sábado, julio 11, 2009

¿Pero quién es Rosa Díez?

No se puede negar la realidad. Y la realidad dice que el proyecto político que representan las siglas de UPyD tiene hoy por hoy como garantía de unidad a Rosa Díez: sin ella el proyecto no estaría encadenando éxito tras éxito sino que seguramente para el público sólo sería otro partido más de "ciudadanos cabreados" al que votar de forma anecdótica: fácilmente confundible con un partido meramente agitador o demagógico.

Quienes hoy no dejan de lamentarse porque UPyD sólo sea reconocible por muchos debido a la figura de Rosa Díez se empeñan en ignorar algunas cosas. Una de ellas, acaso la principal, es que no son muchas las ocasiones en que UPyD accede a los medios de comunicación. Cuando lo hace, lo hace siempre con el protagonismo de Rosa Díez: cosa nada extraña dado que - junto con Gorka Maneiro y Sosa Wagner - es uno de los contadísimos representantes públicos con que cuenta UPyD. Otra razón que parecen ignorar quienes no dejan de clamar por un menor protagonismo de Rosa Díez es que ella, y no quienes se empeñan en presentarse como reinventores de la democracia, cuenta con las simpatías de muchísimos españoles y tiene un insustituible capital de experiencia, una fiabilidad, que la avala.

A la luz de mi propia experiencia con quienes esgrimen el discurso del "UPyD debe ser más que Rosa Díez" he llegado a algunas conclusiones. Dicho discurso o bien es trivial (¿quién no desea que UPyD crezca y cuente con más figuras políticas que alcancen reconocimiento público?) o bien es un discurso malicioso. Sería estupendo dar por hecho que todos los que se aproximaron, y aproximan, a UPyD es porque comparten con entusiasmo las ideas de su manifiesto político y son ciudadanos honrados y consecuentes. Por desgracia, es inevitable que en UPyD, como en cualquier otro sitio, se cuele gente con malas intenciones o con no mucho que aportar más allá de sus apetitos. Y es que no pocos que ahora se hacen llamar "críticos", aprovechándose del anonimato que posibilita Internet, se dedican por foros y blogs a realizar, en el marco de grandes parrafadas sobre democracia interna y sobre su gran derecho a ser líderes del universo, insultos de toda clase contra quienes dirigen UPyD: incluyendo a la propia Rosa Díez. Son muchos los motes que a ésta última le han puesto y, conforme se aproxima el primer congreso de UPyD, los "críticos" abundan cada vez más en la idea de que Rosa Díez sería un obstáculo para el futuro de la formación política. La que constituye una cuando menos sorprendente teoría que da buena muestra del nivel de realismo y fiabilidad de quienes la defienden.

Es hasta punto lógico que todos creamos posible un partido político, como cualquier cosa, en los términos de nuestras máximas exigencias. Pero dentro de esa pretensión debe caber lugar para un margen de razonabilidad merced al cual no hundir al partido político en el sectarismo que, precisamente, desde UPyD se aspira a reducir. Y con esto, precisamente, me estoy refiriendo tanto a la labor del Consejo Político como del de Dirección: a la que algunas personas no le dan ningún margen y, sean las decisiones unánimes o mayoritarias, les pretenden restar legitimidad siempre. Esa gente, a efectos prácticos, son elementos desleales y enemigos del partido. Básicamente jamás se mostrarán contentos con los resultados de la "última votación" y afirmarán representar el sentir de la mayoría aplastante de los afiliados, de "las bases", exigiendo más y más votaciones. Esto, por otra parte, nos lleva a pensar si todos actúan por tic, locura o fanatismo o si por el contrario hay otras razones.

Se debe tener siempre por desleales a quienes acuden a la prensa a anunciar demandas y airear discrepancias. Afirman luego que ejercen su derecho fundamental al pataleo, pero parecen olvidar que UPyD no sale mucho en la prensa y que lo haga por motivo de acontecimientos o disputas extrañas potencialmente entraña un serio perjuicio para todo el proyecto. Lo terrible, como apuntó recientemente Albert Boadella, es que semejantes impulsos destructivos son tan pertinaces que parecen fruto de un intento deliberado de sabotaje por parte de infiltrados servidores de otros intereses. Personas que proceden no pocas veces de cargos intermedios de otros partidos y que tienen, al parecer, una gran inclinación por un calculado victimismo o, como se ha dicho en otro lugar, la "credulidad maliciosa" del esparcidor profesional de bulos e incluso infamias. ¿Cómo no, como mínimo, sospechar que algunas de estas personas siguen al servicio de sus partidos de procedencia? Porque la saña con que personas como las descritas atacan a UPyD, acudiendo a todos los medios de comunicación que pueden, a la menor contrariedad es desconcertante. De hecho hubo, y hay, personas que aparentemente aceptan cargos sólo para dimitir de ellos y conseguir que salte la noticia.

Y volviendo al tema del protagonismo de Rosa Díez no sólo se debe insistir en la importancia vital de su liderazgo y su imagen de credibilidad ante los ciudadanos. Se debe, además, dejar claro que cualquier proceso por el cual se restase peso a la figura de Rosa Díez sería exclusivamente interno. Un proceso que actualmente se encuentra expuesto a todo tipo de amenazas como las aquí brevemente descritas. O lo que es lo mismo: quienes se quejan del excesivo protagonismo de Rosa Díez sólo podrían actuar en contra del mismo a un nivel interno y elevarse en tronos de aire. ¿Por qué? Porque, de momento, cualquiera de quienes claman por un modelo asambleario de partido en que "los más populares del momento" de aquí y de allí se eleven a la dirección del partido no podrían señalar a cargo electo alguno de UPyD como su "favorito" luego UPyD tendría dando la cara por el partido a gente desconocida: un grave problema si aspiras a salir en un medio de comunicación que sólo preguntará por Rosa Díez, Gorka Maneiro o Sosa Wagner. Por lo que la pretensión de reducir el papel de Rosa Díez tendría un coste elevado, ningún beneficio para el partido y sería en términos de "relaciones públicas" sencillamente inútil: sólo habría beneficio para quienes persiguen un protagonismo a cualquier precio o para quienes, directamente, quieren dañar al partido.

Lo que propone UPyD en su programa político es tan estupendo que para mí se defiende solo. Pero la vida no es así y hacen falta portavoces creíbles y conocidos por el pueblo. Y esos, me temo, no son (y espero que no sean) quienes se quejan del protagonismo de Rosa Díez. Deberían más bien alegrarse de que un programa político tan especial y deseable tenga por máxima valedora a una señora a la que casi todo el mundo conoce y, lo que es más importante, casi todo el mundo respeta. Gracias a ella UPyD, al contrario que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, no fracasará: porque con su liderazgo se garantiza que no habrá enjuagues y politiqueos tan infantiles como decepcionantes. Yo, por eso, por mi parte doy gracias porque Rosa Díez esté al frente de Unión Progreso y Democracia.



"La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria" Francis Bacon dixit.