulos planificadores obsesionados con lo cosmético. No obstante, y pese a la dialéctica habitual de sus críticos respecto a cualquier cambio de criterio, el gobierno socialista jamás había realizado un cambio tan osado en tan poco tiempo como el representado por el decreto aprobado en el día de hoy. Dicho decreto, como es por todos conocido, aprueba el recorte del sueldo de los funcionarios (más o menos progresiva de acuerdo a la escala pero que en general representa un ahorro del 5% de los salarios), la limitación de la ya semi-abandonada Ley de Dependencia y la congelación de las pensiones (salvo las no-contributivas y las mínimas). Todas estas medidas, como se comprueba, son cortoplacistas puesto que, de nuevo, el objetivo del gobierno lo es: reducir inmediatamente el gasto público en una cantidad relevante. Sin embargo el objetivo es evitar la quiebra de España: un objetivo muy poco o nada cortoplacista.

Las reacciones al insuficiente recorte de Zapatero han sido diversas. La mayoría de las mismas han sido de un corte demagógico, otras no tanto. Si bien no puede caber ninguna duda en que la gestión que el gobierno ha realizado del BOE en estos años de zapaterismo puede calificarse como derrochadora no debe caber excesiva duda de que la actual crisis resultó imprevista para los principales agentes políticos del país. Como suele ocurrir con estas cosas, se pensó que la burbuja inmobiliaria era un negocio para toda la vida y que no meterse en él hasta la trancas, por así decirlo, era obra de bobos. El mágico negocio de la recalificación actuó, a modo de mercado casi negro, como sostén de unos ayuntamientos cuya financiación nunca ha sido seriamente enfrentada por los políticos del país: completamente embarrancados en la financiación del modelo autonómico. Toca ahora, en plena resaca, contemplar los estragos de tantos años, podría hablarse de décadas, de un sistema político-económico en que la especulación y corrupción iban de la mano. Dichos estragos afectan a todos los niveles en España: desde los mencionados ayuntamientos al mismísimo fútbol. Vivíamos por encima de nuestra real capacidad. Gobiernos de PP y PSOE halagaron nuestros oídos diciéndonos que éramos la octava potencia económica mundial. No extraña que ahora haya tanta gente a la caza y captura de culpables más o menos oficiales: ya sean los malvados especuladores internacionales o una suerte de masonería socialista presuntamente conjurada en destruir España.

La oposición al gobierno, que en los últimos tiempos intenta significarse como defensora del sindicalismo (!) por supuesto dice abominar del recorte del gobierno. Los voceros y tertulianos diversos del PP, además, llevan semanas apelando al patrioterismo más bajo señalando graciosamente que "la España de Zapatero" es un "protectorado de Alemania". Estos nuevos defenestradores del no menos nuevo Godoy zapateriano nada han de envidiar a los antiguos. Primero se sacan de la manga la teoría del líder carismático y se nos dice que con otro presidente del gobierno la actual situación no se daría. Luego se excitan los sentimientos más bajos de la masa afirmando que quien gobierna prácticamente reune las condiciones del criminal o el maníaco. Y finalmente se apela al patrioterismo para condenar aquello de lo que ayer por la tarde más se presumía: el principio europeísta. Un cóctel bomba que pega chupinazos en las encuestas de opinión, hoy, pero puede tener consecuencias fatales para el país.

La evidente deslealtad del Partido Popular al país es sorprendente. Con una economía que de facto se encuentra intervenida y siendo urgentes los recortes del déficit de cara a evitar la quiebra de las cuentas públicas de España los salvapatrias populares, sin embargo, optan por el muy electoralista linchamiento del presidente Zapatero. Y encima lo hacen atacando una política de recorte del gasto público que presuntamente sería la propia del PP. Además se da la circunstancia de que todo el mal que efectivamente haya hecho al país el señor Zapatero se queda en anécdota al lado de la posibilidad de que el estado efectivamente quiebre. No se pueden consolar con la idea de que de estar el PP en el gobierno los sindicatos estarían echados al monte: estamos en una situación de emergencia. En esta emergencia nacional, en el aquí y ahora de los mercados internacionales, no es momento de adoptar falsas poses de héroe populachero (por otra parte tan ridículas de parte de alguien como Rajoy). El Partido Popular bien podría haberse encontrado con las circunstancias actuales pues nos enfrentamos ni más ni menos que al definitivo derrumbe de la economía del ladrillo. Cosa ésta que equivale simple y llanamente a que una muy importante parte del país súbitamente caiga en el desempleo y, súbitamente, haya que pagarles sus correspondientes subsidios. Subsidios que podrán ser infinitamente discutidos en el campo de la teoría pero que en la realidad suponen un gasto inmediato. El gobernador del Banco de España señaló recientemente el desempleo es la parte del león en el déficit de las cuentas públicas de estos dos últimos años. En un país que empleaba a más de dos millones de personas en la construcción anual de un número de casas mayor que el construido por el total de los restantes países de la Unión Europea se puede afirmar que las cifras de desempleo deben mucho al pinchazo del ladrillo. No querer prever esto es un fallo que también es atribuíble al PP. El "escándalo" pues del desempleo no es fruto de una demoníaca dirección de los asuntos económicos por parte de Zapatero sino más bien de simplemente seguir la línea de quienes ahora le culpan de absolutamente todo. Enfocar el análisis en las subvenciones y transferencias que el gobierno repartió, y reparte, entre sus acólitos y otros grupos de presión es una llamada a la confusión por cuanto los gastos de esa especie difícilmente llevarían por sí solos al déficit. Y lo que es más importante: el montante del derroche por parte de las administraciones públicas es tan notable como repartido entre PP y PSOE. El gobierno, de hecho, controla un porcentaje cada vez más pequeño del gasto total estatal y dicho gasto corre a cargo en importante medida también de gobiernos autonómicos controlados por el Partido Popular (Comunidad Valenciana y Madrid están entre las más endeudadas). Teniendo esto en cuenta se gana la perspectiva suficiente para comprender que el despilfarro, la duplicidad de cargos, los coches oficiales y otras perlas de lo agitativo no son responsabilidad de socialistas inmorales sino, más bien, de una clase política inmoral que incluye a los populares.

No es momento de celebrar elecciones generales. Los propios argumentos empleados por la mayoría de los críticos del gobierno justifican irónica y precisamente que no es momento para celebrar unos comicios. Cuando el gobierno de España está atado de pies y manos por Angela Merkel o sometido a examen por instancias internacionales; cuando los mercados financieros ponen en entredicho la solvencia de España y especulan con su quiebra inminente. Cuando todo eso sucede no parece el momento de que exista un gobierno en funciones durante más de un trimestre (período que vendría impuesto por cualquier convocatoria electoral). La convocatoria de elecciones no puede darse en este momento.

Como hoy mismo ha dicho Rosa Díez en su intervención parlamentaria, España vive un momento de emergencia nacional. Una emergencia de la que es culpable, entre otros, José Luis Rodriguez Zapatero. Un Zapatero que nos dejó asombrados no sólo con motivo de la última negociación con los asesinos de ETA sino por su decisión de tolerar, o incluso impulsar, una serie de reformas de estatutos de autonomía en clave confederal. Su frase, para la historia, de que la nación era un concepto discutido y discutible representa por sí misma su certificación como ejemplo viviente de la política irresponsable. Esa política que llega a cualquier apaño en el presente ignorando deliberadamente el daño que vendrá en el medio y largo plazo. Una política en la que, a decir verdad, Zapatero lleva instalado prácticamente desde que accedió a la Moncloa. El Partido Popular ha escogido un momento delicado para abandonarse a las peores expresiones propias del cortoplacismo de Zapatero. Que tengan cuidado los de Rajoy, no vayan a llegar elecciones y no quede nada que gobernar. Y justo para evitar esto hay que cambiar muchas cosas en este país: la ley electoral que sobrerrepresenta el hooliganismo de los grandes partidos, una justicia politizada en sus órganos clave y, sobre todo, una constitución política que amenaza con devolvernos al esperpento del cantonalismo por la vía de las reformas estatutarias ilimitadas.

De momento, y por razones más o menos confesables, CiU se abstuvo y permitió que la credibilidad de España en el concierto económico internacional no tocase fondo. Ha faltado poco. El año que viene: elecciones generales.



"En la geometría no existen sectas." Voltaire.

8 comentarios:

urodonal dijo...

Muy buen artículo.

De verdad, muy bueno.

Ian Curtis dijo...

Y Rosa Díez ha votado en contra. Lamentable.

La política de ZP ha sido y es nefasta; la del PP también tenía y tiene lo suyo (como bien dices en el artículo). El decreto podrá gustar más o menos. O nada. Pero no se puede votar no, si se conserva una pizca de responsabilidad. Ha sido muy grave que el PP haya votado no, y ha tenido que ser CiU la que salve el patio. Entonces lo de UPyD también es grave. No me vale que un voto daba igual, y que si fueran determinantes actuarían de otra forma (de manera responsable). Precisamente, si quieren crecer en votos hasta llegar a ser determinantes, deben por el camino ser decentes. El populacherismo de votar 'no' puede que les dé votos, pero desde luego les va a hacer perder crédito para algunos de sus votantes.

Hay que ser poco exigente en España para llegar a la conclusión de que, tristemente, no se puede votar a nadie, ni siquiera al menos malo.

CELIA FERNÁNDEZ ALVARIÑO dijo...

Por cierto UPyD votó en contra por lo que tampoco demostró demasiado sentido de Estado sino que se unió al electoralismo general de la mayoría de los partidos que están en la cámara. Por otro lado no estoy de acuerdo con algunas afirmaciones como lo de que el gobierno de ZP haya sido el peor de la democracia, y me parece que hay cosas que sobran como mencionar ahora lo de la negociación con ETA.

Pero bueno al margen de estos comentarios me ha parecido un buen artículo.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Creo que Rosa Díez se equivocó, es evidente. Otra cosa es que sea absurdo cargar las tintas contra el voto de UPyD en misma medida que contra los votos del PP. Porque desde el PP se hace una llamada a la santidad y el no despilfarro siendo ellos consumadísimos despilfarradores y, algunos, un tanto diablillos.

Isidoro dijo...

Las referencias al pasado del gobierno Zapatero son, creo, atinadas. A raíz de la negociación con ETA para mí Zapatero quedó retratado como mentiroso y desleal. Y a raíz de su "todo vale" con el tema de las reformas estatutarias certificó su calidad de irresponsable.

Y no, no tengo dudas de que el gobierno de Zapatero es el peor de todo el período democrático, hasta ahora.

Gorila sin pelo dijo...

Un poquito de por favor, señores...

Si el voto del PP es malo, el de UPyD, que es en el mismo sentido, tampoco es bueno...

Vamos, digo yo...

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Me temo que la estrategia a medio plazo que representa UPyD es una respuesta inteligente al problema nacional. Un problema que nadie puede olvidar que es el de la necesidad de gobernar en alianza con partidos nacionalistas tanto de PP como de PSOE. La idea de darles a estos últimos partidos una mayoría absoluta para que hagan buenas cosas debería esfumarse a la vista de lo que hicieron con ella en el pasado para exorcizar la influencia de separatistas en los asuntos del Estado.

En realidad el PSOE es una opción para gente con grandes dosis de fe en la palabrería. Pero no es menos realidad que el PP se ha sumado, y de qué manera, a la palabrería más huera. Hoy mismo, el señor Rajoy echaba en cara al gobierno del PSOE el que fuese a subir la factura de la luz. La semana pasada, la señora Cospedal dijo que si los sindicatos no protegían a los trabajadores lo haría el PP. Y son más y más cosas que se van acumulando y que demuestran más allá de cualquier duda qué harían los del PP de nuevo en el poder: nada relevante salvo actuar de forma tímida directamente en contra de lo que están diciéndole al pueblo para llevarle a la cólera contra el Gobierno. Y eso es, si me permite la expresión, una mierda como un piano.

dfadf dijo...

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