viernes, septiembre 25, 2009

Golpe de estado en Honduras (Some of you are going to die)

A estas horas en Honduras reina la calma. Toda la calma que puede reinar en uno de los países más inseguros del mundo. Un país de alrededor de 7 millones de habitales en el que el año 2008 las muertes violentas alcanzaron la cifra de 3.148 y donde existe una enorme cantidad de armas (legales e ilegales) en manos civiles. País, además, en que encuentran asiento las terribles "Maras". Ante esto, si hablamos de calma es porque el gobierno hondureño encabezado por Roberto Micheletti decretó el levantamiento del toque de queda a las 14:00 (hora española).

La sucesión de incidentes y toques de queda producidos por la vuelta clandestina del depuesto presidente Manuel Zelaya el pasado lunes 21 de Septiembre degeneró ayer en diversos saqueos así como en la muerte de algunos manifestantes.

La locura institucional comienza en la madrugada del 28 de Junio cuando efectivos del ejército hondureño toman prisionero a Manuel Zelaya. Este acto de violencia dispara todas las alarmas de la comunidad internacional; que casi desde un comienzo se alinea en favor de Zelaya. Pero antes de esa fecha fatal se produjeron una serie de hechos que no despertaron tanto la atención internacional y que, desde luego, resultan determinantes para comprender el actual estado de "punto muerto" en las instituciones hondureñas.

Quienes respaldan a Zelaya y quienes respaldan a Micheletti se intercambian argumentaciones jurídicas diversas. Pero que no nos lleven a error: lo que está aconteciendo en Honduras es política en el sentido más primario. Tal es así por el simple hecho de que ambas partes en conflicto han demostrado en varias ocasiones un comportamiento despreciativo de cualquier norma.

En Honduras existe un coeficiente de Gini del 55,00. Pero Zelaya no es uno de los desfavorecidos. Manuel Zelaya pertenece a la clase alta hondureña y ha basado su carrera en un recorrido bastante ortodoxo por las más ortodoxas instituciones y grupos de poder de Honduras. Fidel Castro, en pocas palabras, no le hubiese considerado nunca "uno de los suyos". La carrera política de Zelaya fue siempre la de un miembro del centro-derecha y como tal (con una agenda de "ley y orden") fue escogido en las últimas elecciones hondureñas de 2005. Por esto, su "giro" hacia la extrema izquierda sorprendió a propios y extraños. No hablamos de alguien que pasa de calificarse liberal a llamarse socialdemócrata o incluso socialista. Hablamos de alguien que pasa de defender una agenda conservadora a ser partícipe de discursos de la extrema izquierda. Es cuando menos sorprendente, en definitiva, pasar de ser miembro reputado de la élite empresarial hondureña a finalizar las alocuciones al pueblo con un "hasta la victoria siempre". Un giro más dramático, si cabe, dado que Honduras tradicionalmente ha sido un fiel aliado de los EEUU. Y es que Zelaya adhirió al ALBA (alianza "bolivariana" contrapuesta al ALCA norteamericano) a Honduras.

Zelaya no es, entonces, el clásico "represaliado", antigüo guerrillero o "líder carismático del izquierdas" sino más bien una suerte de aristócrata hondureño. ¿Cómo es que ahora reclama su puesto en la extrema izquierda sudamericana? Algunos aducirán, inmediatamente, que se trata todo de una cuestión petrolera. Bien, es cierto, pero en Zelaya se reunen todas las condiciones del aspirante a déspota. Zelaya, como dije, es un adinerado hondureño que se ha engrandecido en el seno de las clases altas de un país extremadamente pobre: un país, como sugería antes, en que más de dos terceras partes de la población es pobre o muy pobre. En tales condiciones puede afirmarse que existe en Honduras un permanente ejército de desposeídos a la espera de que alguien lo encabece. Zelaya cultiva el populismo, es adinerado y contaba en teoría con apoyos políticos entre la clase dominante. Siendo así, Zelaya decidió llevar la legalidad hondureña a sus límites proyectando una consulta popular acerca de la conveniencia o no de establecer una Asamblea Constituyente para, evidentemente, la redacción de una nueva constitución para Honduras. Como apenas se molestó en ocultar, la importancia de semejante "consulta no vinculante" no era otra que avanzar hacia una reforma constitucional que hiciese posible la reelección de Zelaya como presidente de la República de Honduras (la Constitución de Honduras sólo permite un mandato, ni siquiera dos). El hecho de que la llamada "cuarta urna" fuese un proceso "no vinculante" no convenció ni a la Corte Suprema ni al Congreso de Honduras: que consideraron semejante propósito como "contrario a la Constitución". Por otra parte Zelaya decide destituír al general Romeo Vázquez cuando éste se niega a desobedecer la ley (en base al artículo 278 de la Constitución de Honduras). La Corte Suprema anuló esta decisión. Esta doble desautorización del presidente de la República y la negativa de éste a acatarlo dejó claro que la estrategia de Manuel Zelaya era la de los hechos consumados. No es difícil pensar, así, que una vez producida la consulta, si ésta daba por resultado un "SÍ" a la Asamblea Constituyente daría igual que hubiese sido dicha consulta vinculante o no: procediéndose en consecuencia a la reforma constitucional. Asimismo se extendió el rumor de que Zelaya planeaba un autogolpe. Esta lectura, más o menos acertada, parece confirmarse al menos en parte por las propias declaraciones de Zelaya y sus partidarios: que niegan de forma nada educada la legitimidad de los órganos del estado hondureño en tanto no se ajustan a sus objetivos.

Finalmente, la marcha de los acontecimientos, tras la decisión de Zelaya de realizar su consulta a cualquier precio, se precipitó. Un confiado Zelaya, que había pensado que cualquier amenaza a su desafío estaba desactivada (llegó a darle las gracias a EEUU por ello), fue detenido por el ejército el mismo día en que teóricamente iba a realizarse la consulta electoral. La detención fue respaldada por una Corte Suprema que se había visto desautorizada, tras desautorizarle, por el presidente Zelaya. Según la mencionada Corte, y quienes estuvieron de acuerdo con la defenestración de Zelaya, "se estaba defendiendo la Constitución". En efecto, del artículo 272 se deduce que en último término es el ejército hondureño quien garantiza la pervivencia de la constitución y, en concreto de los "principios de libre sufragio y la alternabilidad en el cargo de Presidente de la República". Nada se dice acerca de quién debe determinar la existencia de un peligro constitucional pero si ese alguien existe debería ser la Corte Suprema o, más específicamente, el hecho de que una resolución de la corte suprema haya sido desobedecida por el poder ejecutivo.

Empiezan a ocurrir cosas extrañas cuando, tras la detención de Zelaya, no se formulan cargos contra él, como en todo momento se sugería, y se le conduce en avión a Costa Rica. Este movimiento, afirma luego el ejército hondureño, fue una decisión exclusivamente militar para "evitar derramamiento de sangre". El siguiente paso fue nombrar sustituto para Zelaya: fue escogido, ilegalmente, como tal el hasta ese momento presidente del Congreso: Roberto Micheletti, perteneciente al mismo partido que Zelaya (el Liberal).

La elección de Micheletti es una ilegalidad por varias razones. Pero llama especialmente la atención el hecho de que fuese exhibida, en la sesión del Congreso que separó del cargo de presidente a Zelaya, una carta escandalosamente falsa de renuncia del depuesto presidente. Ilegalidades y falsedades todas éstas debidas al notable hecho de que en la larga constitución hondureña no está prevista la figura del "juicio político" por parte del Congreso. O lo que es lo mismo: no está previsto que el Congreso determine sucesor para un presidente salvo en casos de muerte, ausencia o incapacidad. Es por esto que el Congreso hondureño, con la mencionada carta, pervierte la ley fingiendo estar ante un supuesto de sucesión por incapacidad del presidente. Es, por tanto, desde este momento, en el que podemos hablar, ya sin temor a equivocarnos, de un golpe de Estado.

Ocurre, entonces, que en este caso ambos bandos incumplieron la ley pero sólo uno recurrió a la fuerza. El recurso a la fuerza podría estar justificado ante los actos de Zelaya, pero su legitimidad se diluye sin un posterior juicio a cargo de la Corte Suprema: que es la encargada (artículo 313.2 de la Constitución de Honduras), y no el Congreso, de enjuiciar los actos políticos del presidente de Honduras. Ante este conjunto de evidencias, resulta difícil no ver la existencia de una conspiración en contra de Manuel Zelaya. Pero no es menos cierto que Zelaya conspiraba contra la legalidad vigente. El hecho fundamental es la decisión de enviar a Costa Rica al despuesto presidente: un hecho que bien fuese realizado por los militares por su cuenta o bien fuese decisión de otros poderes es constitucionalmente indefendible (entre otras cosas porque la propia Constitución de Honduras prohíbe la expulsión de ciudadanos del territorio hondureño) y nos lleva a pensar en un golpe de estado.

Apenas dos días después del traslado ilegal de Zelaya a Costa Rica, quienes parecen ser responsables de dicho traslado emiten una orden internacional de arresto (!) contra él acusándole de 18 delitos (entre ellos los de "alta traición" y "abuso de autoridad") pretendiéndose además privar de la ciudadanía hondureña al mandatario depuesto en base al artículo 239 de la Constitución de Honduras. Sea de ello lo que fuere, dificilmente se cumpliría semejante orden de captura en tanto la práctica totalidad de la comunidad internacional se niega de plano a reconocer el gobierno de Micheletti. Éste, pasado el tiempo, se embarca en polémicas y negociaciones a través de la OEA (Organización de Estados Americanos: anterior pieza clave de la política anticomunista norteamericana en el cono sur y hoy en manos bien distintas) y diversos mandatarios de la región, declarando finalmente que habrá un proceso electoral el día 29 de Noviembre. Dichos comicios, salvo algún caso como el de Panamá, parece que no serían reconocidos por la comunidad internacional. En este sentido, la gota que ha colmado el vaso ha sido la decisión de las ONU de no supervisar, y por tanto no convalidar, el proceso electoral de Noviembre en Honduras.

En la querella entre Zelaya y Micheletti se sucedieron los días y las semanas. Se sucedieron manifestaciones a favor y en contra de la vuelta de Manuel Zelaya. Pero terminó generándose, como suele ser en estos casos, una cierta apatía informativa hacia la crisis que el depuesto presidente trató de impedir mediante acciones provocadoras en la frontera entre Nicaragua y su país. Así las cosas, tras un relativo período de calma, este Lunes 21 de Septiembre Zelaya consiguió introducirse ilegalmente en territorio hondureño y llegar a Tegucigalpa; donde se refugió en la embajada de Brasil. Rápidamente, una muchedumbre de partidarios de Zelaya se agolpó en la zona y las fuerzas del orden hondureñas trataron de dispersarles, rodeando además el edificio de la embajada de Brasil. El toque de queda se convocó, como en otras ocasiones del verano, haciendo que en los últimos días se desatase entre la población el pánico ante un posible desabastecimiento: produciéndose consiguientemente una serie de saqueos a la sombra del caos político.

Han muerto algunos manifestantes y alguna persona "que pasaba por allí": muy pocos pese a la magnitud de la disputa política que está sucediendo y pese a las reiteradas denuncias, que se han producido sin cesar durante todo el verano, de "genocidio" (concepto del quealgunos hacen un abuso intolerable), "atrocidades" y "atentados contra los Derechos Humanos". Pero este tipo de denuncias tienen toda la pinta de ser interesadas exageraciones de hechos puntuales que, por otra parte, consituyen el "ruido" de fondo de los poco desarrollados estados centro y sudamericanos: donde policía o ejército son en ocasiones fuerzas bastante descontroladas y poco profesionales. Por otra parte, los partes policiales acerca de "fuego cruzado" o "tiroteos" con manifestantes partidarios de Zelaya están lejos de poder ser descartados como invenciones interesadas dado el elevado número de armas de fuego que están en poder (legal e ilegalmente) de los ciudadanos de Honduras. Puede decirse, bajando al plano de los incentivos políticos más primarios, que actualmente los muertos civiles no son algo que Micheletti se pueda permitir y sí sin embargo algo que a Zelaya le beneficia. Máxime si estamos, como expliqué previamente, ante una pugna entre violadores de la ley.

La explicación del general rechazo al gobierno de Micheletti no procede de un análisis serio de la legalidad hondureña por cuanto, en un principio, las actuaciones de Zelaya estaban claramente fuera de la ley y, es más, eran precisamente contrarias a la ley. El rechazo internacional procede de "las formas": básicamente el que militares armados asalten la casa del presidente. Esto, que tal vez fue inevitable, se convirtió, como ya dije, en intolerable en el momento en que a Zelaya se le mete en un avión hacia Costa Rica. Porque no es forma de tratar a un alto cargo de un Estado. En este caso, como en su día el respaldo de la inmunidad de Pinochet por parte del gobierno británico, el apoyo a Zelaya se basa en el respeto al mínimo decoro institucional. En pocas palabras: que ningún presidente de gobierno puede aceptar lo que ocurrió en Honduras porque no querría que le pasase a él. Porque si bien la teoría de un senil Fidel Castro (llegó a acusar a los norteamericanos de "ocupar Honduras") acerca de un "efecto dominó" de golpes "fascistas" contra los gobiernos de izquierda del continente americano es poco creíble, el exilio de Zelaya y la pacífica ascensión a presidente (por muy interino que sea) de Micheletti, en los términos que se produjo, serían un peligroso precedente.

Hoy, Micheletti ha aceptado la mediación internacional, pero el futuro de Honduras permanece en el aire. En todo caso se ha demostrado que, en último término, no hay ley o Constitución que pueda defenderse de la deslealtad de quienes en teoría las promueven o aplican. Es necesario algo más y máxime en lugares donde tanta gente vive en la pobreza o ve como ese estado por el que se pelean sus dirigentes, a veces tan infantilmente, es incapaz de garantizar el orden público en calles infestadas de criminales y pandillas. Mientras estos hechos no cambien, hablemos de Zelaya o cualquier otro, Honduras estará siempre abocada a ir de la anarquía al despotismo y del despotismo a la anarquía. Porque allí donde la ley son sólo palabras hace tiempo que la democracia es una farsa y no sólo eso, sino que, finalmente, la normalidad que asegura la corrupción (una mano lava a la otra) acabará por estallar por los aires. Eso, y no otra cosa, ha sucedido en Honduras. Se intercambian falacias jurídicas, se citan entre sí artículos y leyes, pero en el fondo nadie está del lado de la ley sino en "su bando". Y es que para unos la ley no importa cuando se trata de hacer la revolución, y para otros no importa cuando se trata de impedirla. El resultado es el mismo: el gobierno de los hombres y no de las leyes.

En cualquier caso, a día de hoy, el presidente legítimo de Honduras es Manuel Zelaya pero, mediando normalidad, debería ser juzgado por la comisión de graves delitos contra la constitución de su país. Lo más seguro, sin embargo, es que no suceda nada de eso. Por otra parte, no se puede finalizar sino señalando el evidente papel desencadenante de todos estos sucesos de la Venezuela liderada por Chavez: empeñada en un proceso, sin rival hasta ahora, dado el desinterés (tras la desaparición de la URSS) de EEUU por la zona, de construcción de una amplia "esfera de influencia". Un proceso que, en un momento u otro, culminará en la completa ruina de Hugo Chavez pero, desgraciadamente, la de muchos americanos inocentes.




"Los gobiernos, en general, no tienen sino dos medios de vencer la resistencia que oponen los gobernados: la fuerza material que tienen en sí mismos y la fuerza moral que les prestan los fallos de los tribunales.

Un gobierno que no tuviese sino la guerra para hacer obedecer sus leyes estaría muy cerca de su ruina. Le sucedería probablemente una de estas dos cosas: si fuera débil y moderado, sólo emplearía la fuerza en el último extremo, y dejaría pasar desapercibida una gran cantidad de desobediencias parciales; entonces el Estado caería poco a poco en la anarquía.

Si fuera audaz y poderoso, recurriría al uso de la violencia y, bien pronto, se le vería degenerar en puro despotismo militar. Su inacción y su actividad serían igualmente funestas para los gobernados.
El gran objetivo de la justicia es sustituir con la idea del derecho la de la violencia, colocando intermediarios entre el gobierno y el empleo de la fuerza material."

Alexis de Tocqueville dixit.




Este artículo está dedicado con cariño a Celia, sin cuyos esfuerzos por hacerme madrugar este artículo no habría sido posible.

26 comentarios:

Anónimo dijo...

La primera frase ya es mentira ...

(Desde el momento en el que publica esas líneas, en las Honduras padecemos un nuevo Toque de Queda, a eso le llama calma?)

... y el resto desconocimiento absoluto.

Entiendo que si no conoce la realidad in situ, se abstenga de hacer declaraciones que atentan contra la dignidad de los que sufrimos esta sinrazón.

La ignorancia es muy atrevida y tener un blog para saciar el ego una conducta infantil.

Miguel dijo...

Salvo quizá alguna imprecisión secundaria como la que indica el primer anónimo (si es que lo es), me parece un artículo brillante. En cualquier caso de lo mejor que he leído sobre este asunto.
En lo relevante hay no obstante una cuestión concreta que no veo clara y me gustaría que aclararas: "En cualquier caso, a día de hoy, el presidente legítimo de Honduras es Manuel Zelaya".
Sin discutir la legitimidad de origen de Zelaya, no crees que YA ha perdido su legitimidad de ejercicio tras la decisión de la Corte Suprema de Honduras?

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

En el momento en que se escribió este artículo el toque de queda había sido levantado. En todo caso la vigencia o no de dicho toque de queda no altera, creo yo, el carácter de lo que quería exponer.

En cuanto a la legitimidad de Zelaya evidentemente estamos ante un problema institucional muy serio (porque la Corte Suprema, similar por cierto a nuestro Tribunal Constitucional español, parece estar muy implicada en el golpe de Estado). Pero lo cierto es que a día de hoy nadie ha juzgado a Zelaya y por esto difícilmente podría aplicarse provisionalmente el artículo 239 o cualquiera similar que le apartase del ejercicio del cargo de presidente. Sin juicio político, es muy difícil decir que Zelaya no sea presidente legítimo de Honduras: y menos cuando fue víctima nada menos que de un secuestro por parte de los militares.

Anónimo dijo...

Miente más que escribe, sabe acaso qué ocurrió anoche con Ludvin Varela, Magdiel Midence y Obed Banegas ???

No merese la pena explicarle nada.

Demasiado Joven veo su cara para tener las ideas tan fijas y ejercer de analista de una situación que a buen seguro no conoce. Siga interpretando:

"La presidenta del Banco Central de Honduras (BCH), Sandra Midence, lamentó que unos 163.3 millones de dólares brindados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a Honduras fueron redestinados a disposición de los ex funcionarios del gobierno"

shoara dijo...

Realmente hablar de "calma" en Honduras es un tanto atrevido, porque hay una embajada sitiada, un toque de queda impuesto y gente detenida, herida o muerta por su apoyo al depuesto y legítimo presidente de Honduras Manuel Zelaya

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Bueno, hablar de calma ante la ausencia de saqueos o enfrentamientos generalizados entre policía y manifestantes es bastante atinado. Pero al igual que quienes hablan de "genocidio" ante los disturbios políticos en curso para algunos me temo que "calma" sólo sería que determinadas personas o ideas desapareciesen del juego. Pero precisamente eso es lo que quería denunciar con este artículo.

Anónimo dijo...

sabe acaso qué ocurrió anoche con Ludvin Varela, Magdiel Midence y Obed Banegas ??? (Repito)

Compare eso con los saqueos de los que habla.

Como lo desconoce habla desde una posición pseudoerudita, fruto de un análisis que busca, única y exclusivamente, el autobombo.

No hable de lo que no sabe, que hay muchas cosas que no le llegan y desconoce.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Yo no tengo ningún problema en analizar las cosas tal y cómo suceden. Lo que no puede ser es esa postura de quienes denuncian las ilegalidades del contrario pero por otra parte llaman a incumplir la ley. No hace falta ser erudito, ni mucho menos, para ver el mal inherente a semejante clase de posicionamientos.

Anónimo dijo...

Siempre he tenido la pregunta porque lideres de clase media o clase alta latinoamericanos desde Salvador Allende, Peron, etc etc al principio se comportan como presidentes de centro derecha es decir no desean realizar reformas profundas y solo quieren llevar una gestion lo mas tradicional posible, para despues hacer lo que hizo Zelaya, alguien o algo les despierta el bichito de un gobierno socialista de izquierda, donde el pueblo bla bla bla.

Y cuando sucede esto, EEUU no se va quedar de brazos cruzados, porque esta bien que exista un pais como Cuba, a unas cuantas millas del pais mas podersos del mundo pero si esto avanza hasta llegar a las fronteras mismas de EEUU el imperio americano no esta dispuesto a tolerarlo.
Como las mismas MARAS de Honduras no tolerarian si una pandilla rival avanzara poco a poco ganando terreno para apoderarse de su territorio.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Es interesante en ejemplo de las Maras pues en efecto el escenario internacional es hobbesiano (un escenario, en fin, de guerra perpetua). Pero hay que ponerle los evidentes límites que la razón sugiere: el hecho de que las sociedades democráticas son más prósperas y seguras o, en el caso de Honduras o cualquiera similar de estado "semi-fallido", que el Estado guarde una forma más o menos democrática tiende menos a la guerra civil.

En cualquier caso el caso de Zelaya es bastante singular puesto que no hablamos de alguien de clase media que haya accedido más o menos sorpresivamente al gobierno. Estamos hablando de una persona que se ha educado y ha prosperado en un ambiente muy selecto, muy exclusivo. Porque si, por ejemplo, Fidel Castro comenzó su carrera siendo una suerte de rebelde apolítico o más o menos conservador tenemos que tener en cuenta que él nunca prosperó en el sistema que finalmente terminaría por derribar: era alguien más humilde que Zelaya, ciertamente. En cualquier caso, atendiendo a la Historia, se reproduce una y otra vez que en sociedades de gran desigualdad social un miembro de la oligarquía dominante traicione a dicha oligarquía y se convierta en campeón del pueblo con el fin de alcanzar el grado de monarca. El ejemplo más famoso, así a bote pronto, es el de Cayo Julio César. El constituyente de Honduras no ignoraba este hecho y por eso prohibió la figura de la reelección en el puesto de presidente.

Anónimo dijo...

Mi nombre es Mirna Granados y vivo en San Pedro Sula, Honduras. En general me parece un buen resumen de la situación. En Honduras las posturas son extremas y nos resulta difícil evitar las reacciones viscerales ante argumentos que cuestionen mínimamente nuestro postura. Solo quiero comentar acerca de algunos puntos. En cuanto a los derechos humanos creo que no hay exageraciones, una sola vida que se pierda, un sólo cuerpo que sea golpeado, violado, y torturado debe despertar la alarma en cualquier persona... no se puede ser discreto en este tema, caso contrario estaremos dando permiso para que se haga más y más grande el atropello. Por supuesto me refiero exclusivamente a las víctimas de la violencia desde el golpe de estado y no a la delincuencia común u organizada que es igual de atroz, pero no generada en el marco del terrorismo de estado al que estamos sometidos. La alarma en estos asuntos es impresindible y no negociable. El golpe de estado a Manuel Zelaya Rosales es al menos el tercer intento en América Latina desde 1990 y es probable que si profundizamos en la búsqueda encontremos más casos. El golpe de estado en 1990 a Jean Bertrand Aristide en Haiti, el golpe de estado en 2001 a Hugo Chavez Frias en Venezuela y porsupuesto el de Honduras 2009, comparten procedimientos comunes y todos han sido contra presidentes que ofrecían gobiernos a favor de la mayoría pobre del país y por ende disminuyendo los privilegios de la mínoría rica. Existe una tendencia a temerle a este tipo de gobiernos por su postura socialista y Honduras no ha sido la excepción. Saludos

Miguel dijo...

Me responde: "la Corte Suprema [de Honduras] parece estar muy implicada en el golpe de Estado"
lo que confirma que precisamente podemos también juzgar por nosotros mismos, sin una absoluta necesidad de aguardar por las resoluciones jurídicas de las más altas instancias.
De hecho, aunque yo mismo me he remitido a la Corte, mi opinión personal es que Zelaya ya perdió su legitimidad de ejercicio incluso antes, con los movimientos extraconstitucionales que ya había emprendido.
Con esto no justifico una legitimidad de origen de Micheletti.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

La propia naturaleza de los derechos humanos hace que su violación consista en algo particularmente intolerable. Habida cuenta de ello, efectivamente, un solo derecho humano violado representa algo jurídicamente perturbador. Lo que ocurre es que lo que es evidente en el plano jurídico no casa bien con la realidad de la política o, simplemente, la realidad.

Ocurre que a veces el daño a los derechos humanos (real o ficticio) de una persona puede levantar en furia a toda una nación. Pero ocurre muchas más veces que ese daño apenas sí llega a otra gente que no sea el grupo que jurídica o políticamente se identifica con esa persona siendo ese grupo minoritario o, en el caso de uno de los anónimos que han escrito aquí, extremista.

Por otra parte los derechos humanos son tantos y atañen a tantas esferas que la denuncia de su vulneración puede acontecer acerca de hechos que una persona neutral consideraría no muy graves o incluso leves. Por ejemplo: en este caso hay personas que están denunciando la actitud del gobierno de Micheletti como "genocida" o señalando como una vulneración de derechos humanos presuntas ilegalidades en el registro de domicilios.

Parece, por tanto, que al margen de la propia fuerza existente en los derechos humanos parece necesario que las vulneraciones de los mismos alcancen un grado determinado para ser "políticamente calificadores". O lo que es lo mismo: el estado español, debido a lo mejor a la actitud de algún funcionario policial, puede vulnerar derechos humanos puntualmente pero nadie lo calificaría como un estado que vulnera derechos humanos (circunstancia en la que se justificaría, según la carta de la ONU, nada menos que una intervención militar internacional consejo de seguridad mediante). En el caso de Honduras, con los datos que manejo (que evidentemente no serán completos o exhaustivos), no hay actualmente una persecución sistemática de colectivos y personas ni se están violentando derechos humanos de forma sistemática: y ni mucho menos, claro, se está cometiendo un "genocidio". Asimismo, dado el carácter de la disputa política en curso en Honduras, al gobierno de Micheletti nada le interesa que haya muertes o que pueda tachársele convincentemente de "sanguinario" o "represivo". De momento, bajo mi punto de vista, el mencionado gobierno de Micheletti no está dando motivos para ser calificado de tal forma sino que meramente está gestionando la "bomba" política que entre Zelaya y ellos mismos han cocinado: una "bomba" en medio de la cual la represión policial de manifestaciones o los toques de queda (así como la denuncia de esto como "bárbaro" o "criminal"), por parte de los partidarios de Zelaya) no son sino respuestas lógicas a los intereses en juego.

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Isidoro ignorante deja de hablar cagadas.
Te falto mencionar que papel juega la Ley de Participacion Ciudadana aprobada por este mismo congreso, firmada por Micheletti, el mismo Micheletti
que intentó, él si, anular ilegalmente las clausulas petreas de la constitucion.

Es esta ley de Participacion Ciudadana la que habilita perfectamente todo lo hecho por Zelaya antes del golpe

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ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Una ley no puede derogar la Constitución de un país. Es tan sencillo como eso. Lo que ocurre es que la legalidad es algo tan devaluado en determinados países latinoamericanos que llega cualquier demagogo al poder y pretende establecer una asamblea constituyente, u obtener directamente plenos poderes, excitando los bajos instintos de pueblos muy pobres. Los griegos lo llamaban tiranía.

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