viernes, noviembre 09, 2007

Beatos sin proclamación


Hoy el mundo cuenta con más beatos. Para la Iglesia católica el mártir por la fe puede ser considerado, sin mediar milagros, como casi un santo (los grados son: venerable, beato y santo) por mera proclamación eclesial. Pero al margen de estos mártires beatos existen otra clase de beatos, éstos sin proclamación eclesial.


Abundan en las filas conservadoras personas que realizan declaraciones siguiendo las cuales podríamos llegar a concluir que el estado español es católico o que la nación, cosa más seria todavía, “es católica”. No existiendo un censo realista de católicos sino la costumbre de contar como católico a todo el que está bautizado no resulta extraño el encontrar argumentaciones que dan por supuesta la asunción de la actual Constitución política del estado: la Iglesia católica y España deben tener una especial relación.


Bajo mi punto de vista España no es católica y lo más importante, no debería serlo aun siendo todos nosotros practicantes de dicha religión. Los beneficios fiscales, dotaciones presupuestarias (acertadamente abolidas por el presente gobierno socialista) y “relaciones especiales” no son aceptables. La polémica distinción entre laicismo y laicidad que los curas se han inventado (como se inventaron la distinción entre veneración y adoración para justificar la idolatría) ciertamente roza lo patético. El catolicismo, que siempre ha encarnado cierto discurso anarquizante, hoy se presenta como un baluarte de las libertades no porque aprecie éstas sino porque sólo en ese discurso puede esperar en estos días de escepticismo, y estados escépticos, el sobrevivir. A poco que se rasca queda claro que la diferencia entre laicismo y laicidad no es otra que el beneficio o no beneficio que encuentre la Iglesia en las actuaciones del Estado, sencillamente. Pese a la retórica libertaria y aceptadora de la separación entre Estado e Iglesia (de la cual se presentan los curas algo así como responsables históricos…) si el gobierno del Estado decide retirar su “propina” presupuestaria a los clérigos oiréis a la Iglesia lamentarse por la persecución a la que se somete y a sus fanáticos aliados en la sociedad civil hacer marchas y manifestaciones exigiendo respeto al niño Jesús.


El victimismo de los otrora “relajadores” es lo que más enfurece, a Nietzsche le “encantaría”. Otra cosa que molesta es el seguidismo de los beatos de lo que diga el Papa (de ahí “papistas”): pudiéndose ver como en cuestión de horas un fariseo católico puede pasar que cargar contra los ecoloprogres a proclamar, alocución del príncipe romano mediante, que el compromiso ecológico se consagra en la Biblia y que el catolicismo es la “vera ecología”… Esa permanente revisión de lo pasado, que roza lo orwelliano, es un punto de relación nada sorprendente entre catolicismo y marxismo (como es sabido, ambas dos revisiones del judaísmo) y hace bastante intolerable la mayor parte de ocurrencias católicas.


Y una de esas ocurrencias es la de que promover la separación total entre Iglesia y Estado es estar a favor (o “no estar en contra”) del islamismo. En una de sus autocomplacientes encuestas radiofónicas el señor César Vidal preguntaba a su audiencia qué le parecía el que el PSOE barajase incluir como propuesta electoral la ruptura del concordato con la Iglesia Católica y la primera opción que daba de respuesta, y por tanto la más estrafalaria, era: “Me parece bien, hay que hacerle sitio al islamismo”. Ni que decir tiene que el resto de “opciones” eran la misma opción reformulada con distinto grado de ironía estableciéndose por tanto el que o estaba uno contra la propuesta laicista del PSOE o era un partidario del islamismo. Esto, que parece una broma sin importancia, encarna perfectamente la mentalidad de resistencia de los enemigos del Estado laico. Al estilo apuntado por Pareto, están dispuestos a usar cualquier resorte, sentimiento o acusación con tal de defender sus privilegios y el atropello que consagran.


Como ya he dicho en otras ocasiones me parece mal que el Estado financie a sindicatos y partidos políticos. Eso no es propio de un Estado democrático sino, más bien, de uno fascista. Pero el que existan tales injusticias no exime a la Iglesia de la crítica ni, en realidad, hace que las medidas contra ella sean indeseables. Las liberalizaciones son siempre graduales y se someten también al “tiempo y ocasión” del Eclesiastés. Y está claro que observando a los sindicatos, los partidos políticos y la Iglesia… el más débil de estos gorrones es la Iglesia. Pues bien, empecemos por ella. No estamos ante un dilema arancelario sino ante la posibilidad de obrar algo justo. No es hipocresía, es pragmatismo. No es posible la reforma sin la queja de los reaccionarios que llaman derecho a su agresión o cruzada a la carnicería.


Quedando claro lo justo y oportuno de que a la Iglesia católica se le retiren todos sus privilegios no está de más reflexionar acerca del juicio que les merece a nuestros “beatos sin proclamación” el ateísmo. Cualquiera que quiera acceder a la completa exhibición de las cristianísimas falacias sobre el tema debe escuchar “La Estrella Polar”, de José Javier Esparza (“pensador” fascista); programa que se emite a la 1:30 de la madrugada de Lunes a Miércoles en la COPE y que se subtitula “para no perder el norte”. Entre furibundos ataques al materialismo, el consumismo y demás objetos de deseo de todo antiliberal, todo anticapitalista o altermundista, aparece de vez en cuando la burla respecto al ateísmo: al que sin muchas vergüenzas se le asocia con el totalitarismo (Juan Manuel de Prada, en una visita al programa en cuestión, mostró su repugnancia por Sarkozy diciendo que representaba un fenómeno para él peligroso y tendente al totalitarismo: “la derecha sin Dios”). Uno de los colaboradores de Esparza, cuyo nombre no recuerdo, echó mano de la falacia más popular contra el ateísmo: que ser agnóstico puede ser razonable pero ser ateo es algo así como irracional y furioso porque es un credo como lo pueda ser la religión. Sostengo que es una falacia por lo que sigue: la negación de toda realidad metafísica no es en absoluto equivalente a la defensa de todo el relato que ofrece una religión. Porque Esparza y sus amigos no son deístas, ni mucho menos, sino católicos romanos. No es lo mismo afirmar la hipótesis de que existe un primer motor inmóvil o incluso la de una vida posterior a la propia muerte que aceptar toda la mitología (y tabúes) cristiana, hindú o islamita: que es lo que hace el religioso practicante. Por tanto la negación de la religión y la negación de toda realidad metafísica no son lo mismo. Desde cualquier punto de vista afirmar la verdad de una religión es como mínimo imprudente o directamente, casi más allá de toda duda (dadas las contradicciones hallables en toda religión), un disparate. Aceptar una eventual causa del universo no es lo mismo en tanto, con la información disponible, afirmar su contrario (que no existe causa alguna) supone el mismo riesgo de “apuesta”. Así que, en conclusión, se puede decir que el ateísmo como expresión antirreligiosa es impecable y como expresión negadora de toda metafísica una opción mucho más respetable intelectualmente que el seguidismo sectario de papistas “de todas las religiones”. Acusar al ateísmo de ser un furibundo movimiento irracional por negar a Dios es sólo una proyección (como lo es el que le cuelgue el sambenito de totalitario alguien que se aproxima a la definición “pura” de totalitario) de la propia irracionalidad.


La religión debe de dejar de tratar de influir en la política y sus representantes deberían dejar de esgrimir ese discurso victimista y fulero en el que quien ataca a la Iglesia católica está a favor del totalitarismo, de Diocleciano, de que no se conserve el arte, de que mueran los negritos del África o de Al Qaeda. Cada vez son más fanáticos porque cada vez son menos. Es de celebrar el que ya no sean violentos, como lo fueron hace no mucho, pero no debemos olvidar y hemos de impedir que “eso” vuelva: ya sea en forma de radicalismo islámico, furia ebionita o como fuere.




La bancarrota es una gran cosa” Thomas Carlyle dixit.

Salud y libre comercio

9 comentarios:

Lino dijo...

Según tengo entendido, el ateo es el que niega la existencia de dios, y por lo tanto, la de cualquier religión. Es por este motivo, tan radical como el más furibundo de los religiosos.

El agnósitco, es el que duda de los relatos religiosos y sus postulados, peo acepta la posibilidd de algún tipo de inteligencia suprema, que transcende lo físico.

Saludos

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Como explico en mi artículo, la negación de la existencia de cualquier dios admite muchos matices según sea planteada por unos o por otros (que duda cabe) pero esencialmente es más aceptable que el aceptar un relato religioso "completo" (sea pagano, completamente irracional, o herético-crítico: de ínfulas racionalistas). Tal vez ser agnóstico sea una postura más impoluta que el ateísmo o el deísmo pero estas dos posturas últimas son perfectamente respetables a la luz de las hipótesis sobre el origen del universo de que disponemos. Puede que Dios sea de hidrógeno o puede que sea una realidad física de otra dimensión o sencillamente puede que por un "mecanismo" que no es inconcebible en la actualidad el universo "haya existido siempre".

En conclusión: pintar de furibundo irracionalista al ateo es una estrategia de descrédito por parte de los religiosos, una proyección. Lo cierto es que la postura religiosa es, con mucho, peor.

Salud y libre comercio

Lino dijo...

Bueno vale, yo me refería al ateo que niega la existencia de dios por no poder probarse su existencia, sin darse cuenta de que tampoco puede demostrarse la no-existencia.

En este sentido lo considero radical, al igual que un fanático religioso que considera ciertas sin discusión los dogmas de su creencia, aunque es posible que el ateo esté algo más cerca de la «solución».

Ciertamente, creo que es una reedición de la famosa frase «los extremos se tocan».

Saludos

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Bueno, precisamente por cosas como las que dice usted, Lino, escribí el artículo.

El ateísmo no es una postura equivalente a la afirmación de una tradición o culto religioso, se mire como se mire. El ateísmo es una postura equivalente al deísmo (la aceptación de un evento/mecanismo/ser superior iniciador del universo y por tanto de la humanidad, por ejemplo) y en ese sentido tiene igual validez afirmar lo uno que lo otro.

Esa es la postura que deseaba exponer y considero que ella refuta la teoría de la equivalencia entre fundamentalismo religioso y ateísmo, que usted se empeña en retomar.

Salud y libre comercio

Lino dijo...

Gracias por la aclaración, pero por eso he definido el concepto al que me refería de ateismo, que no coincide con el que comenta de deismo.

Simplemente creo que hay que advertirlo, ya que esa equivalencia que se asume entre los dos conecptos mencionados, no es aceptada de forma generalizada.

Por supuesto, esta es solo mi opinión.

Saludos

Iván Moreno dijo...

Realmente creo, Lino, que Isidoro lleva razón en este campo.

El ateísmo, dentro de su necesaria apuesta más allá de la razón, no deja de ser un posicionamiento sobre la existencia o no de Dios.

La apuesta por una religión, a pesar de presentar la misma apuesta extrarracional(en ocasiones, ni siquiera es apuesta sino fe acrítica y por lo tanto mal entendida), requiere apostar por infinidad de realidades más allá de que Dios exista. Apuestas, de las cuales, muchas son incluso inútiles. La aceptación así de semejante posicionamiento, de semejante apuesta, se hace infinitamente menos racional que la de negar la existencia de Dios. Lo cual, de todas formas, no necesariamente implica que sea peor opción...

Tambien es cierto, comentando de todo un poco, que el ateísmo, y más especialmente, la negación de toda trascendencia suele acabar siendo incoherente, y que incluso en muchas ocasiones se abrace el atéismo con la misma falta de crítica con la que se adopta una religión.

Con todo, yo me quedo con la parte del artículo que promueve la separación total de Iglesia y Estado.

Completamente de acuerdo con la siguiente afirmación:

Bajo mi punto de vista España no es católica y lo más importante, no debería serlo aun siendo todos nosotros practicantes de dicha religión.

El Estado debe quedar separado de toda confesión, aunque sea esta mayoritaria o única (que no es el caso).

En todo caso, su relación no debe ser distinta a la de cualquier otra organización privada.

Cuestión aparte es la siguiente afirmación:

La polémica distinción entre laicismo y laicidad que los curas se han inventado

Yo no sé quién lo ha inventado, pero lo que es claro es que hay dos realidades distintas en los denominados laicistas (entre los que me incluyo):

1.- Aquellos que apuestan por la separación Estado - Iglesia, pretendiendo que ninguna Iglesia tenga un trato preferente dentro de un estado, y que esta sea tratada como una organización privada más.

Esta parte es la que viene denotada por la mayor parte de los miembros de la Iglesia como laicidad.

2.- Aquellos que apuestas por la separación política - fe, sacando toda opinión que pueda estar basada en una fe en algún Dios del debate político. Para colmo, en muchas ocasiones este laicismo no busca ni siquiera considerar a la Iglesia como una organización privada, sino como una organización religiosa y separarla de todo beneficio que pueda obtener como organización. En España, dentro de las subvenciones sociales (legítimas o no, es otro debate), es lógico pensar que la Iglesia esté entre las más subvencionadas, por su gran labor. Lo que sería ilógico es, como se solicita desde algunas facciones de la sociedad, que se elimine toda subvención por el simple hecho de ser una congregación religiosa.

A esto es a lo que se viene llamando laicismo.

Yo alabo la primera y detesto la segunda.

La religión, como apuesta vital, no deja de ser una base igual de racional que cualquier otra ideología. Separarla del debate político por su base metafísica, no es diferente a intentar separar al socialismo o al liberalismo del debate político en base a su fundamentación puramente voluntarista. Acallar una opinión por su origen religioso, no deja de ser completamente antidemocrático.

Un saludo

Lino dijo...

Hola Iván.

No era mi intención quitarle razón a Isidoro, al menos en lo de laicismo, es solo que la forma en la que se usan los conceptos de Ateísmo, Deísmo, y Agnosticísmo, no es mi preferida. Me explico. Según la Wikipedia:

Ateísmo:Dentro de la definición de ateísmo, son ateístas tanto las personas que niegan la existencia de dioses, como las que sin creer en dios alguno, no niegan su existencia. Sin embargo una noción frecuente de la palabra excluye a éstos últimos, diferenciándolos como agnósticos, y considerando ateístas sólo a quienes niegan explícitamente la existencia de todo dios. Muchos autodenominados agnósticos se niegan a reconocerse como ateístas

Según esto, el ateísmo es una postura mucho más radical que el deismo y el agnósticismo, mucho más cercanas estas últimas entre sí.

En concreto en el texto me ha confundido lo siguiente:la negación de toda realidad metafísica no es en absoluto equivalente a la defensa de todo el relato que ofrece una religión. Porque Esparza y sus amigos no son deístas, ni mucho menos, sino católicos romanos. No es lo mismo afirmar la hipótesis de que existe un primer motor inmóvil o incluso la de una vida posterior a la propia muerte que aceptar toda la mitología (y tabúes) cristiana, hindú o islamita: que es lo que hace el religioso

No se sabe bién en el 2º parrafo de qué se está hablando, ya que el ateo no es aquel que :afirmar la hipótesis de que existe un primer motor inmóvil o incluso la de una vida posterior a la propia muerte

o este otro

Así que, en conclusión, se puede decir que el ateísmo como expresión antirreligiosa es impecable y como expresión negadora de toda metafísica una opción mucho más respetable intelectualmente que el seguidismo sectario de papistas “de todas las religiones”

El ateísmo como expresión antireligiosa es como matar moscas a cañonazos. El agnósticisimo si sería impecable desde este punto de vista, ya que el ateo niega la religión al negar algo que lo engloba, la realidad metafísica. El agóstico niega únicamente la religiones y sus dogmas.

No se puede decir que el ateísmo es impecable por lo que tiene de agnósticismo, ¡por que entonces no es ateísmo, sino agósticismo!

En fin, no me hagaís mucho caso, que ya es tarde.

Saludos

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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