domingo, enero 13, 2008

Porqué Ron Paul se equivoca.


Mucho ha sido escrito estos días alrededor del aspirante a candidato republicano para la Presidencia de los Estados Unidos de América Ron Paul. Muchos se han hecho eco de su oscuro pasado. Para unos se trata de hechos y para otros de simples rumores que, como se apresuran a aclarar debido a su particular "ideología", de ser ciertos les darían exactamente igual. Lo cierto es que a mi no me interesa particularmente el pasado de este caballero. Es bastante típico, por otra parte, que quienes defienden ideas extremas de cualquier clase procedan de otros extremos puesto que, como se sabe, los extremos se tocan e incluso dan la mano. Y esto, sin embargo, me parece indiferente frente a la urgencia del comentario del presente de Ron Paul y sus opiniones sobre su gran nación.

Suele asumirse por los mentideros de Redliberal y similares cierta premisa voluntarista que como otras tantas se ha tornado en cosa aceptada. Consiste aquella en que del mismo modo en que un Estado sólo se puede ver moderado por "checks and balances" constitucionales, o similares, la opción neocon o internacionalista en cuanto al papel de EEUU en el mundo es irresponsable y que disuelve la democracia. Lo que le impedimos al Estado en casa "se lo permitimos fuera". Con esto se pretende denunciar una contradicción (contradicción que también denuncia Giddens) en el activismo democrático que se fomenta desde determinadas instituciones y pensadores políticos. No hay tal.

No es lo mismo el entorno que ofrece un Estado democrático y el entorno internacional. El Estado democrático, además, dista mucho de haber vencido "para siempre" (si es que eso es posible). La esfera de las relaciones internacionales sigue siendo eminentemente interestatal pese a las proclamaciones de la ONU y sus apoyos intelectuales. Y es que, como de manera reiterada se ha visto en los años 90 y comienzos del siglo XXI, el camino del respeto a los llamados Derechos del hombre y, en un orden inferior, el principio democrático no transita por las salas y comités onusianos sino, más bien, por las de ciertos estados occidentales que son partidarios de la defensa de esos derechos y de ese principio. El mantenimiento y respeto de los Derechos Humanos puede que dependa, en definitiva, más de una alianza ad hoc de estados occidentales que de la ONU.

Se ha dicho, y con razón, que la ONU sin EEUU es ridícula y lo cierto es que EEUU respalda cuando quiere a dicha organización como un medio de obtención de legitimidad. Dicha "legitimidad" no es muy diferente de la que en un pasado cualquier emperador o rey europeo exigía, o compraba, del Papa de Roma. Por una razón o por otra se ha llegado a la convicción por parte de muchos de que las altas instancias de la ONU representan una suerte de cabildo mundial de estados mediante el cual lo bueno se torna malo y lo malo bueno. No sólo a cualquier alma grande, sino a cualquier hombre sensato, dicha visión es ridícula. Y además resulta contradictoria con los teóricos fines de la ONU. Porque dicha organización sin el patronazgo de la colosal fuerza militar norteamericana se convierte en el gemelo de la Sociedad de Naciones surgida tras la Primera Guerra Mundial. Una organización que se mostró dispuesta al absurdo de ilegalizar la guerra (Kellogg-Briand) pero incapaz de impedirla. ¿Faltaba buena voluntad? No: faltaba la voluntad militar de un Imperio Británico en franca decadencia y, como acuerda la mayoría de los historiadores, el creciente impulso de los Estados Unidos.

Si la estabilidad del orden internacional sigue descansando en la voluntad de los EEUU de promoverla parece deseable que dicha nación siga comprometida en tal sentido: ¿no? Algunos argumentan en este punto que tras la caída de la URSS, como tras la caída del Kaiser Guillermo, tal cosa no es necesaria y que se puede "volver a la normalidad". El problema es que la normalidad, la triste normalidad si se quiere, del orden internacional no es en absoluto la paz sino la guerra. Otros argumentan sencillamente que un mundo multipolar o "tradicional" es mejor que uno bajo la hegemonía benevolente de EEUU. Entre estos últimos podemos encuadrar a Ron Paul.

Ron Paul mantiene una concepción realista de las relaciones internacionales y como tal piensa que EEUU debe actuar sólo conforme a sus "intereses nacionales". Este realismo define dichos intereses como el sumatorio de una serie de consideraciones prácticamente técnicas en las que, oh ironías, los valores no son tan importantes como suponen los internacionalistas de izquierda (pacifistas y similares) o de derecha (neocon y similares). Y esto resulta chocante en la medida en que Ron Paul trata de presentarse como una persona que busca respaldo en principios y valores en contraposición con otros aspirantes republicanos con el punto de mira puesto en la mercadotecnia electoral y el gasto público. Para Ron Paul, como realista, EEUU no sólo no debe hostilizar a regímenes como el norcoreano, el cubano, venezolano o iraní aspirando a cambiar políticamente dichos países a su imagen y semejanza (en suma esa pretensión de "reproducción en el otro" a la que Pericles se refería al llamar a Atenas "escuela de la Hélade" y despreciar la idea de que su ciudad imitase a otras) sino que debe limitarse a comerciar (!) con ellos y mantener una diplomacia pragmática. El argumento "definitivo" de Paul para cerrar este realismo suyo es apelar a la presunta amenaza que supone para el ciudadano norteamericano el que su gobierno se dedique a reemplazar regímenes corruptos y criminales en el resto del mundo.

Ron Paul pretende que el intervencionismo norteamericano más allá de sus fronteras es como una forma de intervencionismo económico severo que resulta por tanto indefendible para un liberal. Mediante esta equiparación tan pueril como anarquista (conceptos ambos, como sabemos, muchas veces sinónimos) Paul se siente libre para extraer del imperialismo norteamericana consecuencias corrosivas de la democracia norteamericana. El imperialismo o intervencionismo político (recalco político) de EEUU se convierte de tal modo en un nuevo camino hacia la servidumbre, hacia el socialismo. No obstante hay poderosas razones para rechazar este punto de vista y las expondré. Antes de eso me gustaría juzgar el argumento "fariseo", o "historicista", de Ron Paul contra el imperialismo norteamericano.

Como es sabido a nuestro amigo Paul, y a sus colegas aislacionistas, le gusta citar las Escrituras, estooo... el mensaje de despedida de George Washington. En ella, como hiciera Octavio Augusto en suu testamento, Washington prescribe la política exterior que han de seguir los futuros estadistas. Dice Washington: "Nuestra verdadera política es permanecer al margen de cualquier alianza permanente con cualquier parte del mundo exterior". Esto, junto con el propósito de Thomas Jefferson de sustituír a la guerra por el embargo como instrumento de política exterior, constituye el principal referente político para el aislacionismo conservador norteamericano. Su primer César ordenó a los nortemericanos vivir al margen de los acontecimientos políticos del mundo, no comprometerse.

Debiera bastar, parece, con la cita incansable de estas opiniones para convencernos de que el imperialismo es una forma de política exterior antiamericana, extraña. La realidad desmiente esto con creces desde el mismo momento en que las fronteras de esos Estados Unidos que fundaron Washington y Jefferson no eran las mismas apenas unas décadas después. Y esto por no citar a otros tantos padres fundadores de los que podemos extraer citas en absoluto aislacionistas. Pero lejos de tratar de contraponer unos fundadores a otros estaría mejor el desenmascarar la cita aislacionista a Washington, por lo que tiene de carismática. Porque en su mensaje de despedida Washington afirmó también: "No ha llegado el tiempo aún... en el que podamos elegir entre la paz y la guerra, como nuestro interés guiado por la Justicia nos aconsejaría". Este pasaje no es citado por los aislacionistas, claro. Porque en esencia refuta el significado que se le pretende dar a la primera cita mostrada y en la que se basa el aislacionismo constitucionalista o "fariseo". Washington nos desvela con este pasaje último que el aislacionismo no es regla sino de las circunstancias. Unas circunstancias que, como Robert Kagan defiende en "Poder y debilidad", hacen que la actitud de los estados vaya desde el apaciguamiento al ataque preventivo. Los EEUU que dejaba Washington al morir no eran una potencia militar destacable y en realidad habían obtenido su independencia gracias al apoyo de los enemigos europeos de Gran Bretaña más que a sus propias fuerzas y recursos (de la entidad de la ayuda francesa al esfuerzo norteamericano nos da noticia el mero hecho de que los norteamericanos afincados en el Canadá, parte del cual fue arrebatado a esos mismos franceses en la guerra de los siete años, se mantuviesen leales al Rey Jorge III). Por esto, en definitiva, resulta rechazable la apelación a la inconstitucionalidad o "antiamericanidad" del intervencionismo norteamericano en el exterior. Más bien se constataría, recurriendo a los padres fundadores norteamericanos, que el nacionalismo norteamericano es excepcional en la medida en que se funda no en la sangre y la tierra sino en valores de Justicia universal. Siendo así... ¿porqué promover la libertad sólo en la patria? ¿Qué clase de universalismo es ese? ¿Qué clase de mezquindad es esa?

Aclarada la vertiente "historicista", y falsaria, del discurso aislacionista de Ron Paul toca analizar el plano práctico de sus asertos. Es necesario por cuanto incluso de censurar explícita y abrumadoramente los padres fundadores un futuro activismo democrático por parte de los EEUU sería ridículo defender que a dicha república, en el mundo actual (en el que los cambios a miles de kilómetros puede comprometer a naciones lejanas), debieran serle extraños los problemas "de otros".

Afirma Ron Paul que su aislacionismo no es tal sino que él aboga por la "no intervención". Esta precisión en realidad es una vana redefinición que a mi juicio sólo aspira a distinguir su postura de esa cierta clase de socialismo patriotero que en EEUU impregna la vida de esos sindicatos de trabajadores y agricultores que propugnan un aislacionismo económico. Pero en lo que tratamos aquí, lo que en definitiva nos importa, Paul es un aislacionista sin mayores matices. Esto es: se opone a que EEUU ejerza cualquier clase de papel destacado en la política internacional. Aisladamente podríamos observar esta clase de ideas con simpatía en cuanto a que efectivamente supone cierta clase de peligro para propios y extraños el que exista un poder demasiado grande. Pero pensar así no sería realista. Sabemos de sobra cuáles son los motivos que guían a EEUU y se puede afirmar sin duda alguna que no son ni remotamente calificables de siniestros o totalitarios. El carácter de la nación americana y las instituciones que lo conforman, que diría Tocqueville, no se inclina por el despotismo o el totalitarismo y no es de esperar que un mayor grado de implicación en el extranjero le llevase por esos derroteros. Pensar que por promover civilización y democracia en el extranjero una democracia como la americana se puede convertir en un régimen socialista, como sugiere Paul mediante el abuso del término "intervencionismo", es tanto como afirmar que promover el muro con México es otro tanto de lo mismo. No sería justo extraer del ser partidario de dicho muro, por cierto, sospechas de totalitarismo o socialismo pero en el caso de Paul, como aislacionista que es, uno se inclina a acusarle de espartano y sabemos de sobra cuál es la clase de libertad que defienden los lacedemonios redivivos.

No. La pérdida de liderazgo (poder militar e intervencionismo político) por parte de EEUU no se traduce en una puesta a salvo del mundo de una posible amenaza norteamericana. En realidad la "apolaridad" del mundo se traduciría en uno más peligroso e inestable en el que las potencias regionales que hoy día actuan de forma taimada, cautelosa y a veces agresiva se tornarían en descaradas, audaces y agresoras. Ese mundo sería dudosamente seguro para unos EEUU encerrados en sí mismos pero indudablemente inseguro para unos estados europeos completamente equivocados acerca de su posición estratégica. Sería posiblemente entonces cuando la naturaleza de las relaciones internacionales asomase su fea cabeza hobbesiana y sería posiblemente entonces demasiado tarde para hacer nada que no nos costase mucha convalecencia. De hecho la falta de hegemonía clara de un Estado se tradujo en la Historia casi siempre en un prolongado período de "anarquía internacional" en la que, al modo maquavélico, el baño de sangre no cesó hasta la clara victoria de alguien. No es fantasía: es la realidad del Derecho. Debemos dar gracias porque el más poderoso sea el más justo.

El que en la actualidad los enemigos del orden occidental, la civilización, tomen nuevas estrategias que van ya más allá del Estado no excluye que, como dije, sea el Estado el único instrumento hoy por hoy disponible para combatirles. Asimismo, como dice James W. Ceaser, "es peligroso permitir que las amables ficciones de la diplomacia moderna penetren demasiado profundamente en nuestra forma de pensar". Si bien es deseable un grado de compromiso internacional entre países civilizados mayor y más fiable, más duradero, no podemos subordinar el orden y la seguridad a tan elevado deseo. Y digo ello puesto que no pocos estados europeos ven en el fomento de reglas internacionales una forma de controlar a EEUU y nada más. La unión de los estados occidentales, en definitiva, es un bien a buscar, debe promoverse, pero con el claro objetivo de fomentar, precisamente, los valores occidentales: algo que muchos de los actores internacionales occidentales sencillamente no están por la labor de hacer; cayendo en una actitud similar a la que reprocharon los atenienses a los orgullosos melios:

No consideramos más peligrosos para nosotros a todos esos pueblos de cualquier parte del continente que, por la libertad de que gozan, se tomarán mucho tiempo antes de ponerse guardia contra nosotros, sino a los isleños que en cualquier parte no se someten a nuestro imperio, como es vuestro caso, y a los que ahora mismo ya están exasperados por el peso ineludible de este imperio. Esos son, en efecto, los que, dejándose arrastrar por la irracionalidad, podrían ponerse a sí mismos, y a nosotros con ellos, en un peligro manifiesto.

El imperialismo de EEUU supone el imperio de esa Justicia que según George Washington aconseja a los norteamericanos hacer la paz o la guerra. Lo cual no implica que EEUU deban atacar a todos los estados y potencias regionales que desprecian los derechos del hombre y desafían a la democracia. No debe operarse con imprudencia pero hay grandes regiones del mundo que reclaman una implicación norteamericana: una implicación que no sería tan costosa como beneficiosos sus frutos en términos no sólo de seguridad a medio/largo plazo sino incluso en términos económicos (Corea, Alemania y Japón son ejemplo más que suficiente de esto). Lo que sí es exigible es hostilizar a esos estados y potencias contrarias a la civilización, a la libertad, promoviendo en todo momento su caída, su reforma.

Como en el caso de la fenecida URSS el camino no es implicar a esos estados corruptos y criminales en las relaciones internacionales sino derrotarles en el plano moral a través de la promoción sistemática de su ilegitimidad, tal como hiciera Reagan con el comunismo. Así que no, caballeros, el basar en ideales la política exterior no debe confundirse con voluntarismo internacionalista que pretenda que las palabras "cautiven a los hechos" ni con el suicidio de declararle la guerra a todos nuestros enemigos.

Hay un camino en el medio que representan hoy más que ayer, y esperemos que menos que mañana, esos Estados Unidos de América que darán la espalda, parece que clamorosamente, a Ron Paul.


"Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud" Aristóteles dixit.

Salud y libre comercio

25 comentarios:

wg dijo...

En pocas palabras, tú quieres que el gobierno de EU siga cuidando a tu país. Por supuesto, los costos van a cargo del contribuyente norteamericano, y los riesgos para el ciudadano norteamericano, o para cualquiera que tenga nombre y apellido norteamericano.

¿Por qué no envías algún dinerito a Bush, que ya se trae tremendo déficit?

Anónimo dijo...

El intervencionismo americano solo se aplica cuando quiere.Lo hemos visto en Birmania y en Sudan donde tambien ha quedado demostrado la inutilidad de la ONU.Basicamente EEUU no tiene dinero para llevar la democracia a Birmania o a Sudan.
Para que luego los progres como Garzon hablen de guerras ilegales o crimenes contra la humanidad.
En cuanto a la defensa de los valores de EEUU tambien quedan en suspenso muchas veces.Recuerdo el caso de Arabia Saudi o de China.
¿De que depende entonces el intervencionismo o la defensa de los valores occidentales?
Del dinero , como siempre.

Josefo dijo...

1. No intentes confundir. Paul no quiere un país aislacionista, sino no-intervencionista, tanto en el interior como en el exterior. Paul defiende que los ciudadanos americanos sean libres para comerciar y tener relaciones con todas las naciones de la tierra.

2. Si piensas que los Padres Fundadores, de estar hoy vivos, aprobarían la política exterior americana, estás muy equivocado. Lee más. Son numerosas las citas de Jefferson, Washington, Franklin, Madisson, Adams, etcétera, que dejan claro que la labor de EEUU en el mundo no ha de ser la de policía que imponga el orden. La Constitución Americana tampoco lo autoriza.

3. Decir que la situación americana de antaño no es como la de hoy para justificar otro tipo de política exterior es falaz. Puestos así, ¿por qué no rechazar la Primera Enmienda? Los tiempos también han cambiado. Es absurdo.

4. Paul no es pacifista. Él quiere una defensa fuerte para su país. En el momento en que EEUU fuera atacado, tendría todo el derecho a responder con sus medios legítimos. Recuerda que Paul votó a favor de la guerra contra Afganistán.

5. Desde un punto estrictamente liberal, la intervención estatal es catastrófica, tanto en el interior como en el exterior. No sé qué os hace pensar que el Estado actuará diligentemente fuera de nuestras fronteras. El Estado debe ser limitado. Y es una incongruencia hacerlo dentro del país, pero no fuera. Dejando de lado que los liberales clásicos (y aquí no digo nada de anarco-capitalistas) siempre fueron ferozmente anti-belicistas.

6. Ni tú ni nadie tiene derecho a obligar a un ciudadano a que luche por tu causa. ¿Crees que se debe intervenir en Cuba o Irán? Adelante, ármate con un equipo de mercenarios y ve allí. Pero no obligues a otros a que lo hagan por ti. Mucho menos cuando los "otros" no han sido agredidos y, por lo tanto, no están en su legítimo derecho de intervenir.

Elle Navarro dijo...

En efecro se equivoca Ron Paul, peo tu también. Debería poner por qué Ron Paul...

Elle Navarro dijo...

Quise decir. En efecto se equivoca, pero tú también.

Elle Navarro dijo...

Por lo demás, excelente entrada.

Anónimo dijo...

"Desde un punto estrictamente liberal, la intervención estatal es catastrófica, tanto en el interior como en el exterior. No sé qué os hace pensar que el Estado actuará diligentemente fuera de nuestras fronteras"

Fuera de las fronteras de las democracias occidentales ya existen Estados, que son mas catastróficos que los nuestros.

No se trata de hacer "intervencionismo" en Corea del Norte, sino de sustituir el de Kim Il Jong por el de los US Marines.

Dicho esto, yo soy poco amigo de las invasiones: limitan la capacidad de los Estados Unidos para mantener la Hegemenia Americana, es decir, el orden internacional de respeto a las fronteras y libertad en los mares.

Kantor

Stewie Griffin dijo...

¡Cada día me sorprende más tú inteligencia! El que no se fiaba del pueblo de al lado si no hay un poder central (mucho mal rollo teneis los gallegos por lo visto), confia ciegamente en un imperio extranjero.

Ahora ser "liberal" es ser un lameculos, "demos gracias" a nuestros amos yanquis por ser tan buenos con nosotros.

coup de bâton dijo...

Josefo, ¿te refieres al mismo Jefferson que dirigió una flota a bombardear el puerto de Trípoli en Libia a causa de la piratería que esos moros de mierda causaban a los barcos yanquis en el Mediterráneo? yo apruebo esa acción, es decir, una política exterior firme e implacabale con los bárbaros. Nada que ver con el "building nations" del que desconfío y que me parece palabrería vana e inútil.

Por otro lado, lo de que la Constitución de EEUU prohibe las guerras exteriores es simplemente mentira. Ni lo autoriza ni lo desautoriza. Al menos no se refiere a ello directamente: la décima sección del artículo 1 habla de los estados por separado y no de la Unión.

Eigen dijo...

Las intervenciones militares deberían ser financiadas por los partidarios de las mismas. De lo contrario, hablaríamos de redistribución.

Más importante que derribar los totalitarismos es no dar aprobación a ningún líder malvado. A estatalizadores, liberticidas, genocidas, patrocinadores de terroristas y tiranos en general, más justo sería darles un tiro que la mano. Si lo primero no es posible, al menos hay que evitar lo segundo.

Lo prioritario es ser hostil. Sólo quien es totalmente hostil con la tiranía puede ser un campeón de la libertad. Pero Estados Unidos, antes de iniciar cualquier ataque, debería adoptar una postura de cero relaciones y abierta condena moral de los tiranos del mundo. Nada de diplomacia ni venta de armas a Arabia Saudí, lo cual no sólo supone aprobar el autoritarismo sino que además puede agravar las amenazas a EEUU -pues la principal amenaza exterior a EEUU es el islamismo -las interiores, que ya las sufre, son el socialismo y el fundamentalismo cristiano. De ninguna manera puede ser moral quien mantiene como ciertos juicios contradictorios.

Por otro lado, dándole parcialmente la razón a Paul, Estados Unidos no tiene por qué socorrer a otros países si no hay amenaza para EEUU o si los contribuyentes estadounidenses no obtienen beneficio por ello. La política exterior debe ser, como la interior, de interés propio. El rol de un gobierno de una nación es la protección de los derechos de los ciudadanos de la nación, no de los ciudadanos de otras naciones. Debe ayudarse a otros países siempre y cuando los contribuyentes que financiaron la intervención obtengan algún tipo de recompensa, y siempre y cuando sea diferenciando buenos y malos y matando a los malos para proteger a los buenos. De lo contrario, volveremos a hablar de redistribución.

Si bien no debe socorrerse altruistamente, sin recibir nada a cambio, a otros países, hay que proteger a cada ciudadano de la nación inocente expropiado o asesinado por un gobierno extranjero, incluso mediante la fuerza militar. Un gobierno no debe tolerar la nacionalización de recursos, suelo o industria por parte de otro gobierno cuando ésta afecta a una sola empresa contribuyente e inocente. Tampoco debe quedarse de brazos cruzados ante una amenaza objetiva.

Y siendo extremista, es decir, coherente, diré: Si un gobierno extranjero -o propio- quita el gas a tus compatriotas, quítale el oxígeno. Si les quita el petróleo, quítale la sangre. Si les corta la salida del país, córtale el cuello. Y esto para cualquier gobierno, también para el estadounidense si se da el caso.

Mpmx dijo...

A todos los candidatos republicanos y a muchos blogs de Red Liberal se les llena la boca hablando de Ronald Reagan, esto es lo que opinaba Reagan de Ron Paul:

http://www.youtube.com/watch?v=1yuzMYIXhTE

Mpmx dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=1yuzMYIXhTE

Josefo dijo...

La Constitución Americana en su artículo I, sección 8, cláusula 11 establece que es el Congreso quien tiene legitimidad para declarar la guerra, no el Presidente. Una vez que la guerra es declarada por aquél, éste tiene plena operatividad sobre las fuerzas armadas como Comandante en Jefe. Ergo, cualquier guerra que no cuente con el respaldo del Congreso, es una guerra ilegal, jurídicamente hablando.

coup de bâton dijo...

En efecto, lo cual, a menos que tu sectarismo ideológico llegue a condicionar tu labor exegética, ni equivale ni es lo mismo a "prohibir las guerras de agresión /en el exterior etc."

Josefo dijo...

Lee bien: "La Constitución Americana tampoco lo autoriza [la actual política exterior americana]." Esto es, la guerra de Iraq, por ejemplo.

coup de bâton dijo...

Y dale. La Constitución de EEUU no dice nada sobre guerras o política exterior que no sea lo que ya hemos citado aquí sobre la declaración de guerra (competencia del Congreso) y el mando sobre las tropas (el Presidente). Los padres fundadores serían todo lo aislacionistas que quisieran pero la Constitución de EEUU, como es la única Constitución en el mundo merecedora de tal nombre, habla de la organización del poder político de EEUU. Del mismo modo que no incluye el capítulo de las polladas sociales, tampoco incluye nada sobre política exterior porque en ambos casos, la Constitución no está para eso.

La Guerra de Iraq es tema aparte, sobre el cual yo no he dicho nada aquí. Si, desde el punto de vista del derecho estadounidense es ilegal porque no fue autorizada por el Congreso (cosa que ignoro) tal y como establece su Constitución, pues es problema de los leguleyos yanquis. Pero no pretenda hacerme pasar por el aro de que tal precepto es una demostración inapelable de "aislacionismo". Más bien de lo contrario, se supone que un estado aislacionista ni siquiera incluiría una referencia a la declaración de guerra en su texto constitucional ¿no?.

Josefo dijo...

No hablo de aislacionismo, sino de no-intervencionismo.

No es tan difícil de entender. Recurriendo a la lógica:

La Constitución Americana dice que las guerras han de ser aprobadas por el Congreso. Desde la 2ª Guerra Mundial, EEUU ha intervenido en guerras no declaradas por el Congreso. Ergo, la política exterior norteamericana de los últimos tiempos no se ajusta a la Constitución, que es lo que he dicho:

"La Constitución Americana tampoco lo autoriza [que EEUU sea el policía del mundo, esto es, implicarse en aventuras bélicas sin la autorización del Congreso]." Si no sabes leer, no es mi problema. Y aquí zanjo esta discusión.

coup de bâton dijo...

Leer sé, mejor que usted, por lo menos sé interpretar correctamente la Constitución useña. Ahora, para decir que "la política exterior de EEUU no se ajusta a la Constitución porque las guerras no han sido declaradas por el Congreso" es una expresión propia de un analfabeto. Si no sabe usted como expresarse no me culpe a mí de que no sepa leer. Lo que vd. debería haber dicho es lo siguiente: "la forma en que EEUU ha gestionado o comenzado sus guerras en los últimos 50 años no se ajusta a la constitución". Esto es lo correcto (y ya que se pone remolón, también es lo "logico"). Lo que no es correcto ni lógico, porque es mentira, es que trate usted de colar que la constitución de EEUU tiene grabada "la cláusula aislacionista" en su texto per saecula saeculorum acogiéndose a la norma sobre declaraciones de guerra, porque también es mentira.

A tomar por el culo.

Zhukov, con Z dijo...

Isi, tienes que reconciliarte con el pequeño facha Stewie. Es muy triste veros lanzándoos los trastos mientras tanto rojo, vendepatrias, traidores a España anda suelto por ahí tratando de romper España.

Zhukov, de nuevo con Z dijo...

Por cierto Isi, he escuchado la propuesta para el nuevo himno nacional. Menuda puta mierda, ni siquiera habla sobre cómo nuestras tropas matarán al enemigo, todo paz amor... menudo pestiño, yo no pienso cantar eso en el fútbol.
Espero que hables mal de él a no mucho tardar.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Kantor: la política de invadir a todos los estados corruptos y enemigos por supuesto que no es buena. La clave está en la amenaza creíble. Las amenazas de EEUU de un tiempo a esta parte se estaban comenzando a semejar a las de la ONU y los enemigos de occidente, claro, se volvieron audaces. Ahora EEUU se ha mostrado más enérgico y quién sabe que ocurrirá si de sus dos últimas invasiones se saca definitivamente una victoria política plena. EEUU ha variado ligeramente su actitud en pro de su seguridad y precisamente este acierto estratégico es lo que censura (in toto) Ron Paul: un señor que como tantos otros no comprende aquéllo de que a una mayor esfera de poder le sigue una mayor esfera de amenazas, de enemigos.

No se trata pues de derrotar uno a uno a todos los estados canallas y todos los terroristas sino más bien en que ningún estado que se postule como corrupto, canalla o terrorista se pueda sentir seguro. En consecuencia del miedo que esto supone es de esperar que EEUU vea menos problemas en ejercer un control sobre amplias zonas mediante mínimos despliegue de tropas y una utilización de las fuerzas nativas amigas financiadas, como tú decías en aquel artículo, con "yates".

Esta estrategia no es ninguna novedad porque es la llevada a cabo por el Imperio Británico. Dicho imperio llegó a ser tal, y a tener tanto control, porque dominada el mar y por tanto atacaba donde y cuando quería a cualquiera: ¿alguien duda de que esa posición es precisamente la que goza un país, como EEUU, que puede invadir, y destruir, estados a 13000 km?

A eso me refiero, Kantor, cuando hablo de la proyección de poder norteamericana: no a "colonias romanas". Y es que también puede ser "blando" el ejercer control sin luchar pero con la amenaza efectiva(y efectivamente la invasión de Iraq le pone difícil a EEUU amenazar a Irán con una invasión pero... ¿hasta qué punto se puede decir eso cuando la escasez de tropas se debe a políticas de distribución de las mismas y no a su inexistencia para la acción?) de cualquier tipo de acción de represalia. Es necesario que EEUU emplee más dicha amenaza tanto en África como en Asia.

De momento miembros del gobierno británico han anunciado que se plantean mantener sus tropas en Afganistán varias décadas. Esa es la mentalidad, ese es el discurso. Y es que... como citaba el senador neocon interpretado por Tom Cruise en "Leones por corderos": "Si no mantienes una presencia constante sufres una violencia constante".

A los ronpaulianos: la cita de los padres fundadores es ridícula una vez se demuestra que no eran pacifistas y que tampoco, como la cita de Washington demuestra, eran contrarios a la guerra como instrumento de persecución de la justicia (lo que equivale, junto con la defensa de la civilización y sus valores, a la asunción de una suerte de imperialismo democrático). La Constitución americana no prohíbe la guerra de agresión y resulta, como bien ha señalado Coup de Baton, ridículo sugerirlo.

Decir que la guerra es una forma de redistribución, en el sentido en que se dice aquí, no es más que incurrir más en el error denunciado en el artículo de equiparar "intervencionismo económico" (en el sentido hayekiano, supongo: puesto que si fuese en el rothbardiano el planteamiento de tal juicio sobre este punto sería demagogia) con la intervención militar y política en el exterior. Pura "magia" de palabras, vamos. Hay por otra parte estudios bastante serios acerca de la cantidad de dinero que ahorrarían los países occidentales si en lugar de construir programas de defensa particulares contribuyesen a mantener un ejército occidental conjunto construído sobre el núcleo (y tecnología) del ejército estadounidense. El ahorro en proporción del PIB en algunos casos es sorprendente. Nadie ignora que Europa es un free rider de seguridad estratégica y como tal se dedica a despreciar lo que obtiene gratis pero de ahí a aprovechar la cuestión para soltar el discursito anarquista de que si quiero liberar a alguien contrate a unos mercenarios por mi cuenta... Pues como que no. Me da escalofríos esa forma tan estrecha de pensar, tan despreciativa del espacio público y del bien que se puede hacer desde él: una visión esa que convierte el Día D en algo así como un acto expropiatorio en lugar de un hito de las democracias. A quienes piensan así no puedo decirles sino "tacete idiote!".

Salud y libre comercio

Eduardo dijo...

Dado que estoy sometido a un "aislacionismo" involuntario a causa de una avería en mi proveedor de internet, no puedo seguir estos debates como me gustaría. Pero la entrada de Isidoro me parece soberbia.

Quieen desee desentrañar más el mito del aislacionismo americano primordial, debería leer "Dangerous nation", de Robert Kagan, para salir definitivamente de dudas.

Zhukov, con Z dijo...

Me he enterado que la mierda de letra de himno que pensaban perpetrar no va a salir adelante. Un alivio, la verdad, para qué negarlo.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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